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Ayer me compré un disco, el último (segundo), de los Fleet Foxes. Helpnessless Blues. Palabreja. Me costó 14,99 euros. Lo compré en la FNAC y también 'Tokyo Blues', de Murakami. Quiero ver la peli que han hecho sobre su libro, tiene buena pinta. Me lo he comprado para vampirizar a Murakami. Hoy le pregunté a Julián Rodríguez, escritor y mano rectora del grupo editorial Contexto, si cuando se acercaba a un libro lo hacía más como lector, escritor o editor. Una vez, en una entrevista de trabajo (para unas prácticas en la productora Impala, mi posible primer curro), me preguntaron si, cuando iba a ver una peli, disfrutaba de ella, me dejaba llever, o me la pasaba en cambio analizando la calidad o pobreza de su guion, sus hallazgos técnicos, su audacia en la fotografía (fotografía, en una peli, por cierto, es LUZ, uso de la luz, y no otra cosa). Contesté, era lo suyo, que por supuesto desmenuzaba cada freim de la película, que analizaba la intensidad narrativa en cada uno de los actos, que me fijaba en las posiciones de cámara, en los saltos de eje, en el maquillaje de tus párpados, en todo. La tipa me contestó, como muy segura de si misma, a pesar de medir metro y medio, que ella cuando iba al cine olvidaba de su profesión productoril, y sumergía, mecía, transportaba, por la historia. Le cogieron a un colega, al que le va bastante bien por cierto, y yo acabé encuadernando guiones en Morena Films, a razón de 15.000 pelas mensuales. Cuando veo a Juan Gordon recoger este o cual premio pienso... pienso que hice bien en salirme del cine. El curro de aquellas prácticas era para desarrollar el guion de 'La flaqueza del bolchevique', la novela de Lorenzo Silva, que llevó a la pantalla un tal Martín Cuenca, o algo así, y no me voy a levantar a mirar. Cierro párrafo.

Leeré el libro de Murakami, cuando tenga tiempo, porque el tiempo se nos va, amigos. Pagaría porque existiera una especie de área de servicio, de desvío en la carretera, donde el tiempo no contara. Poder escaparse ahí, de cuando en cuando, después de cenar, por ejemplo, y leer y ver todas las pelis que jamás tendremos tiempo de leer y ver. Como la de Alberto Fuguet, Velódromo, que dejé a medias hace diez días y ahí sigue. Como la de Montxo Armendariz, No tengas miedo, que aún no he visto. Como esa que me recomendaron ayer, que se suma a una lista de setenta veces diez mil, que aún no he visto y no sé si llegaré a ver jamás nunca.

Aspiro al pelotazo, de cualquier tipo, para disponer de ese tiempo, porque me temo que no existen esos agujeros negros en los que el tiempo no cotiza en vida. Me viene a la cabeza Guillermo Cabrera Infante, en su exilio ceñudo constante, en Londres, cinéfilo de toda la vida él (ahí su libro 'Cine o sardinas' [él elegía siempre cine]). Tenía un proyector en su piso infestado de libros y cada día se pimplaba una o dos pelis, vaso de whisky on the rocks en mano. Imagino que tendría tiempo.

Leeré el libro de Murakami, más como escritor que como lector. O como lector que escribe, que no es sino una forma adulterada de lector. No te fíes nunca de un libro que le ha gustado a un tío que es o quiere ser escritor. Lo leeré, ya digo, como un vampiro. Y empiezo a pensar si en vez de vivir la vida, lo que quiero es sorberla, pffffffffffff, como un drácula que se refleja en el espejo.

Esta mañana,  en las escaleras del corte inglés, procedí a mirarme en el espejo que suele aparecer a la mitad del viaje en escaleras mecánicas, como hago siempre, presumido que es uno. No vi nada.

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(Bueno, vi una pared que había donde suele haber espejos para narcisos urbanos.)

Comentarios

  1. Hola

    Te he conocido hace un par de días. He llegado aquí, y me quedo.
    Escribes genial...pero eso ya lo sabes. Lo que de verdad me sorprende es cómo encadenas los pensamientos.
    Va a ser un placer seguir leyendo.

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  2. 'Tokio blues' fue la primera novela que leí de Murakami y me gustó. No se que tal irá la cosa intimista del Murakami en el cine, pero en fin... habrá que verla. Por cierto: tuve que ir al Youtube para saber que cancion de los beatles era 'Norwegian wood' porque, así al pronto, por el título no me sonaba nada. La reconocí a los tres segundos, claro, como cualquiera de los Beatles. ¡Que cosas!.

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  3. 'Norwegian Wood'.. ¡mítica!

    saludos

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