El destino de los mensajes

Cuando envías un mensaje, un sms, sabes cuál es el destinatario, pero nunca el destino. Sabes que tal persona lo leerá, antes o después, pero no hay certeza sobre el derrotero de esas letras volanderas y pixeladas. A menudo, he imaginado ese sms que tarda en ser respondido como un sobrecito triste en el fondo de un bolso femenino, parpadeando en silencio entre kleenex manoseados, vaselina para los labios, carteras varias y demás objetos imprescindibles que llevan las mujeres consigo.

No sabes cómo ni dónde va caer ese mensaje y si puede tener consecuencias que uno no puede predecir, y de las que no tiene alguna, a no ser que se haga a malas. Recuerdo haber recibido uno cuando me encontraba con una exnovia (novia en ese momento) en el momento concreto de la culminación de la manifestación de nuestro amor, digamos. No interrumpimos aquel acto de corte íntimo, pero luego hube de leer el mensaje que, en efecto, era de quien menos procedía. Una compañera de trabajo de la que mi entonces novia sentia no pocos celos. Jodióse la noche, claro. Quiero pensar que aquella emisora no lo hizo a malas, aunque a saber. 

Mandamos un mensaje y, en la respuesta, elaborada o sucinta, del destinatario, podemos sacar interpretaciones, seguramente equivocadas. Pero queda ese regusto amargo de haber interrumpido, por ejemplo, un acto tan íntimo como el que describo en el segundo párrafo, y ser esta vez tú el inoportuno, aunque tu última intención fuera, por supuesto, interrumpir nada.

Comentarios

  1. Hay momentos en que es mejor apagar el móvil o al menos silenciarlo.

    ResponderEliminar
  2. es igual que mandarlo en una botella, por el efecto digo

    ResponderEliminar
  3. ¡Que curioso! Ahora conozco dos versiones de esta historia (¿puede haber más?). Pero vamos, coincido en la tésis del post: no debemos confiar en la presunta confidencialidad de ciertas comunicaciones modernas, porque el destino de esa información es impredecible en el espacio y en el tiempo. Más o menos como las antiguas: hay cosas que nunca cambiarán.

    ResponderEliminar
  4. Vaya, no sabía que esta historia tuviera tanto recorrido...

    ResponderEliminar
  5. Vaya, Eduardo, te ha salido un post muy a lo Javier Marías respecto de los mensajes enviados y su oportunidad/inoportunidad, y las consecuencias de actos a menudo tan triviales...

    ResponderEliminar
  6. Gracias César, tomaré como un cumplido la asociación con un nombre tan prestigioso..

    Nada es inocuo, que decía aquel.

    ResponderEliminar
  7. Por cierto, grandes loas de M. Rdgz Rivero este sábado en Babelia a 'Los enamoramientos'.

    ResponderEliminar
  8. Casualmente, César, (aunque no sé si leerás esto), vengo de ver a Javier Marias, en la rueda de prensa de LOS ENAMORAMIENTOS.

    Aquí va a haber Nobel, en veinte años como máximo. Estoy seguro. Y si, me subiré a un banco de la pza mayor, vestido de Adán y tapándome mis partes con un e-book, blabla, como ya dije en su día, con respecto a otra apuesta, que está por ahí inmortalizada, y que algún lector recordará.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada

Entradas populares