31.1.10

El Rimbaud español (1/2)

Se habla estos días, completo reportaje en El Cultural, hace poco en Público, en El País, y hace algo más, con textos de Fernando Aramburu, en el Territorios de El Correo de Bilbao, de Félix Francisco Casanova, considerado por algunos el Rimbaud español.

Sin haber leído nada del poeta malogrado/maldito, muerto con apenas 20 años (1956-1976), me pregunto cuántos elementos paraliterarios influyen en la sacralización, más o menos tardía, de un autor equis. De entrada, tiendo a sospechar que este chaval, de look a lo Morrison, con ecos de Luna Miguel en chico, tenía ya estudiada su pose malditista. Como aquella breve recitación (¿recitación?) que abre el disco de Albert Pla, Supone Fonollosa: "Tengo ya estudiadas las respuestas, las inteligentes apreciaciones, blabla, solo me falta, pues, ponerme a escribir mi libro". Resumiendo, alguien con esas melenas leoninas, con esas poses provocadoras, transgresoras, con ese allure de enfant terrible y genialoide, tiene mucho de carne de cañon mitificadora. El chico tenía obra y pose: sólo le faltaba una muerte prematura. Y así pasó.


También pasó el tiempo, y el mito de Casanova (Félix Francisco) no llegaba a cuajar. A veces, un periodo de olvido es necesario en toda construcción de un mito, de un nuevo Rimbaud, un Rimbaud español, canario, para más señas. Pasadas unas décadas, ya podemos decir que tal autor estaba olvidado, qué fíjense qué mal, que cómo podía ser esto.

Sin haber leído una sola palabra suya, me pregunto: ¿Realmente tiene o tenía [tanto] talento el chico?

Esta es la primera cosa que quería comentar. La segunda tiene que ver con Rimbaud. Con esos neo-rimbauds que nos presentan, en su versión actualizada, efecinquizada. El otro día leí algo sobre la obra de un japonés que me pareció terrorífico: "...toda la tensión psicológica de un Dostoieviski pero tan ameno de leer como un Dan Brown". Uff, duro esto. La segunda cosa, digo, tiene que ver con Rimbaud, y si hemos leído tanto o lo suficiente al autor de Una temporada en el infierno como para meternos con el presunto Rimbaud patrio, el amigo Casanova.

Resumiendo, otra vez, que si el tal Casanova es tan bueno o era solo pose, y que si tenemos lo suficiente del Rimbaud verdadero como para acercanos a sus sucedáneos, por muy melenudos que fueran.



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Enlaces:

-Artículo en El País.
-Artículo en Público.
-Artículo en El Cultural.

29.1.10

Elegancia, Brummell y Sinde

Hay una exposición en Santiago sobre el dandismo, con cuyo comisario contacté hace poco. Hablamos sobre Brummell, el hombre-dandi, el dandi por antonomasia, un tipo que consideraba obsceno trabajar, un tipo que heredó un fortunón de su padre, un tipo que frecuentaba los salones y vivía obsesionado por los nudos de corbata, un tipo que fue el precursor del traje moderno, un tipo al que llamaban 'le beau Brummell'.

Alguien que reubicó los patrones del ser elegante y que consideraba que eso, la elegancia, residía precisamente en que no se notara le intención de epatar a nadie. El difícil arte de pasar notoriamente inadvertido, o "conspicuosly incospicuous", como leo en la Wiki.

El jueves fui con Agus a la entrega de los Premios José María Forqué y me fijé en la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, que salió a leer un largo y anodino discurso plagado de lugares comunes. Me fijé, cómo no hacerlo, en su llamativo y completamente antibrumelliano atuendo. Una cosa, habitual en ella, como de juego de cortinas rococó con patas, de figurante de un peplum de poco presupuesto, de participante en un concurso de disfraces a cada cual más cantoso. Ese traje suyo tirando a no sé, grecorromano vintage, dañaba el ojo seriamente, más aún sabiendo que quien lo porta es una ministra. Porque uno puede ser estrafalario (no diré aquí hortera o tener mal gusto) si es un artista de variedades varias, pero siendo ministro, ministra, esos velos vaporosos, ese deseo de atraer todas las miradas, ese gusto por parecerse más a un jarrón que a una persona, dice poco de alguien del que se presupone, como diría Javier Gomá, una ejemplaridad pública.
También en el vestir, mire usshté.

27.1.10

Impuesto TreBolucionario

Ayer tuve ración doble de Pepe Botella, vaya publicidad gratis que se están llevando. Descubrí que también es un sitio agréable para tomar una copa, y hasta allí me desplacé en compañía de Martina Perry. Ese café es punto de peregrinaje habitual de los vendecosas, esa subrama comercial que transita por la economía sumergida de la venta ambulante y que, no obstante, están más presentes que nadie, son más cojoneros que nadie. Ahí están los indios y sus rosas, ahora también los gorritos borsalino, los chinos con sus avalorios luminiscentes, los subsaharianos con los cedés, así como los sordomudos con los llaveros incomprables y hasta algún argentino plasta que te intenta colar alguna artistada que incluso nos gusta. Ah, y el tipo aquel que me recuerda a Nacho Vegas en viejo, que deposita en nuestras mesas esas laminillas mironianas cuyo precio es un misterio.

Uno se abona al NO por sistema y en lo que dura una consumición puede llegar a pronunciarlo en repetidas ocasiones. Los chinos y los indios necesitan, además, su NO bien marcado, con sonrisa a poder ser; si no, no se van contentos.

Entre ese tráfico ambulante, ayer me sorprendió un tipo curioso, cruce entre el clochard meditabundo y el poeta navarro afincado en París Francisco Javier Irazoki. Alguien a quien uno daría, así por las buenas, un abrazo. El tipo lo sabía, cá, y explotaba su imagen de rezumador de bonhomías y claro, ofrecía nada menos que un trébol de cuatro hojas. Por la voluntad. Imposible resistirse. Normal que rezumara aquella felicidad, el tipo ha hecho el negocio del siglo. Porque después de tanto NO, al final uno como que necesita compensar con un SÍ, y entonces llega ese tipo de barba cana, al séptimo NO, y te ofrece un trébol de cuatro hojas, por la voluntad. Le ofrecí dos euros y le pareció bien. Qué tío. Y pienso ahora, ¿tendrá una plantación de tréboles de cuatro hojas en su azotea? No debe de ser tan complicado, supongo.

Lo cierto es que aquel cincuentón era como para llevártelo a tu casa. Nos dijo que nos pedía un particular "impuesto trebolucionario" y yo le contesté que ojalá todos los impuestos fueran así. Joer, parecía un personaje recién sacado de Amélie o El erizo que aún no he visto, no apto para espíritus acaramelados. Al rato, después de contar sus monedillas sobre la barra, que le vi, vino a despedirse en plan leñador risueño. "Hasta pronto, amigo", le dije.

¿Se iría de putas con nuestro dinero?




26.1.10

Abárrida

Escribo desde el Pepe Botella, el lugar más guayse de la malasañía galopante, café por el que todo aquel aspirante a escritor, director, diseñador y hasta presentador se deja caer, de cuando en cuando, y habla muy alto para que el local todo escuche la de inquietudes que tiene. Curiosamente, no sé con qué frecuencia, también vienen escritores, directores, diseñadores y presentadores/as de verdad. De los que ya no aspiran. O que aspiran otras cosas. Es éste un café, qué coño, con su vidilla, en un tiempo en que los cafés han muerto. En este café me han pasado cosas, poco a poco se han sumado un par o tres de capítulos con el Pepe Botella como escenario. En la resurrección de estos cafés tiene buena culpa la santa Tecnología y su arcángel Wi-fi, que permiten esos escritorios portátiles que había antes. De aquí a cincuenta años, los cafés volverán a ser lo que fueron.

No estoy tan seguro.

Pero yo no quería hablar del Pepe Botella, sino de la posible ausencia de Pepe Botella. Ahora que me he hecho al barrio, estoy pensando en mudarme, por razones domésticas que no vienen al caso. Uno logra fundirse con el barrio, creer que esa zona, por alguna extraña razón, le pertenece y, de pronto, zas, desapareces. Los chinos de los chinos se preguntan qué fue de aquel tipo desgarbado que les compraba no pocas cosas, las cajeras de los DIAs suspiran anhelando tu retonno y los quiosqueros no entienden a qué esta intermitencia clientelar. Los ciegos del cupón, en cambio, no sienten nostalgia alguna.

