26.4.11

Eb

Me ha costado tres cuartos de hora conseguir engancharme a la red wifi del jodido Vips de la plaza de los Cubos. Echo la culpa a este establecimiento por no echársela a mi ordenador, o a Bill Gates, que crea ordenadores torpes, renqueantes, achacosos. También podría echármela a mí mismo, por no saber más de casquería informática para toquitear programas, atajos, cortafuegos y subwafers con queso, y así no tener que cagarme en esta gente hostelera probablemente inocente. No obstante, hay algo que no entiendo, y es esa ley por la que, en el entorno informático, algo que no funciona, por no se sabe qué, acaba arreglándose, él solito, no se sabe cómo.  

He paladeado la idea, por cierto, de pedir el libro de reclamaciones. Nunca lo he hecho, pero espero con ansia el día en que tenga una razón, una razón de peso, para estampar mi firma y datos personales, carbon copy, en uno de esos impresos diseñados para calmar iras. Una queja al día, como la Micebrina, una caña o un polvo con la vecina, debería ser receta de obligado cumplimiento.

Pero yo quería hablar de un silencio extraño, cagiano, por lo menos, que escuché ayer (por cierto que me encuentro entre los que defienden 4'33", de John Cage, como una obra musical, aun silenciosa. A veces, cuando me quedo sin batería en el iPod, mantengo los auriculares. Hay una ausencia de canción que es canción, un silencio acotado que es distinto al silencio de la calle, porque el silencio de la calle es ruidoso, variopinto, multisonoro). 

Escuchaba a este Pedro Blanco, tudelano él, que sigue radiando como el difunto Carlos Llamas, en la SER, en una noticia no cargada de malicia y regodeo sobre la multa de unos 30.000 euros a MAR (y quien no sepa quien es MAR que se informe) por llamar "nazi" al doctor Luis Montes (presunto sedador de ancianillos indefensos) en una emisión de 59". De pronto, se hizo el silencio.

Pero el silencio no se debía sino a la mala calidad de mi radio azul a pilas, pero esto lo supe al rato. Antes, creí que la derecha, mediática y militar, se había cansado ya de tanto sindiós y de que todo el mundo opinara desto y lotro y de que Zapatero, cual dinosaurio, siguiera allí, así que la habían liado buena. Un golpe de Estado, así, por las buenas, a las dos y pico de la tarde un 25 de abril, 2011. La SER, secuestrada, y ese silencio, unos segundos de silencio antes de que un gerifalte (sí, con ge) de Intereconomía lanzara una soflama entre patriótica y cuchufletera, en la radio de los malos.

Reconozco que sentí una leve sensación de orden, en ese momento. Mira, el mundo que viene será una mierda, pero al menos es uno, es perceptible, se aleja del arrealismo al que estamos abocados. Luego toquiteé la rosquilla áspera y dentada del aparatejo y volví a escuchar al afectado Blanco, y vino un plácido alivio, que paladeé mientras freía unos hígados de pollo encebollado.

7 comentarios :

  1. ¿Toquiteé? Toqueteé, ¿no? de toquetear, dícese tocar con insistencia o de manera reiterada.

    Te pasaré uno de estos días una receta de higaditos de pollo, conozco a tan poca gente que le gusten los higaditos que nunca me puedo lucir, ni comerlos.

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  2. La verdad es que toquitear creo q está mal, vamos, es la clásica para mal dicha como 'dirritido' por 'derretido'. Pero yo pensaba en toquitear, así con i, y no en toquetear, así que ahí se va a quedar.

    Gracias por su ojo avizor. Pagaria por alguien que se leyera mis posts y me dijera, uno a uno, las erratas. Escribir mola, corregir cansa. Los higados de pollo son el foie del pobre, pero bien ricos (2 euros el kilo, oiga!).

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  3. Déjese, hombre, pagar por tal cosa. La errata es una flaqueza de la perfección.

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  4. Bueno, pagaría en especias. Ya sabes, un poco de pimienta, estragón, romero...

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  5. Ya decía yo... Últimamente no hay manera de hacer negocio ; )

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  6. Me encanta el primer párrafo.

    Soy de teoria básica, lo siento...

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  7. 25 de abril hubiera sido un día curioso para un golpe de estado fascista, algo así como la historia del revés. La ley informática que Vd. menciona es mucho más insidiosa de lo que parece: aunque consiguiera saber que hizo para arreglar el problema, pierda toda esperanza de que eso funcione la próxima vez que ocurra.

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