30.6.10

Jodorkovski

Comentó Müller algo de Jodorkovski, que estaba, ahora mismo, en un campo de trabajo. Dije que sí, pero lo cierto es que no caía en quién era aquel ruso, y me vino a la mente alguien que nada tiene que ver, dedicado a la psicomagia. Me refresco la memoria en internet y, sí, es aquel magnate del petróleo que acabó enchironado por fraudes varios.

Lo enviaron a Siberia que, en un país tan grande como Rusia, tiene algo de humillante confinamiento. Tengo pendiente de leer desde hace tiempo Memorias de la casa de los muertos, del que Tolstoi dijo que era mejor incluso que el todopoderoso Pushkin.

Hay algo inquietante en la existencia Siberia. Y en el hecho de pensar que haya un tipo, o varios, más o menos despreciables, pero humanos al fin y al cabo, allí deportados. Encuentro este párrafo en una nota de Europa Press:

Las condiciones en las instalaciones donde Jodorkovski permanece detenido son más duras que las existentes en las cárceles normales o en los campos de trabajo.

29.6.10

Humo de Nobel

Vengo de entrevistar a Herta Müller, premio Nobel 2009, que presenta Todo lo que tengo lo llevo conmigo, sobre el drama de los rumanos alemanes internos en campos de trabajo tras la Segunda Guerra Mundial, por capricho de Stalin.

En el jardín de un hotel de cinco estrellas, bajo un sol escamoteado por un gran toldo, hemos hablado, traductora mediante. Una brisa ligeramente ahumada me ha llegado hasta las napias cuando he presionado el Rec, ese Rec que siempre se pone rojo, y mal día será el que le dé por desobedecer. Era un humo de Nobel, no de la conocida marca de cigarrillos, no me fijé cuál era, seguro que la clásica marca alemana de toda la vida, sino de premio Nobel. Un humo que se ha colado hasta mis papilas gustativas y que ahora, porque yo soy muy sensible al humo ajeno, noto que se resiste a abandonar las profundidades de mi boca, regalándome una extraña ligazón metaliteraria.

25.6.10

Un partido con morbo

No me refiero al Portugal-Brasil que se juega en breve (o que se habrá jugado [¿3-1 a favor de Brasil?] cuando leas esto). Me refiero a un partido de fútbol imposible, como aquel partido entre filósofos griegos y alemanes que se sacaron de la manga los Monty Phyton. El partido imposible y de muy fatales consecuencias que os digo sería uno entre Republicanos y Nacionales. Las dos Españas, once contra once, en un terreno de juego neutral (habría que jugarlo en Suiza).

Los jugadores podrían ser profesiones balompédicos con ideologías más o menos afines a cada uno de los dos bandos históricos. Entiendo que los que eligieran jugar con 'la blanca', correrían el riesgo de ser tachados, cuando menos de ralea fascista antidemocrática de la peor calaña, y su crédito profesional y personal perdería enteros. Los jugadores del República F.C., gozarían, en cambio, de más simpatías (aunque nunca se sabe, que aquí hay mucho latente), que el equipo rival, Nacionales C.B.E. (Club de Balompié Español).

La posible alineación de tan polémico match la integrarían, ya digo, futbolistas españoles (vascos y catalanes se apuntarían también) en activo, dispuestos a dar la cara y las piernas por tal o cual tradicional bando. Pero su nombre no figuraría en el dorsal, sino el de algún histórico dirigente de cada color. Las probables alineaciones de tan arriesgada competición reanimadora de odios sería la siguiente:

República F.C.:

-José Miaja, bajo los palos

-Santiago Carrillo, Indalecio Prieto, Azaña y Juan Negrín en defensa
  
-Niceto Alcalá Zamora, Unamuno y Lluís Companys de organizadores del juego en el centro del campo

-Largo Caballero y Pasionaria, de extremos incisivos

-Líster, delantero centro rematador


Nacionales C.B.E. (Club de Balompié Español):

-Emilio Mola, en la portería

-Sanjurjo, Yagüe, conde de Rodezno y Moscardó como bloque férreo bloque defensivo

-Joseantonio Primo de Rivera como líbero

-Francisco Franco, Manuel Fal Conde, Josemaría Escrivá de Balaguer y Blas Piñar en el mediocampo

-Queipo de Llano, como mortal rematador adelantado


Que gane el mejor.

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23.6.10

Bolsas de bienestar

Recuerdo un curso que se celebró en San Lorenzo de El Escorial (que no El Escorial) sobre la felicidad. Entrevisté a un tipo experto en tales cuestiones que, huelga decir, tenía un aspecto risueño y saludable, malo habría sido lo contrario. Hace años asistí a una charla titulada 'El humor en el Quijote' y no hubo una sola oportunidad para la risa, lo cual me parece un fracaso en términos de conferencia (aunque esto es opinable y discutible a partes iguales).

