El tío más creativo del mundo

Lo conocí en el colegio, y luego coincidí con él en la Universidad, ambos íbamos para chupatintas subvencionados, y ambos lo conseguimos. Solo que pronto nuestras vidas tomaros derroteros distintos. Siempre me pareció un tipo apocado, un ser del montón, alguien que hacía crucigramas en clase y que leía a Carl Sagan, un pardillo más o menos integrado en el que nadie reparaba. 

Una tarde, me sorprendió a mi mismo verlo como concursante de Gran Hermano 13. No pintaba nada entre aquella turba de poligoneros y chonis que jamás habían leído un libro y que creían que Kafka era una cucaracha. Ahí empezó su transformación. Acudió, según me enteré, por dinero. No para subsistir, que también, sino para autofinanciarse un proyecto que le quitaba el sueño. Una catedral de laicos, con proyecciones de Bill Viola y textos de poetas arrealistas, movimiento del que se decía un incondicional seguidor. Ese templo sagrado estaría enteramente construido con dinero. Físicamente, quiero decir. Lo levantó euro a euro, con los 10.000 que logró en el programa televisivo (lo expulsaron pronto de la casa), y con otros que logró gracias a donaciones. Había monedas de euros, de una y de dos, céntimos también, pero también billetes, estos con una función decorativa. La gracia del asunto es que estos se podian arrancar fácilmente, y la mayoría de las monedas también. Nadie te decía nada si mangabas algo para el pan o el café de media mañana, pero quien hacía eso sabía que estaba frenando la construcción de esa iglesia. 

La idea era bonita, pero retrasó su inauguración diez años más de lo previsto.

Cuando le decían si se creía Jesucristo, es solía decir que como mucho John Lennon, que por cierto sí se creía Jesucristo. Era un iluminado, pero nada peligroso. A su manera era un benefactor. 

Un día me lo encontré en un 100 Montaditos, y le invité a unas cañas. "No puedo parar de crear, José Luis", me confesó. "Me levanto y creo, creo, creo. Creo aunque no crea en lo que creo. Creo, aunque no llegue a fin de mes, creo, aunque esté untado de pasta, creo, por el mero hecho de crear. Creo por no morir, creo por no llorar, creo porque me sale de los huevos, creo porque creo que creando me siento feliz, o al menos eso creo", añadió. 

Me contó que andaba en la preproducción de un remake minimalista de Apocalipse Now, película que no había visto, ni tenía pensado verla. "Va a ser todo un acontecimiento audiovisual", me confesó, excitado. Sí que había leído, al menos la mitad, la obra en que se basa esa película, El corazón de las tinieblas.

A su vez, era el líder de un conjunto neofolk, un estilo músical más político que musical, en el que reinvindicaba la vuelta a la vida en el campo, en comunidad, y las camisas de cuadros y las barbas tupidas. Por las noches, okupaba un viejo almacén cerca de Guadalajara en donde practicaba una pintura muy influenciada por el trabajo de Pollock, con miles de latas Tintalux perforadas de las que extraía sorprendentes texturas y efectos. ¿Qué significan estas pinturas?, le preguntó un crítico artístico. "Es la fuerza, la vida, la autoafirmación, la celebración de que estamos vivos, que somos libres, que podemos ser libres", decía en todas y cada una de las entrevistas sobre arte que le dedicaban. 

Entre cuadro y cuadro a veces se hacía una paja, para después retomar un proyecto literario en el que tenía volcadas no pocas esperanzas. Era un diario al revés, empezando desde el día en que se puso a escribir la primera entrada, hasta el momento en que fue alumbrado. Un día me dijo por e-mail que andaba ya por la Primera Comunión.

Era un tío feliz, porque sus obras además cotizaban al alza. Participaba también en proyectos sociales, y a través de su iglesia, gestionaba ayudas al Tercer mundo y demás, mientras cultivaba una notable vida social y sexual. 

Un día, a alguien le pareció obsceno todo aquel rollo, y se decidió a matarlo. Le salió el tiro por la culata, y el cazador fue no solo cazado, sino acuchillado 46 veces, por quien iba a ser la víctima. "No sé si fue en defensa propia", dijo el acusado, "pero ese cabrón se lo mereció". Le condenaron a unos cuantos años entre rejas, donde no cesó su enorme actividad creativa. En Alcalá-Meco, logró que varios reclusos tradujeran al esperanto las obras completas de Juan Aparicio Belmonte. Su conducta era tan positiva para los presos, que lo trasladaron por unas cuantas prisiones del país.

Hace poco me escribió un mail, y me dijo que tenía pensado escribir sus memorias. Pero que serían breves, muy breves. Del tamaño de un post, y con un falso narrador que fuera contando sus andanzas.

Comentarios

  1. E. no sé si es ficticio, mezcla, arrealista... te has inventado una biografía??
    No he sabido redireccionar mi lectura jeje

    Me siento muy identificada.
    Este relato me recuerda a las conversaciones con mi marido. Yo voy trabajando en pequeñas ilusiones que me van saliendo, y siempre me dice: "Joder, céntrate en el mundo real. Déjate de proyectos con poco futuro". Me dice que vivo de las rentas (nunca mejor dicho debido al piso que tengo alquilado jeje). Pero yo le hago ver que CREO CREO CREO como dices en el relato.
    No me tomes como la típica aburguesada bohemia eh!!

    La pena de todo mi trabajo, es no poder compartirlo. Se queda siempre oculto para que su función tenga validez.

    Un beso
    S.

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  2. Hey Sofía, es un relato, no me hagas explicar mi propia prosa que eso siempre queda muy mal, jaja.

    vivan las bohemias burguesas!!

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  3. Uff, este relato me pone mucho mas que otro anterior en el que te exprese "mi cachondez literaria".
    Muy original y bonito. Da buen rollo leerlo.
    P.D. he quitado la escritura predictiva del movil, y nahora no tengo ni idea de como se ponen las tildes en este trasto.
    saludos

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  4. Mientras que él sepa quién es y no lo crea...jeje. Seguiré leyendo.

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  5. Dicen que hay que tener amigos hasta en la cárcel pero... en Gran Hermano?
    Sólo falta lo de la secta cósmica donde practican sexo en orgías, no?

    Un saludo

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