Me pregunto si haber vivido en siete barrios de Madrid, en cosa de seis años, le convierte a uno en más madrileño, y si hay una conciencia de lugar más vivida, más real, más completa. Algo de esto decía, con términos más ampulosos y certeros, el artista Carlos Irijalba (Pamplona, 1979), sobre la experiencia del lugar. Decía que en nuestra habitación, en la que tantas horas pasábamos de pequeños, apenas nos movíamos por los tres o cuatro sitios de siempre. A nadie se le ocurría subirse al armario para contemplar los diversos e interesantes ángulos que esa viciada habitación podía ofrecer. Quien lo hacía descubría que podía ser una vivencia fascinante, y que podía cambiar completamente la conciencia que sobre la habitación se tenía.

Puede que algo de eso me motive, cada cierto tiempo, a convertirme en un madrileño sin barrio, un abárrida, un ciudadano perteneciente a todos esos barrios y a ninguno. Sentiré un mínimo desgarro, una minúscula desazón, cuando me largue, pero enseguida quedará eclipsada por lo que el nuevo barrio me ofrezca. Como en otras ocasiones, pensaré que ese es el definitivo, que ese es el mío, aunque al cabo vuelva a pensar en mudar de aires otra vez.

25.1.10

Eneagramas

El viernes me habló Holzer, comiendo en un chino a las cinco de la tarde, de los eneagramas. Una división algo doméstica de los tipos de personalidad, algo que podría parecer acientífico, pero que, por lo visto, debe de ser serio y estudiado. A mis treinta, y pese a no pocas cavilaciones al respecto, aún no me conozco del todo. "El fin último del ser humano es llegar a ser quien es", Nietzsche. En eso estamos. Pero a veces uno puede entrar en confusiones cenagosas, pensar que es tal cosa, y estirar ese chicle de la personalidad por la senda de la impostura, hasta que uno se llegue a creer esa cosa, cuando realmente no lo es. El entorno también se encarga de delimitarnos nuestra personalidad, con sus juicios rápidos y acotados sobre lo que somos o no somos, y eso influye, claro.
Curioso que sigamos planteándonos estas cosas, que seamos tan ignorantes en asuntos tan capitales. Sabemos tantas cosas estériles y, sin embargo, mantenemos una imagen difusa de ese ser que se muestra al otro lado del espejo, y que somos nosotros. Y, en fin, a la hora de tomar ciertas decisiones no está de más ese autoexamen con un poco de rigor.

Pego a continuación los nueve tipos que constituyen el eneagrama, e invito a realizar el test que adjuntan. Yo lo he imprimido y lo haré en cuanto tenga tiempo (son 144 preguntas). Comentaré por aquí los resultados aunque, así por encima, me reconozco como un 50% de Tipo 4, un 40% de Tipo 7 y un 10% de Tipo 5, aunque no estoy 100% seguro.

Os animo a que encontréis vuestro "tipo" (página de referencia, aquí):

Tipo 1. El REFORMADOR. El tipo racional, idealista, de sólidos principios, determinado, controlado y perfeccionista. "Tengo una misión en la vida."

Al tipo de personalidad Uno lo hemos llamado el reformador, porque estas personas creen tener una misión en la vida, lo que las lleva a desear mejorar el mundo de diversas formas, utilizando el grado de influencia que poseen. Se sfuerzan por superar la adversidad, sobre todo la adversidad moral, para que el espíritu humano brille y cambie las cosas. Trabajan por valores elevados, incluso a costa de grandes sacrificios personales. La historia está llena de personas tipo Uno que han abandonado vidas cómodas para hacer algo extraordinario, porque creían que algo superior las llamaba a hacerlo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Raoul Wallenberg abandonó su cómoda vida de clase media para trabajar en la protección de miles de judíos europeos de los nazis invasores. En India, Gandhi dejó a su esposa, su familia y su próspera vida de abogado para convertirse en defensor itinerante de la independencia de su país y promotor de cambios sociales no violentos. En Francia, Juana de Arco dejó su pueblo para restablecer en el trono al delfín y expulsar del país a los ingleses. El idealismo de cada uno de estos Uno ha inspirado a millones de personas.

Tipo 2. EL AYUDADOR. EL TIPO AFECTUOSO, AMIGABLE, EFUSIVO, GENEROSO, COMPLACIENTE Y POSESIVO. "Me interesan las personas."

Hemos llamado el ayudador a este tipo porque las personas que pertenecen a él son o bien auténticamente serviciales con los demás o, cuando están menos sanas, les interesa muchísimo considerarse como tales. Ser generosas y desvivirse por los demás las hace pensar que su forma de ser es la más preciosa y la que tiene más sentido. El cariño e interés que sienten, y el verdadero bien que hacen, les alegra el corazón y hace que se sientan valiosas. Los Dos están muy interesados en lo que ellos consideran las cosas realmente buenas de la vida: el amor, la intimidad y la comunicación, la generosidad, la familia y la amistad. Algunos ejemplos los tenemos en La Madre Teresa, Eleanor Roosevelt, Desmond Tutu, Danny Thomas, Ann Landers, Barbara Bush, Lewis Carroll, Florence Nightingale, Albert Schweitzer.

Tipo 3. EL TRIUNFADOR. EL TIPO PRAGMÁTICO, ORIENTADO AL ÉXITO, ADAPTABLE, SOBRESALIENTE, AMBICIOSO Y CONSCIENTE DE SU IMAGEN

"Si trabajo mucho sé que seré capaz."

Hemos llamado el triunfador a este tipo de personalidad porque cuando los tres están sanos, son verdaderamente capaces y triunfan en muchos aspectos tic la vida. Son las "estrellas" de la naturaleza humana, y la gente suele admirarlos por su estilo y sus logros personales. Saben lo agradable que es desarrollarse y aportar al mundo sus capacidades. También disfrutan motivando a los demás a consecuciones personales mayores de las que se creen capaces de realizar. Encarnan lo mejor de una cultura y los demás ven reflejados en ellos sus esperanzas y sueños.
Los Tres suelen tener éxito y caer bien porque, de todos los tipos, son los que más creen en ellos mismos y los más partidarios de desarrollar sus talentos y capacidades. Actúan como modelos y dechados debido a su extraordinaria encarnación de las cualidades que valora la sociedad. Cuando están sanos saben que vale la pena el esfuerzo de ser "lo mejor que pueden ser". El éxito en sus empresas estimula a los demás a trabajar en su propio desarrollo. Algunos ejemplos los tenemos en Bill Clinton, Elvis Presley, John Travolta, Christopher Reeve, Shania Twain, Paúl McCartney, Sharon Tate, Dick Clark, Jane Pauley, Kathie Lee Gifford, Tony Robbins.


Tipo 4. EL INDIVIDUALISTA. EL TIPO SENSIBLE, RESERVADO, EXPRESIVO, DRAMÁTICO, ENSIMISMADO Y TEMPERAMENTAL

Hemos llamado el individualista a este tipo porque los Cuatro mantienen su identidad considerándose fundamentalmente diferentes a los demás. Creen ser distintos a los demás seres humanos y que, por lo tanto, nadie puede comprenderlos ni amarlos lo suficiente. Suelen pensar que poseen talentos únicos, dones especiales, fuera de serie, pero también que tienen desventajas o defectos únicos. Más que cualquier otro tipo, los Cuatro conocen muy bien sus diferencias y deficiencias personales y se centran en ellas.
Los Cuatro sanos son sinceros consigo mismos: reconocen todos sus sentimientos y son capaces de ver sus motivos, contradicciones y conflictos emocionales sin negarlos ni edulcorarlos. Es posible que no les guste lo que descubren, pero no intentan racionalizar sus estados; tampoco tratan de ocultarlos, ni a ellos mismos ni a los demás. Están dispuestos a revelar cosas muy personales que podrían ser vergonzosas, porque están resueltos a comprender la verdad de sus experiencias, para descubrir quiénes son y hacer las paces con su historia emocional. Esta capacidad también les permite resistir el sufrimiento con serena fuerza. El conocimiento de su naturaleza más oscura les hace más fácil procesar experiencias dolorosas que podrían abrumar a otros tipos. Algunos ejemplos los tenemos en Jeremy Irons, Jackie Onassis, Tennessee Williams, Judy Garland, Vivien Leigh, Sarah McLachlan, El Artista (ex "Prince"), Martha Graham, "Blanche DuBois".