Total, que el tío decía que la felicidad estaba sobrevalorada y que era un concepto demasiado amplio y casi inexistente como para darle crédito en términos cientificoides; el prefería hablar de bienestar. (El problema del término bienestar es que suena a sofá mullido, a pantalla de plasma en tele de alta definición y acciones al alza en el ibex 35, y tampoco es eso.)

Quizá la felicidad, el bienestar, cierta paz, tenga algo que ver con el viento. Una vez pregunté, de niño, que cómo surgía el viento, y me dijeron que había unas bolsas de calor, algo así, que al chocar entre sí, generaban esas corrientes de aire. Puede que con esos estados del alma pase algo parecido. No se trata de llegar más alto, más fuerte, más rápido, no pasa la cosa por ser un Usain Bolt de las finanzas, ni ser un tiburoniano Micheel Phelps de la res privada.

Tampoco en el éxito, lo que conocemos por éxito, fama, vanidad, dinero, sexo y putas en un hotel de Sudáfrica, se encuentra el secreto de la tarifa plana 24 horas del bienestar o felicidad. De pequeño, veía a los que yo consideraba exitosos, a los famosos, a los ricos, a los cantantes de la tele, y me preguntaba cómo podían estar serios, si lo tenían todo.

Hoy he pensado que, por suerte, todo es más sencillo, y más al alcance de todos. He pensado que quizá el tipo más feliz o más acumulador de bienestar se llamá Paco y trabaja en Arreglos y Reformas en general, y lee a Kant por las noches. Los tiempos de opresión, del lugarteniente joputa y el mujik, van remitiendo. Aunque sigue habiendo mucho esclavo, es posible trazarse una libertad, más o menos duradera.

Rumiaba esto, y me venía la imagen de una idea de felicidad, de bienestar, como bolsas de aire en las que, con un poco de pericia y capacidad para desoír siglos de estupideces en conserva, podemos estratégicamente colocarnos.

21.6.10

En casa de Hitler

Me fijé en el nuevo quiosco de libros que hay en la plaza Santa Bárbara, esa cosa moderneta que acabó un poco con el encanto decimonónico del anterior, hay que innovar taltal, en un libro titulado El lado humano de un Caudillo, 401 anécdotas, sobre la figura de Franco. Nunca me han gustado este tipo de libros refritosos que tienden al empacho. Una anécdota, bien, dos vale, pero 401 es excesivo. Es como hacer una paella sólo de socarrat, y no es plan.

Como anécdota de Franco está lo de que por lo visto tenía una vejiga como uno de los muchos pantanos que mandó construir, y que en las reuniones con los ministros no se levantaba en horas, y el personal apunto de mearse encima.

Quizá por eso, por lo del libro, o porque esta noche he dormido fatal, y los humores orgánicos tienen mucho que ver en la redacción mental de los sueños, me ha venido Hitler a la cabeza. En términos siniestros, como no puede ser de otra manera. Así, me he colado vía sueño en el dormitorio de los Hitler, que era oscuro y lúgubre, aséptico, vagamente imperial, anticuado, tonos madera pero madera negra, pulcro, un escenario terrorífico en su enfermizo orden. En el sueño, he visto que Hitler dormía en el lado izquierdo de la cama, lo cual me ha sorprendido, no sé por qué.

Ya despierto, he seguido imaginando ese factor humano del mayor indeseable que ha parido la historia, y he pensado en Hitler en pantuflas, en Hitler con estreñimiento, en los pedos de Hitler, en los pelos del sobaco de Hitler, en las pelusillas del ombligo hitlerianas, en el cerumen de Adolf, en la pasta de dientes del Führer, en el aliento pastoso de Hitler, en el gel de ducha que usaría este cabronazo con bigote, en todas esas cosas que lo hacen más humano y que, por tanto, nos deprimen. Porque si Hitler hubiera sido un robot, todo habría sido menos dramático. Pero no lo era.

19.6.10

19 de junio

Hoy, desde el tren, vi el trigo, ya amarillo, ese amarillo gastado, viejo, como las páginas de una novela, olvidada, de Miguel Delibes, y me pareció un fabuloso y gratuito espectáculo. Le hice una foto, pero no recogió nada de lo que estaba entrando por mis ojos.

17.6.10

17 de junio

Hoy jueves estaremos en el Palacio del Condestable, calle Mayor no sé el número de Pamplona. Un edificio que sale en el ya célebre mural de la Estación de Autobuses, por cierto. Ahí es nada.

Estaremos en el Condestable, como a las 19.30 horas, los amigos del año pasado, que repetimos este también, y sigamos hablando así, con este plural mayestático, a lo Induráin, hemos estado ahí. Estaremos, digo, eligiendo al microrrelato sanferminero de este año, la segunda edición del Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín, con el patrocinio de Bodegas Príncipe de Viana y el empuje de blogsanfermin.com.

Pasaremos un buen rato, y daremos un cariz interesante a la fiesta de San Fermín, que no le vendrá mal. Si estás en Pamplona, acércate por el Condesteibol.

Y el sábado por la mañana, churros en La Mañueta.

