30.12.10

Últimos minutos

A veces, me da por creer en Dios, y a fe que lo hago a menudo, muy a mi particular manera, un poco como  un juego. Y pienso en la existencia de un guionista más o menos cabrón que dispone de nosotros a sus anchas para que le proveamos, sacándolo de su divino tedio, historias. Un dios que juega con nosotros, manipula, retoca, mueve, quita, pone, altera, juega con los tiempos de nuestras vidas, de la gente que nos rodea, y va tejiendo historias. Así, da pie a ulteriores materializaciones de esas intrincadas tramas, a través de los recursos que sus criaturas tienen a mano: el cine, la literatura, la poesía, la música, el arte...

Por ello, todas esas manifestaciones no son sino encargos que, cual Goya con Carlos IV y familia, los artistas llevan a cabo. Dios es un guionista que altera el orden de las cosas para que otros guionistas, a su vez, le suministren esas historias, ya bien organizaditas. Corrijo, más que guionista, este ser superior es productor, un productor creativo a lo sir David Puttnam (La misión, Carros de fuego) que dispone de los elementos necesarios para que se produzca la obra de arte, aunque sin ser él exactamente el ejecutor de nada.

Reflexiones pueriles que a veces me asaltan y que me hacen pensar en dios, o Dios, como un tipillo más o menos curiosón en su laboratorio. Después de 35 millones de años contemplando la Tierra, su primera creación, y con los diversos entretenimientos que en ella introdujo: glaciaciones, movimientos sísmicos, bichos de todo tipo que luchaban entre sí, algunos con éxito (supervivencia) otros con fracaso (extinción), llegó un momento en que, ojo, se aburrió.
Entonces, decidió toquitear no sabemos aún qué resorte de su Mundinova para dar entrada a un tipo de simio perfeccionado, complejo, rarito, susceptible, vulnerable, pejiguero, sensiblón, suspicaz, malpensante, miserable y con algún gesto que otro de dignidad y sana ambición: el hombre (y la mujer).

Esta pueril reflexión, quizá no tan pueril, me vino al coquete leyendo un libro que es como para niños, pero cuyo fundamental contenido voy a ir digiriendo a lo largo de 2011 (Evolución para todos, de Dylan Evans y Howard Selina), que tuvo a bien regalarme el gran Molusco. En ese libro, descubrí (no tenía ni idea, como tú, seguramente) que el hombre lleva muy poco sobre la faz de la Tierra:

"Los humanos aparecieron en África alrededor de 100.000 años, somos una especie muy reciente", leo.

Y aún leo más, en un párrafo que me parece el gran hallazgo de este año, y que os invito a que jugueteéis con él poco antes de las frivolas campanadas de fin de año, con la fermosa Carbonero y la bella Marta Fernández y la simpar Pilar Rubio, opción que os recomiendo por razones evidentes para el uvícola visionado. Dos puntos (y no escribiré más hasta el año que viene, he dicho):
Si la historia de la vida en la Tierra se comprimiera en un año, los humanos habrían aparecido pocos minutos antes de la medianoche del 31 de diciembre.

Marta, Pilar y Sara, beldades mediáticas pero humanas.
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¡FELIZ 2011!

28.12.10

Divagaciones mouriñas

Este domingo leí, con el ojo vago, un especial de EPS con cien tipos importantes, entre ellos Mourinho. Oh, sí, otra vez, José Mourinho, uno de los entrenadores más citados y archicitados de los últimos tiempos. Uno de esos personajes que provocan esas paradojas de generar más artículos diciendo que se deje de hablar de él que artículos en los que se habla de él. Como cuando en el colegio, los pringuis de turno se ponían a gritar, como verdaderos cafres, lo de CALLAAAAAAAAAR, y entonces se armaba más escándalo, más bronca y más mal rollo interaulil.

Leí con cierta pereza el articulito que le dedicaba John Carlin, y me llamó la atención que, de las 300 palabras que ocuparía la columnita, sólo veo la palabra 'fútbol' una vez. Cosa que no me parece mal, porque para algo John Carlin es John Carlin y puede escribir lo que le salga del pen, pero que me hizo elaborar una vaga reflexión. Dos puntos: del fútbol importa todo menos el fútbol.

