26.2.10

No blog

Este blog se tomará unos días de descanso por asuntos de índole doméstica.

Hasta pronto

Lágrimas

"Poder de decidir sobre el otro, sobre la vida del otro, sobre las posesiones de otro, sobre los derechos de otro: esa es la enfermedad de mi gobierno. Esperar para salir del país, para decir lo que se piensa, para ganar dinero decentemente, para vivir sin miedo: esa es la enfermedad de mi pueblo.

No soy una persona nacionalista, no me considero patriota ni nada por el estilo, pero amo mi tierra y La Habana en los días grises y en los amarillos. Me gustan los cubanos cuando sin conocerte te dicen “mi amor”, me encanta escuchar las conversaciones de la gente en la calle y saber que si quisiera podría hacer un comentario y “meterme” a dar mi opinión. Me fascinan algunos lugares específicos de mi ciudad y ver a la gente de mi edad viviendo vidas diferentes, vidas únicas, vidas al margen.

Sin embargo hay otros días en que siento mucha vergüenza de la tierra en que nací. A veces miro a la gente y no tiene rostro, son todos iguales y todos de miedo. Días en que sé que nadie se salvará, nadie gritará, nadie se tenderá la mano y nadie dirá “mi amor” porque el terror es más grande. Días de indolencia, de lástima y de impotencia con ellos y conmigo. Días en que la espera se me hace larga. Días en que el dolor me hace llorar y no entiendo cómo es posible que los otros no estén llorando. Días en que me parece absolutamente necesario que un mar de lágrimas corra por Calle 12 hasta el Malecón, porque nuestros ojos secos ya no llevan a ninguna parte.

Desde la muerte de Tamayo se me han vuelto todos así."

Por Claudia Cadelo.

25.2.10

Nova Scotia (y Nueva Zembla)

O Nueva Escocia. Diré que no conocía Nova Scotia (Canadá) hasta hace unos días. Bueno sí, me sonaba, como nos suenan tantas toponimias precedidas del nuevo/nueva: Nueva Calzedonia, Nuevo Burlington, Nuevo Timberland, Nueva Panama Jack. Que, cómo decirlo, precario, eso de añadir el 'nuevo' al lugar descubierto. ¿Cómo llamamos a este sitio, nosotros, que somos escoceces? Nueva Escocia y pásame el whisky que ya estás tardando, McOrlan. Y si en Dubai quisieran crear una nueva Nueva York, ¿cómo la llamarían? ¿Nueva Nueva York?

Descubrir nuevos países en el mapa, constatar que estaban allí aunque vagaran por los mares muertos de nuestra ignorancia, es excitante. Me ha pasado ahora, ya digo, con Nueva Escocia, país que descubrí con la lectura de Sailing alone around the world, de Joshua Slocum, que estoy abordando en su lengua original por aquello de impruvear niveles y tal. Tierra de lobos de mar, Nova Scotia, como el propio Slocum, que dice esto de su terruño natal:

The people of this coast, hardy, robust and strong, are disposed to compete in the world's commerce, and it is nothing against the master mariner if the birthplace mentioned on his certificate be Nova Scotia.

(Lo que viene siendo que la gente de esta costa, dura, robusta y fuerte, está dispuesta a competir en el comercio mundial, y que el capitán no encontrará nada en su contra si en su certificado figura Nueva Escocia como lugar de nacimiento.)

Qué desangelado pinta todo, nacer en ese sitio, y en el siglo XIX, que es como que hacía más frío. Fijaos que síntesis de lo desapacible se concentra en esta descripción:

I was born in a cold spot, on coldest North Mountain, on a cold 20th February.

(Que quiere decir que el tipo nació en un frío lugar, en la más fría aún Montaña del Norte, en un también frío 20 de febrero.)

Vida de foca, se me ocurre pensar.


Lo cierto es que me interesan cada vez más este tipo de lugares, agrestes, ásperos, desangelados, en los que no se nos ha perdido nada. Un viaje al arrealismo del turismo, digamos. Descubrí hace poco, contemplando hipnotizado un mapamundi, una isla de proporciones importantes en la que jamás antes había reparado. La busco ahora en Google Maps y no me figura el nombre, que por supuesto tendrá. (Nueva Zembla, me sopla Contenedor Amarillo.) Adjunto mapas.


Pues bien, me apetece recorrer esos lugares. Pasar dos, tres, cuatro días, una semana, no más, transitando por esos límites de la geografía, por el espacio en blanco entre las viñetas del cómic, que diría Agustín Fdez Mallo. Países, lugares, sin apenas historia, cultura, sin kitsch de ningún tipo. Lugares en los que experimentar la soledad más acuciante, el frío más pelón, la ausencia de estímulos más apabullante. Trastiendas vacías del mundo por las que un día pasaron viajeros solitarios, inquebrantables, como Slocum, Joshua.


