Microrrelatos participantes en el I Concurso Austero de Microrrelato (2/2)

Conducía por una gran recta, con árboles a derecha e izquierda. Iba a la presentación del último libro de Auster, en Nueva York. Llegó una curva y, entonces, me dejé llevar; no era yo quien conducía el coche, era el propio vehículo quien siguió recto, quien voló sobre el terraplén, quien chocó bruscamente contra los árboles. Así perdí la vida.

Fue ella quien cavó mi tumba, quien lloró mi marcha, justo en el momento en que había comenzado a recuperarla, tras la guerra, tras el dolor, tras el sufrimiento.

Pero ahora, desde la tumba, soy sincero. Reconozco que fui yo quien dejó ir el coche, quien aprovechó aquella curva para, cobardemente, no enderezar el rumbo, no enfrentarme a mis miedos, no amarla a ella.

(Ela Marcos)

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Jim Nashe observaba cómo la casa en la que había vivido durante treinta años estaba siendo destrozada. Los obreros golpeaban una y otra vez haciendo martillear su cabeza. Era una casa demasiado grande y, total, él era un viudo sin hijos y no tenía suficiente dinero para mantenerla debidamente… mejor derribar tabiques, crear dos pisos y vender uno. Ya tenía hasta posible comprador. Pronto podría emprender un largo viaje en lugar de sentarse a esperar a la muerte. Se reencontraría con su hermano en Minneapolis y con aquel bar ahumado de Nueva York; seguiría las huellas de Chaplin. Planes, planes...

Pero con cada golpe se deprimía pensando que nada de eso le importaba demasiado. Había llegado su Waterloo. De pronto sonó el teléfono. Lo dejó sonar; los obreros no se daban cuenta. Se acercó al aparato y vió en su pantalla que era ella. ¡Ella, después de tantos años!

(Lidia Woolford)

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Después de quince días encerrado, J decidió salir a pasear. Sin ningún objetivo, sólo seguir hacia delante, por el mero placer de continuar. Se sentía como en una novela de Paul Auster. Sabía que, si seguía caminando, encontraría lo que no sabía que buscaba.

(Jorge Vera)

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Noticias

Es difícil olvidar aquel instante.
Estaba ensimismado en las noticias del día.
Cuando el señor que iba en el tren sentado a mi lado quiso dar vuelta la página del diario, se lo impedí poniendo suavemente mi mano sobre la suya.
Mientras esto ocurría alcancé a leer:

"Hablar verdaderamente con alguien es abrazarlo, y en cuanto cruzamos las primeras palabras tuve la sensación de que habíamos empezado a hacer el amor".

Mirándome, el señor dobló la página.
A pesar de mi actitud quedé molesto porque sólo alcancé a leer el nombre de quien había dicho aquella frase: "Paul..."

(Hugo Domínguez, Montevideo, Uruguay)

Comentarios

  1. Verdaderamente (y sin ánimo de menospreciar el resto, incluido el relato ganador), Hugo Domínguez, de Montevideo, Uruguay, merece un digno accesit al primer premio.
    Un microrrelato estupendo el suyo.

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