Concluye así el artículo de Carlin: 
"Esperemos, por su bien, que siga de triunfo en triunfo, porque si no, el monstruo en el que Frankenstein Mourinho se ha convertido le acabará devorando". 

A un aficionado al fútbol, ¿qué le importa esto? ¿Alguien se permitía estas diatribas de tipo psicologiquibiográficas con Pellegrini o con el ex del Barça, Reykjaard (no pienso mirar en Google cómo se escribe)? ¿Qué nos importa el éxito o el fracaso de Mou a título personal, si es Frankenstein, Jekyll, Mister Hyde o el actor secundario Bob? 

El caso es que nos importa mucho, y ahora me acuerdo en ese concepto del que habla a menudo Vicente Verdú, y que no es otro que el personismo, una cosa muy de ahora (como el conectismo). Nos gusta el fútbol en cuanto que nos proyectamos en Mourinho, y su triunfo es nuestro triunfo, si alguna vez sintonizamos con su manera de dirigir un equipo de fútbol (sólo ahí entonces empieza a importar algo el fútbol). Así que Mourinho, al que le gusta atraer la atención para no despistar a los jugadores, o eso dicen, acaba eclipsando a todo el Real Madrid y nadie habla, por ejemplo, de ese espagueti con botas que se llama Di María.

 Javier Marías, por cierto, no traga a Mou

Y no me indigna la cosa, porque a veces el fútbol es cosa bastante coñazo, pero sí me parece significativo señalar que por encima de los goles de Benzema o Messi está la personalidad de Mou, Guardiola o, yo que sé, Fabio Capello, verdaderos referentes humanos sobre los que parecen pivotar, ahora, todas las atenciones. Porque el resto dan patadas al balón, con más o menos arte, pero donde alguien se la juega realmente es en la gestión de todo ese universo poderoso que es el fútbol del siglo XXI. Interesan las personas, sus azares, y no tanto los balones.

27.12.10

Eterno pasajero

Nos han vendido el amor como algo que tiende a ser eterno, un poco para toda la vida, o no es. Y cualquier cosa que no sea esa se entiende, a menudo, como un fracaso. Pero pensemos que la felicidad reside, precisamente, en cierta condición fugaz; somos felices de niños, aún sabiendo que la infancia es un tiempo pasajero, y que algún día nos abandonará. Quizá en lo efímero se encuentre lo eterno. Como en una nota que pasa, o en la luz rosada del cielo de Madrid, cuando cae la tarde, en invierno.

25.12.10

Pamplonauta fugaz

Creo que fue uno de los hermanos Laspalas, no recuerdo quién, el que dijo que se sentía feliz de ser un pamplonauta, que había ya viajado lo sufiente y que asumía de rol de tipo pegado a una ciudad, y complejos los justos. Pamplonauta, o sea, tipo que navega dentro de la propia ciudad, Pamplona, y que considera que esa y no otra es su última estación. Yo me resisto a esa idea, en la teoría y en la práctica, y sólo me convierto en pamplonauta a ratos y en contadas ocasiones. La Navidad es una de ellas. El año pasado, resaca de Nochevieja, por ejemplo (a ver si me acuerdo y pongo luego el enlace).

Este sábado, 25 de diciembre, amanecí —a una hora inconfesable—, pero con todavía una limpísima luz solar que me levantó el ánimo. Siempre que me pongo el traje de flâneur hiperlocal tiendo,  no sé porqué, hacia el Segundo Ensanche. He visto, por cierto, que en el Paseo van a cambiar los parterres, y ponerlos como en cuesta. Todo un acontecimiento en la microhistoria del paseo de Sarasate, al que he olvidado hacer una foto con esas tierras al aire. Sería bonito hacer una exposición sobre el paseo de Sarasate, sí, y repasar todos sus hitos, con fotos, textos chulos. Pequeños y mínimos eventos en la vida de una vía pública, como aquella poética y melancólica tala de los olmos (muy presente en Correo de otra parte, de Miguel Sánchez-Ostiz, por cierto). Fotografías, alusiones artísticas como las instalaciones de Isidoro Valcárcel durantes los Encuentros de 1972, cambios en su paisaje y testimonios de personajes ligados al paseo, y pienso en tres: Donan Pher, el ciego de los cupones con su inconfundible "Para hooooooooooooooy" y el barquillero, que cada primavera aparece, como los almendros, aunque un poco más canoso cada vez .

