Ciertas conversaciones femeninas

Hay cierta conversaciones femeninas que no me gustan, en las que se da un fuego cruzado de palabras, un mutuo monólogo unidireccional que se arrojan con pasión cafeítica damas y señoras, y  que quizá tenga algo de sustitutivo del gimnasio, o del sesso, por la energía que parece consumir. 

Luego hay otras más asertivas, de decir a todo quesiquesiquesí, en un amable ejercicio de hipocresía al que le siguen inconfesables pecaditos de pensamiento. Es lo que podríamos llamar la conversasión yamaja, y que se da mucho por el norte, en cierto pijerío pongamos que pamplonica. Son habituales en esos encuentros (72) que surgen en ciudades como Pamplona, en los que hay que pararse y comentar un poco la jugada y, si es posible, hablar mal de alguien. "Esa tía está fatal, mira que dejar al novio...". "Yamajaaa". 

Como con el primer tipo, ante este tipo de charlas lo único que se puede hacer es huir bien lejos. Pero luego hay otro tipo de conversaciones femeninas regadas de una empatía, un algo de dulzura, un barniz de cultura, elegancia, de templanza, de curiosidad, de asombro y duda, de sinceridad ante el desconocimiento, que me gustan mucho. Creo algo de ellas comentaba el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia cuando iba a no sé que tiendita a hablar con una mozuela que le gustaba un poco. Decía que era de las pocas personas que podía hablar a gusto. A menudo, la conversación masculina es un combate de gallitos en el que la ostentación de lo sabido parece ser lo único que mueve a la lengua. "Ante todo, no caigas en la ostentación", aconsejaba Nabokov a los escritores en sus Opiniones contundentes. (Y perdón por esta cita levemente ostentosa.)

El otro día, en una cafetería de Villalba, localidad que también podría bautizarse  perfectamente como Vulgaria, escuché una de esas charlas que aquí destaco. Eran dos señoras que tomaban tila, sesentonas, pero en absoluto con el alma envisonada, intoxicada por pieles falsas de Louis Vuitton. "Tener un hijo es una enfermedad crónica. Una vez que lo tienes, es para siempre", fue una de las perlas que logré retener.

El arte de la conversación. Ahh...

Comentarios

  1. ¿Y has atendido también a las conversaciones entre hombres?: que si el equipo este de fútbol es una mierda, que vaya tía más buena que acaba de pasar por ahí, que si mándate un ron, etc, etc... mmmmmm

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  2. La frase de la señora de Villalba es sencillamente genial. ¿Estás seguro de que no era una escritora?

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  3. Tienes razón, Antonio, a ver cuándo me mandas unas botellas de Arehucas...

    --

    Pues no sé, César, puede que fuera una Ana María Matute de la sierra madrileña... por descubrir.

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  4. Esa señora ha expresado el sentimiento de toda madre en ciertos momentos de la vida.
    Pero iba a comentar que me gustan las conversaciones de las mujeres de edad, tienen ese desenfado y esa ironía de quien mira las cosas a distancia, como obliga la presbicia, y conciben la vida en plan tragicomedia. Suelen ser amenas e interesantes. Las más jóvenas suelen mantener conversaciones muy ombliguiles. Y las de mi edad son de un deprimente jajajaja... A los cuarenta, casi toda mujer se siente engañada por algo o por alguien, se replantea la vida, entra en crisis, se quiere reencontrar con la que fue a los veinte, ah!!, pero eso es imposible y lo sabe, aunque se niega a aceptarlo, se siente invisible, ¡es invisible!, con respecto a hijos y pareja, necesita volver a ser ella misma y toma muchos cafés irlandeses y crema de orujo mientras se desahoga con las amigas en diálogos de una tremenda sinceridad vital... Un drama.

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  5. Me ha encantaU lo de las "yamajas", jajajajajajaja

    Muy bueno Nau.

    No sabía que te gustaba poner la oreja jajajajaja

    Saludics majo

    Pat.

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