Tipo 5. EL INVESTIGADOR. EL TIPO CEREBRAL, PENETRANTE, PERCEPTIVO, INNOVADOR, RESERVADO Y AISLADO. "¿Que pasa aquí?" "¿ Y si lo intentamos de otra manera?"

Hemos llamado el investigador a este tipo de personalidad porque, más que cualquiera de los demás tipos, los Cinco desean descubrir por qué las cosas son como son. Desean entender por qué funciona el mundo, ya se trate del cosmos, el mundo microscópico, los reinos animal, vegetal y mineral o el mundo interior de su imaginación. Siempre están investigando, haciendo preguntas y ahondando en las cosas. No aceptan opiniones ni doctrinas recibidas; sienten una fuerte necesidad de examinar por sí mismos la verdad de todas las suposiciones.
John, diseñador gráfico, explica este enfoque de la vida:
"Ser Cinco significa tener la constante necesidad de aprender, de asimilar información sobre el mundo. Un día sin aprender es un día sin luz del sol. Como Cinco, deseo entender la vida; me gusta tener una explicación teórica de por qué las cosas ocurren como ocurren. Esta comprensión me hace sentir al mando, en cabeza. Con mucha frecuencia aprendo desde la distancia, como observador, no como participante. A veces me parece que entender la vida vale tanto como vivirla. Es un viaje difícil aprender que la vida hay que vivirla, no sólo estudiarla." Ejemplos son David Lynch, Stephen King, Glenn Gould, Georgia O'Keeffe, Joyce Carol Oates, Sinead O'Connor, Merce Cunningham, LilyTomlin, Tim Burton, Kurt Cobain, VincentVan Gogh.


Tipo 6. EL LEAL. EL TIPO COMPROMETIDO, ORIENTADO A LA SEGURIDAD, ENCANTADOR, RESPONSABLE, NERVIOSO Y DESCONFIADO.

Hemos llamado leal a este tipo de personalidad porque, de todos ellos, los Seis son los más leales a sus amigos y fieles a sus creencias. Se hundirán con el barco y perseverarán en las relaciones de todas clases mucho más tiempo que la mayoría de los otros tipos. También son leales a ideas, sistemas y credos, incluso a la creencia de que hay que poner en duda o desafiar toda idea o autoridad. En realidad, no todos los Seis se llevan bien con las cosas como están; sus ideas podrían ser rebeldes y antiautoritaristas e incluso revolucionarias. En todo caso, van a luchar por sus creencias con más fiereza con la que luchan por sí mismos, y defenderán su comunidad o familia con más tenacidad que con la que se defienden ellos.
El motivo de que sean tan leales es que no desean ser abandonados ni quedar sin apoyo (su miedo básico). Así, el problema principal para el tipo Seis es la falta de seguridad o confianza en sí mismo. Llegan a creer que no poseen los recursos internos para hacer frente solos a los desafíos y caprichos de la vida, por lo cual, para orientarse, dependen cada vez más de estructuras, aliados, creencias y apoyos exteriores. Si no existen las estructuras convenientes, contribuyen a crearlas y mantenerlas. Algunos ejemplos son Rober Kennedy, Malcom X, Tom Clancy, Bruce Springsteen, Michelle Pfeiffer, Diane Keacon, Gloria Steinem, Candice Bergen, Mel Gibson, Janet Reno, Richard Nixon.


Tipo 7. EL ENTUSIASTA. EL TIPO ACTIVO, AMIGO DE PASARLO BIEN, ESPONTÁNEO, VERSÁTIL, CODICIOSO Y DISPERSO "Aun no tengo claro qué deseo ser cuando sea mayor."

Hemos llamado entusiastas, este tipo de personalidad porque los Siete se entusiasman por casi todo lo que les atrae la atención. Asisten a la vida con curiosidad, optimismo y espíritu de aventura, como niños en una tienda de caramelos que miran el mundo con ilusionada expectación por todas las cosas buenas que van a experimentar. Son osados y alegres, y van en pos de lo que desean en la vida con animada resolución. Poseen una cualidad cuya mejor definición es la palabra yidish chutzpah, algo así como descaro.
Aunque los Siete pertenecen a la tríada del sentimiento, no lo parece de inmediato porque tienden a ser extraordinariamente prácticos y en cualquier momento están dedicados a una multitud de proyectos. Suelen pensar por adelantado; prevén los acontecimientos, generan ideas al vuelo y prefieren las actividades que les estimulan la mente, que a su vez generan más cosas par, hacer y en las que pensar. No son necesariamente intelectuales ni estudiosos según ninguna definición estándar, aunque suelen ser inteligentes, muy leí dos y elocuentes. Su mente pasa con rapidez de una idea a la siguiente, lo cual los hace muy ocurrentes y capaces de sintetizar información. Los estimula el torrente de ideas y el placer de ser espontáneos; prefieren tener una visión amplia, global, y la emoción de las etapas iniciales del proceso creativo antes que la exploración de un solo tema en profundidad. Ejemplos de este tipo lo encontramos en Robin Williams, Steven Spielberg, W.A. Mozart, Jim Carrey, Goldie Hawn, Carol Burnett, Sarah Ferguson, Benjamín Franklin, Timothy Leary, TomWolfe.


Tipo 8. EL DESAFIADOR. EL TIPO PODEROSO, DOMINANTE, SEGURO DE SÍ MISMO, DECIDIDO, VOLUNTARIOSO Y RETADOR. "Soy dueño de mi destino."
 

Hemos llamado el desafiador a este tipo de personalidad porque, más que ningún otro tipo, a los Ocho les encanta aceptar retos así como dar a otros la oportunidad de que los desafíen a superarse de alguna manera. Tienen carisma, además de las capacidades físicas y psíquicas para convencer a la gente de que los siga en todo tipo de empresas, ya se trate de iniciar un negocio, reconstruir una ciudad, llevar una casa, hacer una guerra o firmar la paz.
Los Ocho tienen una fuerza de voluntad y una vitalidad enormes, y se sienten más vivos cuando ejercen esas capacidades en el mundo. Emplean su abundante energía para efectuar cambios en su entorno, para dejar su sello en él, pero también para impedir que el ambiente u otras personas les hagan daño a ellos y a sus seres queridos. A temprana edad comprenden que eso requiere fuerza, voluntad, perseverancia y aguante, cualidades que desarrollan ellos y buscan en otros. Ejemplos Franklin D. Roosevelt, Mijail Gorbachov, Donald Trump, Barbara Walters, Don Imus, Frank Sinatra, Courtney Love, Susan Sarandon, Bette Davis, Joan Crawford.



Tipo 9. EL PACIFICADOR. EL TIPO INDOLENTE, MODESTO, RECEPTIVO, TRANQUILIZADOR, SIMPÁTICO Y SATISFECHO. "Sigo la corriente."

Hemos llamado el pacificador al tipo Nueve porque ningún tipo se dedica más a la búsqueda de paz interior y exterior para sí mismo y para los demás. Suelen ser personas espirituales que anhelan la conexión con el cosmos y con los demás. Trabajan por mantener su paz mental así como por establecer la paz y la armonía en su mundo. Las preocupaciones que encontramos en el Nueve son las fundamentales de todo trabajo interior: permanecer despiertos frente a estar dormidos a nuestra verdadera naturaleza, paz contra sufrimiento, unión contra separación.
Lo irónico es que para ser un tipo tan orientado al mundo espiritual, el Nueve es el centro de la tríada del instinto, y potencialmente es el que está más en contacto con el mundo físico y con su cuerpo. La contradicción se resuelve cuando vemos que estas personas o bien están conectadas con sus cualidades instintivas y tienen un enorme poder elemental y magnetismo personal, o están desconectadas de sus fuerzas instintivas y, por lo tanto, separadas y lejanas, incluso podrían ser muy ligeras. Ejemplos Ronald Reagan, Gerald Ford, Lady Bird Johnson, Kevin Costner, Sophia Loren, Walter Cronkite, Whoopi Goldberg, Janet Jackson, Ringo Starr, Ingrid Bergman. Abraham Lincoln, Reina Isabel II, Carl Jung, George Lucas, Audrey Hepburn, Dame Margot Fonteyn, Rose Kennedy, Walt Disney, Garrison Keillor, Norman Rockwell.