Total, que he subido hacia los Ensanches. He pasado por lo que era la Parrilla Argentina, que ahora ha cambiado y pone Mikel Ceberio. La mutación de la hostelería pamplonica es ya un fenómeno; en mi infancia ese tipo de locales parecen eternos, y raro era el que cambiaba de dueños o cerraba. De entonces, creo que sólo se conserva el mítico Bahía, Snack-Bar, sobre el que escribí hace tiempo, la cafetería Palace, del expresidente de Osasuna, Miranda, y poco más. Hace poco murió un peso pesado del sector, como la Florida de la avda San Ignacio, en su lugar, mi tío Imanol Miqueléiz ha abierto una flamante y muy elegantosa barra del Melbourne.

Creo que el orden fascitón del Segundo Ensanche me ayuda a poner en orden la cabeza, tras la implosión bigbanesca que sucede a estas celebraciones dulcemente excesivas. Hablaba el otro día con Iñigo Antolín sobre un amigo suyo que trabaja en India y nos dio como mucha pereza ese país, tan amado y loado por otros. Nos movemos mejos sobre planes urbanísticos racionales; de algún modo, nuestro cerebro se han configurado de esa manera. 

Realmente, está todo cerrado, lo que confirma que las Navidades son el último bastión antes de sucumbir al arrealismo. Me gusta, ojo, este conductivismo social en función de lo que diga el calendario, y me hace gracia que, a día, de hoy, sigamos rigiéndo nuestras vidas en función al presunto nacimiento del niño Jesús, tal día como hoy, hace 2010 años, según fuentes bíblicas.

De pronto hay algo que pesa, en esos ensanches tan cuadriculados. Quizá mi particular GPS sentimental me lancé al principio al orden de los barrios franquistas para encarar luego con más gusto lo abigarrado del casco viejo, en una curioso ejercicio del placer de los contrastes. Frío, calor, orden, desarden, Apolo, Dionisos. La parte antigua de la ciudad estaba más bonita que nunca, con el cielo aún no del todo negro, al pasar por la iglesia de Santo Domingo, cerrada, qué pena. Por la calle homónima me he dejado asombrar por la impresionante brillez del torreón de San Cernin, a cuya luminiscencia contribuían también las casitas colindantes, acertadamente decoradas de luz. Lo cierto es que en los últimos años, la ciudad ha mejorado su aspecto, el mobiliario urbano, los detallicos. Supongo que esto será mérito de doña Barcina, así que desde aquí mis felicitaciones, las cosas como son, oiga.

Y hasta aquí mis arrobos místicos de flâneur resacoso de provincias, porque tengo que seguir con la vida navideña.

23.12.10

Notas sobre la 'ley Sinde'

Reconozco que hasta ayer mismo no tenía una opinión muy formada sobre la ley que la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha fracasado en su intento de lograr la aprobación parlamentaria. Rechazada la propuesta legal, creo que el fracaso lo va a pagar ahora la cultura. Me preguntaba ayer si internet debe ser, por defecto, una especie de jungla anárquica en el que todo vale, incluso que se apropien de cosas que son tuyas, y se lucren por ello. Lo dice muy claro Juan Aguirre, de Amaral. La 'ley Sinde', con fallos, sí, como apunta JJ Millás, pero con un fondo necesario, lo que quería era poner freno a abusos y a pirateos que, sin embargo, los usuarios creen que tienen todo el derecho a exigir, y todo lo que vaya en dirección contraria es fascismo y estalinismo, y cosas así. Esto es lo que dice Juan Aguirre, y creo que es interesante (artículo completo aquí): 

"Nunca hemos apoyado el canon digital, incluso en los boletines de la SGAE nos hemos mostrado muy contrarios y críticos con la industria del disco. Gran parte de nuestra formación musical la hemos adquirido a través de casettes, así que no estamos en contra de que se puedan intercambiar archivos. El problema surge cuando hay webs que se lucran por la publicidad y con unos discos que no les pertenecen".

