14 de abril (de 1931)

Madrid, once y media de la mañana

Salgo de la estación, encuentro una habitación en un hotal de la plaza Santa Ana y enseguida me pongo en marcha. Compro los períódicos y entro en el café Riego (antes Fornos) para leerlos. El café está vacío. Me sorprende la postura de los periódicos, sobre todo la de los más ligados al movimiento republicano. Su punto de vista es que los resultados electorales del 12 de abril son muy importantes, pero que sería prematuro empezar a hablar de triunfo completo. (...).
En esas, entra en el café mi viejo amigo C..., redactor político de uno de los periódicos más conocidos y leídos de Madrid. 
—¿Qué hay? —le digo con la pregunta madrileña habitual.
—Acabo de hablar con don Fernando de los Ríos —me contesta. Está radiante. Dice que la República va a implantarse en España de manera indefectible antes de dos años. 
—¿Es profeta, don Fernando?
—En este país, todo el mundo lo es.

Tres y media de la tarde

A esta hora, los pocos transeúntes que pasean por el cruce formado por la Castellana y la calle de Alcalá observan con asombro cómo una bandera sube lentamente por el mástil del Palacio de Comunicaciones. Al otro lado de la Castellana está el Banco de España, y en el otro ángulo de Alcalá, los jardines del palacio Godoy, sede del ministerio de Guerra. 
La bandera que sube por el mástil es la bandera republicana. La noticia corre como una exhalación y una riada de gente sale de los cafés y los establecimientos colindantes para ver la bandera. (...)

En el cruce hay mucha gente. El volumen aumenta a cada instante. Nadie sabe qué hacer. ¿Dónde estamos? Hasta las cuatro de la tarde, la gente permanece perpleja y flotando. En esas, como un reguero de pólvora en el hormiguero humano, circula la noticia de que la bandera de Correos representa lo que pretende simbolizar —a saber, que el poder ha caído en manos del Gobierno provisional—. De la perplejidad inicial se pasa rápidamente al entusiasmo. Ha bastado un segundo. Una vez constatado el hecho, veo el enorme gentío que tiene tendencia a subir por la calle de Alcalá, hacia la Puerta del Sol. La cosa está consumada.



Día 15

Por la ventana abierta, he visto a la gente confraternizando en la plaza de Santa Ana. Las escenas humanitarias han sido de una vivacidad enternecedora, cualquiera puede verse abrazado —y a veces besuqueado— de forma espontánea por un sinfín de personas enardecidas, que nadie sabe de dónde han salido. El pueblo ha vivido, en resumen, el encantamiento y la ilusión que sugiere en estos momentos la palabra república. 

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Madrid. El advenimiento de la República. Josep Pla, 1933

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