16.6.10

Bloomsday 2009

Este miércoles, 16 de junio de 2010, es Bloomsday, como lo fue el año pasado y muchos años pasados. Efeméride cultureta donde las haya, rememora las andanzas del protagonista del Ulises, de James Joyce, por Dublín, un 16 de junio de 1904. El blog de El lamento de Portnoy propuso una interesante iniciativa, que consistió en que todo aquel que quisiera contara su particular Bloomsday, el relato cotidiano de sus acciones durante el 16 de junio de 2009, fue un éxito de convocatoria y creo que participó hasta Enrique Vila-Matas.

Por cierto que tenía pensado no leer jamás el Ulises. Pero hoy un compañero me ha hablado de que dos amigos suyos, frikis literarios, son fans del libro. Habrá que planteárselo, algún día.

Pego a continuación el texto con el que participé, no sin un poco de sonrojo. Creo que antes escribía de un modo más impúdico que ahora. Pero tiene su gracia acercarse a esas líneas, como pequeñito viaje al pasado personal, de un día como otro cualquiera, congelado. Allá va:

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Me jode que justo haya caído Bloomsday, y la iniciativa de Portnoy, en uno de los días más anodinos que recuerde. Un día anti-novela río, un día sin grandes sentimientos de nada, hiperestesias siquiera fugaces, pequeños delirios de grandeza, minúsculos arrobos de cambiar el mundo, a poder ser a mejor. Una pena que no hubiera caído en el día de mañana, en que tomaré un tren destino Pamplona para ejercer de miembro del jurado de, ojo, el I Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín. Leeré antes muchos microrrelatos, asistiré al acto y hablaré un poco en público, daré mi opinión sobre esas perlitas literarias y participaré, más o menos activamente, en esa tanganilla literaria tan simpática.

Mi día empezó de arriba a abajo, poniendo los pies en la tierra, como todos los días. Bajé, pues, la escalera que va de mi mezzanine al duro suelo y puse antes mis picantes en la báscula: 76 kilogramos. Vaya, había bajado la barrera psicológica de los 75, pero se ve que por poco tiempo. Trabajé en una entrevista al editor Jorge Herralde durante la mañana y apenas mantuve contacto oral con nadie. Todo el día, como a la postre fue, tenía las trazas de uno de esos mute days que acaban atorando un poco. Barajé la idea de ponerme a hacer un montón de cosas solamente para contarlo, vivir para contarlo, para contarla, pero me pareció ridículo y me dio pereza. Coño, no pasa nada por estar un día sin relacionarse con nadie. Leopold Bloom, Joyce, Italo Svevo, Zeno con su conciencia, también lo harían de vez en cuando.

Mantuve una conversación por chat con Jordi S. en la que me propuso hacer un programa culinario emitido por YouTube en que las materias primas serían libros. "Hoy freiremos un poco de postales del náufrago digital, que acompañaremos con unas virutillas de Los confines, bajo un lecho de Melocotones helados aderezado con unas páginas ahumadas de Nocilla experience, con coulis de El talento de los demás". La idea, como generador de polémicas literarias estériles y granjeadora de nada bueno, me ha parecido curiosona.

A esa hora muerta entre el desayuno y la hora de comer me ha entrado un hambre de mil demonios, un hambre como de tipo a dieta que no soy (en puridad), así que me he preparado una tortilla con queso y pimiento verde en sartén minúscula. Lo habría acompañado de un vaso de Valdesolores 2006 pero me ha parecido excesivo: jamás bebo por las mañanas.

Internet no me dejaba saldar una deuda con el Ayuntamiento del Valle de Aranguren, sito en Navarra, que ascendía a 132,94 euros. Así que he bajado, in person, al banco Santander más cercano. Aprovechando la coyuntura, he llevado unos rulos con monedas que en su día me propuse canjear por pasta. En un ejemplo de ver la botella medio llena, me ido tan contento con los 21 euros en que he convertido esa chatarra, así que lo he celebrado comprándome El País y pidiendo un kebap de cordero y una Coca-cola en un antro cercano. De los 1,20 euros que me ha costado el periódico creo que sólo salvaría la columna del nunca decepcionante Enric González. Es cierto que veo a ese periódico cada vez menos imaginativo en secciones, inabordable en muchos casos, como esos reportajones de mil columnas que abren la sección 'Vida y artes'. Ni un jubilado tiene tanto tiempo como para ponerse con él. Y no sé, hoy no me interesaba la actualidad electoral en Irán, ni la posición de los palestinos sobre Netanyahu, ni la presunta corrupción del PP. Algo, si acaso, lo de Gasol y su éxito baloncestístico.

Terminados mis deberes periodísticos, me he metido con la novela, los diarios, he leído blogs, he cotilleado por Facebook, he tocado la guitarra y he ordenado una mesa llena de folios. Hacerlo me ha echo crecer interiormente, ha sido como occidentalizar mi vivienda, una pequeña conquista, porque el encanto del feng shui habanero/bananero puede llegar, a veces, a saturar.

