Cutrevernissage

Voy a inaugurar una sección titulada 'Antisíndrome Stendhal'. En ella, referiré todas aquellas sensaciones que me colocan en las antípodas del síndrome que lleva el nombre del autor de El rojo y el negro, y cuyos síntomas los lectores deste blog conocen de sobra.

El último lo viví ayer, en una inauguración, vernissage como dicen en París, de una exposición cuyo nombre omitiré porque la gente que la organiza es conocida y además muy simpática. No va por ellos, sino por un fenómeno creciente que mezcla la imposible combinación de arte más o menos excelso, transgresor, aportador de reflexiones jamás planteadas, con el cutrerío de una botella de dos litros de Fanta limón. No hay guiños warholianos en esos pistachos, en esos vasos de plástico del chino, en ese vino de Valdepeñas con churretones por doquier, no hay pop-art ninguno en esos chasquis revenidos, tan sólo un cutrerío despampanante.

Recuerdo un concierto de Enrique Bunbury, sala Jam de Vergara, diciembre de 1999. Fui en compañía de Virgilio Liante y Tito Navarro, y otro tipo, gay de Tafalla, dura cosa en los noventa, cuyo nombre no recuerdo. Fuimos a saludar a Bunbury después de la actuación y el artista nos recibió en un nada glamouroso backstage, diciendo que no estaba para muchas entrevistas pero que gracias por todo. Me impresionaron, recuerdo, sus uñas negras, pero me impresionó más ver cómo asomaba un paquete de Bimbo, de esos de cuadros blanquiazules, al fondo. Guatequillo post-concierto, que se entiende, pero que echó por tierra todo el malditismo rimbaudiano que pudiera haber cultivado el cantante.

Me vino a la cabeza esa imagen, ayer, cuando veía esa mesa como de set de cortometraje universitario en medio de esas instalaciones de cierto postín artísticoide. Una inauguración tiene que tender a lo sublime, de alguna manera. Tiene que tener algo de dulce pavoneo en el que el mundo parece de pronto más amable, aunque la exposición hable sobre mujeres pakistaníes con el rostro estragado por el ácido sulfúrico de sus medievales maridos. Así son las galerías de arte, a menudo, un paréntesis de concienciación en medio de nuestra más o menos burguesa existencia.

Esos ganchitos, esas galletas Krit, ese bote de plástico con Peces, nos está comunicando muchas cosas. No sé si desidia o una preocupante incapacidad para incorporar belleza más allá del cuadro, que yo denuncio desde esta remota y escorada isla nauGrafiana.

Comentarios

  1. Todo refinamiento implica un esfuerzo. Es esa última pasada de trapo a la copa de cristal donde van a posarse unos labios. Es cuidado, mimo, celo, un acto generoso para con los asistentes o invitados.
    Me temo que no vivimos una buena época para que el refinamiento o el saber hacer (tú lo escribes mejor que yo en francés) se manifiesten en su máxima expresión, tal vez porque son muy pocos quienes saben apreciar el color de un buen tinto en un cristal abrillantado, es decir, son pocos quienes valoran el detalle, la sutileza y el tiempo que se invierte en ella, o porque los hay que valoran más el fondo que las formas, esas formas para salir del paso. Si la exposición ha sido un éxito, ¿qué más da que el ágape sea comida para cerdos?
    En lo que de mí depende, abogo por el cuidado, lo bien hecho. Y no es cuestión de clasismo, que el cristal no tiene que ser de Murano.
    En este caso, copas de humilde cristal colocadas con cierta armonía, un vino aceptable y unos canapés con cierta gracia y colorido hubiese sido suficiente para ponerle un broche acorde al acto cultural.
    ¿Bunbury rimbaudiano? ¡Agggg, los mitos con las uñas llenas de caca!

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  2. En la presentación de tu próximo libro, cuando esté listo, me comprometo a hacer unas pastas de almendra que me salen muy ricas. JEJE... Por dar la nota. He aprendido también a hacer Donuts, casi como los de verdad, pero aunque están bien ricos, no tienen el mismo glamour.

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  3. El glamour del Donuts... Sugerente.

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  4. Quizás esa fanta y esos crispis sean la verdad, la realidad del artisteo. Esa carrera del arte es más un cutre almuerzo o meriendilla, que arte sentido, vivido.

    Es que estoy leyendo a Ramón Gaya y me está convirtiendo.

    Hacía tiempo que no te visitaba pero siempre es un placer.

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  5. Hoy lo has clavado náuGrafo, 100x100 de acuerdo.

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  6. Gracias amigos, por vuestros exquisitos comentarios, tan lejos del ganchitismo conceptual.

    abrazos

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  7. ¿Ganchitismo conceptual? No había oído eso nunca...

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