23.5.11

Eq

Escribo desde una considerable melancolía de lunes poselectoral. Una amiga me dice que ya no cuentan con ella, en el medio catalán para el que trabaja. Cambio de gobierno y reducción de gastos y personal. Un puesto de trabajo menos para una trabajadora autónoma, que no podrá cobrar ni un solo euro de paro porque nada ha cotizado. Con el dinero que se han ahorrado con ese trabajador público, comprarán un jarrón chino para adornar el despacho de Artur Mas.

Andaba por la Gran Vía, con el sol madrileño de las mañanas de abril y mayo, y me acordaba de que hace menos de un año compré, en un quiosco de la zona, el Marca que celebraba la victoria de la selección española en el Mundial sudafricano. Una sensación en los (sí, los) antípodas de aquellas decepcionantes derrotas: el penalti no pitado a Luis Enrique en USA 94, la sonrojante expulsión en primera ronda en Francia 98, el partido que nos mangoneó aquel árbrito, de nombre parecido a El Gandul y la muy floja actuación en Alemania 2006. Esa sensación de ilusiones disipadas y el horizonte de estas muy lejano, y solo nos queda ir a entrenar y agradecer que tenemos salud, y algunos ni eso. Pensaba estas tonterías cuando he visto a unos de esos mendigos tullidos tan de Madrid, en este caso un tipo cuyo cuerpo terminaba a la altura del ombligo. Un medio hombre. Me he metido por un momento en su cabeza y he imaginado su vida. Al menos, las exigencias que se le exigen son menores. Nadie le echará en cara, pongamos, su supuesta holgazanería. Pero, ¿qué ilusión puede tener un tipo como ese, que vive a ras de suelo de Gran Vía?

Una vez digeridos los resultados, no he podido evitar que me sobreviniera lo que he llamado un gran tristeza social. Alguien ha dicho en Facebook que se sentía "hostiada" y le he respondido con un neologismo: hostío vital. Como el de las derrotas deportivas, pero quizá más amarga, porque no depende del azar de un árbitro, valga la redundancia, ni hay algo en juego tan abstracto como un trofeo. En juego está el tipo de país que queremos. Y hoy pensaba que, en el fondo, España, los españoles, no quieren un país, sino un mercado. Economía de mercado, eso es lo que vale, el resto, zarandajas. Un gran mercado, un supermercado. España es un Dia.

Desde la ventana del Starbucks de plaza de España, donde me ponía las pilas con ese carísimo Chai Tea Latte, miraba los coches, escuchando una hermosa canción de los Fleet Foxes que intentaré pegar por aquí. Estoy contento de tener un grupo, los Fleet Foxes, al que puedo colocar sin dudas la etiqueta de 'mi grupo favorito', y tú no. Miraba por la ventana, digo, y sentía una repentina tristeza que no sé hasta qué punto tenía que ver con la política, con ese mapa azulón y peperuelo de toda España, con Cascos gobernando Asturias, con esa Navarra que siempre votará UPN "para que no vengan los vascos", como dice Ancín, con esa Castilla-La Mancha en manos de Cospedal, con ese aire suyo de gobernar desde el despacho y si me apuran desde Madrid, con ese Madrid que lleva veinte años aferrado al centroderecha que les asegura el pan. O eso creen. Miraba a los coches y en ellos adivinaba a los responsables de un país que me parece que castiga más que vota, con un futuro que se me antoja no azul sino negro, o azuloscurocasinegro, si queréis.

El viernes, estuve con amigos un rato por Sol. Iba a comprar una cerveza a un chino, cuando un tipo se me acercó y me pidió que bebiera con moderación. Y que si podía hacerlo fuera del área de protesta, por así decir, mejor. Me lo pidió con tal educación que no pude por menos que devolver la birra al chinorri. Anduvimos por la zona y dimos a parar a un grupúsculo de gente, habría unas cincuenta personas, que debatían aspectos de la industria cultural. Se hablaba por turnos, con respeto, con ganas de aportar al debate (y esas inevitables concesiones al lucimiento personal). Si el contenido del mensaje gustaba, los asistentes levantaban las manos y las giraban en el aire, de un modo que me recordó a las moscas de las cañas de pescar, bajo el agua. Parecía un ágora griega, estampas de otra época. A todos se nos contagió la idea de que, quizá sí se pudiera hacer algo y la existencia, la democracia, la vida en sociedad, no fuera todo imposición, mercados y a joderse. Pensé en los Encuentros 72, los de Pamplona. Había algo de ese espíritu que no conocí, pero que imagino.

 Grito mudo, en Preciados.

Cerca de allí, debates improvisados.

Llegó un lunes de mayo y el mundo, España, se definió a sí misma. Spanish revolution anhelante de políticas liberales. Esa Valencia que no he citado que encarama a un imputado, mientras en Baleares unos cuarenta miembros de la cúpula 'popular' esperan que les sienten en el banquillo.

Subía por la Gran Vía con los Fleet Foxes, con una canción que he escuchado hoy hasta diez veces. La he descubierto esta misma mañana, y ha sido un regalo. Pero qué triste cuándo dice lo de:

Why is the earth moving round the sun?
Floating in the vacuum with no purpose, not a one

¿Por qué la Tierra gira alrededor del sol?
Qué hace flotando en el vacío, sin ningún propósito, 
ni uno solo.

3 comentarios :

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. En este país no se vota a favor de sino en contra de. Es humano, pero me parece cainita. También la gente se abstiene en contra de. Y todo el mundo se vuelve hacia un mercado en el que no cree. Verdaderamente, somos muy complicados. Porque si no, ¿cómo se entiende que todo el mundo eche las muelas contra la corrupción y luego aumente el voto a los presuntos corruptos? Estamos de psiquiatra.

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  3. Totalmente de acuerdo, César. Ahí está el caso de 'Sandokán', en Córdoba. Y otros tantos.

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