A la espera de quedar con una amiga cuya madre murió recientemente, vaya plan, me he acercado al Bandido doblemente armado, para conocer el saldo de las ventas de mi primer legajo publicado. Cinco ejemplares, cinco, en casi los mismos meses. Ahí no he visto la botella ni medio llena ni medio vacía: ya me lo esperaba. Me ha atendido Diego, simpático, que es hijo de Soledad Puértolas. En frente de él, en una mesilla bajo la caja, había un libro reciente de ella, precisamente, titulado Con mi madre. No le he dicho nada, pero el comentario que bullía en mi mente era: "¿Lo has escrito tú?".

Me he llevado unos libros sobrantes para colocarlos en otras librerías, como El Arrebato, donde un tal Pepe me ha atendido amabilísimo y ha aceptado mi mercancía. En Pantha Rey me han dicho que no admitían libros así, sin factura etc, y que lo pedirían a la distribuidora. "Claro", he pensado. ¿Lo harán? Luego me he comprado unas zapatillas Gola y me han invitado a una shandi en la propia zapatería, pas mal. Me quedaban dos ejemplares y he decidido dejarlos en Tres rosas amarillas. He recordado lo mal que lo pasaba en un tiempo en que hice de comercial de unos anuncios de tele local que aún ni se emitía, y lo lamentable que era aquello de soltar la monserga marketiniana de puerta en puerta. Eso sí que es duro y no ser poeta maldito. El tipo ha escrutado mi libro con cierta distancia, no diré desprecio, y ha añadido un comentario del tipo "sí, la típica selección de textos del blog". No lo ha dicho con mal tono, pero esas han sido las palabras que ha emitido. Ha declinado la presencia de mis dos libritos en su librería y ha argumentado que, claro, ellos trabajan el mundo de los relatos, y que con gente que tiene más relación pues sí, que a veces colocan sus libros y tal. Ha declinado también pedir el libro a la distribuidora, y he valorado su honestidad y su capacidad para decirme "no", pero también he pensado que tenía unas considerables trazas de cretinín carveriano.

He pasado cerca de un portal para mí de buenos recuerdos, de esos buenos recuerdos que quizá le ponen triste a uno mientras pasa o pasea por esa calle, y se ha puesto a llover a moco tendido. Los ciudadanos, ingenuos, no llevábamos paraguas así que no había otra que mojarse, y no me ha importado mucho. Al llegar a mi calle de resonancias tintinianas, la bolsa de las zapatillas, o zapatos deportivos, se ha venido abajo reblandecida del agua de lluvia.

A punto de abrir la puerta, he recordado un comentario de una chica que conocí hace poco y que decía no tener ningún tipo de vis poética: "Estábamos en Dos de Mayo, se puso a llover y se nos quedaron las pizzas mojadas". Esas fueron las palabras que usó, no lo dijo, por supuesto, declamando, pero a mí me pareció lo más poético que escuché en tiempos.

La amiga de la madre fenecida me dijo vía sms que no podía quedar, así que asumí los hechos: hoy sería un Bloomsday sin interlocutores, sin el compañero de Leopold cuyo nombre ahora no me sale, pero seguro que algunos párrafos, párrafos-río, al menos sacaría.

Madrid, 16 de junio de 2009

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Foto de Dublín que Vila-Matas envió a Portnoy como colofón a la iniciativa del año pasado. No sé si incurro en algún tipo de irregularidad al pegar aquí la fotografía..., pero supongo que sabrán perdonarme.

15.6.10

Niños muertos

Esta mañana he leído en un diario mexicano sobre el auge de los asesinatos de niños. Hecho más trágico, si cabe, que lo de los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez, "la ciudad más violenta del mundo", que parece cobrar forma de tendencia. En cinco años han muerto 900 chavales menores de 17 años por causas relacionadas con el narcotráfico, que no alcanzo a entender bien.

En el artículo que he leído no se hablaba de ese enjambre siniestro del narcotráfico, sino de algo que nos resulta más cercano, la crisis, que, llevada al extremo, mantiene en situación de precaridad radical a miles de familias mexicanas. Una crisis histórica, eterna, diría yo. Dice el artículo que un tipo de 20 años, padre de dos hijos, agobiado por no poder hacer frente a "escuela, trabajo, mantener a mi familia, pagar renta, comida, pasajes, leche, todo" decidió tomar la vía más radical, y cortar el problema de raíz, digamos. El tal Covarrubias, que así se llama, abrazó a la pequeña Isis, de 18 meses, hasta ahogarla, mientras Darien, de tres años, jugaba "como si esperara turno". Después de quitarles la vida los metió en bolsas, los tiró en el bosque y dijo que los habían secuestrado. Fue descubierto y su mujer, de 26 años, alegó que nunca habia mostrado signos de violencia ni de trastornos mentales.

"La pobreza no justifica el doble crimen", afirma el articulista, y no podemos sino darle la razón. Haciendo un ejercicio de humor negro podríamos recomendar al ejecutivo socialista que se piense dos veces lo de retirar el cheque bebé. Poniéndonos serios, podemos sentir el escalofrío de asumir la capacidad que tiene una sociedad de alienar tanto a un ser humano, para acabar de un modo tan vil y frío con su propia descendencia.

