Divagaciones mouriñas

Este domingo leí, con el ojo vago, un especial de EPS con cien tipos importantes, entre ellos Mourinho. Oh, sí, otra vez, José Mourinho, uno de los entrenadores más citados y archicitados de los últimos tiempos. Uno de esos personajes que provocan esas paradojas de generar más artículos diciendo que se deje de hablar de él que artículos en los que se habla de él. Como cuando en el colegio, los pringuis de turno se ponían a gritar, como verdaderos cafres, lo de CALLAAAAAAAAAR, y entonces se armaba más escándalo, más bronca y más mal rollo interaulil.

Leí con cierta pereza el articulito que le dedicaba John Carlin, y me llamó la atención que, de las 300 palabras que ocuparía la columnita, sólo veo la palabra 'fútbol' una vez. Cosa que no me parece mal, porque para algo John Carlin es John Carlin y puede escribir lo que le salga del pen, pero que me hizo elaborar una vaga reflexión. Dos puntos: del fútbol importa todo menos el fútbol.

Concluye así el artículo de Carlin: 
"Esperemos, por su bien, que siga de triunfo en triunfo, porque si no, el monstruo en el que Frankenstein Mourinho se ha convertido le acabará devorando". 

A un aficionado al fútbol, ¿qué le importa esto? ¿Alguien se permitía estas diatribas de tipo psicologiquibiográficas con Pellegrini o con el ex del Barça, Reykjaard (no pienso mirar en Google cómo se escribe)? ¿Qué nos importa el éxito o el fracaso de Mou a título personal, si es Frankenstein, Jekyll, Mister Hyde o el actor secundario Bob? 

El caso es que nos importa mucho, y ahora me acuerdo en ese concepto del que habla a menudo Vicente Verdú, y que no es otro que el personismo, una cosa muy de ahora (como el conectismo). Nos gusta el fútbol en cuanto que nos proyectamos en Mourinho, y su triunfo es nuestro triunfo, si alguna vez sintonizamos con su manera de dirigir un equipo de fútbol (sólo ahí entonces empieza a importar algo el fútbol). Así que Mourinho, al que le gusta atraer la atención para no despistar a los jugadores, o eso dicen, acaba eclipsando a todo el Real Madrid y nadie habla, por ejemplo, de ese espagueti con botas que se llama Di María.

 Javier Marías, por cierto, no traga a Mou

Y no me indigna la cosa, porque a veces el fútbol es cosa bastante coñazo, pero sí me parece significativo señalar que por encima de los goles de Benzema o Messi está la personalidad de Mou, Guardiola o, yo que sé, Fabio Capello, verdaderos referentes humanos sobre los que parecen pivotar, ahora, todas las atenciones. Porque el resto dan patadas al balón, con más o menos arte, pero donde alguien se la juega realmente es en la gestión de todo ese universo poderoso que es el fútbol del siglo XXI. Interesan las personas, sus azares, y no tanto los balones.

Comentarios

  1. Edu, un placer disfrutar de tus hallazgos.

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  2. Mourinho es ya a estas alturas un personaje insufrible. No hay telediario en el que no aparezca y ya parece invadir terrenos distintos al del deporte. No quiero ni imaginar lo que puede suceder si está en Madrid los 4 años de su contrato. ¡Qué saturación!

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