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Acceda aquí a Sailing alone around the world.

24.2.10

No sé qué le pasa a Blogger, que no puedo escribir. Quería poner algo sobre Orlando Zapata y su miserable muerte, y que no todos se llaman Aminatu

asfasdfasdfasf, hombre, parece que ya puedo escribir y sin tocar las cookies. Poco (o mucho, quizá) que añadir ya. Les remito al artículo de A sueldo de Moscú.

Sólo un video más, con testimonios de sus allegados y de comprometidos con la alternativa política en Cuba.



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Más vídeos en el blog de Claudia Cadelo.

23.2.10

Adiós

No durmiremos juntos ya más.


No me verás pasear desnudo, ni salir de la ducha, con la misma no indumentaria.


No serás nunca partícipe de mis horas muertas, ni me oirás cantar Ma solitude.


Ya no me esperarás para la cena, ni cocinaré sobre tu fuego.


Adiós a esos vinos de baratillo sobre la encimera, a esa hora incierta de la suar, con una emisora cualquiera aguantándonos las velas.


Adiós a esas luminosas mañanas de sábado de estrecho bis a bis vis a vis, tú a tú, face to face, you and me.


Adiós a mostrarme tal cual soy, para ti, en exclusiva, oh, eso se acabó.


Agur a encontrar en ti el refugio que la ciudad nocturna, beoda, no me daba.


Adeu a los tallarines juntos con sabor a Gran Vía.


Adiós, again, a la duda de ni contigo ni sin ti.


Hasta nunca, piso infecto.

22.2.10

Saldrá a dar una vuelta: la aventura de su vida

Conocí a Fabián en mis tiempos de plumilla imparcial, diario en el que era jefe de la cosa técnica. Le llamábamos a menudo a horas intempestivas para pedirle socorro en html, y siempre lo solucionaba con respuestas entre eficaces y amablemente acidillas. Un tipo fuera de lo convencional, y el mundo anda necesitado de tipos fuera de lo convencional. Cuando le preguntaban ¿tú, Fabián, qué eres? (porque había sido periodista durante diez años), él respondía que cocinero. Porque le gustaba cocinar, y a veces uno es lo que le gusta, más que lo que hace por dinero.

Fabián se cansó un día del Periodismo, el oficio más hermoso del mundo según (el novelista) García Márquez, pero también el peor pagado. Y, a veces, ay, en la vida necesitamos del vil metal. Así que se puso a amasar fortuna y montó un tinglado de ordenadores y servicios técnicos varios que exprimió con mucho arte y que le rindió pingües beneficios. Se pudo comprar un casoplón y "una perra tonta". Pero no era feliz. Él mismo lo contó hace días en una emotiva, valiente y desnuda carta que colgó en Facebook.

Cambiaría de vida.

El 22 de febrero de 2010, Fabián anunció en qué consistía su cambio de vida. Dejará de trabajar el próximo 28 de febrero y se embarcará, durante dos años, en la mayor aventura de su vida. Setenta países que atravesará a lomos de su moto, a lo largo de más de 100.000 kms de carreteras, 6 desiertos y no sé cuantas junglas tropicales. Como un viajero moderno, irá equipado de los sistemas de navegación más avanzados y llevará cuadernos de bitácora del siglo XXI que actualizará en su página web y a través de Twitter, Facebook y alertas a los teléfonos móviles de quienes soliciten ese servicio.

Dice Fabián que, sí, había conseguido la mayoría de los retos que se había propuesto en la vida. Pero que algo no terminaba de cuajar, ese tornillito necesario para montar el armario de Ikea de la felicidad, digamos, en plan cursis. ¿Lo encontrará mediante el viaje? Bueno, eso es otra historia. Quizá sea después del viaje cuando tenga que buscarlo realmente, pero el viaje mismo será una perfecta ocasión para ser feliz, y soñar con la felicidad venidera, que es una forma de felicidad también interesante.

"La vida no es de papel y no admite aplazamiento", dice MSO en su La isla de Juan Fernández, libro este que habla de viajeros, viajeros como Joshua Slocum, el primer tipo que dio la vuelta al mundo en solitario, a bordo de su Spray, y que dio cuenta de su aventura en Sailing Alone Around the World.

También es cierto que el mundo está más trillado hoy que antes. Ser viajero tenía sentido más allá del personal cuando se podían descubrir cosas, poner por escrito sensaciones inéditas, comportamientos de los pueblos, de las gentes, maneras de vivir, de comer, de beber, de existir. Viajar se ha convertido hoy en una experiencia personal, y poco más. O quizá no tanto. Las tecnologías nos permiten viajar con los que viajan, y el que viaja puede compartir mejor que nunca su viaje con los demás.

