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El lunes fue un mal día en cuanto a mi relación con el mundo de los productos y servicios. Me dejaron la garganta hecha trizas en la famosa cafetería americana que gestiona un gran grupo español, como opera también con Gino's, Tio Pepe (no el jerez) o Friday's. Me sometieron a una gratuita tortura gélida, y aquí estoy, reincidiendo. Debería hacerme mirar esta tendencia mía hacia este tipo de garitos globalizados, impersonales, hechos en masa, en bloque, con el único afán de lucrarse y poco más. Creía que estos días, días del Mayo español que ya acaba, estaban operando en mí un cierto proceso revolucionario individual que, al final, es el que más cuenta. Se supone que quien hace la revolución, quien se atreve a gritar consignas éticas, tiene un curriculum personal, un obrar diario, más o menos ético. Como presuponemos que un cura no va haciendo pajillas al primer chaval que se le aparezca en la sacristía. Me molesta especialmente que el tipo que impregna las plazas de soflamas, al que se le llena la boca con la quema de conventos financieros, luego no te llame el día de tu cumple.

Quizá una verdadera revolución sería la que fuera encaminada no a cambiar el sistema, cá, sino a cambiarnos, un poquito a todos nosotros. No creo que el cambio radical, nadie cambia así, excepto en su día Michael Jackson y Madonna. Un cambio es una leve modificación. Esas son las que importan. De los pequeños cambios, bien encaminados, a veces se consiguen grandes cambios. Unas ruedas de maleta, el simil es de Holzer, bastan para trasladar con toda paz cuarenta kilos de salsa. Los grandes cambios siempre fracasan. Las dos repúblicas españolas. ¿Hay quien se le ocurre prohibir las procesiones de Semana Santa en un país de meapilas y comprabulas de indulgencia?

Ayer me jodieron la garganta, bueno, no tanto, en una famosa cafetería. Después, fui a preparar una lasaña de marca blanca Carrefour, y perdí un buen rato y una buena cantidad de materias primas. Ponía "No es necesario precocción", pero sí era necesario, cabrones. Quedó una cosa lamentable, como con cuatro láminas de plástico que supuraban carne y bechamel en plan obsceno, y el tomate requemado que daba grima verlo. Sí necesitaba precocción, amigos. Me cabreó la cosa y me hizo dirigir una queja formal que aún no ha encontrado respuesta.

Esto es lo que me preocupó ayer. ¿Me he convertido en un monstruo, doctor?

Empiezo a notar un leve hartazgo del hartazgo. No es antipatía, ni mucho menos, no sé cómo definirlo. No me parecen justas, ni de recibo, las críticas, sobre todo desde la distancia de quien ha participado en el asunto más como un flâneur curioso que como un verdadero activista. Justo cuando pienso que quizá lo mejor era haberse retirado ayer de Sol, otra voz me dice que solo llevan dos semanas acampados. ¿Qué revolución se gesta en 15 días? Los tiempos de hoy se estrechan que es una barbaridad. Nos exigen cambiar el mundo en media hora, y a poder ser, sin hacer mucho ruido, ni molestar a los comerciantes de la zona.

Quizá, en un plano personal, la revolución ya haya actuado, beneficiosamente, en mí. De ahí mi subjetivo, y leve, hartazgo del hartazgo, como si todo lo demás, debates a veces indescifrables sobre la especulación del especulado, me sobren. Egoístamente, creo que mi conciencia, ya ha cambiado se ha modificado, lo que tenía que modificarse. Puede que no sea malo mantener aún la llama encencida, y que no decaigan las brasas de la protesta. Pero también puede ser que haya llegado ya trocar indignacción por acción.

IndignAcción.

Acción desde la indignación.

Partícularmente, lo que viene siendo, mayormente hablando, este náuGrafo, conocido también como 'Ciudadano Eduardo Laporte', tiene preparada una herramienta, que lleva rumiando desde principios de año, y perdón por la tercera persona, para aportar algo. El granito de arena que empuja el mundo hacia la dirección que deseamos, aunque sea con un débil soplido en el velamen. El resto está muy bien, pero a mí, hoy, subjetivamente, me suena ya a mucho ruido y pocas nueces. A asamblea infinita en que se cuidan tanto las formas y el celo democrático que no se avanza, y solo hay más caos y dispersión, e inacción, y nos siguen jodiendo los mismos.

Me callo ya. Compraré carne picada, de cerdo y vacuno, y volveré a hacer la puta lasaña de Carrefour, el gigante de la distribución, y me saldrá bien, sí, amigos, porque aunque los elementos se nos pongan en contra, el universo conspirará a nuestro favor, como diría ese hortera brasileño con chancletas que vende libros a patadas.

Comentarios

  1. Tu reflexión en en el penúltimo párrafo sobre las asambleas. me gusta.
    Tu definición del pesado de Pablo Conejo, me encanta.

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  2. Perdón por las erratas en el texto.
    Esta mañana debí pasarme con el brandy...

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  3. Ummm,...Me he reido un montón con tu lasaña. Yo que soy cocinera tipilín-tapalán también he caido en los cantos de sirena de esos productos que nos venden para hacernos creer que cocinamos, para adaptarse a nuestro mundo de rapidez y cosas mal hechas. ¿Estamos ansiosos todo el rato? Yo me siento todo el día con algo en el estómago. Es igual que cuando explicas tu sensación de que la acampada ya lleva demasiado tiempo, pero no. Es que ya estamos ávidos de otra cosa. Consumimos cosas pero también eventos, ideas,... y no reflexionamos ni las disfrutamos, ni desarrollamos,...

    Gracias, Eduardo, por acercarme el 15M de Sol a mi burbuja de Pamplona. Y sobre todo, hacerme reir y reflexionar. Agurrrrrrrrrrr

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  4. Gracias a ti por la visita, María... Al final me he comido la lasaña famosa, que no estaba tan indigerible, mientras pensaba "Vaya chorradas q suelto en el blog..".

    jajaj!

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  5. Me interesan tanto las posibles propoestas de ACCIÓN como el futuro de tu lasaña. Lo primero, porque soy de las pocas personas de mi círculo más cercano que se ha mostrado ciertamente escéptica ante la famosa "spanishrevolution". No me quito de encima la sensación agridulce de "que bonito e ilusionante, pero pa qué". Han pasado las elecciones, y los buitres más carroñeros han arrasado. Y me encanta el rollito asambleario, pero sé del trabajo de uno de los famosos grupos de trabajo de Sol sobre una de las pocas materias en las que controlo bastante, y me espanto, porque un grupito de gente con buenas intenciones es incapaz de abarcar un conglomerado de normas, leyes, y estructuras complejas para hacer propuestas viables y coherentes.
    Una vez pasado el subidón y retornados al tedioso estado de sobriedad, qué hacemos.
    Respecto a lo segundo, si encuentras una alternativa rápida de comerse una lasaña decente que no pase por la precoción, no dudes en hacérnoslo saber, es uno de mis platos preferidos

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