La posibilidad, como de hecho sucede, de que cualquiera se apropie de tu trabajo cultural (canciones, relatos, novelas, obras audiovisuales) y, además, pueda encontrar lucro en ello les parece muy bien a cierta comunidad internáutica. El otro día una amiga de FB decía que su opinión al respecto era clara: "Yo sólo  ya apoyo lo que me beneficia". Creo que no hay actitud, así lo pienso, más perversa y antidemocrática, antisocial, que esa. Yo me beneficio, y accedo a todos los contenidos culturales que quiera sin dejarme un euro, pero el autor, y toda la cadena que circule en torno a él, que se fastidie. 


Por suerte, creo que hay suficiente material cultural disponible, de un modo gratuito, como para vivir durante años escuchando música o leyendo sin pagar un duro. El mismo intercambio de archivos es un tema polémico, en el que no entraré porque además no tengo ni idea de esos vericuetos legales. Hoy día, al menos en España, campa la anarquía en la cultura que circula por internet, y ni siquiera el Partido Popular, supuesto garante de la propiedad privada, ya sea en pisos o en libros, hace nada por remediarlo. Es un asunto "grave", dice Millás, que no haya problema alguno en piratear un libro, una película o un disco Se puede, y es hasta cierto punto entendible que esto se haga de manera masiva; personalmente, cuento mis descargas con los dedos de las manos, en más de una década como internauta. 

Podemos discutir si era correcta la posibilidad de cerrar webs en cuatro días, adelantándose al proceso judicial, pero asumir que la producción cultural es patrimonio de todos, sólo por estar en internet, no me parece justo. Ni justo para los creadores, ni justo para la cultura, puesto que una cultura en condiciones precarias será siempre una peor cultura. Son necesarios, como dice 'Jota', de Los Planetas, algunos mecanismos de compensación que la fallida 'ley Sinde', creo más que por un mal márketing político que por otra cosa, ya no va a poder desarrollar.

21.12.10

Diez libros leídos en 2010 que yo regalaría

Listas por aquí, por allá, me uno también al festival de listas, bajo el criterio de libros que regalaría, libros que he leído 2010, la mayoría publicados en ese tiempo y que me han gustado, enriquecido, acompañado.

-Diario del hombre pálido, de Juan Gracia Armendáriz (Demipage)
-Verano, de JM Coetzee (Mondadori)
-Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco (Tusquets)
-La agonía de Francia, de Manuel Chaves Nogales (Libros del Asteroide)
-El tiempo envejece deprisa, de Antonio Tabucchi (Anagrama)
-El don de Vorace, Félix Francisco Casanova (Demipage)
-Cuarenta contra el agua, de Félix Francisco Casanova (antología de FJ Irazoki, Demipage)
-Vida y opiniones de Juan Mal-herido, ed. Alberto Olmos (Melusina [sic])
-La ciudad en invierno, de Elvira Navarro (Caballo de Troya)
-Evolución para todos, de Dylan Evans y Howard Selina (Paidós ibérica)

19.12.10

El mayor hijo de puta del mundo

Si hubiera un ránking mundial de los mayores cabronazos e hijos de la gran puta del mundo, sin duda que el presidente de Sudán, Omar al Bashir, debería figurar en esa siniestra lista. Leo indignado en la prensa local que el mandatario sudanés guarda unos 9.000 millones de dólares en bancos de Reino Unido, entre ellos el Lloyds Bank de Londres. Si el Bank of America, PayPal y otras instituciones del mundo deniegan el amparo financiero a Julian Assange, de WikiLeaks, no entiendo cómo esos bancos británicos permiten a este corrupto bananero manejar a su antojo estos fondos manchados de sangre y de ignominia.

Ha sido precisamente WikiLeaks quien ha destapado esta noticia, que habla de la fortuna infame de Omar al Bashir, que ha robado y sacado de las arcas públicas este dineral. Bashir está acusado, por la Corte Penal Internacional, de crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio, en el contexto del conflicto de Darfur, que ha acabado con la vida de unas 300.000 personas, desde 2003, en la paupérrima Sudán.

Dan ganas de forzar una revuelta popular que acabe con este sátrapa, dan ganas de que el pueblo, cuyo concepto de la justicia parece a veces más directo, se lo cargue sin contemplaciones. En lugar de eso, la foto del periódico muestra a una población engañada, bobalicona, que aclama a este sinvergüenza universal.

13.12.10

Fallo del II Premio naúGrafo de Literatura 2010

El jurado de este blog ha dedicido (por unanimidad, como no podía ser de otro modo) entregar el II Premio náuGrafo de Literatura 2010, a Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) por su Diario del hombre pálido (Demipage).

