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Cuando un bloguero se pone a escribir sobre series de televisión es que quizá ha tocado fondo. O quizá ha tocado fondo simplemente por ver series de televisión, en lugar de estar haciendo alguna cosa más productiva, como leer, escribir o fifir. Porque ver la tele tiene algo de no-vida, de suspensión de todas nuestras capacidades; hay algo tóxico, estático, pasivo, en el consumo televisivo, pero aún así, y pesar de las internetes y todos los cacharritos que existen ahora, sigue siendo el electrodoméstico rey (pondría el enlace a la noticia, pero hoy ando con prisas).

Influido por ciertos comentarios reprobatorios hacia mi desprecio algo prejuicioso por las series de televisión actuales (esas de culto que hay ahora y tantas y tan buenas), me decidí a vivir la experiencia, muy de "mi tiempo", de ver un capítulo de Mad Men. Y a eso dediqué la noche del viernes, en compañía de Bro, y ahora comentaré algunas impresiones.

Lo cierto es que me sorprendió para bien y no sé si es que soy un espectador muy bueno, quizá mejor que la propia serie, o es que realmente es un producto de calidad. Me hizo pensar, pero fue un pensar agradable, y si me hizo pensar fue porque la serie no está saturada de tramas y detalles que acotan y secuestran tu pensamiento, como esas otras que no soporto sobre crímenes, forenses e investigaciones varias. Mad Men, a diferencia de otros productos televisivos, cuenta con el espectador, lo hace cómplice, pero no le guía cual perro lazarillo. El espectador tiene que poner de su parte, al ver Mad Men, y eso me sorprende y me agrada de esta serie. Quizá sea antitelevisiva, precisamente por eso, porque no pasa nada y pasa todo, como en las obras de Chéjov, o eso me pareció a mí, en ese primer y único capítulo que he visto.

La dirección artística es lo mejor de la serie y alcanza categorías de Arte. Esto daría para reflexiones sesudas varias, y no sé si estoy capacitado en este momento (o en general). Arte como es toda representación, honesta, curiosa, de la actividad humana, de las cosas que hacemos los humanos ("cultura es lo que hacen los hombre") y que no deja de resultarnos fascinante, asombrosa. El Food Culture Museum, de Miralda, que todavía se puede visitar, creo, en el Palacio de Velázquez de Madrid. El mero hecho de poner encima de la mesa los objetos, los ritos, las conductas, de una sociedad determinada. Verlo desde la distancia, la distancia que permite, formato idóneo en este caso, la televisión, es algo interesante, enriquecedor, inquietante.


Me hizo pensar la serie en esas composiciones visuales de Bill Viola, en las que vemos a personajes que podrían ser 'normales' de no ser por esa apariencia que los rodea. El mero hecho de verlos 'envitrinados' tiene algo de raro, y nos demuestra que las cosas que hacen los humanos, las que damos por "normales", no lo son tanto. También un tal Jeff Wall, que vi en PhotoEspaña. Como no es tan normal esa sacralización del consumo que se dio en Occidente en la segunda mitad del XX y que en Mad Men se evidencia de un modo que resulta incluso ridículo, enfermizo. No es casual que sean publicitarios, creativos, instigadores del consumo, del materialismo más vocacional, los protagonistas de esta serie. Y parece que en esta serie no hay nada casual, ninguno de los objetos que entran en plano, o los diálogos en apariencia anodinos de los personajes.

Vernos a nosotros mismos a través de un agujerito para darnos cuenta de lo ridículos que podemos llegar a ser, de lo influenciables, de lo no-libres incluso, y de cómo el incentivo del consumo se convirtió casi en una cuestión de Estado para la que sus agentes (publicitarios, o publicistas [que la RAE se manifieste, coño], traders, especuladores, comerciales de todo tipo) actúan poco menos que como soldados de una causa noble y superior. Porque ese toque de arrogancia que desprenden mucho de los personajes de Mad Men responde un poco a eso; a formar parte de una cruzada de algún tipo.

Una cruzada de escalada consumista que no sé si nos ha dejado donde estamos, o que nos ha salvado de la debacle. Nunca sé si consumir es bueno o malo, ya me perdonarán. Adjunto para terminar unas declaraciones que leí el otro día al polémico economista Santiago Niño:

"Esta crisis es fruto de algo maravilloso, que fue el modelo que se puso en marcha tras la Segunda Guerra Mundial, y que ha propiciado la protección social que tenemos. ¿Qué sucedió? A inicios de los setenta empezó a agotarse y la perversión vino del crédito. El modelo aumentó enormemente su capacidad productiva y la única forma que había de darle la vuelta a esto, de tirar para adelante, era que la gente consumiera. Tengo alumnas que en el armario tienen 30 blusas de temporada...".

Todo, en cualquier caso, está relacionado. Y todos estamos un poco perdidos, como creí ver reflejado en la serie, entre otras muchas cosas que no sé si he conseguido trasladar.

Comentarios

  1. El otro día leí una cita graciosa atribuida al arquitecto Frank Lloyd Wright, y muy del estilo de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna:

    "La televisión es el chicle de los ojos".

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  2. Hace ya tiempo entendí que no hay que ir con prejuicios contra la televisión. Como en todo, hay series buenas y malas, muy buenas y horrendas, y es una lástima que nos perdamos grandes obras de arte (vengan de donde vengan) por prejuicios. Y hay unas cuantas series de televisión que lo son.