A través de Facebook, Twitter y lo que haga falta, yo seguiré a Fabián a lo largo de sus dos años alrededor del mundo. Porque es un tío que ha asumido que la vida no admite aplazamiento, y que hay que dejarse de convenciones y vivir por algo, para algo, por alguien, no porque sí. Por dinero un tiempo, quizá, pero una vez conseguido hay que dar sentido a ese dinero. Y salir, al menos, a dar una vuelta. La mayor vuelta del mundo.



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Más info:

Web del viaje
Video de presentación del viaje

21.2.10

Una obra de ARCO 'revisited' (y 'el síndrome ARCO')


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(Por cierto, estuve en ARCO, sí. Acudí al llamado de Tito Navarro, que presentaba su gloriosa NAV7, en la que tengo el honor de participar, y que es una espectacular publicación llena de contenido y continente. Bravo. El martes la presenta en Pamplona, estad atentos.

No vi tanto contenido en la feria ARCO. Paseé entre sus holgadas galerías con denodado interés, pero que pronto se tradujo como en una flojera de rodillas, en una sinsorguería de espíritu, en una languidez de los sentidos. En una decepción generalizada. Llamémosle 'el síndrome ARCO', esto es, la desasosegante sensación del espectador que acude con expectativas en busca de una cierta experiencia artística, y que no encuentra más que un lejano eco creativo, un hilillo de talento, un ni quiero ni puedo, una vaguedad del genio tirando a flagrante. Y perdón por la generalización, pero así se me quedó el cuerpo. Quizá estaba incubando una gripilla, que todo puede ser.

Pero a veces, muchas veces, uno ve más arte en la puta calle que en una sala de exposiciones, y eso es preocupante.

Visité un segundo la galería de Pedro Maisterra y Belén Valbuena*, dos navarros universales un navarro y una burgalesa universal que ahí están, con su huequito en ARCO, y eché unos ojos a las obras de Antonio Ballester Moreno, que es un madrileño que pinta cuadros que parecen colombianos, y que lamento decir que no me fascinan.

La pintura ha muerto, colgamos el otro día por aquí. ¿Ha muerto también el arte? Una visita tirando a superficial por los stands de ARCO nos deja esa inquietante duda.)

19.2.10

Otra obra de ARCO

Más polémica ésta. Es del catalán Eugenio Merino. Escoció a representantes israelíes. (Dice Merino que no es para ofenderse, que es una metáfora de cómo las tres religiones hacen esfuerzos, casi comunes, para llegar a Dios. Me temo que no cuela. Basta con ver la figurilla del fondo, no precisamente buenrollil para con los métodos israelíes de hacer política.)

Una obra de ARCO

He seleccionado, así, al azar, una obra de las que ahora mismo se pueden ver en la feria ARCO, en Madrid. Es de un tal Miles Aldridge. Espero que os guste. (Me temo que así se accede al arte, hoy, por azar, a lo dadaísta. [Reflexión metida con calzador.])


Galería Alex Daniel Reflex Amsterdan / Miles Aldridge

18.2.10

Mirar hacia abajo

El otro día pasé por una tienda en la calle Amaniel que me llamó la atención. Me fijé en el escaparate, de una cuquedad parisina, en unas letras de Scrabble que formaban la siguiente frase:

Y triunfó el amor.

Encima, un árbol genealógico hecho con gracia y figuritas que podrían recordar a los clicks, en más básico. De las dos de la cúspide, surgían, nacían, otras tres. De esos tres, dos más, que se dividían en más parejas y parejas, que generaban hijos e hijos que se juntaban con otros hijos para crear más hijos e hijas. Así hasta el infinito. Cuerpos cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo, que diría Ángel González, sobre este viaje milenario de la carne.

Hace años que, en mi entorno familiar, las bajas, digamos, se compensan con altas. Empezamos a mirar hacia abajo y se nos hace raro, porque siempre hemos mirado hacia arriba. Siempre había gente allá arriba, en una suerte de azotea existencial, padres, abuelos, tíos abuelos, incluso alguno tenía bisabuelos. Pero cómo pasa el tiempo, que de pronto son años, y nos damos cuenta de que, felizmente, se nos asegura el relevo por abajo. Por el sotano de la existencia, digamos. ¿Qué es un feto? Alguien en el subsuelo de la vida. Una fresa aún oculta por la tierra, que un día brota de pronto. (Y no confundamos nuez con nogal, como recuerda mi tío Ivlivs, para los debates del aborto y demás.)

Recuerdo, con cinco años, sentirme como nuevo en la vida, como zapato recién estrenado. Pero esto es otra historia, un Je me souviens raro que quizá algún día desarrolle.