El galardón, sin dotación económica, premia la obra más destacada del año, en función de unos criterios más o menos fijos. Si el año pasado, en que se valoró el trabajo de Sam Savage, se habló de "el desparpajo, la audacia creadora, el completo y descarado desmarque de modas y tendencias y la bonhomía que rezuman las  páginas de El lamento del perezoso", en esta ocasión, se ha destacado esto:

La capacidad del autor para componer un libro lleno de "perlas brillantes", por emplear una expresión suya, y su talento para hacer de la enfermedad una materia literaria que no transita por la oscuridad, sino por la belleza. Por dotar al diario íntimo de un nuevo empuje que lo regenera, y que regala a quien se acerca a estas páginas una grata empatía, y le hace cómplice de una mirada sensible en vías de extinción. Por todo eso, y por otras razones que se comentaron en su día, Diario del hombre pálido, de Juan Gracia Armendáriz, es el libro del año en este blog.

Enhorabuena. 

 

9.12.10

Neuronas cansadas

Hoy, leyendo sobre la taza del váter, Vida y Opiniones de Lector Mal-Herido, en edición de Alberto Olmos, que me parece una perla entre no voy a decir mierda, pero sí una pequeña perla literaria, en un formato muy llevable, y legible, por tan sólo diez euros, pensé que quizá mis neuronas podrían estar cansadas. Las mías, y las de la gente, porque estamos acostumbrados a escuchar cómo la gente está cansada, que si no puede más y tal, y entendemos con eso piernas agarrotadas, nucas sudorosas, cabezas pesadas y malestares generales. Pero no solemos tener tan en cuenta que el cansancio no sea físico, ni mental. A día de hoy, no conozoco ningún gimnasio o club de entrenamiento, o mantenimiento de la cosa neuronal más allá de la Nintendo DS. Decía el otro día la Matute que le gusta leer, a sus 85 años, novela negra, porque con tanto nombre como que mantiene la cabeza en acción. A mi abuela le gustaba repasar, antes de dormir, los nombres de los motes y las casas de su Miranda de Arga natal. 

Al acercarme a la prosa ágil, aeróbica, entusiasta, flexible y como de goma de Lector Mal-Herido, una sensación parecida a la preocupación, para la que no existe palabra en castellano, me ha invadido. La asunción, también, de que nuestra jodida mente tiene sus límites, y que el consumo de palabras y conceptos por día es, por suerte o desgracia, una cosa acotada. 

Haciendo repaso a mi actual momento laboral, vital, general, sólo veo palabras y palabras por todas partes: palabras en este blog, palabras en Facebook, palabras en los blogs que leo, en los periódicos en papel que leo, palabras en mis literaturas que no tengo tiempo o fuerzas para corregir, que no ya crear, en los libros que leo por placer (pocos), en los libros que leo por cuestiones de trabajo, en las cosas que escribo para el periódico, en las cosas que leo para escribir las cosas que escribo en el periódico., en las noticias económicas internacionales, que resumo de par de mañana, y donde las palabras se convierten en words y mots. Una rutina palabrera que acaba dejando el cerebro como ahíto de palabras de los cojonzuelos, y que se traduce, a veces, en una necesidad de no recibir ni una sola palabra más, con los problemas para la vida social que esto puede acarrear.

El oculista diagnostica vista cansada al que padece ese trastorno, y le prescribe unas gafas ad hoc. A quien sufre un cierto cansancio neuronil no sé qué remedio se le puede aconsejar. Quizá la música, pero sin letra.

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PD: Debido a los síntomas que acabo de describir, no pienso corregir las posibles erratas de este texto.

7.12.10

Casoplones en El Escorial

El Escorial se llama, en realidad, San Lorenzo de El Escorial, y es distinto a El Escorial, que es municipio propio, aunque colindante. Pero se hace demasiado largo y todos acabamos diciendo El Escorial. Total, que ayer estuve, estuvimos, en San Lorenzo de El Escorial, y hacía un feliz día soleado que hoy se ha jodido con una lluvia mal encarada como tarde en Barajas un 3 de diciembre de 2010.

