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Me recordaba mi compañero Antonio, el flâneur levantino, algo bien básico: "No hay que confundir el hecho con el derecho". Una máxima que a veces olvidan quienes esgrimen sus argumentos, a veces cargados de un prejuicio subjetivo más que otra cosa, en contra de la huelga del 29S. Llegamos a oír incluso que "se nos impide ejercer nuestro derecho al trabajo", cosa que puede ser más o menos discutible, pero que no tiene en cuenta otra realidad mucho más flagrante, que millones de personas, unos cuatro en España, sólo tienen el derecho, pero no el trabajo.

Con esto de la huelga, que yo secundaré este miércoles, se cae en un criminalación metonímica, de la parte por el todo, que me parece tan injusta como estrecha de miras. Se focalizan los análisis, las fobias y los enconos, la capacidad crítica, con quienes sólo son actores, sin bien convocantes, de la protesta. Que si Fernández Toxo se gasta 3.000 en un crucero, que si Cándido Méndez cena en el VillaMagna habitualmente, que si los piquetes coaccionan y sólo buscan el colapso, la confrontación, la guerrilla urbana. Pueden tener más o menos razón y, aunque la tuvieran, el problema de fondo seguiría perfectamente intacto, invariable, tan problema como siempre. Son (presuntos) hechos, que no deben empañar el derecho. Y las causas para ir a la huelga seguirían siendo legítimas, quizá más que nunca.

El problema de las huelgas es que sólo las pueden secundar los propios trabajadores. El desempleado no puede trabajar menos, ni puede ausentarse de puestro de trabajo ninguno. La huelga es un acto solidario, un acto de empatía hacia el que no tiene trabajo, o hacia el que tiene trabajo pero cobra una miseria, o padece unas condiciones laborales raquíticas. Quién no se encuentre en parecida situación o no conozca a nadie en parecida situación podría librarse de hacer huelga y mantener la cabeza bien alta, pero me temo que hay pocos que vivan en esa burbuja. Bueno, quizá desde, no sé, el emporio financiero que tiene montado Emilio Botín en Boadilla del Monte lo de la huelga les recuerde a trasnochada algarada propia de agitadores harapientos y analfabetos.

A veces hay que salir del bosque para ver los árboles, tomar distancia para ver de qué va todo esto, y darse cuenta de en qué dirección nos movemos, y si estamos de acuerdo en esa dirección y si queremos ser cómplices de esa dirección. Trabajar, los que puedan, el 29 de septiembre de 2010, es aceptar esa conformidad con el actual statu quo. No hacer huelga es convertirse en cómplices de esta estafa que nos venden como estado del bienestar.

Otro apunte de mi compañero, lúcido en esta mañana prehuelguística, hacía referencia al tema de Garzón y su afán por la recuperación de la memoria histórica y el restañar la heridas de los damnificados por el franquismo. Entonces decían, a voz en grito, que cómo alguien podía perder el tiempo en semejantes asuntos  "con la que estaba cayendo". En este punto, siempre he opinado que, por muchos temas urgentes que haya, no deben desanterderse otros quizá menos inmediatos pero no menos importantes. Hay que salvar la economía, de acuerdo, pero para atender asuntos, precisamente, como éstos, supraeconómicos, de dignidad humana. Bueno. Pues ahora que se ofrece la posibilidad de una protesta estructurada (algo incómoda, porque una huelga que no es incómoda, que no pone de relieve las bondades del estado del bienestar no es huelga ni es ná), se mira con desconfianza y un punto de desdén.

Pero la huelga del 29S es legitima y necesaria y, además, está esto que dijo Kant, en 1789:


"Actúa como si tu acción pudiese convertirse en una ley universal para todas las acciones". 

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Como complemento a este humilde post, adjunto una entrevista reciente al profesor Vicenç Navarro.

Comentarios

  1. Tu post me ha hecho reflexionar... gracias.

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  2. Mañana tengo que ir a sellar mi cartilla del paro, espero que me lo permitan los piquetes coactivos, que si no me quedo sin prestación para todo el mes.

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  3. No has dado ningún motivo concreto para la huelga, querido náuGrafo.

    Por otra parte, no es sostenible el estado de bienestar actual. Simplemente no es sostenible, es económicamente inviable. Eso es un hecho. A partir de ahí podemos sentarnos a discutir cómo hacer que lo sea.

    Yo, desde luego, no me sentaré a hablar con los sindicatos, unos caraduras de impresión y demagogos de postín que buscan perpetuar su chiringo.