Decía que es asombroso asistir a ese proceso de regeneración de la propia entidad de uno, que descansa en la familia. Ahora que hemos asumido que vamos a morir, asumir esa otra realidad, de la que no nos hablaron tanto, y que no es otra que la de nuestra prolongación en el tiempo. A través de los otros, los que nacen nuevos. Como un canal intergeneracional, pozo sin fondo de los tiempos, relevo metafísico, tráquea de genes y vida y olé.

Dice también Ivlivs que hay que mirar lo justo el retrovisor; lo necesario para adelantar. No sé cómo se llamaría un aparato para mirar hacia abajo, un hipocopio, pongamos. Me gusta, anyway, mirar cada vez más por ese hipocopio, porque de ahí sólo salen cosas buenas.

El pueblo ha hablado / Populum cantatus est

Como la democracia así lo ha querido, este náuGrafo vuelve al cristiano (que como que se le da mejor y tal).

TY
LOL
CU
ASAP

17.2.10

Men don't turn to look at me

Just after having mention Milan Kundera (still alive), I went to Conde Duque's library. I looked for a novel of this writer, I wanted to read more from him, the only book I have read is The Unbearable Lightness of Being. As a coincidence, I found a girl who was exactly at the Kundera's corner, at that solitary and calm moment of the afternoon. Fortunately, she was not interesed in the same titles than me. I chose La identidad, written in 1998.

Seconds later, I took also La caida, de Albert Camus, a very thin book, but full of promises. I prefer thin novels than very big ones; I sleep all nights with La noche de los tiempos close to me, but I feel not strong enough for such literaty venture.

So I started La identidad and I discovered why Kundera is each year nominated for the Nobel prize. His deep psychological sight, for instance. When you read about his characters, you feel as if you were inside their minds, men or women, and that is admirable. For example, when Chantal (the main female character) became sad because of a conclusion: men don't look her as in the past. She had become older, less pretty, less charming. And it's hard to assume it.

Once, I made an experiment, in the Madrid subway corridors. I put myself just behind a pretty young girl, and I walk like this for a while. I saw what she saw, and it was shocking. All the guys, almost the 99% of them, stared at her body, her face. Some of them with briefs sights, some of them without catching their desire at all. I found it quite stressing, having all those odd eyes like glue on her skin. Why does the girl felt in that situation? I'm not Milan Kundera to figure out it.

But, thinking about Chantal's complain, I feel lucky. Girls don't use to look at me in that way, and if they do, they look so surreptitiously that I never notice it. But there is a moment, in every pretty woman biography, that people, men and also women, stop looking at her, their eyes choose new aesthetic goals. A small drama, if you want, but not at all light or superficial. It has to do with beauty and his unfathomable misteries.

16.2.10

The most boring post (and some thoughts)

The other day, I was thinking about the possibility of writing in other languages. Is it possible to write in a foreign language and try to make, somehow, literature? Let's think in Beckett, Nabokov or even Kundera as writers who changed their original way of communication to a different one. And they succeed.

Obviously, is quite difficult to achieve certain levels of expression, poetical expression, with this idiomatic mutation. You feel your brain as something slow, something heavy, as it were flowing in some kind of moody waters.

This morning, I would like to write the most boring post in the world; it's an idea that cames up in relation to yesterday's post, yesterday's title. Then, I remembered this previous idea: the amazing possibility of writing using different codes. Anyway, it will be, as you can realize, something completely boring and full of mistakes, I am sure. I will appreciate corrections from readers like you.

I know this text has no sense. It's only a tentative of something. Maybe this is a new challenge, a new writing category, a new and interesting skill to develop. In following posts, I will try to share some content with you, I think this one, the very first one, is void as an Oteiza hole, but I know you will be patient with me.

Somehow, I have experimented, in a very small way, how those former writers (Beckett, Nabokov, Kundera) could feel in their borrowed languages. Some feelings of rootlessness but also a new style, a new wrapping linguistic paper, something that wraps your words in a new relig of elegance, sobriety, balance.

I am glad of this find. Thank you for reading this boring post, these dispersed ideas, there will be more in the future.

Beckett, Nabokov & Kundera

15.2.10

Farmacias de La Mancha

Creo que si alguna vez, lo siento Patio, he puesto un título completamente anticomercial, es hoy. Se podría hacer una antología de los títulos menos atractivos del mundo del cine, la literatura, la blogosfera..., que la haga otro. Farmacias de La Mancha, vamos allá.

Me he acordado este mañana, nieva en Madrid, qué bien estos inviernos ortodoxos, de cuando, en mis tiempos de cronista en La Tribuna de Ciudad Real, me tocaba actualizar los horarios de las farmacias de guardia. Los periódicos, empresas privadas ellos, a veces realizan una impagable labor que, en puridad, tampoco están obligados a. Véase toda la información de servicios, farmacias, autobuses, taxis, cines y demás.

