Neuronas cansadas

Hoy, leyendo sobre la taza del váter, Vida y Opiniones de Lector Mal-Herido, en edición de Alberto Olmos, que me parece una perla entre no voy a decir mierda, pero sí una pequeña perla literaria, en un formato muy llevable, y legible, por tan sólo diez euros, pensé que quizá mis neuronas podrían estar cansadas. Las mías, y las de la gente, porque estamos acostumbrados a escuchar cómo la gente está cansada, que si no puede más y tal, y entendemos con eso piernas agarrotadas, nucas sudorosas, cabezas pesadas y malestares generales. Pero no solemos tener tan en cuenta que el cansancio no sea físico, ni mental. A día de hoy, no conozoco ningún gimnasio o club de entrenamiento, o mantenimiento de la cosa neuronal más allá de la Nintendo DS. Decía el otro día la Matute que le gusta leer, a sus 85 años, novela negra, porque con tanto nombre como que mantiene la cabeza en acción. A mi abuela le gustaba repasar, antes de dormir, los nombres de los motes y las casas de su Miranda de Arga natal. 

Al acercarme a la prosa ágil, aeróbica, entusiasta, flexible y como de goma de Lector Mal-Herido, una sensación parecida a la preocupación, para la que no existe palabra en castellano, me ha invadido. La asunción, también, de que nuestra jodida mente tiene sus límites, y que el consumo de palabras y conceptos por día es, por suerte o desgracia, una cosa acotada. 

Haciendo repaso a mi actual momento laboral, vital, general, sólo veo palabras y palabras por todas partes: palabras en este blog, palabras en Facebook, palabras en los blogs que leo, en los periódicos en papel que leo, palabras en mis literaturas que no tengo tiempo o fuerzas para corregir, que no ya crear, en los libros que leo por placer (pocos), en los libros que leo por cuestiones de trabajo, en las cosas que escribo para el periódico, en las cosas que leo para escribir las cosas que escribo en el periódico., en las noticias económicas internacionales, que resumo de par de mañana, y donde las palabras se convierten en words y mots. Una rutina palabrera que acaba dejando el cerebro como ahíto de palabras de los cojonzuelos, y que se traduce, a veces, en una necesidad de no recibir ni una sola palabra más, con los problemas para la vida social que esto puede acarrear.

El oculista diagnostica vista cansada al que padece ese trastorno, y le prescribe unas gafas ad hoc. A quien sufre un cierto cansancio neuronil no sé qué remedio se le puede aconsejar. Quizá la música, pero sin letra.

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PD: Debido a los síntomas que acabo de describir, no pienso corregir las posibles erratas de este texto.

Comentarios

  1. En mi caso, al trabajar de cara al público, me pasa algo parecido... que llego a casa o a cualquier otro sitio y no tengo ganas de hablar, siento que me he vacíado con tanta chapa que he soltado al pobre cliente...

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  2. Diríase que lo que tienes es un tipo de estrés que se combate dándole a tu espíritu/alma/corazón o como quieras llamarlo algo alejado a las palabras.

    Personalmente, me funciona contemplar la naturaleza, mejor si está lo más alejada posible del ser humano.

    También ver pelis no sesudas, especialmente si te puedes reir con ellas, aunque no sean de risa, o pelis muy emotivas. :)

    Hoy, por ejemplo, he visto Mujercitas en plena mañana... con Winona Ryder y Susan Sarandon... te la recomiendo para un estado de estrés como el tuyo, je,je,je.

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  3. Está la meditación, que es el arte de no pensar en nada.
    Es realmente difícil, yo nunca lo he llegado a conseguir.

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  4. Lo tuyo es de gran paciencia, Fernando.

    Ela, hice eso q comentas de ver pelis no sesudas, y caí en 'Bon appetit'. Tamaña insulsez me produjo creo q un mayor estrés.

    saludos

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  5. Pues a ver si funciona lo de la naturaleza, aunque sea ir a ver patos al Manzanares (¿o Gallardón lo ha soterrado todo?).

    También tienes cerca la sierra madrileña.

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  6. Esa sensación agotadora que tan bien describes, Náugrafo, cada uno la combate como puede. No hay consejos que valgan, creo. Yo escucho música, lo cual me ayuda una barbaridad, veo la tele, y cultivo la soledad (cuando puedo, que tampoco es tan fácil). Pero mis remedios contra el exceso de palabras sólo me valen a mí, y no siempre. Ah, y andar a toda velocidad, como correcaminos.
    Coincido contigo en lo apetitoso que es el libro de Malherido-Olmos. Cómodo de llevar, barato, a veces divertidísimo, un libro excelente. Y es que Alberto Olmos es muy bueno, claro.

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  7. Creo que ningún remedio vale cuando uno está agotado. Yo trabajo en dos hospitales y el agotamiento no es tanto físico, que a veces también, sino más psíquico, trabajar con el dolor te hace padecer, te vuelve vulnerable, te deja sin fuerzas frente a la muerte que acecha. A mí me funciona tomarme una copa y contemplar las cosas pequeñas que tengo cerca, el saber que algún día ya no estaran y ahora puedo disfrutar de ellas aunque sea en soledad. Esto es como si me dieran un masaje a cuatro manos y luego me envolvieran en chocolate caliente.Sólo hay que vivir y dejar que la vida se te meta muy adentro.
    Mucha suerte

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  8. Gracias por los comentarios. Parte de ese cansancio neuronal se ha traducido en una menor participación en esta zona del blog, pido disculpas.

    saludos y abrazos

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  9. Te paso esto para que descanses un poco de palabras
    Esto expresa casi mucho mas
    http://www.youtube.com/watch?v=c9QeVxwSohk&feature=related

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  10. Tú lo has dicho. La música es el descanso. Cierra los ojos, pon una música suave (sin letras, por supuesto, yo te recomiendo clásica) y déjate llevar. Está muy bien incluso apagar las luces. Cuando cambies de disco, aprovecha para beber un trago de vino. Y sigue escuchando música.

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  11. Gracias, Eloise. Y gracias también, César, por lo del matiz del trago de vino. Una moderada ingesta alcohólica creo que es un método para masticar toda esa dosis de palabras y acabar por digerirla.

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