Trapped (Atrapado)

José Luis Guerón, el no tan joven realizador vasco de culto, tenía hambre. Consumía el cine más esnob que le saliera al paso (no en vano era co-autor de Diccionario de cine para esnobs, ediciones Ciruela), en el que hacía alarde de todo aquel cine indigerible que se había metido entre pecho y espalda. De Segundo de Chomón a Fantasio Pollardín pasando por Lasos Bejbl, sin olvidar la cita, obligada, a Conrad Stepanovich, abanderado del cine rusiescandinavo más audaz.

El cine puede saciar el espíritu, aplacar la voracidad visual, pero no calma una gusa que JL Guerón tenía desde hace horas, y que se propuso atajar con un menú doble de McRonald's. Como llovía y estaba en pijama, decidió pedirle el coche a su vecino y hacer uso de esa gran revolución del siglo XX, más aún que el plano contrachapado de Tobias Steimer, que era el McAuto. Lo cierto es que a menudo llovía en aquella ciudad periférica del norte de España, y a menudo José Luis estaba en pijama, por lo que requería no pocas veces la monovolumen de Txema, su atento y generoso vecino (pese a su ideología proetarra).

Guerón era ducho en el manejo de las cámaras digitales, pero no tanto con los coches, que le daban pánico. Su amor al cine venía por su fatal sentido del equilibrio, por su torpeza psicomotriz, por su molicie generalizada. Así que al volante era un peligro casi constante. Aquel día, además, tenía un hambre exagerada, cosa que acentuaba su torpeza. Y aquella curva, la jodida curva que aparecía justo después del poste de los pedidos, parecía más aguda y absurda que nunca. Creía haberle pillado el truco pero, coño, quién había trazado aquel siniestro recorrido. Se quedó encajado, y no había manera, ni hacia adelante ni hacia atrás, de mover aquella sobredimensionada máquina con ruedas.

Los medios locales, sobre todo audiovisuales, no tardaron en desplazarse al lugar y abrir sus informativos con la noticia. José Luis Guerón no sólo era un autor de culto, sino un director que engordaba su mito mediante un prolongado ejercicio de aparición/desaparición del ámbito público que desconcertaba a unos y a otros. Se inspiraba en Iván Zulueta, pero era mucho más eficaz en la forja de su propia leyenda. Acostumbraba a desaparecer, además, en aquellas épocas en que se entregaba con más devoción a la ingesta de comida rápida. Cuando atascó el monovolumen de Txema, llevaba un par de semanas poniéndose ciego de congelados La Serena.

Un poco por eso, no sólo el vehículo del vecino abertzale quedó atascado en la última curva del McAuto de Sonteku. También sus arterias, altamente saturadas de triglicéridos tóxicos y demás basura insalubre, que provocaron un colapso en su circulación interna que se tradujo en un fulminante infarto de miocardio.Todos los periódicos del País Vasco abrieron sus portadas con la inefable reaparición de José Luis Guerón, con la baba colgando y el reflejo de Donald McRonald en una de las lunas del coche prestado, que parecía lanzar un sarcástico guiño a los lectores.

Comentarios

  1. Pobre Guerón, no sabes cómo lo entiendo. Yo también me atasco en la curva de cierta hamburguesería... ;)

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  2. Esas cosas pasan por no saber ni conducir ni comer, torpes al volante y saturados de colesterol. Y para colmo, todo el día en pijama.

    Y como el post se ve que también ha despertado tu gula, te has comido la "r" de los triglicéridos.

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  3. "Su amor al cine venía por su fatal sentido del equilibrio, por su torpeza psicomotriz, por su molicie generalizada". Me ha gustado.

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  4. Segundo de Chomón, Fantasio Pollardín, Lasos Bejbl, Conrad Stepanovich. Hay que ser zote para no conocerlos. Yo me he visto todas sus filmografías. ¿De verdad que no los conociais? Cuanta vulgaridad...

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  5. Razón tiene, Ja. ¿Cuál es tu predilecta de tan nutrida filmografía?

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  6. Edut, como casi siempre, en tu prosa lobsecundario se hace principal ( y viceversa). Naide es ferpecto... Un placer leerte, empero.

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