El

Me sentía culpable por haber roto con una de las normas no escritas del Macropost, que es la de escribir todos los días, haya o no cosas que decir, haya o no ganas. Esa es parte del encanto. Pero, ondia, ¿qué pasa si uno se va a un pueblo de Extremadura, sin locutorios a la vista porque ni siquiera hay inmigarntes? A veces uno se mete presiones que nadie le pide, nos generamos tensiones futiles, como si mis cuatro lectores estuvieran más o menos expectantes de lo que aquí se ponga o se deje de poner. Quiaaa.

Ha servido, no obstante, para sacar la cabeza y tomar un poco de aire, antes de enfilar la recta final. Porque el Macropost, como la vida, se divide en dos. Como la subida a un ochomil, como una relación, como un libro. Hay quien dice que hay tres partes, Aristóteles, entre ellos: presentación, nudo y desenlace. Es una manera de verlo. Porque también está la otra visión, la de dos grandes bloques con un punto álgido, llámese cima, ecuador, clímax, en medio. En el caso del alpinismo queda claro. 
A veces veo la vida así, como comenté el otro día, un gran bloque hasta los 50 años que podríamos llamar juventud, y otro gran bloque, hasta la muerte, que podríamos llamar ocaso, aunque me gusta más decline, pero en español no sé si existe esa palabra, así tal cual. Otras, veo que hay tres bloques, que van desde los 0 a los 30 años, de los 30 a los 60, y de los 60 a la tumba. En ese caso, me felicito por ser de los más jóvenes del gran bloque del medio, ese Segundo Acto aristotélico en el que pasan las cosas. Sí, quizá este planteamiento sea más convincente. No excluye, además, la posibilidad de una cima, allá por los 45, en medio.

Cuando cumpla 45 haré algo grande. Lo acabo de decidir. Aquí queda eso. Como que me llamo EL.

Hoy hablaba con mi amiga X de que nos faltan horas, días, quizá años. Y eso que pienso que dispongo de libertad, que soy yo el que dispongo de tiempo y no al revés. Pero siempre me sabe a poco. No sólo hay libros, películas, paseos, atardeceres primaverales que no atiendo, sino también proyectos y personas a las que no dedico las horas necesarias. Hay que aprender a asumirlo (hay que resignarse ante lo que no se puede cambiar y cambiar lo que sí se puede, dijo alguien) o viviremos siempre con una especie de estrés existencial del patín. Aprender a amar lo que te va tocando el suerte es también una actitud sabia. Pero es jodido luchar contra esa avidez vital que descubrimos, y que nos hace incluso desdeñar unas horas de siesta merecida, por aquello de que significa renunciar a cualquiera de esos estímulos que nos ofrece el hecho de estar vivos.

Es una virtud esa avidez vital. Pero será un vicio si nos impide disfrutar de la propia vida.

Amén.

Comentarios

  1. Decline , pronúnciese a la hispana . De declinar : como el griego , el latín , el polaco o el serbocroata. No el decline ( diclainn) and fall, sino el declino y me otoñezco , que no caigo , que sino no me levanto .
    Me declino , me verbalizo en todas mis posiblidades y luego enmudezco por siempre. Mutis por el foSo.
    Del canto al ensayo para el estertor. GrrrGgrgrhjk, probando.

    Decline está bien . El mezzo giorno de la mia vita . Voy cuesta bajo y todo está rampa arriba. ¿ Para qué frenos ? Naúgrafo , infinitas posiblidades...declinaciones. SSSunt final . Ya os dije yo que eso no era colacao , ahora ¿ como bajo ? Declinando . Dios , ya estoy sudando .

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  2. El decline? No sé, suena un poco como a pieza ignota del motor... No obstante, aceptamos barco y me rindo a su atolondrada pero certera sabiduría.

    Suyo,
    náuGrafo

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