Y en esas insignificantes tareas siempre hay alguien detrás; en la minirreseña de dos líneas de las cincuenta pelis que se proyectan en Madrid ha habido un becario más o menos explotado que se ha devanado su resacosa cabeza para calzar una sinopsis de un drama familiar japonés en diez palabras.

A mí, entre mis funciones periodísticas, me tocaba poner al día los horarios de diversas farmacias de localidades como Almadén, Manzanares, Puertollano, Daimiel, Miguelturra y así. Tan sólo había que acudir a la web del Sescam, o servicio de salud autonómico correspondiente, y copiar y pegar los datos de turno. Era aquella una actividad sencilla y simple, aburrida si queréis, pero recuerdo que intentaba hacerla yo, y que no se me adelantara ningún compañero. Había en esa actividad casi zen un arranque laboral, un punto de apoyo, un ir activando el ON que luego hacía más digeribles todas las tareas más o menos pereza que se podían ir presentando.

A veces, esto del blog, me recuerda un poco a aquellas farmacias de La Mancha. Uno lo escribe, deja su pequeña deposición, cumple con ese pequeño deber que se ha autoimpuesto, se siente un poco mejor con el deber cumplido, y el resto de actividades, más o menos pereza, se encaran con un pequeño viento a favor, cuestan menos. Y hasta podemos decir que we like mondays, sometimes.

14.2.10

Madrid, 13.02.2010



Cine-ojo en Madrid, a las cuatro y media de una tarde de febrero de 2010. Grabación inspirada en la obra de JAVIER AGUIRRE, expuesta actualmente en el Reina Sofía, con un plano fijo que nos revela, como máquina del tiempo, la vida en el año 1968.

Como la obra de Aguirre, este documento se empezará a apreciar dentro de unos cuarenta años.

11.2.10

Encuentros (no del 72)

Esta tarde de jueves, de tamizado y hermoso sol de febrero, el sol de febrero es cobrizo, me crucé con Javier Marías. Bajaba por la carrera de San Jerónimo, dirección Sol, como un madrileño más. Sentí algo parecido a esa excitación, ridiculoide, de cuándo veíamos a un famoso, de pequeños. Me dije que quedan pocos escritores, muerto Umbral, que aún rezumen esa aureola entre dandiesca y grave del hombre de letras. De tipos tan serios como soñadores. Quizá Juan Manuel de Prada, confieso que pensé. Un rato después me crucé con Juan Manuel de Prada por la calle San Bernardo. A este escritor, cuya obra Las máscaras del héroe escrita bien mozo le hace ya admirable per se, me lo encuentro a menudo. Un día en una larga y desangelada galería del metro Colón, otro en la también desangelada entrada del metro Santo Domingo, esa parada extraña, de Leganitos.

Quedan pocos, ya digo, escritores con hechuras. De los que parece que llevan a cuestas una biblioteca, de los que uno piensa que, tomando un café en su compañía, nos transmitirán algún saber poderoso y exclusivo. Curioso, también, seguir sientiendo ese leve pálpito al cruzarse con ellos.

10.2.10

La parte por el todo

Hoy, amigos, os propongo un juego. Mutaré por unas horas en Jordi Hurtado (¿alguien se ofrece como la simpar Pilar?) para retaros a descubrir qué todo se esconde en esta parte. Habrá pirulíses, cuchufletas, dulzainas y peladillas para quien más se aproxime.
¡Suerte!

9.2.10

Hable usted de la crisis

Hay quienes, con la crisis, se han hecho de oro. Ahí tenemos al amigo Leopoldo Abadía que, con su La hora de los sensatos, vuelve a los números unos de libros de no ficción más vendidos, tras La crisis ninja. También al Banco Santander parece irle muy bien, con la crisis. Luego está el resto, los damnificados, y los que siguen con su vida, más o menos inalterada. Pero todos, en algún momento dado, hablaron, hablan o hablarán de la crisis.

Llevamos cosa de dos años en que, en un momento dado, sin que nadie lo remedie, el tema crisis aflora. No es que me moleste, es un lugar común, en el mejor sentido de la palabra, una pista búlgara, una tabla de salvación conversacional que, oye, ahí está. ¿De qué hablaremos cuando acabe la crisis? ¿De qué hablarían los medios de comunicación vascos si no hubiera política, ni terrorismo, como parodiaban los de Vaya semanita? No es que me incomode, ya digo, pero noto que no es mi mejor skill, me veo algo fuera de lugar cuando aparece el tema. Sólo sé que no sé nada, o muy poco, sólo sé que es muy fácil opinar, sólo sé que, en el fondo, nadie sabe nada. Quizá el Financial Times.

