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De nuevo en Starbucks, plaza de los Cubos. Estuve ayer, estoy hoy, habemus rutina. ¿Cuándo se conforma una rutina? En el País Vasco y Navarra, si algo resulta un día un éxito, hay que celebrarlo al año siguiente y ya es tradición, algo nuestcho. Dentro de poco, cumpliré un año en la misma empresa, a la que acudo al alba cada mañana, por unas pocas horas. Me hace sentirme parte del sistema laboral, parte de la sociedad, aunque sean pocas horas. Acabamos de fijar las vacaciones de verano y me siento muy feliz de tener un calendario de libranzas. Javier Marías, que el otro día me denegó una entrevista por estar “agotado” después de tanta promoción, se va unos días de viaje, pero no tiene vacaciones. Se va cuando quiere, pero ser el puto jefe de uno mismo, siempre, también cansa. Se cansa hasta la rosa de ser rosa, se cansa la botella de su vino, canta el gran Albert Pla.

Pagar el peaje de trabajar unas horas para disfrutar después del calendario de asueto veraniego no tiene precio. El Rey, ahora en Marruecos haciendo a saber qué, en trapicheos de cualquier índole con su homólogo moruno, tampoco puede disfrutar de parecida sensación. Bueno, quizá sí. La agenda real supongo que apretará. Fijaos en el rostro demacrado, enfermo, lelo, alienado, de doña Letizia, y comprenderéis que eso de ser princesa no es tan guachi como os vendieron. Preferería reencarnarme en Pippa Middleton antes que en su hermana Catalina, próxima candidata a la desdicha vitalicia. Y encima, obligada a sonreír. Y a estar delgada.

¿Dónde íbamos?

Decía que la rutina puede ser grata. Observad en que, a la mínima ocasión, nos gusta fijar nuestra posición en la mesa. No cambiamos la orientación de la cama cada semana. Dormimos, cuando lo hacemos acompañados, en el mismo lado. Esto sirve para dejarnos de complicaciones, el reloj en la izquierda y a tomal pol saco, pero también para fijar recuerdos y, oh, ah, la vida. Una vida sin un mínimo de rutina sería un caos de tal calibre que no habría quien la viviera. Me pregunto cómo llevan su ausencia de rutina los detectives, los auditores que andan por ahí en las cocinas de las empresas, los vendedores de bragas por los pueblos de la piel de toro. Desarrollarán sus propias rutinas, pese a lo voluble de sus jornadas: el café, con gotaleche y dos de sacarina, a las ocho en punto. A media mañana, lectura de la prensa deportiva. Antes de comer, llamada a la parienta. Después de comer, llamada a la amante. Antes de dormir, pajuela narcótica. Y así, de lunes a viernes. El fin de semana, en cambio, se abren las puertas a la arrutina, a la aventura, al aorden. Esa es la razón de ser del fin de semana. Compadezco, por cierto, a los periodistas deportivos y demás profesiones sometidas a esa completa falta de feng-shui vital que es currar un fin de semana.

No he vivido nunca fuera de España más de un mes. Puede que lo haga pronto. Puede que no. Ayer vi una película de paisajes daneses y me imaginé viviendo allí. Hermosos y cobrizos veranos daneses, que no conozco. Fermosas danesas, que también ignoro, en cuerpo y alma. Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en Dinamarca es Vestas, turbinas eólicas. Pensé entonces que, de vivir allí, echaría de menos, como esos españoles por el mundo, muchas de las rutinas aquí adquiridas. Las eché de menos en La Habana, y solo estuve dos semanas. Cosas como leer la prensa más o menos libre en un bar o conectarte a internet en cualquier parte. Poder ver tal exposición o tal película, tomarte una tortilla con ensalada en la plaza de Olavide. Me pregunto si podría vivir sin esos condimentos cotidianos, sin esas pequeñas rutinillas balsámicas. Creo que sí. Porque quizá sea más del tipo vendedor de bragas por la geografía ibérica, alguien capaz de inventarse rutinas en el aire. Como la escribir estas notas al vuelo, desde hace ya unos cuantos años.

Y tú, ¿de quién eres?

Comentarios

  1. Ayer era Vandramé y hoy también , rutinas...11 de mayo de 2011, 16:53

    Chismorreos . Letizia , la caniche no , la otra , está mala . Del alma mala que tiene desde que se mató su hermana. Estoy siendo criticón pero no cruel . Se es cruel si se abusa del débil y ella no lo es. Tomó una decisión comida por la ambición : maridar con un poderoso que como sus papá se enamora de las señoras que salen en la tele. Que se lo pregunten a Ángel Cristo , ese heroe de la infancia .Esa decisión sólo suya afectaba a muchos más . En una familia dónde la niña llegó a lo más alto el fracaso era imperdonable , o lo que ellos entendieran por tal , para los demás. Es un drama familiar sórdido como todos los dramas . Bueno : yo creo que es culpa y estrés. Quizá sólo estrés y el Peñafiel .
    Si le parece una bordería irrespetuosa comprendería que no lo colgase .
    Y ya que pregunta me pondré existencialista en chanclas . Yo soy de los guiris de si mismos , o no. Según sople. Estoy de un sulfuroso hoy que me comería al Urdaci crudo y sin quitarle los zapatos. Curro de lunes a domingo ambos dos ambos .

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  2. Sin rutina no podríamos vivir. La rutina nos agosta y nos agota. Vivir es muy complicado. Pero quién desea no vivir...

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