Cuando Madrid hizo pop

Entrevisté el otro día a Juan Cueto (Oviedo, 1942), charla que saldrá pronto publicada en los medios de Vocento. Lo hice a propósito de un libro que le devuelve a la actualidad editorial tras casi dos décadas sin publicar, y que es un compendio de sus artículos: Cuando Madrid hizo pop.

Me sumergí en el libro, que recomiendo desde aquí a todos los lectores e incluso a los no lectores de este blog, porque tiene algo de ensayismo pop pero que no cae en la vacuidad. Estas reflexiones teóricas se pueden leer en el metro y tienen una dimensión justa para no caer en el tedio o en la confusión.

Pero quien no quiera llegar a tanto, que lea el menos el título y que se quede con él. Cuando Madrid hizo pop. No sé hay un guiño a ese anuncio de Pringles, que podría ser, guiño warholiano al consumo de masas, pero lo cierto es que es un título que encierra toda una tesis. Bastan cuatro palabras para entender toda una época, quizá todo un siglo. O al menos, la época de los que hemos nacido a finales de los setenta y principios de los ochenta. La Generación X, de Espinete, de Naranjito, de la Nocilla bicolor, o como queráis llamar. Una My Generation que creció como que de espaldas al mundo que ese ser no-inteligente que es Salvador Sostres denostó, con su no-elegancia habitual, cuando murió Miguel Delibes. 



Los de la generación de los Airgam Boys nacimos ya en la época pop, aquella en la que, según Cueto, España entró "tarde y mal". Mientras Francia, Reino Unido o los Estados Unidos nos llevaban décadas de ventaja estética, cultural, en Madrid apenas unos miles de atrevidos se acercaban a Las Ventas a ver el concierto de los Beatles, año 1965, mientras en Pamplona retiraban de la cartelera su película 'A Hard Day's Night', censurada por aquello de que eran más famosos que Jesucristo. (Hubo una mani y todo para que la volvieron a proyectar, olé por aquellos valientes que salieron a la calle a protestar.)
Los Beatles llenaban el Shea Stadium en EEUU mientras que en ciudades como Pamplona si había música era las de las marchas procesionales de Semana Santa. Pero nosotros no vimos nada de eso, o lo vimos de refilón, como cosa folclórica, que es distinto a cultural. 

Por eso hay algo de naíf y de ligero en esta generación popera nuestra, que quizá la crisis y las dificultades de una realidad laboral no tan poppy están tiñendo de un inesperado amargor pongamos que existencialista. ¿Veremos a gafapastas con jerseys de cuello vuelto?

Dice Cueto mucho en ese título, aunque nos suene a ya conocido. Como la frase de que "Franco murió en la cama". Ciertas verdades más o menos conocidas por todos, pero que no está de más replantearse, repensar, rerreflexionar. Como que Madrid era "un pueblón manchego". ¿Y hoy? Quizá un pueblón manchego que escucha Radio3, si eso. Difícil saberlo. Pero no tanto constatar que, hasta la Movida famosa, aquí había otra España que, a base de consumismo en bruto y mucho fuego de artificio cultural, se ha conseguido tapar, hasta llegar a creer que antes no existía nada. Que el mundo era en blanco y negro.

Por suerte, internet nos va sacando por a poco de ciertos excesos pop, tontilocos, digamos, y el siglo XXI quizá sea algo más lúcido que las décadas precedentes.

Comentarios

  1. No confíes mucho en que ese siglo sea más lúcido. No hay indicidos de que vaya a ser así.

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