Madrid, luz de junio, al amanecer


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(Pinche en la foto para verla mejor.)

14.6.10

Fútbol y vida

Leo en la revista Memoria lo del 'maracanazo', que no tenía registrado en mi pequeño disco duro futbolístico. Año 1950, Río de Janeiro, final del Mundial entre Brasil y Uruguay, al conjunto carioca le vale con empatar. Y empieza marcando, el triunfo está cantado. Sin embargo, los uruguashos no se arredran y un golito y luego otro, remontan la histórica final en el Maracaná, y se llevan la Copa del Mundo. El país sudamericano, magro en hitos, logra un hueco en la historia del futbol, y un huequito en la historia de la historia, por semejante gesta pronosticada por nadie.

Cuando entregan la Copa, no suena el himno oficial de Uruguay porque los músicos no tienen las partituras. A la victoria, le sucede una oleada de suicidios, depresiones y altercados varios.

Dice el artículo que el portero quedó marcado de por vida y que, desde entonces, los brasileños cambiaron su equipación blanca por la actual verdiamarilla, con intención de borrarse como fuera aquel mal fario, sospechoso de vudú a escala interplanetaria.

Ahí reside la gracia de los acontecimientos deportivos de tanto calado como los mundiales de fútbol. Los aciertos, pero también los errores, permanecen en la retina de sus actores, pero también de los espectadores, durante décadas. Las consecuencias de un fallo desgraciado pueden ser funestas, como le pasó a aquel Escobar, si mal no recuerdo, y paso de mirar, colombiano, que metió un gol en propia meta en USA' 94 y lo mataron a balazos al término de la competición. Otros no sufrieron tamañas represalias, pero quedaron estigmatizados de por vida, como el Arconada en la final de la Eurocopa 84, en Francia, y contra la anfitriona, con rácano gol de Platini, parecido al que acaba de sufrir el portero inglés Green contra los Estados Unidos de América.

La gracia del fútbol no está en el fútbol, sino en la capacidad que tiene para modificar, éxito o fracaso, la vida, ante un detalle azaroso como el desastroso toque de Julio Salinas ante el portero italiano, cuartos de USA' 94, o el penalti que falló Raúl, seis años después, ante la Francia que se hizo campeona de Europa en 2000, entre otros muchos ejemplos.



Brasil encaja un gol ante Uruguay, en el 'maracanazo' de 1950.

10.6.10

Erudito borgesiano

Aterrizo en Pamplona y de pronto parece que ésta es una ciudad de solera cultural. Leo en la prensa lo de los Premios Príncipe de Viana, este año entregados en Baluarte, pero antes, por la mañana, se ha celebrado, también en el edificio de Mangado, un congreso de arquitectura que ha contado con nombres de la talla de Renzo Piano (autor del Pompidou, junto a Richard Rogers), o Jacques Herzog (CaixaFórum Madrid).

Leo, ya digo, lo de los premios Príncipe de Viana, que este año parece que se han quitado la boina y se han hecho internacionales. No conozco a los premiados y eso me parece una buena señal. Premios para esa labor a veces anónima, silenciosa, constante, de gente que lo merece y que, por eso, precisamente, reciben su reconocimiento. Por otra parte, de seguir inmerso en la navarridad, se iba a terminar premiando al castañero de la calle Comedias, "por su encomiable labor al frente de un negocio familiar, que ha sabido conjugar la tradición del mundo de la castaña sin renunciar al trato afable con los transeúntes locales, bla, bla".

Me sumerjo en la noticia, en el mítico Bahía Snack-Bar, para ver quien es ese tal Jürgen Untermann, que me ha parecido uno de esos eruditos algo imposibles pero reales que retrata Borges en sus ficciones. Linguïsta alemán experto en lenguas prerromanas y gran conocedor de las lenguas ibéricas antes de la romanización. Toma ya. Este jueves daba una charla en Pamplona que versaba, atención, sobre "qué nos cuentan las inscripciones prerromanas de la Historia de Navarra". Como el propio Borges, que era experto en lenguas nórdicas y lenguajes vikingos raros, la labor de este tipo de eruditos, estudiosos de lo remoto, de lo que no tiene siquiera forma, y no digamos utilidad prácticas, en caminos vagamente trillados, me parece admirable y digna de premio, la verdad.

Dice que lleva veinte años trabajando en un diccionario de topónimos prerromanos de la Península Ibérica, que ocupa 900 páginas que aloja en su ordenador y que espera que vea la luz antes de su muerte (tiene 82 años). ¡Topónimos prerromanos de la Península Ibérica! Creo que si hay un premio merecido, es sin duda éste (y por si a alguien le pareciera, no sé, poco contributivo al bien de la humanidad, el jurado ha premiado a dos organizaciones de tipo solidario como Creativa Handicrafts o CEOMA).