Así como todos somos entrenadores de fútbol y escritores, que decía Container, y en cada barra de bar se acoda ahora un neo Alan Greenspan. Sí, amigos, los hay vehementes y capaces de pontificar tras el mostrador con moluscos varios como si estuvieran en un desayuno del foro Siglo XXI. A mí, ya digo, me falta esa picaresca española o algo, y no me atrevo a diagnosticar con tal convencimiento la solución a nuestros males. (Morcilla: aquí todos nos quejamos y hasta somos muy de izquierdas; luego se propone algo, quizá impopular, quizá áspero, como lo de la jubilación a los 67 años y ZP es un hijodeputa y que se jubile su puta madre [aprox.] y así miles de grupos en FB auspiciados no precisamente por liberales.)

A este tío no le preocupa la crisis.

Decía, y este post pretendía ser gracioso, que ha llegado la hora, y el PPC está poniéndose manos a la obra, de gestionar y desarrollar las capacidades orales al respecto, porque no se puede ser tibio, relativista ni cosas peores en ese sentido. Si no sabes hablar de la crisis, ¡APRENDE! ¿Cómo? Gracias al Curso Acelerado de Técnicas de Discusión de Barra Macroeconómicas. Pongamos diez sesiones impartidas por diversos charlatantes de los media, algún gurú de provincias y los más destacados filósofos de barra de la piel de toro. Imaginaos: la posibilidad de triunfar en bodas, cócteles, comidas de trabajo, cenas de empresa, desayunos informales, conversaciones de ascensor. No se puede, amigos, transitar por la vida, por esta vida en crisis, sin un dominio básico de la conversación crisística. Es hora de ponerse las pilas, ¡ea!

El PPC, sección formación, estudia estructurar estas sesiones en estos apartados:

-¿Quién tuvo la culpa de todo?
-Soluciones
-Comparativa España resto de Europa (España/Argentina, España/Grecia)
-Zapatero
-El equipo de Zapatero
-Zapatero y Europa
-Medidas (ese gran tema)
-El paro
-Seguridad Social
-Reforma laboral
-Rajoy
-Déficit
-Modelo productivo
-Fiscalidad
-Sistema financiero
-Economía sumergida
-Restaurantes a tope ¿cómo es posible?
-12 millones de euros por la web de España en la UE

Algo así.

Fin del soliloquio.

7.2.10

Espectador


Agentes de la Policía Cultural (subsección Chiflados Varios) han detenido esta mañana a un individuo de 30 años, varón, bien parecido, con estudios, nacionalidad española, que decía ser un espectador de espectadores del Equipo Crónica, y que se negaba a abandonar su posición a las puertas del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El individuo no ha ofrecido resistencia y, tras prestar declaración, ha sido puesto en libertad a las pocas horas.


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Hasta el 22 de febrero.

4.2.10

¿Biblioteca machista?

He dado una vuelta visual por mi pequeña biblioteca y he llegado a una inquietante conclusión: apenas hay mujeres. Entre todos esos Houellebecq, Auster, Walser, Fdez. Mallo, Sánchez-Ostiz, Vila-Matas, Roth, Olmos, Cabrera Infante, Le Clézio, Cercas, Trapiello y compañía, apenas se cuela el nombre de una autora. Si hubiera un inspector de paridad en términos de bibliotecas particulares me pondría una sanción, fijo.

Puedo contar con los dedos de una mano los libros escritos por señoras que descansan en mi biblioteca, y me temo que algunos de ellos se leyeron por cuestiones de tipo laboral. Menchu Gutiérrez, Detrás de la boca, para una entrevista y En tierras bajas, de la Nobel Müller, para una crítica. Otros, más triste es aún, me los regalaron, como los diarios de Katherine Mansfield (cuya placa descubrí, curiosamente, este verano en el pueblo de mi abuelo, junto a Fontainebleau) y de Virginia Woolf, Momentos de vida, que aún no he tenido ocasión de leer. Ah, y La mujer calva, de Cristina Cerrada, premio Lengua de Trapo, que abandoné a la mitad.


Sólo uno, La loca de la casa, de Rosa Montero, fue comprado y leído y disfrutado y todo eso. Se puede decir, pues, que Rosa Montero es la excepción de género en mi machista biblioteca. Todo esto me deja un raro sabor de boca, ¿hay una discriminación más o menos voluntaria en mis hábitos lectores? ¿Es todo una gran casualidad estadística y, dentro de unos años, se equilibrará la cosa? ¿Arrastramos, en general, la inercia de ir hacia autores varones casi como por defecto? ¿Nos estamos perdiendo, al menos yo, la mitad del universo literario por esa tendencia androliteraria? ¿Qué coño pasa?
En cualquier caso, y sin ánimo de sacar ninguna conclusión, el hecho es que mi biblioteca presenta ese desolador panorama como de sociedad gastronómica tradicional, y me ha hecho reflexionar.

