Ey

Soy una puta. Acabo de dar permiso a Google para que ponga una espantosa publicidad en el blog, a cambio de cuatro perras mensuales. Adiós a mi límpida presentación, a lo minimal de mi aspecto, al arte por el arte, he caído, busco rentabilidad en algo tan desinteresado como un post, por muy Macropost que sea. Dice mi amigo Dani que mi palabra favorita es post, y no lo niego. La suya, CGPJ. Les animo, discretos lectores, a que pinchen de vez en cuando en los interesantes consejos publicitarios que allí se exponen, aunque dudo que tenga mucho tráfico. Las veces que he puesto alguna encuesta, sondeando la curiosidad del lector, apenas he recibido más de seis clicks de participación. La interactividad está sobrevalorada. Creo que no he pinchado en uno de esos anuncios en toda mi vida internáutica, ni creo que lo haga jamás. 

Ayer estuve viendo a Jodorowsky, en Casa de América. Me apetecía verlo en acción, porque es uno de esos tipos que hay que ver, creo yo, una vez en la vida. Una Meca humana. Me han contado muchas cosas de él, y quería confirmarla. Es un hombre que me cae bien, aunque nunca tengo claro si es un farsante recalcitrante o hay algo realmente sincero en todo ese aparato suyo entre circense y psicomágico. Mi amigo Virgilio lo entrevistó esta mañana para la revista Osaca (saldrá el próximo domingo, creo), y le ha comentado, majísimo, que el secreto para conservarse bien es no beber alcohol ni fumar (aunque a juzgar por su tripucha cervecera no sé si creerme lo primero), no tomar grasas y practicar en abundancia el noble arte del fornicio parejil. 

Me fui antes de la catarsis, al ver que aquello era una reunión simpática, original, en que la gente se abrazaba y se colocaban en posturas extrañas como representando a sus padres castradores, pero que aportaba poco. Y ritmo sin ritmo y demasiado andar por casa e ideas para epatar si quieres a una diabética acelerada y poco más. Una chica que debía pesar unos 130 kilos, supuesta espectadora, llevaba las riendas del asunto, y por lo visto acabó despelotada y masturbándose, aunque eso no sé si me lo estoy inventando, con las teclas del piano. Todo en plan terapia y eso, nunca soez. 

Me gustó el abrazo masivo del principio, como una gran cebolla de capas humanas, una melé ordenada de brazos, con el octogenario y lozano Jodorowsky en medio, a pocos metros de su expareja Marianne, con la que estuvo siete años y ahora tan amigos. "No tiene que haber nunca conflicto. Aunque la relación haya acabado, se puede construir, se puede ser amigos", dijo. Han escrito varios libros juntos, entre ellos, el último. Parecía interesante, la tal Marianne, o Marian. 

Por un momento pensé que aquella experiencia me podría cambiar la vida, que siempre recordaría la tarde de junio en que vi a Alejandro Jodorowsky liándola parda y haciendo de las suyas. Que activaría algún chip en mi cerebro, una nueva forma de hacer algo, que me influiría grandemente. La verdad que no fue así, pero bueno. Quizá la idea de que, haciéndo las cosas con amor, aunque sean una completa chifladura fraudulenta, se tiene éxito. Y no es un éxito material, digamos, si no un éxito humano. Aunque luego te dé pasta. 

Lo cierto es que me impactó más otro tipo, ayer, que el propio psicomago. El acomodador, portero, o recortaentradas del cine Palafox. Su figura oronda, embutida en un frac como de personaje de peli del propio Jodorowsky, se coló en mi retina. Me tocó no sé qué fibra. Había algo de entrañable en este tipo gordezuelo, garante de una dignidad añeja, desfasada, anacrónica, que recibía a los pocos espectadores con educación y un amplio "buenas noches". Qué de personal, pensé, para los cuatro gatos que hoy van al cine: la de las palomitas, que vende cuatro y un par de refrescos, en la sesión de máxima audiencia, el tipo del frac y la acomodadora, también muy digna en sus labores de cicerone por entre la oscuridad de las butacas.

Me fijé, desde detrás, en el digno recogedor de entradas, fascinante personaje de la poquedad cotidiana. Qué elegancia gastada, y qué duro el contraste con la gentecilla desaliñada que iba entrando en el recinto, lo más de ellos sin darle las gracias y pasando millas de su estudiado y orgullo aspecto. 

No dejéis de dedicarle un grato "buenas noches" la próxima vez que vayáis al cine Palafox, en Luchana, 15, Madrid.

 Foto borrosa de Jodorowsky, como si el objetivo estuviera llorando, 
o borracho, o las dos cosas.

 Foto de no mejor calidad del citado empleado.

Comentarios

  1. 1
    He pinchado en el anuncio después de leer tu autodescripción. (Te crees muy zorra pero olvidas que izas, rabizas y colipoterras no lloran.) El pudor me impide describir qué sensaciones me ha producido el click del ratón. (Yatá ¿Como que yatá?)

    2
    No suelo utilizar el aspecto físico o los nombres de los demás para hablar de ellos. Sin embargo he leído las entrevistas -una de ellas online- a Jodorosky este finde y a la vista de su contenido me siento autorizado. Procedo:

    Con semejante apellido no me extraña que diga cosas como estas:

    a)No debe imponerse nadie el nombre de un antepasado de la propia familia. (En cuatro generaciones deberemos llamar a nuestros hijos "PenDrive II.)

    b)Alguien le preguntó a este especialista en ¡el tarot! qué podía hacer para mejorar su relación con su madre. Contestación: apuntarse a una escuela de tiro y aprender a disparar una ametralladora. (Como los Beatles, todo lo que necesitas es amor.)

    Conclusión:
    ¿Abrazos cebolleros? ¡Márquetin de los brotes!

    Un macro abrazo,

    p.d. espero que los anuncios de Google te hagan millonario porque yo, desde luego, no espero otra cosa. En cuanto pase de un número N de visitas voy a poner unos carteles que se van a salir de la pantalla.

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  2. Estimado Passy,

    Me has sacado de mi ceguera, y la verdad es que te lo agradezco.

    un saludo de un aspirante a millonetis (y filántropo, [y filógino])

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  3. La hormiguita va haciendo su fortuna:

    Total de ingresos estimados
    € 0,59

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  4. Más que las gallinas, diría mi madre. Esto no me lo esperaba de ti.
    Creo que Fuguet es un apasiondo de Jodorowsky, o estoy confundida y ya mezclo lo que leo y a quien leo.

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  5. A veces lo cita, sí.

    Creo voy a camuflar el anuncio cantoso de la esquina sup derecha. Ojo, ya llevo casi dos euros.

    Me he ganado un café!!

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  6. No es por la pasta, obviamente, sino más bien por toquItear.

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