22.1.10

Detrás de una foto

Siento cambiar así de temática, sé que puede resultar hasta grosero, pero así es este blog, así es el pensamiento. Leía este viernes ese libro que me está costando leer cosa de cuatro años y medio, titulado Mujeres, que Charles Bukowski publicó en el simpático año de 1979.

La semana pasada colgué una foto del amigo Chinaski/Bukowski y, fijaos, hoy he creído dar con las palabras que explican esa imagen. Aprovecho para decir que no creo en eso de que una imagen vale más que mil palabras, y recomiendo el relato Catedral, de Raymond Carver. Hago una excepción a lo que acabo de decir: el Holocausto. Salgo ya del meandro.

Reproduzco, a continuación, el fragmento que creo que se corresponde con la imagen en cuestión, no diréis que no es curiosa, la cosa:

Al pasar Valerie a mi lado la agarré del culo. Estaba por fin vivo, me sentía extraordinariamente bien. Valerie entró en el baño para hacer un cambio de vestido.
Cada vez que salía, Valeria tenía mejor pinta, enloquecedora, enfurecedora. Todo el proceso se estaba aproximando a un clímax.
Bebimos y fumamos y Valerie continuó saliendo con nuevas cosas. Un infierno de espectáculo.
Se sentó en mi regazo y Bobby tiró algunas fotos.




Mujeres, de Charles Bukowski, 1979. Decimotercera edición en Compactos, Anagrama, marzo 2005

21.1.10

iHíta

Ya no es un país, a pesar de que nunca lo fue mucho. No sé nada de Haití, tan sólo que está descojonado, más de lo que estaba. Sólo le queda entero el nombre, Haití, y quizá pronto hasta se venga abajo y quede así: iHíta, taHíi, atiHí. No he leído nada sobre Haití, sólo un artículo de Moisés Naím el pasado domingo, en El País, y una página en que se enumeraban los daños causados en lo que parece la catástrofe, la hecatombe, más bestia de todos los tiempos. La sede de la ONU se hundió con el seísmo y, con él, todos los trabajadores que allí vivían, por ejemplo.

En un ejercicio no sé si de terapia, de cobardía, de rechazo o no sé bien de qué, no he querido, no me ha apetecido, se me ha hecho violento, conocer los detalles de semejante tragedión. Desde que las noticias significan hechos, todo me afecta más. Recuerdo que de pequeño, y he sido pequeño hasta hace bien poco, las noticias sólo eran, para mí, noticias. El medio es el mensaje, y yo sólo veía medio. Reía y hacía chistes sobre la tragedia de Biescas o la muerte de Lady Di y tan pancho, la vida seguía inalterable, felicilla. Quizá el 11M significó esa caída del guindo mediática y empecé a ver que detrás de la noticias no sólo había presentadoras, sino una suerte de verdad, unos muertos-muertos, un dolor-dolor mucho más intenso y tangible que lo que la tele, la radio, la prensa, nos mostraban, con sus limitaciones a la hora de transmitir verdades. Es un tema con enjundia, éste, y habría que ver si esta anomalía no es más común de lo que pensamos. Como asumir que el pasado no es en blanco y negro, de tantas fotos, de tantas pelis, que hemos visto en esas tonalidades, también sepias. Amigos, los años veinte eran en color. La Guerra Civil española no fue en blanco y negro. Créedme. Ah, y en el pasado no se hablaba raro. Se hablaba normal.

Ayer me llegó un mensaje de Orange / Unicef, para pedirme 1,12 euros para colaborar en la ayuda a Haití. Se lo mandé y me sentí un poco mejor, me remordía la conciencia por mi desapego mediático. ¿Debo sentirme un miserable por haber orillado toda esa cobertura del dolor, por no querer asumir semejante desastre de tipo infernal?

Por el metro, en Madrid, veo la palabra Haití en los paneles electrónicos. Ayuda a Haití. De pronto, descubro que todo este dramón haitiano tiene también sus luces. Me gusta esta omnipresencia del asunto, me gusta ver la palabra Haití por todas partes: Haitíhaitíhaití. Me gusta que haya un foco en el que acotar nuestras más nobles pasiones, me gusta que pensemos en ayudar a los más puteados y dejemos de dar la brasa con noticias fuleras sobre rebajas, parishíltones y la gomina de Cristiano Ronaldo.

Me gustaría, ya puestos, que se coordinara un tipo de ayuda internacional realmente eficaz, algo en la línea de la tasa Tobin, pero mejor dirigida. Que todos diéramos uno, dos, tres, ocho euros a ese país moribundo que, me contaba ayer un amigo, era ya un completo páramo esteril, secarral, sin atractivo ninguno, con superpoblación, en el que sólo 1 de cada 50 personas recibe una nómina, un avispero humano del que la contigua y fértil República Dominicana se desentiende.

Me gustaría dar la vuelta a la tortilla de la pobreza y convertir, entre todos, a Haití en Dubai. En un Dubai sin horteradas, además.



- Ayuda a Haití con UNICEF. Pinche aquí.

20.1.10

No soy Eduardo Laporte, cooooññño

Hoy me ha llamado el amigo Junquera, al que veo de cuando en cuando pero siempre con profusión de afectos varios. Me ha invitado a ir al teatro con él, por la patilla, y de paso me ha propuesto un posssssssssst. Resulta que tiene dos números míos, de móvil, y que siempre llama al equivocado, en el que responde un señor que no soy. No es la primera vez que me comentan algo parecido, que llaman a mí número antiguo, que usé hasta hace dos años, y que una voz algo cansina contesta que nooooooo, que él no es Eduardo Laporte.

"Ya puedes escribir un post con esto", me ha dicho Junquera. Y bueno, aquí estamos (en un locutorio, por cierto, jodióse la conec).

Le he contestado que de eso ya escribió Manuel Rivas, Las llamadas perdidas, y hasta Roberto Bolaño, Llamadas telefónicas. Son todas las referencias que puedo poner sobre la mesa, en este momento, sobre el tema.

Justo después de colgar, me he mecido el ego imaginando que multitudes de gente le daban el coñazo día y noche a este buen señor, preguntando por la mía persona. Y el hombre que noooooooo, que éste ya no es su núuumeero. Hordas de admiradores/as; fanes de todos los tipos y edades; amigos redivivos; ex relaciones en vía muerta que claman un revival tan crepuscular como intenso; gentes que me exigen cobros sin éxito y que descargan su frustración con el pobre dueño de mi ex número; empresas que se pelean por mis servicios y se encuentran con todo su gozo en el pozo, al dar con la voz meliflua de ese señor resignado que no es Eduardo Laporte.

"Que no soy yo, cojooooooooones". Así, todo el día.

Fin del post, Junquera.

19.1.10

El no-concierto de Alicia Keys y la chapuza española

Voy a tratar de escribir algo ahora, ahora que parece que empiezo a asociar un poco, una vez que los efectos de uno de esos cafés-bomba madrileños parece que remiten. Deberían poner un aviso, una esquelita, como en las cajetillas de tabaco: "El consumo de este café puede provocar delirios, caos neuronal, vértigos e inutilidad mental transitoria".

Alicia Keys, el no-concierto en el Teatro Real de anoche: vaya por delante un enlace ilustrativo de los hechos. Enlace ilustrativo de los hechos.

Y ahora la historieta. Pongamos músiquita:



Hace unos días leí en Facebook que daban entradas gratis para la Keys, señora a la que no conozco musicalmente (ni de lo otro) pero que cita Bob Dylan en su Thunder on Mountain (Modern Times, 2006), y eso siempre marca. Bastaba, en el concurso, con dar tu nombre y teléfono: y yastá. Organización: TVE. Al día siguiente me llamaron de un número desconocido y, sorpresa, no era para reclamarme ningún pago sino para darme la feliz noticia: tenía dos entradas para ver a Alicia Keys. Tan sólo tendría que ir a recogellas a Sony Music, en Quincoño de la Sotana, allá por donde el metro Esperanza pierde la ídem, esto es, como hora y media de aventura por barrios vagamente postpoéticos.