    Yo me quedé a medias de la segunda temporada de Mad Men; suscribo todo lo que dices y me parece un grandioso entramado, pero a mí terminó por aburrirme. Ante la falta de tiempo, busco cosas que me satisfagan con más rapidez, porque los 40 minutos de Mad Men llegaron a hacerse eternos y terminaba agotada. No descarto que vuelva a ella en una época más tranquila de mi vida.

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  3. Molusco: ñamñañañamam,añañañaa,mm, jajaj.

    Patricia: la duda que me surge a mí es si ese entusiasmo mío se puede mantener en varios capítulos. Creo que me apetece comprobarlo. (Lo que me jode es lo que podríamos llamar 'coste de oportunidad audiovisual': si ves una serie, dejas de ver mil peliculones que aún tienes que ver.)

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  4. Dicen que el talento se ha desplazado del cine a las series, pero yo es que no veo la tele y no sé qué decir. Empecé a ver los Soprano por Internet y me gustó mucho, pero con mi habitual falta de constancia, la dejé de lado, a pesar de que me pareció buenísima.
    Reverte no se cansa de recomendar The Wire desde su Tweeter (o como se escriba esa cosa). Yo recuerdo Hermanos de Sangre (6 capítulos de II WW en vena) como lo mejor que he visto nunca en la tele, y en el cine.

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  5. 'The Wire' es como la más guay de todas y que hay que ver sin falta, o eso llevan diciendo ya cosa de bastante tiempo.

    No sé, puede que haya series tan buenas que sean como una gran película continuada. O incluso mejor; hay mucha peli floja, por el hecho de ser de largometraje y en celulolide no tiene porque ser la leche.

    Por cierto, ¿qué pasó con el cine digital?

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  6. Te falta mandar un saludo a todos los blogueros que escriben sobre series, felices seguramente tras leer tu primera frase (buena, por cierto). Creo que hablas de la televisión como lo que hoy entendemos por televisión, pero, este medio, bien entendido y empleado, no tiene por qué ser menos que un libro. También dependerá del libro, ¿no?. Es más, he escuchado programas de radio que me han transportado, enriquecido y que para nada me han hecho sentir que me encontraba ante una actividad improductiva. Creo que hasta ver un programa de la 'princesa del pueblo' -que es quien es por el pueblo, que nadie la culpe- es útil. Ayuda a comprender el mundo en el que vivimos. Dicho lo cual, yo también prefiero un libro. Para qué negarlo...

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  7. Hay contenidos cuyo formato idóneo es la tele. No me leería un libro sobre ninguna 'princesa del pueblo' (quizá si leeria un reportaje en un suplemento dominical..), pero si que veria un documentalillo sobre su vida, influencia, tal tal.

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  8. La cuestión es saber diferenciar entre los contenidos con pretensiones artísticas (que lo lograrán o no) y los que no están hechos para quien vea la tele con la crítica en la punta de la lengua. Sabemos perfectamente qué directores nos intentarán dar arte y cuáles dos horas de visionado mascaditas y simples. Con los libros, tres cuartos de lo mismo. Apoyo desde luego que haya productos para todos los públicos. Si 'El código Da Vinci' -que me leí de cabo a rabo en dos 'sentás'- sirve para que mucha gente no lectora de García Márquez u Orhan Pamuk agarre un libro, bien escrito está. La gravedad es tomar en serio lo que no ha sido concebido con seriedad, pero eso ya no es culpa del autor sino del receptor y entramos en otros terrenos. No sé si me explico. Todos necesitamos a veces una hamburguesa del Mc Donalds, pero debemos ser conscientes de lo que comemos y no creernos que es calidad (y saber que con la carne se puede dar positivo, para quien se lo haya tragado).

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  9. O sea, vienes a decir que aunque no la ves, ver la tele es perder el tiempo, pero que un día te decidiste a ver una serie y te gustó.

    Macho, mira que eres conservador a veces.

    Ver 'Los Soprano' tiene más nivel intelectual y es más entretenido que buena parte de esos grandes peliculones que te faltan por ver o esas otras que vas a ver al cine, y que mil exposiciones en muchos afamados museos. Y ya no te digo que tanto blog como el mío, en el que uno pierde tanto tiempo. Y lo mismo digo de 'Mad Men', y de 'The Wire'. Y de las primeras temporadas de 'Lost' y de los pocos capítulos de 'El ala oeste de la Casa Blanca' que he visto...

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  10. Agus,

    Tu mensaje me descoloca. Aparte de que no he entendido muy bien lo que quieres decir, no sé si hay un tono de colegueo cachondo o más bien todo lo contrario. Ya lo aclararás.

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  11. Claro que hay tono de colegueo, hombreeeee.

    Lo que quiero decir es que me hace gracia que en el fondo reconoces que estás cargado de prejuicios conservadores contra la tele, porque en cuanto has querido aproximarte a una de esas series de TV te ha gustado. Y es lógico, porque son buenísimas, aunque sean TV, porque son buenísimas narraciones.

    Y si son narraciones de calidad, son mejores que mucho pufo artístico que hay por ahí.

    Era solo eso. Ayer te llamé, estarías viendo a Paco de Lucía.

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  12. Perdona, tío, estoy un poco susceptible-suspi-sensiblón.

    un abrazo

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  13. Comparto la idea que dice Agus de que hay series de tv que tienen "más nivel intelectual y son más entretenidas" que algunos "grandes peliculones", libros, exposiciones y manifestaciones artísticas varias.

    Lo que merece la pena, merece la pena, independientemente de su formato, igual que la mona, aunque se vista de seda, mona se queda... no sé si se podría concluir que la basura creativa, aunque aparezca bella, es basura porque esa belleza no es tal por incoherente o que, sin embargo, la seda se puede rescatar de la quema.

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