3.2.10

San Blas

Hoy es ayer fue San Blas. En San Blas, plis-plas, decíamos en el cole, frase que iba acompañada del correspondiente par de sopapos: ¡plis-plas! Esta era, es, una fiesta local, hiperlocal, que no sé yo si se celebra en otros lugares del mundo fuera de esa Pamplona que casi que sólo sirve como proyector de recuerdos infantiles y poco más. San Blas, un zoco loco de pirulís, escribí un día en un sitio, y me hizo gracia, tanta que lo repito. San Blas: zoco loco de pirulís.

Por las mañanas, antes de ir al cole, veíamos desde la ventana el jaleíllo de los puestos que en breve se llenarían de figuritas de caramelo rojo. Quizá ahí residía uno de los encantos de esta extraña fiesta de lo dulce, las figuritas rojas, que no eran de otro color sino rojo, había un minimalismo cromático chulo en todo eso. Los martillos, pirulís y una especie de gallinas subidas a una base que chupábamos hasta perder casi el sentido del sabor. A modo de provisión, solía guardarme dos o tres pirulacos en un cajón de la mesilla de noche, y rara vez los atacaba. La gracia estaba en tomarlos en San Blas, como pasa con otros productos fijados a una fecha, huesos de santo y demás.

En San Blas tuve mi primera y creo que última experiencia de tipo ladronzuelo. Me dijo mi prima que se había mangado un martillo de esos que costarían como cien o cientocincuenta pelas. Me animé también a mangonear y cogí tranquilamente el martillo de la vergüenza de un puestito en los soportales de San Nicolás (que por extrañas razones permanecían cerrados el resto del año). Dando por concluido mi pequeño robo, sentí que me estrangulaban, y que mi aún inexistente nuez estaba a punto de partirse en dos. Una tipa me estiró del jersey con una fuerza tremebunda y, joder, qué susto me dio la hijadeputa. Devolví el martillico, claro, y sólo me faltó, no sé, darle mis manos para que me las cortara, qué celo represor, madre.

Salíamos de clase contentos para sumergirnos en el maremoto de apreturas humanas, en aquel mercadillo propio de un pequeño El Cairo que hacía de Pamplona, en la sosez de febrero, algo más divertido. Aunque fuera un día. Llegaba luego la hora de volver al cole, y tratábamos de convencer a madres y tías para hacer "calva", como decía Té. Era una dura negociación, pero a veces lo conseguíamos. Aquel sabor a libertad, aquella pequeña burla al sistema establecido, aquel escapismo del orden colegial era, con un martillo en la boca (recuerdo perfectamente el sabor de la madera del palo, ya esponjosa, ya blandita de babas), algo acojonante.

Por todo ello, esta tarde no iré ayer no fui a clase.

2.2.10

La lentilla con suerte

Esta mañana, frente al espejo, se me cayó una lentilla cuando trataba de pegármela al ojo. Una de esas lentes de contacto finas como papel de fumar, que hay que tratar con delicadeza. Cayó al frío (y duro [y sucio]) suelo y no daba (yo) con ella. Me puse en cuclillas y la busqué durante largos minutos, cosa de media hora, así, exagerando. Mis ingles y demás músculos interiores no sufrieron tal sesión de estiramiento jamás. Pero había que encontrarla, porque perder una lentilla es perder dos; una sola no sirve de nada, como tampoco sirve de nada un esquí, un zapato, un gemelo.

Escruté desde mi ligera miopía el terreno, peiné casi literalmente aquellos baldosines en los que debía de estar. No se conocen, hasta la fecha, lentillas con patas, la tipa no podía haber ido muy lejos. Pero transcurrían los minutos y la jodida no aparecía. Pensé en dictaduras argentinas, pensé en el último libro de Unai Elorriaga (pueden leer mi crítica en Ojos de Papel), pensé en lo angustioso que es el paradero desconocido, cómo te somete a una impotencia crudérrima. Pensé en eso y más, y mis ingles me empezaban a escocer, así que comencé a asumir la realidad y barajé la posibilidad de cancelar la búsqueda, de poner fin a las labores de rastreo. Me pondría las gafas, y a correr.

Estaba en esas vi una cosilla replegada sobre si misma, azuloide, un plastiquito abandonado, como con ganas de llorar. Allí estaba, debajo de mis testículos, la tan deseada peliculilla Acuvue. La limpié con mimo, la cuidé y deje que reposara unos segundos, para que pasara el shock.