Me imagino al tal Untermann en su casa alemana, un día lluvioso de marzo alemán, estudiando la toponimia prehispana, pensando si en cortarse las venas o en tirarse al Rín... Nooo. Este tipo de eruditos borgesianos parecen estar siempre de buen humor, con fe en su trabajo, como si este fuera, de verdad, necesario para el progreso de la humanidad. Como María Moliner, que redactó su famoso diccionario en la mesa del comedor de su casa, con impagable tesón y denuedo.

Y dan ganas de interesarse un poco por ese mundo prerromano, protocivilizado, rudimentario, esencial, anterior a ese Mátrix homogeneizador que fue la conquista romana, que no es tan lejana en el tiempo, y que no consiguió, por lo visto, tapar u ocultar ese mundo que existía antes de su llegada.

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Crónica sobre la entrega del premio a Üntermann.

9.6.10

Invisible

Acudí el lunes a la presentación de un libro de Marc Levy, El primer día, en el Institut Français de la calle Marques de la Ensenada, en un acto lleno por cierto de fermosas mademoiselles, como también me pareció atractiva, vamos repartir loas que estamos en primavera, la periodista que condujo la charla, de nombre Fátima Uribarri.

Este Marc Levy es un tipo que ha triunfado, y que responde un poco al perfil de "hombre que todas las mujeres querrían poseer". Guapo, inteligente pero sin pasarse, activo, viajero, solidario, tierno, con sentido del humor, francés pero afincado en la cosmopolita Nueva York, culto pero no un erudito coñazo, amante de las etnias y las distintas culturas, aventurero, escritor best-seller... Entenderé que los lectores masculinos de este blog le odien a muerte en este momento, pero lo cierto es que el tipo me cayó simpático.

Fue una charla amena y nada densa, en la que el autor defendió que el éxito de sus obras no residía en las aventuras, sino en los personajes. "En la humanidad que esconde cada personaje, al que le pongo a hacer cosas para que aflore esa humanidad", vino a decir. Contó que uno de los resortes que le empujaron a escribir la novela vino de una charla con una amiga, durante una cena. Reconoció que la imagen era algo naíf, porque lo es, pero lo cierto es que, como él dijo, retrata muy bien la imagen de la soledad urbana.

La amiga le comentó, entre plato y plato, que llevaba tres años soltera: decía sentirse invisible. Vivía en un bloque de vecinos en el que nadie la veía, viajaba en un metro en el que nadie se fijaba en ella y llegaba a una oficina en la que trabajaba durante unas ocho horas sin que nadie la mirara, sin que nadie le saliera al paso para interesarse por su existencia (me temo que no debía de tratarse de un dechado de belleza) y volvía a una casa en la que tenía que mirarse al espejo para confirmar que, en efecto, no se había volatilizado. El fin de semana, como no tenía pareja, ni nadie a quien llamar (aquí la gente se rió), seguía sintiéndose invisible.

"Sé que es una imagen algo simple y naíf", dijo Levy, "pero es cierto que retrata muy bien la soledad urbana, cosa que me motivó en la creacíón de uno de los personajes".

En el turno de preguntas, le pregunté si tenía previsto volver a Francia, y me dijo que no, sin ninguna justificación, ni atisbo de nostalgia. Se decía amante de la diferencia, un adicto a la diferencia y, pienso ahora, esa Francia, ese París deshumanizado, frío, caro, sin taxis, malencarado, competitivo hasta parecer neoliberal, de copas infames en tubos de ensayo y cervezas calientes, atascazos y lluvia desde los cafés, quizá sea el escenario perfecto para la invisibilidad no deseada. Paradigma del mundo desarrollado que no sabe a dónde va, más allá del camino al trabajo con el que a duras penas logrará pagar la totalidad de las facturas.

8.6.10

El amor artúrico

Bro ha incorporado una nueva revista, Memoria, a nuestra selecta biblioteca de wc, en el que se incluye un reportaje sobre los heróes artúricos, siglos XII y XIII. En un pequeño texto de apoyo, se habla de un concepto de amor que ganaba crédito en aquella época, un tipo de amor más abierto y romántico del que nuestro prejuicio medieval nos pueda hacer pensar. Se va más allá del amor cortés y, según se puede leer en Materia de Bretaña, el amor carnal pasa a cobrar protagonismo, dejando a un lado ese galanteo naíf de juglares y cantares empalagosos. Y dice el articulito:

"La atracción sexual no se concibe como parte pecaminosa de la vida del guerrero; de hecho, en las historias de Chrétien de Troyes es un medio de llegar a la excelencia, siempre que en la unión casual de los amantes medie una suerte de amor fugaz pero intenso. El caballero puede pasar una noche con una dama sin que esto parezca escandaloso, ya que estará obedeciendo al sublime ideal del amor al que debe su vida".

Conclusiones:

1) Qué flaco favor ha hecho la Iglesia al amor que tanto predica, con su moralina cerrazonadora.
2) Qué interesante ese concepto del amor fugaz, esencia de unos encuentros fortuitos que, desde ese prisma, alejan la animalidad, el pragmatismo meramente sexual de ciertos ayuntamientos, para elevarlo a otra categoría, más sublime, e igualmente interesante en términos orgánicos (y orgásmicos).