Mira que he pasado varios veranos en esa recoleta localidad, trabajando en los cursos de verano de la Complutense, pero hasta ayer, domingo que era lunes, no caí en esa calle, que parecía como sacada de un episodio de Otherworld, pero en castizo. Una especie de Beverly Hills de corte franquista, o incluso prefranquista, a saber, pero con un importante resabio a aristocracia de la buena, a retiro escurialense de generales con latifundios donde apenas se pone el sol, en homenaje al magno Felipe II, cuyos restos se pudren a escasos metros.

Había algo extraño en esos casoplones, auténticos villorios king size, algo arquitectónicamente nuevo para mis ojos; un regusto industrial, de principios del XX, tipo el matadero de Madrid, pero burgués y distinguido a la vez. Luego toques, no sé, alpinos, savoyardos, austríacos, como con ciervos disecados en unos salones que no alcanzábamos a escrutar. Y una curiosa monocromía color nuez vieja, unos fachadones que te hacían estirar el mentón, cuatro, cinco, seis alturas en lo que se diseñó como un chalé unifamiliar, cuando este concepto aún no existía y las familias eran amplias y con criadumbre incluida.

Un silencio inquietante rodeaba esa calle acomodada que, sin ser del todo tétrica, bien podría servir de localizaciones para estos nuevos realizadores españoles de terror. Porque bajo esa apariencia agradable, pero de corte tímidamente faraónico, de aquellas construcciones, se adivinaban historias terroríficas.  El triunfo, la imposición, cayera quien cayera, del cortijo de cierta España que durante casi cuarenta años vivió a sus anchas, aplastando cualquier tipo de disidencia que les amargara el café con pastas de las 7, cuando vienen Cutufa y Marieli, tan encantadoras siempre.

3.12.10

El viaje sensual

Pasaré dos escasos pero espero que intensos días en Bolonia, Italia, de la que sólo conozco que es ciudad de gran tradición universitaria, que ha servido para bautizar una reforma educativa y la receta de los espaguetis que lleva su nombre. También sé que se encuentra en la zona norte, pero no sé cuantas personas viven en ella, si tiene equipo de fútbol en el Calcio, ni qué empresas rodean su periferia, qué ríos la cruzan, qué monumentos son los preferidos de los creadores de postales, qué fuentes registran más cantidad de monedas por año, qué vecinos pisaron sus calles. Ni lo sé ni me importa. 

Recuerdo un profesor que tuve en el máster de El Correo, Pedro Ontoso, periodista de esa casa, de los mejores profesores que he tenido nunca. Nos dio detalles del viaje que planeaba a Italia, en verano, unos seis meses antes de irse para allá. Ya se había hecho con unas cuantas guías y andaba preso de una gran excitación con los preparativos. Nos contó que le gustaba mucho actuar así, documentarse a conciencia sobre los lugares que iba a visitar, antes de emprender un viaje. Pensé si a mí me gustaba hacerlo, y pensé si me gustaría hacerlo siendo él, es decir, un periodista de responsabilidad sometido a un tráfago de información descomunal, del que sólo puede huir en vacaciones. Él, en cambio, fuera de la redacción, seguía teniendo avidez por conocer, leer, registrar datos.

Deduje que aquello era lo que haría cualquier periodista de verdad. Informarse al máximo de los lugares que uno va a visitar, porque esa actitud, esa sed de información, es inherente al periodista, esté o no de vacaciones. Entonces llegué a la conclusión de que yo debía de ser un periodista raro, si es que lo era, y me preocupó no poco aquella sensación.

Debates vocacionales aparte, he ido cogiendo gusto a ir a los sitios en plan tabula rasa. Como un niño que nace al mundo y que va asimilando las nuevas sensaciones, con esa placidez que da cierta ignorancia. Viajar como una manera de escapar de ciertas mecánicas mentales, a veces cansinas. Una vuelta a lo sensual, a conocer los sitios no por las guías turísticas, ni por las Wikipedias, sino por sus sabores, aromas, luces, texturas, olores y colores. Así me apetece viajar, ahora. Prefiero hacerle el amor a Bolonia, despacio, dulcemente, con los sentidos en modo receptivo, que tomarme un café con ella.

1.12.10

Arte moderno

“El objetivo del arte moderno es captar un rincón de la creación, visto a través del temperamento del hombre”. (Émile Zola, en 1868)
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