Recogí las susodichas (supuestas) entradas y me sentí contento, qué bien, qué simpatía, qué maja la Keys. Me dijeron, eso sí, que tenía que canjearlas el mismo día en taquilla. Ok, no problem.

El día señalado, me acerqué hasta el Teatro Real para recoger las dichosas entradas, que se entregaban de 19.30h a 20.30h. En plan gruppie que no soy, me planté a las 19h y para mi sorpresa me encontré un colón que ya rodeaba la mitad del solemne auditorio. Gracias al iPod, aguanté la primera horilla con aplomo. Luego se agotó la batería y tuve que escuchar la conversación de unos tipos manchegos absolutamente llena de lugares comunes, entre dos jóvenes que debían de ser recién cuñados.

De cuando en cuando, echaba la vista atrás y comprobaba con cierto orgullo cuánta gente tenía detrás de mí. Cientos de almas que, como yo, tenían su entrada para ver el concierto prometido, a la espera del canje.

El frío, hasta entonces discreto, empezó a aparecer como a los 90 minutos de lentísima cola. Pero bueno, ya quedaba poco para entrar, aunque la cola/fila había entrado en un inquietante quietismo: ¿tanto cuesta dar un papelito por otro, señores?

Coooooooño ya.

Pronto empezaron a llegar preocupantes rumores, que unos se tomaban a broma y otros con gestos adustos. Los manchegos, oriundos de Quintanar de la Orden pero residentes en Toledo, habían venido en coche para la ocasión. "Si se llega en un momento y, bueno, la verdad es que la capital tiene de todo, te ofrece muchas oportunidades". Dios, tanta normalidad empezaba a irritarme. Era casi la hora del concierto, la hora en que había quedado con mi acompañante, a la que sí le gustaba Alicia Keys. Cuando apareció, se olió el salchucho, con gente arremolinada en torno a la puerta y mal rolli en el ambiente. Una mujer con expresión grave certificaba la noticia: "No hay entradas, no hay entradas".

Y no las había. El síndrome del concierto a las puertas, miserias de lo gratis. ¡No a lo gratis! La peña empezó a protestar, en un ejercicio sano pero que provocaba una no poca vergüenza ajena. "¡Organización, organización!", clamaban ante un pobre guarda guardia jurado que de nada tenía culpa. Pero aquello era una desorganización palmaria, una completa chapuza a la española, una falta de respeto, un todo mal muy mal. La cara de pardillos de servidor y mis cienes de seguidores era digna de verse. Recuerdo que, y eso que mis facciones no suelen acompasar mis sensaciones, puse una cara de verdadera decepción, momentos antes.

¿Culpables? En la invitación que tengo sólo pone TVE. Fui a recogerlas a Sony Music, que se supone que también andaba detrás de esto.

La misma invitación dice que se canjeará por entradas hasta completar aforo. Está claro que hubo un desmadre en el reparto de las mismas y que una vez visto la colosal cantidad de gente que pretendía entrar, la cosa se habría resuelto mandando a un señor a que mandara a la gente que evidentemente no accedería al recinto a sus santas casas. Pero no hicieron nada, despreciaron a la gente, no dieron la cara, nos insultaron a todos un poquito.

Fue una interesante pérdida de tiempo, por partida doble. Muchas gracias TVE, muchas gracias Sony Music.

18.1.10

The Sistiaga Experience

El jueves fui a ver Avatar, que es algo así como una tortura que dura casi tres horas y que me recordó al final de La naranja mecánica, con el prota sometido a cine ininterrumpido, con los párpados sujetos, sin posible parpadeo. Eso sí, es la cosa más espectacular que jamás he visto. Tan espectacular, que al final deja de serlo, pero bueno. De la peli más mainstream del momento, y quizá de la historia del cine, pasé, el viernes, a ver una de las pelis más vanguardistas, experimentales, outsiders e incluso gamberras de la historia del cine, Ere erera baleibu icik subua aruaren. Pionera, eso sí, en ser el primer largomentraje enteramente pintado desde que existe el cine. Un único lienzo de tres kilómetros de largo por cinco centrímetros de ancho que ocupó a su creador, José Antonio Sistiaga (San Sebastián, 1932), durante 17 meses a razón de 12 horas al día. Y en cuclillas. Pero lo hizo, logró 75 minutos de cine pintado, a lo Kandinsky, música del color, con dos únicos patrones: no habría música y la proyección sería horizontal. Las imágenes se superpondrían de arriba a abajo.

Contó Sistiaga, que acudió a la proyección de su película, que si la pudo hacer fue gracias al apoyo desinteresado y casi a ciegas de la familia Huarte. Vieron un corto suyo, similar, de siete minutos de duración, y convinieron en ayudarle en su proyecto de largo. Arreglaron los pormenores ecónomicos en diez minutos, todo bajo la fórmula del contrato oral. Al tiempo, Sistiaga, que tenía cinco hijos, tuvo que pedir un aumento en la cláusula oral de los emolumentos finales y aquello se aumentó sin problema alguno. Así funcionaban los Huarte.


El autor contempla su obra.

Me atraía la idea de ver esa película que se proyectó en el verano del 72 en Pamplona, en los Encuentros, creo que en los cines Carlos III. Si hoy en día no hay muchos espectadores dispuestos a digerir 75 minutos (mi acompañanate claudicó en el minuto 55) de fotogramas pintados rulando a toda velocidad por el proyector, en 1972, en Pamplona, la cosa habría sido curiosa.

El crítico Javier San Martín dijo que quizá los primeros veinte minutos podía ser pesados, pero que luego uno se quedaba completamente enganchado. Quizá eso es mucho decir, pero había algo de hipnótico, de hechizante, en esa sucesión locoide de colores, todos perfectamente hermosos. Me dormí un rato, por supuesto, como también eché una cabezadita en Avatar. Pero fue una siestecilla, en la de Sistiaga, de lo más, cómo decirlo, estimulante. Había algo también de provocación, en mi somnoliento gesto, con el propio Sistiaga justo a dos filas. Pero no, no fue una provocación voluntaria. Dormí un rato, pero fue un duermevela, un relajo absoluto, un mecerse con esas imágenes que daban pie a otras imágenes, las propias, que se iban liberando, humeantes, sinuosas, al compás de los imposibles fotogramas sistiaguianos.

No fue un visionado fácil, también es verdad. Pero fue una experiencia, The Sistiaga Experience, algo no desprovisto de mística, un mirarse al interior de un modo nuevo y salir de la sala, no sé, más limpio, más puro. Mereció la pena.



*Bajen el sonido para ver el fragmento de la película tal y como fue concebida.

- -
Entrevista a Sistiaga: 
-Parte I
-Parte II

- -
Grupo decicado a los Encuentros, en Facebook. Hágase fan.

17.1.10

Unas gotas de negrura

Hoy he descubierto, mirándome en el espejo, un pelo en la ceja, un cejipelo, del tamaño del bigote de un langostino. Claro y delgadísimo, me lo he recortado con la navaja suiza que llevo de llavero. Ya que estaba, he limpiado unos pelillos, imperceptibles, situados en el entrecejo y un poco la periferia de ambas cejas.

Me he fijado después en unas ojeras, proyecto de bolsas, esa piel que de pronto es ¡azul!, bajo los ojos. Me he preocupado, señales de alarma han sonado en mi interior. Me he visto, en un futuro no muy lejano, como el tío ese tirando a repelente de la serie The Office.

Hace un año me salió una cana en el centro del pecho que, por cierto, no se ha vuelto a reproducir; fue como una extravagancia capilar. Pero yo me lo tomé como un aviso, un serio aviso de que, ojo, aquí envejecemos todos. Palmamos todos.

