27.6.11

¿Se puede sentir empatía por un pájaro?

Creo que sí. A mí me acaba de pasar. He ido a comprar un pescado, y como siempre he salido clavao: cinco euros por un filete de perca, cómo están los precios, señora. Volvía a casa, por la plaza de San Ildefonso, cuando he visto a un pájaro en apuros. No era un vulgar gorrión, sino una especie con más solera, quizá una golondrina. No entiendo mucho de pájaros, y no estaría de más aprender, pese a lo que he despotricado contra los diaristas que se enzarzan en descripciones de tipo ornitológico.

Le fallaban las patas y su pecho, o como se llame esa zona, pegaba contra un húmedo suelo. Y digo húmedo porque, pese al calor, o precisamente por este, el piso estaba mojado, por los aspersores de la terraza. El pájaro estaba bien jodido, intentando alzar un vuelo a la desesperada, aleteando con poca fe. Entonces me he metido en su piel y he imaginado su lenta agonía. He imaginado que asumía su final, las patas rotas, inútiles, le impedirían salir volando y estaría obligado a reptar. Moriría a las pocas horas, de hambre, con suerte. Primero, se cagaría y se mearía, quizá de miedo, puede que por una de esas reacciones que se dan antes de palmarla.

Pasaría algunas horas reptando por el suelo, metiéndose, a su vez, en la piel de otro animal, la serpiente. ¿Pueden los pájaros sentir empatía por las serpientes? Quizá sí. Pero nuestra golondrina, o lo que sea, solo piensa en que su hora ha llegado, y reza al dios de las aves, Avecrem, para que no venga ningún gato hijoputa y se lo zampe en un abrir y cerrar de ojos. O quizá sí, mejor una muerte rápida que una tortuosa y humillante agonía. 

La muerte, ya. Tampoco es para tanto. No duele. Sé que va a llegar, y solo tengo que esperar, ya nada peor me puede suceder. A fin de cuentas, mi vida no ha sido tan mala. Algo corta, pero dichosa. A ratos, me llegué a sentir, ni más ni menos, like a bird on a wire. Libre. Viajé por varios países europeos, anidé en no pocos árboles, conocí hermosos atardeceres. Mierda, un perro.

7 comentarios :

  1. Hace un rato me he encontrado con tu sobrino y llevaba un tupper cerrado lleno de agua. Esperaba, bajo el intenso calor de Pamplona a eso de las 15:30h, a que sus papis terminaran de meter las maletas dentro del coche para irse a la playa.

    Dentro del tupper estaba el pez de tu sobrino...también he pensado en el pobre pececillo jejeje. Aunque he de admitir que la situación de tu pajarito (uyyy cómo suena), era bastante más crítica.

    Un abrazo!

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  2. Si se puede por una lagarta, se podrá por un pájaro.

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  3. Un poco más, fllacar, y el pececillo se convierte en pescaíto frito, jaja. Saludetes y esperemos que Del Proto no se encabrite.

    Iracundo: audaz observación.

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  4. Me parece que escribes el post con una poca o mucha coña y, sin embargo, tocas un tema fundamental: en algún momento, todos vamos a morir y no sabemos cómo... Lo digo sin acritud, que conste.

    Y el comentario de la largata, en fin, y por hacer un poco de feedback, no me parece nada gracioso.

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  5. El perro al final, el que le esperaba antes incluso de nacer, ya en el principio de los tiempos...

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  6. Yo también creo que sí se puede. Opino que es fácil, en general, sentir empatía por animales. Cualquiera que haya observado con atención soñar, alegrarse, entristecerse, enfermar... a un perro, gato o similar, comprende que compartimos con ellos un amplísimo abanico de sensaciones.

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  7. Era de humanos el sentir pena por los moribundos y los más desfavorecidos, aunque fuesen animales. En algún momento dejamos de sentir pena o de ser humanos...

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