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  4. Queridísimo amigo, tal vez muchos que no habrán ido a la huelga están enviando otro mensaje, claro y contundente: no están dispuestos a bailarle el agua a distinto perro con idéntico collar. Sí, los convocantes, claro, esa chusma denominada liberados sindicales, señoritos de despacho y dietas a consta del trabajo de sus compañeros, que han estado calladitos como putas hasta que han visto peligrar "su propio estado de bienestar". A mí me importa un bledo que tal se gaste 3000 euros en sus vacaciones, o que se vayan de putas de esas que hablan cinco idiomas y mantienen conversaciones intelectuales con sus clientes, oiga, cada uno con su tiempo, su dinero y su conciencia hace lo que quiere. Pero vamos para tres años ya (y digo vamos, porque la sociedad, la nuestra, es un todo y entre todos nos repercutimos para bien y para mal) abocados a una situación económica sin precedentes y a un enfrentamiento social latente que sólo merece el calificativo de lamentable. Todo gracias a la maravillosa gestión de este gobierno y al silencio de esos que estos días se les llenaba la boca desde sus púlpitos con el derecho a la huelga por encima del derecho al trabajo (encima son hasta tontos, porque hombre, señor Méndez, si no hay trabajo primero cómo coño voy a ejercer el derecho a la huega, por tanto, lo primero es el trabajo, ése que han ido perdiendo cuatro millones de españoles mientras ustedes echaban un tute con ZP, se daban palmaditas en la espalda y se iban unos y otros de vacaciones). La política social de las magnitudes que ha llevado a cabo este gobierno sólo se le cuaja a alguien que no ve más allá de cuatro años de legislatura, de estrechez de miras (aquí sí es aplicable). Para repartir indiscriminadamente contributivas tienen que asegurarse muchos contribuyentes. Para aprobar una ley de dependencia (que no he visto cosa más demencial y con una picaresca tal vergonzante y vergonzosa, que si yo largara aquí muchos casos hasta se llevarían las manos a la cabeza), en un país donde la esperanza de vida ronda los 85 años y el índice de natalidad es irrisorio, lo que se encontrará en pocos años (pero claro, ya no estará ZP sentado en la Moncloa... ¡ah, amigo!)es una enorrrrrrme pirámide invertida de población que nos aplastará por su propio peso. Habrá pues que aplicar ayudas inmediatas y urgentes para potenciar la natalidad. A cambio aprobamos el aborto (cosa que apoyo por la pobres criaturas que nadie les dice cómo deben follar bien y mirando con quien), y les damos la píldora del día después como método anticonceptivo, sin que nadie explique de qué va la cosa... etc, etc. etc... En cuanto al trabajo, nos tragarán los competitivos orientales, lo digo y lo mantengo, enviaran a muchos más a la calle: mineros, fabricantes zapateros, peleteros, textiles, hasta veo en la calle a las embotelladoras de berenjenas de Almagro. Un país no puede basar su riqueza económica en el sector inmobiliario, eso es una parte que funciona bien cuando todo va bien, en cuanto flojea lo principal que son quienes sueltan los cuartos: la banca, todo se va al garete... En fin, uná auténtica convulsión económica y de mercado que precisa de gente preparada e inteligente que tome decisiones meditadas y con visión de futuro... No me diga que en esto último identificas a nuestro gobierno. Yo no, están en las Antípodas.
    Y ahora, querido amigo, dame una razón convincente para no cagarnos en la madre que parió a esta chusma.

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  5. No hice huelga ayer. No la hubiera hecho, seguramente, de ninguna de las maneras... ¿cobardía? ¿miedo a represalias? No lo sé. Me siento constamente manipulada en esta sociedad mentirosa, pero me ayuda que todavía haya quienes sean idealistas y coherentes, de dicho y hecho.

    Por citar reflexiones de compañeros, hoy me ha dicho uno en el curro que "la democracia se está abortando".

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  6. Pues mira Agus, yo sí creo que el NáuGrafo ha dado motivos para ir a la huelga. Te copio y pego alguno, así a bote pronto:

    "La huelga es un acto solidario, un acto de empatía hacia el que no tiene trabajo, o hacia el que tiene trabajo pero cobra una miseria, o padece unas condiciones laborales raquíticas."

    "Trabajar, los que puedan, el 29 de septiembre de 2010, es aceptar esa conformidad con el actual statu quo. No hacer huelga es convertirse en cómplices de esta estafa que nos venden como estado del bienestar."

    "Pero la huelga del 29S es legitima y necesaria y, además, está esto que dijo Kant, en 1789:


    "Actúa como si tu acción pudiese convertirse en una ley universal para todas las acciones".

    Pero claro, no hay más ciego que el que no quiere ver...

    En cuanto a los hechos de los que hablas, niego la mayor: el Estado del Bienestar es perfectamente sostenible, otra cosa es que haya voluntad de sostenerlo. Pero si se quisiera, se podría.

    Y por último, si prefieres, siéntate con los Botín y Alierta de turno a hablar del estado del Bienestar, siéntate, y a ver cómo te va.

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  7. Patio, no más un apunte, probablemente encontrarás gente preparada e inteligente que tome decisiones meditadas y con visión de futuro entre la oposición, ¿no?

    Que la culpa de los cuatro millones de parados sea de ZP es tan absurdo como decir que los millones de puestos de trabajo que todavían no se han destruido los ha creado ZP. Y los segundos son muchos más millones, muchos más.

    Estamos en un sistema capitalista, no en una economía planificada, así que cada palo aguante su vela. Si el capitalismo crea, también destruye.

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  8. NáuGrafo, gracias por tu post.

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