Esta noche he sonado, en cambio, que pasaba algo inverso a ese proceso natural. Estábamos mis hermanos y mi tío Ivlivs, que lucía un pelazo negro como de anuncio de potingue anticanas. Se le veía fresco, enérgico, entusiasta, gallardo. No digo que ahora no lo sea, pero en el sueño lo era más. Hacíamos una reunión familiar y venían muchos amigos nuevos y extraños, gente interesante. Había como una felicidad rara en el ambiente, una felicidad distinta a la que podemos gestionar hoy, que la sabemos finita, caduca, perecedera, que se agosta con el tiempo. Era una felicidad, ya digo, nueva. En ese sueño vivíamos ajenos a la idea de que por mucho que evolucionemos, por mucho que limemos nuestras torpezas, por mucho que aprendamos a no caer en contumaces errores, al final nos hacemos viejos, complejos, suspicaces, frágiles y el tiempo se nos acaba. No sólo el nuestro, que eso es lo de menos, sino también el de los demás, que eso sí que jode.

Esta tarde de domingo me estremecieron unas palabras de César González-Ruano. Es la última entrada de su Diario íntimo, que anotó en el hospital, poco antes de morir: 
"El terror es blanco, la soledad es blanca".
Perdonadme estas gotas de negrura en un mar, ojo, de optimismo oscilante.

16.1.10

La documentación del mundo

Hoy llegué a la conclusión, leyendo un aburrido reportaje sobre la corrupción en el sector del criquet, de que el mundo, la Historia, la civilización, la cultura, el arte, nuestro recorrido hasta este mismo segundo, es decir, por resumir, TODO, no llega a ser más que unos meros apuntes. Notas sueltas, dispersas, transcripciones de varias entrevistas, con mucho material, al que todavía tenemos que dar orden, priorizar, ordenar, seleccionar. Documentación para un gran reportaje, una gran novela, un gran corpus ordenado, el del mundo, que quizá algún día escribamos. Hasta entonces, todo apuntes que esperan.
- -

Reflexiones que olvidé poner por escrito, de Tobias Chalupa*, El Árbol del Cuco Ediciones, 1982.
*Célebre ensayista y ex tenista checo (1929-1999)

15.1.10

Mujeres

Llevo cuatro años y medio leyendo (no todos los días, se entiende, ja-já) este libro de Bukowski, Mujeres, que me regalaron Latinajo de Híspalis y María Cáceres en nuestros felices días de Bilbao. Es un libro que se puede leer a cualquier hora y en cualquier momento, en cualquier estado de ánimo, en cualquier estado mental. Como los donuts. Lo coges por cualquier página y enseguida entras en ese universo en que alcohol, mujeres y un indefinible algo más componen la prosa charlesbukowskianiana y que, de alguna manera, te atrae. A la manera de un Agus, voy a colar hoy aquí unas citas que me han parecido bastante inspiradas, casi femeninas, del amigo Henri Chinaski:

Podía inventarme personajes masculinos, porque yo era uno, pero las mujeres para mí eran casi imposibles de ficcionalizar sin antes conocerlas.
--
Yo era sentimental respecto a muchas cosas: unos zapatos de mujer bajo la cama; unas horquillas olvidadas; la manera como decían "Voy a hacer pipí"...; cintas de pelo; pasear por el bulevar con ellas a la una y media de la tarde, sólo dos personas caminando juntas; las largas noches bebiendo y fumando, hablando; comer juntos y sentirse bien; las bromas, la risa saliendo de ninguna parte; sentir milagros en el aire; estar juntos en un coche aparcado; comparar pasados amores a las tres de la madrugada; que te dijeran que roncabas, oírlas roncar; (...) tus flirteos, sus flirteos; sus píldoras; tus polvos con otras personas y ella haciendo lo mismo; dormir juntos...

Mujeres, de Charles Bukowski, 1979. Decimotercera edición en Compactos, Anagrama, marzo 2005


14.1.10

El hombre borroso

Había una vez un hombre borroso, desenfocado. Nació antes de que Woody Allen rodara Desmontando a Harry, con Robin Williams en estado borroso. Si acaso, Allen se fijó en este hombre borroso del que os hablo. Nació un nebuloso día de noviembre, por la tarde, en la región de Umbría, Italia. Vino al mundo en casa, como se nacía antes, en el momento en que su padre se aplicaba unos vahos de eucalipto para tratar de suavizar un constipado que le tenía taponada el alma. Sí, cuando nacemos pasan cosas, el mundo no se para para celebrar tan magno acontecimiento. El mundo sigue su curso, a su aire, cuando nacemos. Y cuando morimos. Los bloguers siguen publicando postsss, a machamartillo, a pesar de que éste u otro mueran. Les da igual.

Pensó, el padre del hombre borroso, niño borroso, entonces, que su aspecto difuminado se debía a los vahos que se acababa de suministrar por vía oral. Pero no, aquel jodido chavalín era todo menos definido. Pese a tener la sexualidad bien clara -heterosexual-, sus miembros, íntimos y éxtimos, eran perfectamente vaporosos, romos en su visión, raros de ver.

Esta persona borrosa veía, en cambio, con gran nitidez. Veía a toda la gente con gran nitidez, insisto, y se extrañaba de que no fueran, como él, entes desenfocados. El hombre borroso se refugiaba en el alcohol, las drogas y la prostitución low cost para ir tirando, pues la vida no era fácil para alguien de sus características. Empero (odiaba la palabra empero), se sentía especial, diferente, único en su especie, por su borrosismo.

Una mañana, en un momento de lucidez, pensó crear un movimiento de lucha armada callejera, sin saber muy para qué, de insólitos procederes, que se llamara la kale borrosa.

La violencia, no obstante, nunca había sido su fuerte. Con el tiempo, entró en un estado de abandono, de dejadez, que le acrecentó su estado difuso. Cada día era un ser más inasible, más cerca de lo espectral que de la carne y hueso. Meaba humo. Cagaba niebla.

Rumiaba sombras.

Murió triste y solo.
No fue necesaria incineración.

13.1.10

El hombre sin frío

A veces uno se encuentra, en pleno invierno, con tíos que van en mangas de camisa camiseta. Hablan por sus móviles tan tranquilos, como si el frío no fuera con ellos. No muestran sus brazos signos de erizamiento, carne de gallina, pelos como escarpias, nada de eso. Tampoco parecen querer demostrar una superioridad especial, en esa no-necesidad suya de ropa de abrigo.

Pero son inquietantes.

Hay un tipo en Pamplona, un tal L., vecino de la calle Estella, que siempre se pasea por la ciudad con un polo Lacoste blanco y unos pantalones de pinza color piedra pómez. Ese es su único uniforme, todo el año. Da igual el tiempo que haga, que no cambia la muda, el cabrón. No me creo que la piel se adapte al frío y en, no sé, cuarenta años de exposición a temperaturas extremas, desarrolle una epidermis más curtida, tipo foca, y esta gente se preserve del frío.

Este miércoles había un tipo, por la noche, con nieve aún en las esquinas, en Dos de Mayo, de esta guisa. En camiseta, y hablando por el móvil. Le iba a hacer una foto, pero llegaba tarde a un café con una buena amiga. He pensado en aquello de RAMÓN: "¿Y si las hormigas fueran los marcianos instalados en la Tierra?".

¿Y si estos tipos sin frío fueran los marcianos instalados en la Tierra?

¿Irían hasta donde el cuerpo aguante, de ser terrícolas?

12.1.10

Leopoldo Abadía, la sensatez y el 'safety car'

Este martes, la Gran Vía me ha parecido más Gran Vía que nunca. Me llamó un amigo para que por fin nos viéramos, con el pretexto de la presentación de La hora de los sensatos, de Leopoldo Abadía, cuyo hijo Gonzalo, su manager, es amigo común de andanzas universitarias y grupetos bitelianos. Así que fui, para ver a estas gentes, y para hacer un poco de clá, que no le vino mal a Leopoldo. A pesar de haber vendido más de 150.000 copias con La crisis ninja, lo cierto es que en la sala estábamos un grupo selecto pero no masivo. Estaba Efe, eso sí, que con eso basta y sobra. Una Efe que, confesiones aquí en plan corrillo, ha reconocido, al término de la rueda de prensa: "¡No sé qué teletipo poner!". Y es que Abadía, Leopoldo, a sus 76 años, es así. Un hombre que da muchos titulares o ninguno.

