Encuentro

Escribo este post a toda pastilla, pero espero transmitir algo de las gratas sensaciones que me dejó el rato del miércoles noche en compañía del valenciano Francisco, Paco, Fuster.

Conocí a Paco de una manera extraña, real, que luego se forjó con el apoyo virtual, blogs y nuestra mutua participación en Ojos de Papel, donde nos enorgullece compartir cartel con Justo Serna, referencia intelectual y personal para ambos. Paco está inmerso en una tesis sobre El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, cuyo centenario de publicación se celebrará el año que viene. Hace poco leí un ensayo suyo sobre el "suicidio anómico de Andrés Hurtado", que me encantó. Trataré más tarde de buscar enlace al respecto.

Hablaba de cómo conocí a Francisco Fuster: una tarde de otoño de 2007 un grupo de periodistas íbamos al teatro, en Gran Vía. Nos sobraba una entrada y nos daba pena tirarla, así que paramos al primer peatón que nos salió al paso y le invitamos a acompañarnos. Fuster, que estaba en Madrid con unas pintas de Josep Pla que no se las podía quitar, con su marcadísimo acento valensiá, aceptó de buena gana la propuesta, y la cena posterior en un Vips de la zona. Luego coincidimos en las plazas virtuales, de un modo casual, y comprobamos, tácitamente, que había unas profundas convergencias entre nosotros.
Fuster fue uno de los primeros en hablar de Barack Obama cuando a éste no lo conocía nadie, y publicó un currado artículo en Claves. Ayer me regaló la recopilación de sus artículos sobre la cosa obamiama, que acaba de sacar en Ediciones Idea: América para los no americanos (lecturas sobre los Estados Unidos de Barack Obama. Le correspondí con mi mucho más futil postales del náufrago digital, que va por cierto por la décima edición, y se está traduciendo al norcoreano.


Cenamos en Public, y le rescaté antes de que las putas de donde la placa a José Martí, en la calle Desengaño, le acosaran nada barojianamente. Porque Fuster me contó sus proyectos sobre Pío, y me dejó claro que no responde al perfil de ratón de biblioteca. Ha conseguido juntar, en un mismo congreso, a Antonio Muñoz Molina, Justo Serna, Luis Mateo Díez, Juan Pablo Fusi y dos especialistas más cuyo nombre no recuerdo. En ese seminario, que nace con la excusa de lo del centenario de El árbol.., sí se contará con Miguel Sánchez-Ostiz, no como en aquel no nato y funesto congreso pamplonés, que dictará la conferencia inaugural. Será en la UIM de Valencia, el próximo noviembre.

Mientras me contaba sus cosas, el logro que supone haber logrado financiación para ese proyecto, y esos nombres de tanto prestigio, me fijé en la solapilla de su libro sobre Obama: descubrí, abrumado, que mi amigo Fuster era cinco años más joven que yo, y entonces le admiré un poco más.

Comentarios

  1. "que va por cierto por la décima edición, y se está traduciendo al norcoreano".
    Por favor, guárdame un ejemplar en norcoreano, me he apuntado a la escuela de idiomas.

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  2. Pero tú no tenías ya un ejemplar de esa obra de culto??

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  3. Sí, pero sin dedicar. Envíame un ejemplar en norcoreano, pero dedicado (la dedicatoria no me importa que también sea en norcoreano, ya te digo, como me he apuntado a la escuela de idiomas...)
    Yo no puedo ofrecerte por aquí un documento gráfico que lo constate, mi palabra es suficiente, pero ya se me ocurrirá algo para que tu fe no tenga que ser ciega.

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  4. Me quedan dos ejemplares.. pero valoraré la petición.

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  5. Amigo Eduardo: muchas gracias por esa crónica de nuestro barojiano encuentro, por las referencias a mi humilde visión de la América obamaniana y, por supuesto, por el ejemplar de tus postales (para el lector que te las pide: doy fe de que anda muy escaso de ejemplares). Fue un placer reencontrarme contigo en una de esas extraña y muy madrileñas mezcla entre lo castizo y lo posmoderno que es el "Public" (muy bueno todo, por cierto): la nueva cocina en plena calle Desengaño. Ese contraste entre el glamour de los estrenos teatrales de la Gan Vía y la precaria realidad de las abnegadas meretrices de la paralela Desengaño me hizo pensar en algo. Decía el poeta surrealista francés Paul Eluard que existen otros mundos, pero que esos otros mundos, están en éste. Algo así sucede con Madrid: existen muchos "madrides", pero todos vives juntos - y a veces incluso revueltos - en esa urbe gallardoniana.

    Un apunte del curso sobre Baroja en la UIMP: Muñoz Molina finalmente no vendrá por encontrarse fuera de España. UEl resto de gente que citas sí, incluido nuestro admirado y Sánchez-Ostiz.

    A lo largo del día o del fin de semana intentaré escribir algo sobre mi viaje relámpago y sobre tus postales. Aunque ya he leído muchas de ellas, intenté seguir con el resto en mi viaje de vuelta en el Alaris. Me fue literalmente imposible porque me tocó en suerte a una vecina de asiento insufrible: aparte de los codazos cadenciales que me propinaba en su intento de completar una revista de crucigramas, se pasó el viaje llamando y colgando el móvil, gritando una y otra vez "no te oigo porque no hay cobertura". En fin...

    PS: En homenaje a nuestro encuentro y a José Martí, te copio unos versos de un precioso poema que tiene ("Amor de ciudad grande") y que describe muy bien el terrible efecto que le provocó a este insigne cubano la imagen de la vida acelerada en esa grandes ciudades de finales del siglo XIX, tipo Madrid.

