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Varios días sin aparecer por aquí y traicionando el espíritu del Macropost, pero en fin, esto es lo que hay. Y muchas cosas para contar, porque esta semana ha sido una semana intensa, una semana que recordaremos. Pero no voy a hablar del Movimiento 15M ni de las acampadas en Sol, que bastante se está hablando ya. Me he imprimido cuatro folios con sus reivindicaciones, por cierto. Todo ese tema electoral me queda un poco grande, lo del voto nulo y tal. Simpatizo con este Mayo español, pero no sé si me convence el argumento de no votar. Vale que se quiera castigar a PP y PSOE, pero los minoritarios no sé si tienen que ser los pagadores de este pato. Se han ganado su legítimo derecho a concursar en unas elecciones como lo tendrá Democracia Real Ya, si se presenta algún día como formación política. "Sobran razones para desaconsejar esa opción de voto (la del partido minoritario)", se dice en estas hojas. "El voto nulo no quiere un cambio, quiere un cambio sustancial, quiere otra manera de hacer las cosas". Hay algo arrealista en el voto nulo. Voto como protesta. No sé. Me suena un poco a eso de "venga, nos tiramos por la ventana a la vez de tres, eh? Vale, tu primero". No quería hablar, me callo.

Pasaron cosas, ya digo, esta semana. Como la Muestra de Literatura navarra. 2011. de la que conté bastante en la crónica que redacté para Diario de Noticias. No conté que luego fuimos a cenar una pequeña representación de los asistentes. Manuel Hidalgo, Gracia Armendáriz, Julia Montejo, Martín Nogales... También María Teresa Gallego Martínez, que me pareció una de esas señoras navarras que hablan con calma y prudencia, con una elegancia como de haber aprendido a tocar el piano de niña. Nos habló de sus años en Sudáfrica, donde fue acompañando a su hijo. De esa experiencia escribió un libro, Desde Égoli, híbrido entre el ensayo y el género epistolar. Prometió que me lo enviaría por correo, y lo espero con ganas. Es un hecho, no sé si premeditado, que no leo mucha literatura escrita por mujeres. Y creo que cierto género memorialístico, con la mirada femenina, gana mucho. Me leí en dos días Correr con los toros, de Valerie Hemingway.

Se habló también del desaparecido Miguel Martínez-Lage. Un tipo atractivo, a juzgar por lo que de él se dijo en la mesa. Como traductor, desde luego, pero también como creador (La coz en el tintero) y como personaje. Por cierto que tradujo nada menos que Vida de Samuel Johnson, de James Boswell, dos siglos después de su publicación. Es este un libro que llevo queriendo leer desde hace años, y que está considerada la obra que abrió la puerta al género biográfico. Tipo de culo inquieto, león enjaulado en una ciudad como Pamplona, que él llamaba Pamplomo. Tiene, tenía, un blog, que sigue ahí, hierático. Entré el otro día y me recordó a esos armarios de la gente querida que ya no está, con sus ropas aún colgando, pero que no sirven para nada ya. Ese blog, al menos, sirve. Le mantiene vivo, como si no hubiera muerto, nunca, a los cincuenta años en su casa de Almería. Me he propuesto leerlo a conciencia. Días Impares.

Los blogs muertos. Algún día todos tendremos el nuestro propio. Nos iremos, pero él se quedará. Como su última entrada, de 11 de abril, titulada La playa. Publicada cuatro días antes de que el corazón le fallara. No sabemos cuál será nuestro último post. Dijo la escritora Reyes Calderón, precisamente, en la muestra del martes, que alguien le había dicho que escribía porque tenía miedo a la muerte. Ella tenía otros motivos. Potenciar el 2% genético que nos diferencia de los primates. Pero algo de eso hay, escribir es agarrarte a la vida. Es un acto de reafirmación. Escribir cura, coincidieron Calderón y Armendáriz. También quiero leer La línea Plimsoll, término que se emplea para describir el límite de carga de flotación que tiene un barco. Si superas esa línea, te hundes. Sin leerlo aún, creo que hay un Philip Roth benetiano y navarro madrileñizado en ese libro. Me espera en la mesilla.

También me entraron ganas de leer Días de agosto, de Hidalgo. Fue el que destacó el profesor José Luis Martín Nogales. Durante la cena, cuya conversación me sorprendió por lo interesante, variada, relajada (algún día hablaré sobre la cantidad de conversaciones coñazo que nos rodean), pensé en lo navarro, mi navarridad, el navarrismo. No pensé mucho, tampoco. Solo noté que el hecho de haber nacido en esa comunidad me unía, aunque fuera administrativamente, a una gente. Acotaba un poco el vasto mundo. Forzaba a unos lazos. Ayudaba, en parte, a sentirnos menos solos, y eso me pareció algo bueno.

Comentarios

  1. "Con esa elegancia como de haber aprendido el piano de niña". Me encanta.

    Lo de los blogs muertos me interesa mucho, es como cuando miras en Facebook el perfil de alguien ya desaparecido y que nadie se ha acordado de ¿borrar?

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  2. Gracias por la visita Patri! Aunque la frase estaba un poco mal, la he corrido un poco..

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  3. las conversaciones coñazo... la mitad de la vida...

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  4. No sé dónde leí que había millones de usuarios de facebook difuntos . Habían pensado abrirles un maúsoleo . Así descansarán en paz , tendrán sosiego sus almas y no inquietarán a los vivos con sus espectrales cuentas .... los fantasmitas ya no llevan cadenas ni putrefactos sudarios pero a mí me dan más yuyu. como la niña del pozo de ring pero en doméstico , con pijama y con su mejor perfil . Que miedo da todo .

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