"¡No pongáis que propongo a Alfredo Sáenz como presidente de España!", ha dicho, Leopoldo, en un momento dado.

Lo ha dicho porque, conociéndo a los periodistas, éstos son/somos capaces. Porque la idea central que ha defendido el presentador (de La hora de los sensatos) es que se necesita otra manera de gobernar (ergo, otro gobierno y, ojo, otra oposición). Algo que él define como un safety car, quicir, un coche/líder que dirija, que no gobierne, al país en estos momentos de zozobra hasta que se recupere la normalidad. Y que en ese tiempo no haya lo de siempre, favores políticos, ratos/cajamadrises, espiches hueros, negociaciones de cara a la gallery y asín. Que alguien coja el timón, libre de toda corruptela, y que arregle el desaguisado.

Me ha parecido, cuando menos, sensato. Oiga.



Y quiénes serían los encargados de dirigir este país a bordo del safety car gubernamental. "Gente honrada", ha dicho, como norma básica, no sin antes añadir que eso se presupone a un político (como que a un futbolista que ficha por el R. Madrid se le presupone que sepa jugar al fútbol). Y ya, más en detalle, directivos. Que no empresarios. Un empresario es el que arranca una empresa, se juega su capital personal, su pellejo, su pelo, pero no siempre la gestiona, él, con sus propias manos. Delega en directivos. Emilio Botín delega en Alfredo Sáenz. Alguien de este pelaje, pues, como candidato a conducir España en tiempos de marejada.

"¡Pero no pongáis que propongo a Alfredo Sáenz como presidente de España!".

Entiendo que, además, de directivos, se refería a expertos de diversas áreas de la economía. Gente así. También ha añadido que en una empresa, a diferencia de un país, siempre se conocen las cuentas, los balances, el estado de la tesorería y los riesgos de meterse en una aventura crediticia. Y que no se puede, pues no se puede. Bueno, también hay empresas que cierran, muchas, a pesar de que se conozcan bien sus números. ¿Gestionar el país como una empresa? Ahí queda eso. Con limpieza, honradez, pulcritud, manos blancas. Pero, ¿un país se puede equiparar a una empresa? Ahí queda esa duda, ya digo. Paradójicamente, los países comunistas, Cuba, sin ir más lejos, me parece que reúnen todos los atributos de una empresa. Todos los cubanos trabajan para esa Cuba Inc., dirigida por un consejero delegado llamado Fidel Castro. Otra cosa, en el caso de la empresa cubana, es que tengan recursos, productividad, y rentabilidad suficientes.

Abadía ha estado gracioso como siempre, con un tipo de humor poco común por estos pagos: inteligente. Ha dicho varias veces "no tengo ni idea", lo que implica que rezuma una cierta sabiduría o que, realmente, no tiene ni idea, que también puede ser, jajá. Y ha hablado de dos figuras, presentes en el libro, que me parecen magníficas, perfectamente sensatas y que, opino, ya justifican la publicación del legajo:

- El Ministro Ama de Casa.
- El Ministro de Relaciones con la Gente.

Después de unas preguntas, nos hemos dispersado alegremente. Antes he hecho una foto de los bártulos de Gonzalo Abadía, que me han parecido completamente urculianos. Afuera, en la Gran Vía, más Gran Vía que nunca, llovía una lluvia gris, como el gris Gran Vía, y he notado que mis lentillas, en cambio, me ofrecían destellos amarillos.


El perito

Hoy vino un perito a mi casa para ver los daños del calentador. Mientras subía pensé, ¿será moreno?

9.1.10

Poema improvisado a las 18.50h de un sábado por la tarde con resacas varias

Hoy improvisaré un poema,
18.50 de la tarde.
Escribiré sobre la marcha,
será un metapoema,
un poema sobre los poemas,
sobre los poemas que no he escrito,
y sobre éste que escribo.

Lo llamaré
action poeting.

Y a tomar por saco.

Será un poema no-poema.
Esto no es un poema, amigo.
Esto no es una pipa.
Esto no es un post.
Esto no es un blog.
Esto no es una palabra.
Es una metapalabra.
Palabra significa parábola.
Soldado, hombre a sueldo.

No pretenderé con este poema crear belleza,
oh, noble fin lejano a mis humildes intenciones.
No hay belleza en la metaliteratura poética,
ni en el action poeting.

No buscaré crear belleza,
entre tanta mierda,
impostura,
postfranquismo que aún colea,
son las 18.54 y voy a terminar estos versos sueltos,
libres.

No creé belleza, pero timidamente,
secretamente,
lo intenté.

8.1.10

Objetos y personas

Leo en La noche de los tiempos, flamante y monumental libro que me han dejado los Reyes, de Muñoz Molina, algo sobre el recuerdo que nos dejan los objetos sobre las personas que ya no están, un recuerdo más vivido que el de las fotografías. Voy a buscar la cita exacta:

El alma de las personas no está en las fotografías sino en las cosas menudas que tocaron, las que tuvieron el calor de las palmas de sus manos.
Hace unos días, el 5 de enero, tras el jolgorio de los regalos en familia, mi tío Ivlivs me enseñó una cámara fotográfica que usaba su padre, el escritor, el poeta, el periodista, el cronista de la ciudad. Era una cámara más pequeña incluso que las de ahora, de bolsillo, capaz de hacer, por lo visto, hasta 36 fotos en negativo. Antes de disparar, había que extraer un cilindro tipo acordeón en miniatura. Me dijo que tenía 70 años. "Un moderno", añadió sobre su padre, coletilla que tanto le gusta añadir al amigo Ivlivs. Hombre, ese punto es más discutible, lo de si ser moderno o no implica estar a la última en gadgets tecnológicos, que puede que sí, pero que puede que no. Esto ya para ulteriores debates.

Esta mañana, he cogido las pesas de mi abuelo, de 4 kgs cada una. Unas pesas que me cedió el pasado agosto, cuando le fuimos a visitar a Francia por última vez. Al usarlas, me he acordado de él. Siguen sus pesas pero él ya no está. Murió, precisamente, este 5 de enero. 1924-2010. Como Tolstói (1824-1910), pero cien años más tarde.

Las fotos están ahí, sí, nos evocan a la persona. Pero siempre es un gesto, a veces un gesto raro, una expresión artificialmente congelada. Una realidad que, en el fondo, es falsa. Falsa de tan precisa. La realidad es todo menos precisa. Las pesas, en cambio, me han hecho pensar en él, y las he alzado como con más fuerza, con más energía. ¿Cuántas veces las habría levantado él, tan abonado a esa gimnasia matutina que practicaba desde hacía decadas? Usar sus pesas, cada mañana, me conecta, de alguna manera, con él. Una suerte de continuidad, un tomar el testigo. Como el reloj que se transmite de generación en generación, que es un vehículo del tiempo compartido.

- -

Pienso ahora en un hidrógrafo que tenía, y que marcaba las pequeñitas oscilaciones, en tinta azul, de la presión atmosférica, lento, pero sin detenerse jamás. ¿Qué pasará con ese aparatito? ¿Qué pasará cuando se acabe el papel? Quizá me gustaría tenerlo, pero me conformaré con las pesas. Hay que asumir que, cuando uno muere, mueren también sus objetos, pues no hay nadie ya que les dé vida. Pero no podemos evitar que, al encontrar esos objetos, sintamos que no son sino prolongaciones de esas personas queridas.

La vida antes de marzo

Crítica publicada en Ojos de Papel, sobre el reciente Premio Herralde de Novela, La vida antes de marzo, de Manuel Gutiérrez Aragón.


7.1.10

Taxis de invierno

A petición del vecino de El Tinglado, vamos a cambiar post, un poco forzadamente, un poco por dar gusto a mis lectores, qué magnanimidad, oh, la mía. El textito, eso sí, será de pocos vuelos, como todos los que se hacen un poco bajo cualquier tipo de presión, por amistosa que sea.

Nada más llegar a Madrid, tras un viaje en duermevela por paisajes blancos de Soria y Guadalajara, me he topado con el temporal. No es invierno, amigos, es temporal. Por megafonía, en la estación de Avda de América ya anunciaban la cancelación del servicio Madrid - Barcelona. Nunca dejé de ir al cole por temporal, nieve, frío, diluvios. Es una frustración que arrastro conmigo desde hace veinte años.

