14.4.11

14 de abril (de 2011)

Ochenta años después de la proclamación de la II República en España, el día amanece soleado, casi más veraniego que primaveral, en Madrid. Lo que antaño fueron los cafés literarios hoy se llama Twitter y apenas muestra unas tibias referencias a la efeméride, a las siete de la mañana. El diario 'Público' ha dedicado un especial al aniversario y regala un ejemplar de la Constitución de la República, y un cuadernillo con firmas de prestigio. A mediodía, ni en un quiosco de la calle Princesa, ni en el VIPs de la plaza de los Cubos quedan ejemplares. Buen síntoma. Encuentro uno en la plaza de España, en el quiosco que descansa en los bajos del siniestro Edificio España, en la plaza del mismo nombre.

Ochenta años después, la monarquía de los Borbones reina, pero de un modo "decorativo", como dice la prensa extranjera, en España. Quizá esa sea una de las razones de que la oposición a esta Casa Real con vocación de florero no sea del todo agresiva, y que incluso exista simpatía por la institución. Hay algo de trasnochado en perseguir, hoy, una III República en España.


Puede que ochenta años después de aquello, querer recuperar un mismo espíritu sea una quimera más, digo. Pese a ser un proyecto abortado, por torpezas de unos y por la avaricia de poder, de un cierto tipo de poder, de otros, lo cierto es que querer intentarlo otra vez quizá no sea la mejor de las ideas. Sin embargo, no deberían olvidarse nunca aquellos los valores, demasiado progresistas para su tiempo, que emanó la II República. Otra España podría haber sido posible, si la otra España, la oscura, no lo hubiera impedido. 

Esa otra España que cercenó el desarrollo de la otra España, y que se materializó en un Fernando VII que puso coto al florecimiento de las libertades que trajeron las Cortes de Cádiz y la Pepa. Esa otra España que sumió al país en el caos durante un siglo XIX enfermo de guerras carlistas y que, cuando empezaba a despegar, en un período que se conoce como la Edad de Plata (1898-1936) encontró el aldabonazo de los espíritus más toscos.

Hoy en día no tiene sentido enrocarse en recuperar un tren que, por desgracia, se perdió en su forma original, y que habría colocado, no tengo ninguna duda, a España al nivel actual de Francia o Alemania. Sin embargo, sí podemos luchar hoy otra esa otra España, con la que tenemos que convivir. Esa otra España que se encarna hoy en las intereconomías, las gacetas, los gatos al agua, los federicos y los aznares. Esa otra España que aún pretende imponer su tosquedad de espíritu a otra España, mucho menos cerril y tolerante, que ni siquiera cabría en la etiqueta reductora de una eventual III República, y que aún está por hacer. 

Como esos numerarios del Opus Dei que se hacen llamar "soldados de Dios", los españoles del siglo XXI deberíamos formar parte de una clandestina misión pedagógica, dispuesta a lograr que la otra España se debilite, conceptualmente, cada día. Y, ¿qué hacer, por dónde empezar? Que cada uno se lo pregunte y obre según su conciencia. Ese sería un primer paso ilusionante.

4 comentarios :

  1. Totalmente de acuerdo, salvo porque no creo q la monarquía sea una institución florero. Lo digo sin sonrojo, sabiéndome republicana, pero juancarlista a fuerza de leer Historia. Después de todo, los más antimonárquicos en este país siempre han sido los fascistas.

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  2. El problema de esta España (¿nuestra?) es que, sea para progresar o para enrocarse en el pasado, siempre lo ha hecho con una mentalidad destructiva. Las famosas dos Españas esas. A mí me dan pena ambas. Yo, más que por una III República, abogaría por una España 3.0, una de verdad, que mire al futuro y a lo que nos une. Todavía estamos lejos, muy lejos.

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  3. Me recuerda tu final a eso que dice Leopoldo Abadía sobre los hijos que vamos a dejar a este mundo y no el mundo que le vamos a dejar a los hijos. Sí, deberíamos formar parte de una clandestina misión pedagógica, dispuesta a lograr que las dos españas que se empeñan en ladrarse se debiliten hasta su completa agonía y que surjan esos hombres nuevos con capacidad para pensar y obrar de manera constructiva, como señalaba Abadía. Pongámonos a ello, pues, a dejar en este mundo hombres buenos. Lo más difícil es empezar.

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  4. Bueno, te muestras demasiado neutra. Yo hablo de recuperar ciertos valores, y actitud, republicana y, tamizada por la templanza que atesoramos (algunos), id haciendo cosas.

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