Un país bajo los Pirineos

Desde mi última estancia en París, París se me ha instalado en la cabeza. Veo el mundo con cierto filtro aparisado. Como veía Madrid con ojos alisboetados cuando estuve en el otro país vecino, el de la izquierda, y siempre hay algo de reproche hacia el lugar de origen. Quizá sea un vicio típico nuestro ('Si habla mal de España, es español', titulaba Sánchez-Dragó uno de sus libros), aunque puede ser que también haya elementos objetivos. 

En este rollo mío de replantearme hacer un 'ahí te dejo Madrid' y empezar una nueva vida, por qué no, en París, cayeron en mis ojos unas declaraciones de la actriz Lola Dueñas, que lleva un año ahí instalada, animando a su gremio a cambiar porras por cruasans.

Me tienta la idea aunque, por otro lado, si hay un momento para no abandonar el barco, español, es este. ¿Qué decía Dueñas? Más o menos que en Francia había trabajo, en el cine, porque es un país que aprecia el cine, lo cuida, lo valora, es parte de la cultura cotidiana. Ahí no se cierran cines que se convierten en tiendas histéricas de moda rápida, sino que las salas aguantan lo que le echen. Quizá tenga algo que ver en ello ciertos hábitos de los parisinos de camuflarse en la soledad y refugio de las salas de cine, en lugar de la cultura de las cañas compartidas, netamente alegres, de los madrileños. A más cañas, menos cine.

Hay algo triste en París, eso también es innegable. 

Debería haber un país entre medias, oculto bajo los Pirineos, que aunara lo mejor de Francia y España. Me apuntaría a las primarias para el puesto de petit prince de la región.

Ahí iríamos todos al cine, mucho, hablaríamos con sosiego y sin querer pavonear o vencer ese miedo cerval al silencio o parecer que no tienes nada que contar. Habría tortilla de patata, gazpacho, paella, cañas bien tiradas y sus consiguientes tapas, pero también esos restaurantitos que parecen competir entre sí en un supuesto campeonato de 'Mignon Extrême'. Y copas como mandan los cánones.

Veríamos la última peli de Lola Dueñas, dirigida por un tal Delaporte al que no conozco de nada, 'El amor de Tony', y no nos afectarían ya declaraciones como las que hizo recientemente: 

"Desde que vivo en Francia me he dado cuenta de que lo que pasa es que allí todo el mundo ha visto todas las películas, incluidas todas las españolas, eso no pasa aquí. Allí -enfatiza- alucinas, hay público, les encanta el cine, lo cuidan, les importan sus actores, hasta los españoles les importamos".

 Lola Dueñas (izq). Foto: EFE

Comentarios

  1. Estoy conmovida. Me han entrado muchas ganas de ir a vivir a ese país que has inventado, sobre todo, cuando dices que allí: "hablaríamos con sosiego y sin querer pavonear o vencer ese miedo cerval al silencio o parecer que no tienes nada que contar."
    En mi día sensiblero, he tenido que leer esto, vaya...
    Susana Armengol

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  2. Gracias, Susana, creo que yo tenia también el día sensiblero cuando lo escribí, jajaj.

    Hablar con sosiego es un raro placer que rara vez se estila en España. Y menos si uno se rodea de periodistas, ese gremio particularmente acelerado.

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  3. Qué difícil tiene que ser actuar en un idioma que no es el tuyo...me cuesta imaginarme a Lola Dueñas con acento francés.

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