Ya en la calle, me he puesto una gorra me ha venido al pelo, y demás pertrechos del invierno/temporal. Con la maleta que siempre pesa más cuando uno vuelve de casa por Navidad, me ha parecido tirando a desagradable ese viento cargado de nieve que no caía, subía, enredaba, incordiaba. Ni cuajaba, tampoco. Una nieve abertzale, cojonera, diría yo.

Arrastrando mi casa enmaletada, me he fijado en los taxis y he envidiado a sus dueños. He pensado que seguramente ellos me envidiarían a mí, con mi maleta llena de regalos de los Reyes Magos de Oriente y así. Pero me he acordado del penúltimo libro de Sergi Pàmies, El último libro de Sergi Pàmies, en el que se habla de un taxista parisino que ama su profesión en invierno. Fuera llueve, hace un frio de cojones, desapacible, húmedo, malencarado, y él conduce su cochazo diésel, quizá automático, con música de Leo Ferré, supongamos, por los grandes boulevares parinos. Fuera, la racaille, y él con calefacción perfectamente ajustado y mamparita de seguridad para que nadie le raje el pescuezo.

Digo yo que esa será una de las recompensas de tan sacrificado oficio (por las horas y el sueldo justillo), la de ver a los demás chipiarse la nuca, mientras se escucha a Jiménez Losantos, se rompe España y el taxista se recrea en su mente, "Jodeos, hideputas", bien calentito en su Skoda de 2003.

4.1.10

La calvicie que no llega

El otro día me encontré con esta greguería del amigo RAMÓN:
Dentro de cien años, todos calvos. Y sin cuero cabelludo.
Dejando al margen el toque gore de la segunda parte de la cita, me hizo gracia ver esa cita pronunciada hace, no sé, noventa años. Teniendo en cuenta que a Gómez de la Serna se le considera de la Generación del 14, nos quedan cuatro años de pelo en cabeza.

O que llevamos siglos enganchados a predicciones tan jeremías como absurdas.


Billy Corgan, ex de los Smashing Pumpkins, quiso ser el primero en abrazar la inmimente calvicie universal.
Se pasó de listo y de calvo.


Gran Vía y café en la barra

Leí en El Viajero un reportaje sobre la Gran Vía, Madrid, que cumple cien años. Se construyó para despejar la zona centro, abigarrada, para darle un aire americano, moderno, espacioso, para sanear esa trasera de Sol, demasiado hampuna, para comunicar las calles principales, Alcalá, San Bernardo, Princesa.

Muy interesante su lectura, aquí tienen el enlace. Pero no vamos a hablar sobra la Gran Vía, no hoy.

Me llamó la atención una cita que se dice en el repor y que es esta:

"Aquí se puso de moda ir a ver escaparates y tomar el café de pie en la barra".

Creo que en esa frase, en ese momento, en esa tradición, está el ingreso de España en la modernidad. En el digamos, presente. Lo anterior, los cafés de la Montaña, del Teide, de Fornos, la Cripta del café Pombo, es el pasado. La Gran Vía se diseñó como algo moderno, con esos cines al estilo Los Ángeles, estilo Metrópolis, estilo "racionalista" dice el reportaje. Mmm, yo no diría exactamente eso, qué estilo es ese... ¿Gotham City? La Gran Vía es Gotham City, siempre me lo ha parecido. La Gran Vía es New York, escribió Guerra Garrido. Pues también.

Son esas pequeñas transiciones, del café con leche y jarrita de agua, camareros con americana blanca y cafetera metálica, bandas musicales de cuando en cuando (en Pamplona el Baserri, el Bearin, el Euskalduna, en la posguerra) a la consumición en la barra y café rápido y ardiendo en garganta. Se forran entonces los productores de banquetas, esas banquetas con el asiento con un tachuelón clavao, metálicas como las barras, como de un metal barato y aguantatodo.

Bares que poco a poco fueron echando a su parroquia habitual, la que me comenta Ivlivs que poblaba los bares de las ciudades de provincias del franquismo: viejazos jugando al mus, con su coñac, brandy o vinacho, militronchos de permiso, un viajante de lanas, un funcionario, gente así. Siempre hombres y mucho humo, humazo, sí, jaja, humo azul (autocoña).

Pequeñas ruedas de maleta*, en fin, que hacen avanzar la historia.

*Guiño a Holzer



Segundo tramo de Gran Via, en construcción, en 1927. Foto tomada de aquí.

2.1.10

El primer post

He parido esta entrada mientras dormía, en esas rumias que nos damos cuenta que rumiamos cuando nos despertamos de pronto, a las 3.58am, como extrañamente lúcidos y despejados. Qué bueno dormir en ciertas camas, como esta de Urbiola, chez Molusco&Ivlivs, en el silencio del campo estellés, sin estrés alguno, ansiedad cero, vuelta casi a la infancia. Hay ciertos retiros campestres que deberían ser obligación estatal, cosa de la Seguridad Social. La gripe actual, nuestra tendencia a la gripe, sea A, o Z, es consecuencia de esta falta de retiro. El cuerpo, sabio a su manera, decide cuándo parar la maquinaria y te regala una providencial gripe que hace parar un poco todo. Por supuesto, esta idea es perfectamente inventada y carece de todo rigor científico y de cualquier otro.

"La gripe es la casa de campo de los pobres", dijo Ramón Gómez de la Serna.

No lo dijo. Me lo he inventado, uh, qué gracioso. Yo quería escribir de esas rumias amables de desvelos nocturnos. También, siento ser pesado, de 2010, y la nueva década que empieza (sé que empieza en 2011, pero para mí ha empezado ya, me atengo al cambio de dígito y punto).
He pensado, dormido, que la década que hemos dejado atrás, la de dosmil, tuvo algo, en mí, de ominosa. La Década Ominosa, 1823-1833, vuelta al absolutismo tras el trienio liberal, léase en Wikipedia.

No digo que toda ella, la mía, fuera ominosa (1. adj. Azaroso, de mal agüero, abominable, vitando), pero sí algo. El 2000 fue un annus horribilis en toda regla, luego vinieron ajustes sentimentales serios, por no hablar reajustes vitales, existenciales, vocacionales, sociales, geográficos, domésticos de todo tipo. Lo único que permaneció inalterable, fijo, fiel y permamente en estos diez años fue mi guitarra Admira Artista, que recibí un día 6 de enero, Reyes, de 2000. El resto fue un hacer y deshacer constante. O más bien un deshacer y hacer.

Unos aires de extraño optimismo, pues, me visitan. De entrada, ya he tenido quizá el mejor día de Año Nuevo que recuerde. Me levanté aún con luz suficiente para sentir que hay día, y vi esa "luz amarilla" que decía Ángel María Pascual, por la ventana de Sarasate. Paseé por Pamplona como sólo un tipo ya maduro puede hacer, escuchando a Ruper Ordorika y los Fleet Foxes, puesto hasta las cejas de dulce hiperestesia, y me acerqué hasta la casa en que se alojó Hemingway en su última visita a Pamplona, en el 7 de la calle San Fermín, que es cosa como de milagrería (calle San Fermin, 7, 7 de julio...). Hice fotos a un atardecer fogoso, vi una gran inscripción en la iglesia de San Fco. Javier que decía ID POR TODO EL MUNDO, husmeé por las murallas de la Ciudadela, ejemplo de construcción defensiva exportada de Amberes, por orden de Felipe II y pasé por esa ¿calle? que sólo podría definir como arrealista que es la que surge entre Baluarte y el Cuartel General del Ejército, de las que también hice unas interesantes fotos. Me acordé allí del tipo que se fotografía en los Encuentros 72 con aquel cartel de "Yo estoy señalizando una ciudad".

Rechacé una cita social y desaparecí en el coche de Molusco. Cenamos en un chino de Estella, que es una forma que también definiré de arrealista de terminar el día de Año Nuevo y, ya en la cama, como digo, pensé que esta década implica haber dejado otra atrás, algo ominosa, y me sentí muy bien por ello.

La próxima, además, será la de los felices años veinte, jéje.
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