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Me dejé caer por una de las asambleas que organiza el Movimiento 15M. Parece mentira que solo hayan pasado diez días de aquello. Un 15 de mayo que me pilló en casa de mis tíos, en Pamplona, acunando a mi sobrina, y no tirando ladrillos contra el Barclays Bank. Cuando llegué a Madrid, vi restos de violencia en una sucursal del citado banco. Tienen unos cristales blindados a prueba de tanques. Hacen bien.

Hacía buena tarde en la plaza Vázquez de Mella. La reunión era la convocada por el Subcomité de Sistemas Financieros. Al principio no me enteré de nada, aunque pillaba el fondo del asunto, un poco como en Inside Job. O como otro documental que hay que ver, y cuyo nombre no recuerdo ahora (*vease info al final del post). Hablaba un profesor con zapatillas de correr y camisa colorida. Admiré su clarividencia y su modo de exponer el asunto yendo al grano y no a la paja. Detrás, pegados en un quiosco, había unos carteles, con clara intención didáctica, que explicaban de un modo sencillo los engranajes del sistema financiero. De cómo todo, hasta un grano de arroz en Somalia, pasa por las redes comerciales. Y sus alteraciones. Su adulterio.

Aprecié el hecho. El mero hecho de estar ahí sentados unas sesenta personas y de que no se vendiera ninguna moto, eslógan, sigla. De que se hablaran de excesos que se cometen y de modos de regularlos o acabar con ellos. De cómo la burbuja financiera dejaba en ridículo a otra que conocemos bien, la inmobiliaria, de dimensiones menores comparada con ese monstruo que es el banquete de los banqueros. Me gustó el modo educado y respetuoso en las intervenciones, el desparpajo de una tal María, que moderaba el asunto con cercanía y sin aires de nada. Me gustó cómo habló un tipo parecido a Tom Selleck, apoyado en una farola, funcionario público, sobre la imposibilidad de escapar del sistema financiero en manos privadas y, por qué no decirlo, manchadas. "Quiero que mi nómina esté en la banca pública, una institución regulada, que no especula, y que no puede quebrar", vino a decir. 



Alguien apuntó que, si uno puede elegir llevar al niño a un cole público, y gozar de una sanidad pública, ¿por qué tiene que depositar sus ahorros a un banco privado que luego lo usa para a saber qué? No me parece tan disparatada la idea de ese "banco hucha", regulado. Una especie de ICO bien montado.

Otro tipo, con gorra, cogió el altavoz para animar a una huelga de consumo, al menos bancario. Si hay huelgas de producción, conocidas por todos, ¿por qué no una huelga de consumo o algún desplante sonoro a los bancos? El término más despectivo que se usó para los banqueros fue el de golfo, que se oyó unas cuantas veces. Solo un exaltado anarquista, que soltó una soflama y se piró, dijo que había que acudir a la violencia si fuera preciso. Otro llevaba una camiseta roja que ponía "Algo tendrá Fidel que no pueden con él". Solo dos salidas de tiesto en casi tres horas de charla, aunque yo me retiré un poco antes. Por aquello de participar y tal, cogí también el altavoz y hablé sobre Glencore, que precisamente salía ese mismo día a bolsa, en la mayor operación bursatil de la historia del FTSE 100, que es el Ibex 35 de la pérfida albión. Dije algo así como que cuidado con dónde ponemos nuestro dinero, si no queremos que se nos acuse de cómplices. Hoy leí que el mandamás de esa empresa que trabaja, por no decir especula, con materias primas, desde el trigo al acero, se embolsará más de 6.600 millones de euros con la salida a bolsa de la jodida empresa.
 
Hubo fases de excesivo detalle, pero otras más amplias y genéricas. El profesor que llevaba un poco más la voz cantante recordó que no solo se juega con el petróleo, sino que las zanahorias pasan 14 veces de mano en mano. Puso un simil bien, al comparar a la banca con un casino. "En el casino pierde el jugador; aquí pierden los que no jugamos. Se socializan las pérdidas y los beneficios son sólo para unos pocos". Claro que el pequeño inversor va apurando sus dividendillos. Recuerdo que una vez mi abuelo me dijo que no invirtiera en bolsa. Antes apuntó en una post-it una cita de Picasso que le había dicho, y que le gustó: "Me ha costado muchos años llegar a ser joven". Hay mucho viejo por ahí suelto.

Un tipo con barba y con cara de buena persona nos habló de la banca ética. Del proyecto Fiare, que está surgiendo en el País Vasco, de Tríodos Bank, de las alternativas que existen. Porque existen y poco a poco irán a más, si las apoyamos. Si nos bajamos del derrotismo ácido y empezamos a pensar que con la acción individual se pueden cambiar las cosas. No entiendo por qué si somos capaces de reciclar un tetra brik y no tener conciencia en materia de responsabilidad financiera. No entiendo la risotada de quien rechaza cualquier tipo de movimiento en esa dirección. No entiendo por qué tanto salvar al lince ibérico y menos al ciudadano medio.

Hoy busqué una vieja cita de Orwell para un artículo. Decía que todo es política. Todo, un libro, un cuadro, una conversación, trata de empujar el mundo hacia una dirección. Negarlo, y decir que el arte no debe de estar relacionado con la política, es también una actitud política. Impregnemos, pues, de política todas nuestras acciones, empezando por las más pequeñas. Esto no significa convertirse en un ciudadano politizado, sino simplemente en un ciudadano.

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Info audiovisual:

Indigo Press Hay una parte en Zeitgeist, que es ese docu; el resto no mola tanto (un poco conspirativo). Mira en youtube otro que se llama "Story of the stuff" (sobre la fabricación de cosas) y descarga uno llamado The last days of Lehman Brother (de la BBC), si lo completas con Los espigadores y la espigadora vas más que listo.

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Este jueves, a las 19h, nueva reunión sobre Sistemas Financieros. Plaza Vázquez de Mella.

A las 20h, en pza Descalzas, se tratará temas de Educación Cultural y Gestión Cultural.

Comentarios

  1. Alguna cosa he leído de Triodos Bank. Sus empleados no están muy contentos. Basta con rascar un poco en Google.
    La simple tenencia del capital es ya un problema.
    Saludos,

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  2. Exacto, dejemos de devaluar la política, hagamos más política. No se equivocaban los griegos, que tenían un nombre para referirse a quienes no participaban de ella: idiotas.

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