Falacias de sobremesa

Hace tiempo que quería escribir este post, cuya forma definitiva di ayer sobre las cuatro de la tarde, mientras gozaba de una reconstituyente siesta. "Tu cama las duras peñas, tu dormir siempre velar", se cantaba a don Quijote. No tanto, pero sí que dormí con el generador de posts medio encendido, algo cansado de comprobar la sostenida manipulación científica en la que caen los documentales de La2. 

Estas conclusiones han cobrado más fuerza desde que me puse al día en cuestiones de darwinismo y selección natural, gracias al libro Evolución para todos, que alguna vez he citado por aquí. Aquel libro fijó en mí unos conceptos que, a fuerza de ver, aunque sea dormido, una cantidad de documentales de animales plagados de falacias, habían tomado la dirección equivocada. Ayer hablaban, creo recordar, de un tipo de carpa, la carpa tiburón, que "ha desarrollado un tipo de aleta" que la hace invisible a ciertos depredadores del medio acuático. Algo así. Y del pez volador "que ha desarrollado un sistema que le permite desplazarse por el aire a gran velocidad durante más de cien metros". En puridad, la expresión "ha desarrollado" puede que no sea inexacta, porque es cierto que esos bichejos han desarrollado, les guste o no, esos sistemas más depurados que les han permitido, sobrevivir.

De puta casualidad. 

Porque todo en la evolución es una jodida casualidad, pero en este tipo de documentales parece que esa idea no vende, y se cubre todo de una salsa épica en la que el insecto palo es el ser más inteligente de la Creación y la salamandra etíope el reptil más sagaz del reino animal.
Ya con un ojo medioabierto me quedé con una frase, dicha a modo de conclusión del programa, que decía algo así como "y este es el resultado de 35 millones de años de evolución". Lo afirmaba con cierto punto cientifista, poniendo el acento en lo milagroso que pueden resultar los hechos en sí, ver cómo un pez es capaz de desarrollar, mutaciones mediante y no por un proceso de, digamos, voluntad perfeccionista evolutiva, una especie de alas que le permite zampar insectos, o lo que sea. Puede que el guionista lavara así su conciencia ante todo un programa que planteaba la idea contraria, la que hace pensar que el propio ser vivo va buscando el modo más eficaz de salvar su pellejo. Y esto no es así, nos dijo Darwin, y nadie ha rebatido todavía a Darwin.

Es más romántica la idea creacionista de que la yedra trepadora va en busca del sol, como el árbol que avanza hacia la verticalidad, cual catedral gótica, en pos de la luz, y la jirafa que parece presumir de un cuello que le permite llegar a las copas más altas, o el pájaro carpintero que, fijaos qué listo, ha inventado el mejor sistema para garantizarse su ración diaria de hormigas, martilleando la corteza de los chopos. 

Todo es más prosaico que eso, pero los documentales, Disney, Hollywood, nos venden otra idea, haciéndonos un poco más tontos, si cabe.

Comentarios

  1. "ha inventado el mejor sistema para garantizarse su ración diaria de hormigas, martilleando la corteza de los chopos"

    Jaaja, esa es la mejor parte de todo el post.

    Vale, no viene al caso. Me ha parecido gracioso, igual es que me falta la perspicacia evolutiva de la salamandra.

    :D

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  2. jajaa, pues gracias, son siglos de evolución para llegar a tal nivel de ingenio, el mérito no es mío

    ; )

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  3. Totalmente en desacuerdo con tan prosáica opinión. Nada es casual en la evolución, el ser humano es la prueba irrefutable de ello, del romanticismo que entraña la evolución, el constante movimiento, la adaptación al medio y la alteración de la selección natural. La anatomía de nuestros pies desde que visten calzado, el vello de nuestro cuerpo desde que existe la fricción bajo las pieles y los tejidos, las distintas razas y color de piel según territorios poblados por nuestros ancestros... Hasta la manera de aparearnos: no es casual el hecho de hacerlo cara a cara y no como el resto de las especies, aunque creo haber leído que los gorilas, en una escala evolutiva superior al resto de los simios, también lo hacen. Las hojas de una maceta que no ven la luz se terminan atrofiando, de la misma manera que no es casual que el camaleón cambie de color.
    Sólo la mano del hombre es capaz de alterar el equilibrio evolutivo, acelerando la extinción de unos y la proliferación de otros... Sólo los gatos domésticos y que van al veterinario padecen diabetes e hipertensión, de la que carecen los gatos callejeros.
    Nada permanece estático y todo movimiento responde a algo, el de los seres vivos es perpetuar su especie, y cuando esa evolución no cumple su objetivo de selección natural o adaptación al medio, acontece el drama: su extinción. Apasionante.

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  4. De todo hay tópicos. Hasta de la evolución. Y creo que existen porque gracias a ellos creemos comprender mejor lo que sucede.

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  5. Veo que entras, Carmen, cual elefante (evolucionado) en cacharrería bloguera. Estamos antes el clásico debate absurdo de los dos decimos lo mismo pero alguien ha entendido mal.

    Lo quiero decir es que no hay una voluntad superior ni inteligencia creadora que haga que los patos desarrollen plumas impermeables. Las desarrollaron por casualidad, y al no mojarse y no pasar tanto frío como los que no las desarrollaron, la especie sobrevivió.

    Lo cual no deja de ser tampoco menos fascinante.

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  6. Alguien ha entendido mal o alguien no se ha expresado bien, vaya.
    Pero hombre, que tú eres el resultado de la evolución de una ameba con eso ya contamos, o es que hay todavía quien crea en que fue Dios el que en siete días montó el cotarro y echó todos los animales al mar, los que no se ahogaron y echaron a nadar en las profundidades se llamaron peces, los que echaron a volar para no mojarse se llamaron animales voladores o aves y los que se cagaron de miedo y salieron a tierra se llamaron animales terrestres jajajaja... Teoría de la evolución según un Génesis apócrifo de dudosa autoría que circula por ahí.

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