Un consejo: no hagas caso de los consejos

Por tanto, olvida el título que acabas de leer. Lleva a cabo esta misión imposible:

¡Desobedéceme!
Me pasó un buen amigo un par de artículos de Pérez-Reverte, que es un tipo con el cual cada vez sintocino menos, si es que alguna vez he sintocinado. Sí, sintocino. Ni vezolidad. Eran dos artículos, titulados Cartas a un joven escritor I y Cartas a un joven escritor II. A quien le interese, que las busque. Son 500 posts en menos de dos años, en esta última fase en Blogger y, coño, como que esa laborcita linqueadora, levemente turrante, más cuando ya son muchas horas de vuelo y pantalla, que la hagan otros. Ea.

Había algunas cosas interesantuelas en los consejos de Reverte, pero me quedé con uno que decía "no pidas consejos". Paradójicamente, él los da, con lo que invalida un poco su discurso. Como Sánchez-Dragós en un libro integrado por casi 300 consejos de un código de conducta en que uno de ellos era: "No hagas caso a nadie, no sigas nunca los consejos de los demás".
Decía Jodorowsky que, en un momento dado, un hombre tiene que transmitir lo que sabe. Eso salva en parte, ese toniquete un poco de autoayuda literaria que se permite Pérez-Reverte, en sus lecciones. Pero a donde quería llegar yo es a este párrafo, con el que discrepo abiertamente:

Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí.
No estoy de acuerdo. Ni yo, ni Émile Zola. Escuché el otro día, en la exposición del Thyssen sobre Jardines impresionistas, una cita del ilustre escritor francés, que decía algo así: "El sentido del arte moderno, hoy, (finales del XIX), es filtrar la realidad a través del temperamento de un hombre".

Cada vez estoy más en contra de las historias, sí, así como suena, y más a favor de los temperamentos del hombre, a través de los cuales se filtran las historias, para mí accesorias. Es el hombre en la guerra civil, y no la guerra civil y luego el hombre. Pienso en Turner, el pintor, quizá uno de los pioneros en introducirse, su mirada, su yo, su subjetividad, en el lienzo. Quizá ahí, y luego con Goya, empezó el arte moderno. Luego uno ve los cuadros de Cézanne, meros paisajes, y ve más que meros paisajes.

Y en la juventud, los estudios, los amores tempranos, yo creo encontrar todo el material literario que necesito. Como lector, como autor. En la vida, vaya. Más que en ciertos novelones tan llenos de hitos y acontecimientos como vacíos del misterio que es, no sé, ser joven, estudiar o tener un primer amor.

¡No hagas caso de los consejos!

¡Desobedéceme!

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Paisaje en Auvers (Paul Cézanne)

Comentarios

  1. Y en la niñez, y en la vejez, y en el desamor, y en la muerte, y en el fracaso... Son tantas las historias vitales que están ahí, luego se necesita temperamento para saber contarlas.

    Contar historietas al estilo Reverte no está mal, bueno, bien, puede ser entretenido para quien las lee y una satisfación enorme para quien las escribe. Todas las historias tienen su público.
    Pero, sin ninguna duda, yo me decanto por la historia vital.

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  2. Uno de los libros que más impacto me han dejado es una historia de iniciación: El gran Maulnes.

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  3. http://www.elmundotoday.com/2010/11/perez-reverte-gana-el-perez-reverte-de-novela/

    Un beso,
    Viol.

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