Casoplones en El Escorial

El Escorial se llama, en realidad, San Lorenzo de El Escorial, y es distinto a El Escorial, que es municipio propio, aunque colindante. Pero se hace demasiado largo y todos acabamos diciendo El Escorial. Total, que ayer estuve, estuvimos, en San Lorenzo de El Escorial, y hacía un feliz día soleado que hoy se ha jodido con una lluvia mal encarada como tarde en Barajas un 3 de diciembre de 2010.

Mira que he pasado varios veranos en esa recoleta localidad, trabajando en los cursos de verano de la Complutense, pero hasta ayer, domingo que era lunes, no caí en esa calle, que parecía como sacada de un episodio de Otherworld, pero en castizo. Una especie de Beverly Hills de corte franquista, o incluso prefranquista, a saber, pero con un importante resabio a aristocracia de la buena, a retiro escurialense de generales con latifundios donde apenas se pone el sol, en homenaje al magno Felipe II, cuyos restos se pudren a escasos metros.

Había algo extraño en esos casoplones, auténticos villorios king size, algo arquitectónicamente nuevo para mis ojos; un regusto industrial, de principios del XX, tipo el matadero de Madrid, pero burgués y distinguido a la vez. Luego toques, no sé, alpinos, savoyardos, austríacos, como con ciervos disecados en unos salones que no alcanzábamos a escrutar. Y una curiosa monocromía color nuez vieja, unos fachadones que te hacían estirar el mentón, cuatro, cinco, seis alturas en lo que se diseñó como un chalé unifamiliar, cuando este concepto aún no existía y las familias eran amplias y con criadumbre incluida.

Un silencio inquietante rodeaba esa calle acomodada que, sin ser del todo tétrica, bien podría servir de localizaciones para estos nuevos realizadores españoles de terror. Porque bajo esa apariencia agradable, pero de corte tímidamente faraónico, de aquellas construcciones, se adivinaban historias terroríficas.  El triunfo, la imposición, cayera quien cayera, del cortijo de cierta España que durante casi cuarenta años vivió a sus anchas, aplastando cualquier tipo de disidencia que les amargara el café con pastas de las 7, cuando vienen Cutufa y Marieli, tan encantadoras siempre.

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