Al poco, me la coloqué en mi ojo (azul) derecho. Pensé en cuán contenta se habría puesto la lentilla, y cómo su destino cambió radicalmente en apenas unos segundos. Porque el destino de los objetos es así de duro e implacable: ahí tenemos esas vajillas inglesas condenadas al ostracismo de fondo de armario, y los casos que se os ocurran. En este, de haber perecido en aquel inhóspito suelo, a riesgo de ser pisoteada, mancillada, vituperada, puta por rastrojo, se pasó a la mejor de las suertes. Porque toda lentilla está llamada a cubrir un ojo, y a ver lo que éste ojo ve, de un modo mejorado. El resto, es muerte.

Ahora está aquí, conmigo, viendo como tecleo y escribo este posstt, viendo cómo pierdo el tiempo, en la Biblioteca Nacional. Ve, por ejemplo, los nombres ilustres que coronan la cúpula, y que dicen FEIJÓO, M. DE SANTILLANA, F. PÉREZ DE OLIVA, S. JUAN DE LA CRUZ, TIRSO, JOVELLANOS, BRETON, etc.

Durante las diez o doce horas restantes del día seguirá viendo cosas, las que yo vea, y se sentirá la lentilla más suertuda y feliz del mundo.

1.2.10

El Rimbaud español (2/2)

Un ligero sentimiento de culpa, muy ligero, pesó sobre mí a ciertas horas de la noche, por haber puesto en tela de juicio el talento o no talento, lo rimbodiano o no rimbodiano, de nuestro amigo Félix Francisco Casanova, fallecido en extrañas circunstancias, en la bañera de su casa, inhalación de gas, el 14 de enero de 1976.
Este microsentimiento de desazón, se agravó, un poquito, cuando recibí un mail, recién llegado desde París, del poeta Francisco Javier Irazoki, del que tengo el gusto de considerarme su amigo desde que un día de 2007 me ofreciera su amistad, que yo acepté sin pestañear. En ese correo, Irazoki, sin ánimo reprendedor de ningún tipo, me animaba a revisar la obra de Casanova, de quien tanto él como Fernando Aramburu no tienen duda ninguna sobre su valía.

Me mandó Irazoki unas declaraciones, en versión extendida, que su amigo Aramburu realizó al respecto del rescate de El don de Vorace, la 'novela' que Casanova entregó deprisa y corriendo a un premio literario canario y que escribió en 43 días, cuatro meses antes de morir. ¿Ambicionaba ese El don de Vorace convertirse en una suerte de Una temporada en el infierno español? A Aramburu no le tiembla el pulso al equipararlo con el poeta francés. Elementos similares, según Fernando Aramburu:

Por ejemplo, la circunstancia de que ambos escribieran textos sumamente valiosos a edad temprana. Por ejemplo, que los dos se saltaran el proceso habitual de iniciarse en la literatura mediante la imitación y, por ejemplo, que introdujeran en sus mundos particulares ocurrencias luminosas, imágenes enigmáticas, episodios oníricos y lo demoníaco. El hecho de que Casanova no sea tan conocido ni estudiado en España como Rimbaud en Francia no es un problema de Casanova.


Por la noche, me acosté con El Cultural cuya portada dedican este semana a Casanova. Azuzado por el mail de Irazoki, leí con atención el reportaje de Blanca Berasategui en el que el propio Irazoki reflexionaba sobre el poeta maldito, al que sigue el rastro desde los años setenta. Dice Irazoki en El Cultural:

Los primeros poemas que Félix Francisco escribió eran de una impresionante exuberancia verbal.

Leo los textos que incluye el suplemento cultural y coincido con otras apreciaciones de Aramburu, apreciaciones que me parecen muy apreciables en la literatura, tan proclive a la putrefacción, una literatura convencional de la que el propio Casanova intentó huir:

Todo lo que puedo decir al respecto es que, durante la lectura de la novela, uno percibe alegría creativa, entusiasmo propenso a las bromas literarias, sin duda exaltación, cierto gusto por la crueldad humorística; en definitiva, la inventiva desenfada de un muchacho que jugaba con fuego.

Entonces leo un poema que me gusta, y que me guste un poema, así, enterito, no es algo habitual, y pienso que quizá Irazoki y Aramburu tengan razón. ¿Rimbaud español? Digamos, mejor, Félix Francisco Casanova. Lo edita Demipage. Si alguien quiere hacerme un regalo, ehehé, ya sabe.

- -

A veces cuando
la noche me aprisiona
suelo sentarme frente a una cabina
telefónica
y contemplo las bocas que hablan
para lejanos oídos.
Y cuando el hielo de la soledad
me ha desvenado, los barrenderos moros
canturrean tristemente
y las estrellas ocupan su lugar,
yo acaricio el teléfono
y le susurro sin usar monedas.

(enero de 75)
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