Me ha tocado un poco los pies recibir, de par de mañana, un mail de respuesta de una editorial. Es lo que llamo la miel en los labios y la hostia en la boca. Mandas tres capítulos y te llueven loas, y la petición de que envíes el manuscrito entero. Lo envías, y en vez de decirte correctamente que no entra en los planes editoriales de la temporada, te comentan, sin previo aviso, que la obra pierde ritmo, decepciona y contagia una pereza y una pérdida de fe y tal tal que pa' qué.

Les he contestado algo airado, borde más bien, en caliente, que es cosa que no se debe hacer nunca. ¿O sí? Si pensamos, analizamos, calculamos todo, al final, no se avanza. Creo que en cierta colisión está el progreso. O que algunas colisiones te ponen en marcha. O que si te han colisionado, y no colisionas, te quedas la colisión dentro, y no es plan. Así surgío mi amistad electrónica con Miguel Veyrat, por ejemplo, tras unas cuentas colisiones dialécticas en el blog de Justo Serna. De un modo similar llegué también a una relación sentimental, por la corrección de unos puntos de interrogación que despertaron a un león dormido, jeje.

El caso de hoy responde al clásico problema de la sinceridad no solicitada. La sinceridad está bien, nos puede ayudar a crecer, y creo que los de la editorial así lo entienden, pero ojo. Tienen derecho a la sinceridad algunos amigos, familiares, novias, pero siempre es terreno delicado. Sobre todo, ya digo, si viene sin previo aviso o si no se ha solicitado antes. En el ámbito literario, un autor puede entender, aunque le pique, una mala crítica. De hecho, es algo asumido que muchos autores encajan muy malamente las críticas. Pero las críticas son parte del circuito por el que tiene que discurrir un libro, una vez que ya está en la calle. Al menos le ha gustado el editor, y esa opinión favorable ha bastado para darle vida. Le pueden caer luego cincuenta rapapolvos críticos, pero el libro está en la calle, ha sobrevivido, ha cumplido con el mejor de los destinos: la publicación. Claro que a veces el hecho de que un libro esté en la calle sirve a críticos, blogueros y gente en general para un linchamiento que incluso trasciende el mero contenido del libro, y tampoco es eso. No se me ocurre ningún ejemplo.

Puede haber críticas duras, pero puede también que al autor se la sople. El libro, ya digo, está en las librerías, de papel y digitales, y habrá otras personas a las que les haya gustado. Pero cuando la crítica se hace con ese libro aún en hangares, y sin mucha probabilidad de que alce el vuelo, la cosa escuece más. Son comentarios constructivos, pero que nadie ha pedido, por lo que, en un primer momento, destrozan. Destrozan un poco la ilusión. Destrozan la fe en un mismo y dan que pensar. Dan que pensar en que todo el tiempo, dinero, neuronas y esfuerzo metidos en tal proyecto literario fueron una mala inversión. 

Luego uno se levanta y sigue. Se lo dice a los de la editorial, que lo encajan con dignidad y educación, y al menos se queda más a gusto. Hay que encontrar un punto de equilibrio para no herir al frágil autor en ciernes. Ni la asepsia despectiva de un Constantino Bértolo, ni el falso peloteo, ni la crítica inoportuna señalando las flaquezas del manuscrito, cuando no se ha solicitado tal comentario.

Luego hay editoriales que te dicen que les gustó tu manuscrito, en una primera lectura, en una segunda también, pero la respuesta a la tercera no llega, y no llega. Y uno escribe, y dicen que aún es pronto, que ya te dirán algo, y así acaba el año.

En fin, pejigueras de la carrera literaria, que diría aquel.

Comentarios

  1. Vaya lunes! Que les den a los de la editorial esa...tarde o temprano te llegará la oportunidad, no te desanimes. También puede ser que el material que tienes entre manos sea muy bueno y el problema sea que nos ha dado con la editorial adecuada.

    Y eso que comentas de la sinceridad no requerida, es cierto, vamos, que estoy de acuerdo. Para ir derramando por la vida altas dosis de sinceridad, antes hay que estar preparado para recibirla. Como en el boxeo, hay que saber dar y encajar...como aquel que hace chistes continuamente sobre los demás y a la mínima que le hacen una bromita, se china...

    Y por último, está el tema del frío email...das al botón "enviar" y ya está...ahí va toda mi mierda...que les jodan a los que te han enviado ese email...

    Abrazos!

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  2. ¡Vaya hombre! Bueno, ánimo querido Rodia. Tú tienes talento y eso no se puede enterrar (vaya, sí se puede, pero no se debe, o sea, quicir).
    Que les zurzan a los de la editorial... pero que las críticas te sirvan para crecer.
    Yo se que, tarde o temprano, tu nombre aparecerá repetido varias veces en mis estanterías.
    Abrazo fuerte desde Bruselas.

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