    "¡Me espanta la ciudad! Toda está llena de copas por vaciar, o huecas copas!
    ¡Tengo miedo ¡ay de mi! de que este vino tósigo sea, y en mis venas luego cual duende vengador los dientes clave!
    ¡Tengo sed; mas de un vino que en la tierra no se sabe beber! ¡No he padecido bastante aún, para romper el muro que me aparta ¡oh dolor! de mi viñedo!
    ¡Tomad vosotros, catadores ruines
    De vinillos humanos, esos vasos
    Donde el jugo de lirio a grandes sorbos sin compasión y sin temor se bebe! Tomad! Yo soy honrado, y tengo miedo!

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  6. Tengo que decir, Fco. Fuster, que esa poema con el que finaliza su comentario es lo que más se acerca al sentimiento que Madrid suele despertar cada vez que es visitada por esta provinciana.
    Maravillosa, gracias por el detalle.
    Estimado náuGrafo, ¿es que vas a comer a Public con todos los restantes ejemplares de tu insigne obra salida de tus manos (y de tu cabeza, que al fin y al cabo, y aunque los románticos, místicos, ascetas etc, etc... rehusen a creer, es donde se encuentra el alma)?
    Me fío, me fío... No hace tanto tan sólo quedaban cuatro. (Ves, en este caso, quitarle la tilde a sólo sería un desacierto).

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  7. Fuimos a Public (los restaurantes no tienen por qué ser entrecomillados) y luego nos pasamos por mi casa (ya veo que hay q contarlo todo). A diferencia de Paco, olvidé el libro, pero el paseo no era largo, así que eso es lo que hicimos. Aprovechamos la coyuntura para inmortalizar el momento.

    Procedo a leer el poema martiano. Gracias, por el comentario, y hasta que vuelvas por aquí en febrero.

    abrazos

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  8. Me quedan tres. Y uno es para mí. O sea, que dos.

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  9. Joer, qué susto, me he ido inmediatamente a ver si es que había entrecomillado Public... Hombre, son necesarias las explicaciones, pero en demasía generan confunsión y duda.
    Al final, en mi último viaje a Madrid, no visité Public. Cuenta pendiente para la próxima vez, de aquí a un par de décadas...

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  10. Acabo de colgar en mi blog mi particular crónica del viaje relámpago a Madrid.

    Para tu lectora que firma como "El patio" (perdona que me dirija así, pero no sé tu nombre): me alegro de que te guste el poema de Martí. Ciertamente es muy bonito (solo he pegado unos versos, en Google lo encontrarás y verás que es mucho más largo) y muy descriptivo. En mi tesis hay un capítulo dedicado a la visión de Madrid en "El árbol de la ciencia" y a su oposición - la clásica oposición campo/ciudad - a la visión de Alcolea, el imaginario pueblo manchego (que podría ser cualquiera de la España rural de fin de siglo) donde viaja el protagonista de la novela. En ese capítulo supongo que citaré a Martí y otros autores (el T.S. Eliot de "The Waste Land" tiene unos versos parecidos sobre Londres) que hablaron del invdividuo moderno y su relación con la gran ciudad.

    Un abrazo a los dos y hasta nuestro próximo encuentro.

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  11. Gracias, Francisco, por la reseña.
    Sólo decirte que Alcolea no es un imaginario pueblo manchego, es un real pueblo manchego ciudadrealeño de la zona de calatrava, a pocos km de la capital, de esos que guardan aún su olor a pueblo, a estufa de leña en invierno y a pasto seco y agua estancada en el verano. Tengos buenos amigos allí y en otros tiempos visitaba aquella pequeña aldea.
    Saludos y gracias.

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  12. De nada.

    Y un apunte: sin ánimo alguno de contradecirte (me fío de que exista un pueblo en Ciudad Real que se llame así), debo decir que el pueblo que pinta Baroja en "El árbol de la ciencia" (he dicho Alcolea, pero Baroja lo llama Alcolea del Campo, con lo cual no debe ser el mismo) no existe. En realidad, ese pueblo es el trasunto de otro pueblo - Cestona - donde estuvo Baroja trabajando de médico. Para no decir Cestona, en la novela se inventa el nombre de "Alcolea del Campo" como un pueblo imaginario donde Baroja recrea la experiencia que realmente sí que vivió él en Cestona. Da la casualidad de que sí existe un pueblo llamado Alcolea, pero no tiene nada que ver con el de Baroja.

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  13. Alcolea del Pinar me suena a mí. De Cestona era Urtain, ese otro personaje literario que también fue real.

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  14. Alcolea del Pinar (Guadalajara)
    Alcolea de las Peñas (Guadalajara)
    Alcolea de Zinca (Huesca)
    Alcolea (Almería)
    Alcolea (Córdoba)
    Alcolea de Tajo (Toledo)
    Alcolea del Río (Sevilla)
    Alcolea de Calatrava (Ciudad Real)

    Urtain, el tigre de cestona, y Evangelista, el lince de Montevideo. Es que por mi más tierna infancia y con sólo una cadena de televisión, el boxeo era también deporte nacional por excelencia y se televisaba a cualquier hora de la noche, en la que se interrumpía la famosa carta de ajuste para conectar con EEUU (como aquel campeonato del mundo del setenta y nosécuantos, a finales, porque tengo perfecta noción de aquello, de levantarse mi padre y mi hernano a propósito para ver aquel partido, entre Evangelista y Cassius Clay por el campeonato del mundo de los pesos pesados) o con Eurovisión. Los boxeadores eran los héroes de los niños hasta que llegó Bruce Lee en una pantalla grande de cine de verano.

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  15. Por Dios, sr. Laporte, muchas gracias por esas palabras tan exageradas.

    Un placer leerle.

    Saludos,
    Justo Serna

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