¡Viva el rey Arturo!



6.6.10

Tenía razón

Estos días, al escuchar una canción de Josh Rouse titulada Middle school frown, me he acordado de una nanoinjusticia infantil, producida en el contexto escolar, que afectó a mi compañero de 4ºC, quizá 3ºC, Eduardo Jiménez Ruiz. Hoy, cual Quijote desfacedor de insignificantes pero no por ello menos importantes entuertos, haré justicia.

Fue, ya digo, en torno al año 1987, en clase de inglés que nos impartía la profesora Miss Mónica. Eduardo Jiménez hizo una pregunta que entonces juzgué muy interesante y aguda, porque precisamente hacía tiempo que venía preguntándome algo parecido, y él tuvo la capacidad de definir exactamente el problema de un modo simple. "Señorita, ¿por qué en inglés escriben al revés?", preguntó. Miss Mónica, como no era raro en cierta parte del profesorado, rechazó e incluso despreció la inteligente pregunta del chaval. No indagó en su interesante pregunta, sino que se limitó a hacerle sentir como un tonto e invalidar su pregunta, su curiosidad, su sed de conocimiento. "¿Cómo que al revés? No digas tonterías", vino a decirle.

Estos días, escuchando esa canción, escuchando una frase que dice He's a punk rock star, me he acordado de esa pequeña injusticia no resuelta. Coño, está al revés, Miss Mónica. Nadie dice, en español, es una punk rock estrella, sino es una estrella del punk rock.

Eduardo (Jiménez), tenías razón.

4.6.10

En la Feria

No pensaba escribir hoy, pero he leído este post en Divergencias y me ha picado la mosca. Plantea César si en el futuro habrá ferias del libro digital en el futuro, y qué cómo serán [en el futuro no sé si vencerá el libro digital al del papel, que yo creo que no, pero lo que esta claro es que seguiremos discutiendo si se impondrá o no, y así ad infinitum y plus ultra].

¿Una feria del libro a lo Campus Party? ¿Hordas de usuarios llegados desde Valencia con coches tuneados (perdón por la grosura) para descargarse todo el Siglo de Oro, la Comedia Humana de Balzac en todos los idiomas imaginables y las obras completas, aún inéditas, del filósofo y ex tenista checo Tobías Chalupa? Yonkis culturales venidos de todas partes del mundo buscanco como posesos la biografía no autorizada de El Patio o la Historia Universal Irreverente no Apta para Almas Impresionables, de Contenedor Amarillo, en formato comprimido .zip? Lo cierto es que, con un e-book, uno se puede descargar toda la literatura que es capaz de leer en una tarde y ya está. ¿Qué hacer el resto del tiempo? El e-book, en puridad, nos impide ir a las librerías, y a nosotros, a mí, a la gente (ayer no cabía un alfiler) nos gusta salir de casa, y a la feria, ver escotes, tomar cerveza con los libros adquiridos, encontrarse con algún famosete.

La tarde de ayer, extraño jueves festivo en Madrid, fue esplendorosa. Un sol ya agradable de por la tarde, ese pre-verano madrileño que llamaremos promisorio y excitante, sensaciones positivas varias. Fui en busca de un sólo título y al final cayeron tres, cómo resistirse. Cómo resistirse a, por ejemplo, Vida de Manolo, de Josep Pla, con prólogo de Jorge Herralde, reportaje biográfico dó los haya, escrito en el remoto 1927, con esa edición tan jodidamente estilosa de la gente de Libros del Asteroide? Y vayan aquí unas exclamaciones de esas como cronista de otra época: ¡Qué bonitos libros hacen ciertas editoriales españolas! ¡Cuánto mimo, qué diseño, qué delicadeza! Y cito a Acantilado, Anagrama, Pre-Textos, Impedimenta, Libros del Asteroide, Tusquets, Siruela y alguna que me olvido. Añadiría Gadir, cuyo editor elabora su catálogo con total celo y pasión literaria, pero es cierto que su diseño no me gusta tanto.

Me compré Verano, de Coetzee, el de Pla, y El sobrino de Wittgenstein, de Thomas Bernhard. Pensaba comprarme alguna de esas novelitas corta de Zweig, y ojée una unos segundos, creo que Carta a una desconocida, pero algo me echó para atrás. Leí que Zweig escribía buscando la perfección y que sólo las palabras esenciales, justas, necesarias, entraban en el campo de sus novelas. Cada vez me gusta más lo contrario, la brocha gorda, el trazo suelto, ágil, espontáneo, no medido, el fallo incluso. El impresionismo literario, o algo así.

Feliz con esas adquisiones me trinqué un par de cañas en una terraza cercana, enfrascado en la Vida de Manolo, mientras el cielo se sonrosaba y sentí uno de esos clímax tan a alcance de la mano pero sin embargo tan intensos, que ningún e-book, por mucho que nos lo venda Steve Jobs, podrá proporcionarnos nunca.

2.6.10

"El mundo me da asco"

A veces uno se encuentra con frases, sentencias, que le azotan un poco la conciencia adormecida. "El mundo me da asco. La mayor parte de la miseria se podría evitar", dijo el escritor sueco Henning Mankell hace un par de días. Mankell iba a bordo de una de las embarcaciones que, cargadas de ayuda humanitaria, valga el pleonasmo, iba destino Gaza con intención de birlar y burlar bloqueos inhumanos. "Cuando se habla de solidaridad, hay que ser consciente de que el destino pasa por la acción. Con acciones nosotros mostramos que estamos dispuestos a apoyar lo que creemos importante", dijo.

A mí esto que comenta Mankell, del que no he leído nada porque no me atrae mucho la novela negra aunque sus libros me tientan, me parece bastante interesante.

Me entero de que Mankell divide su tiempo entre su Suecia natal y Mozambique, donde dirige el Teatro Nacional Avenida de Maputo. Sabe de lo que habla, no es un solidario de boquilla.

Ayer vimos la proyección de Luces escondidas, de los cineastas David Aguilar y Pello Gutiérrez, sobre el trabajo infantil en Guatemala. Un proyecto educativo, La Cambalacha, lleva a cabo en plena selva el utópico ejercicio de cambiar trabajo por arte, y devolver a esos niños a su condición de niños. Porque jugar, cuando se es niño, a mí me parece todo menos un juego. Supone el desarrollo de una serie de habilidades, dar salida a unas potencialidades, dar forma a unas futuras virtudes, que acarreando leña a la espalda durante horas difícilmente puede aflorar. Tampoco se potencia ninguna virtud escamoteando horas de la escuela por esas tareas fundamentales para la precaria supervivencia familiar.

¿Quién tiene la culpa de todo eso? Unos estados corrompidos por la miseria, incapaces de hacer frente a diversos círculos viciosos. ¿Cómo se podría evitar esa miseria? Me temo que la pregunta me queda demasiado grande, pero supongo que actuando por la base. Evitando, para empezar, posiciones enrocadas como las del gobierno israelí, con su pertinaz y asfixiante bloqueo a Gaza que, ciertamente, da bastante asco.

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Firmas contra el bloqueo y para la investigación del ataque a la flotilla, aquí.

1.6.10

Tómbola

Si algún día fuera alcalde de Pamplona, la primera medida que tomaría sería acabar con la Tómbola de Cáritas del paseo Sarasate. Sí, el mismo paseo que vio un feliz día las instalaciones de Isidoro Valcárcel Medina o las cabinas telefónicas que te conectaban, entre otras, con un putiferio, año 1972. Mira que tengo cierto cariño, cierto (muchos años sin poder estudiar por culpa de las jotas y Gorgorito) a esa solidaria institución, pero ya digo, si por mi fuera la desmantelaría entera en mi primer día como edil pamplonés, a lo Zapatero con las tropas en Irak. Quizá no la prohibiría, pero la mandaría lejos, al Plan Sur, pongamos.

Una ciudad que opta a candidata europa de la cultura, ejem, en el año 2016 no puede ofrecer, durante mes y medio, en su nucleo histórico y urbano, el espectáculo de unas entrañables ancianas y ancianos vendiendo boletos para una rifa de indeleble sabor a posguerra. Una ciudad candidata a tales vuelos culturales no puede sortear latas de pimientos del piquillos, tarros de cocina, pinzas de tender la ropa, balones de playa, frutos secos, yogurteras, esponjas, almireces, estuches Carioca, lápices Alpino, macedonia, melocotón en almíbar, tijeras, cortauñas, cafeteras, tostadoras, palanganas, despertadores, posavasos, ventiladores, cubiteras, ceniceros ni peladores de patata. No.

Ese es un argumento más o menos objetivo, que se cae por su propio peso, como el de que el mural de la (extinta) estación de autobuses, como en la parodia aquella de El Hundimiento, parece haber sido hecho por un niño de primeria. Ayer pasé por ahí y me detuve en la composición. ¿Qué pintan unos jugadores de Osasuna? Lo del pelotari aún... Pero.. ¿y el patinador? ¿Y la bici de mountain bike? ¿Le tocó en la tómbola al muralista? Este es otro tema, pero me temo que Pamplona, que por lo visto ha reconducido su mensaje por lo de los ENCUENTROS Y LA FIESTA, tiene menos opciones de ser ciudad europea de la cultura que Jimmy Jump ganar el Nobel de Física.

La otra razón para abolir la Tómbola de Cáritas (aparte del tema jotero que, por suerte, creo que ya se suprimió) tiene que ver con lo comentado antes. Las propias cuchufletas: no es de recibo encontrar productos más apetecibles en cualquier bazar chino que en la propia Tómbola. Hoy me decía una amiga que en la tómbola del cole de sus hijos tocan ¡cenas para dos personas en restaurantes de la ciudad! Eso es un premio y no una lata de espárragos de segunda, oñeeeeeeeeeee.
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