24.9.10

Du

Tengo el blog, el Macropost, un poco abandonado. La culpa la tengo yo, claro, quién si no, vamos, me refiero a que la culpa la tiene mi mente. No estoy ya en modo (esto se dice mucho ahora "estar en modo") Macropost. El otoño no es bueno para este tipo de aventuras líricas, me temo. El otoño, como he repetido hasta la saciedad en esta bitácora, es época de orden, doméstico y mental. El Macropost tiene algo de vómito caótico, de poner en orden cierto desorden, y de ir, de paso, fijando acontecimientos cotidianos más o menos nimios. "Un libro es un delirio organizado", acabo de leer a Lobo Antunes que, por cierto, fue psiquiatra antes que meterse a literato, así que algo de eso sabrá. Y esa serie de postsss en cadena, bueno, quizá tengan algo de delirante, aunque me considero más bien cuerdito.

Pero vamos, lo dicho, y acabo estos pedaleos que no interesan a nadie, que tengo ganas de volver al formado acotado, monoconceptual, de toda la vida.

Apuntadas estas ideas, hoy os cuento que he visitado una tienda de cómics. Se llama The Comic & Co, y está en la calle Divino Pastor, Madrid. Andaba buscando una recopilación sobre Vázquez, que se llama Lo peor de Vázquez, título que me parece completamente acertado. No porque sea lo peor, en el sentido de malo, sino porque este señor era un irreverente. Lo cierto es que tengo ganas de ver la peli, su biopic, digamos, aunque me cae mal esa palabra, El gran Vázquez, que se estrena hoy. Me apetece verla antes que a Origen, que Lope, que son las única pelis en cartel que me suscitan cierto interés.

Es curioso no saber nada de algo. Por ejemplo, no sé nada de cómics. Bueno, bien, vale, de pequeño leía al citado Vázquez, las viñetas de Anacleto, agente secreto, y algunas de las Hermanas Gilda, también. He leído cómics de Superlópez, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Tintín, Asterix y algo de Corto Maltés, que en mi primer acercamiento me dejó algo frío. También he tenido en mis manos algún que otro cómic de autores de culto, y me pareció grata la experiencia, aunque siempre con un cierto poso de decepción. Pero creo que he tenido mala suerte, y el mundo del cómic está ahí, como esperándome, tiene que haber algo bueno, nombres de tipos más o menos consagrados, o manos o menos marginales, esperando que les descubra.

Con esa ignorancia, uno se deja aconsejar con toda paz por el tipo que sabe. Aceptamos nuestra total inferioridad y nos dejamos guiar, cual turista japonés en España. He pasado de Vázquez, porque sus peores historias costaban la friolera de 24 euros y, además, en blanco y negro. Me siguen gustando los colorines, en los cómics, aunque, el libro que me he llevado al final, bajo recomendación era en b/n: Gregory, de un tal Mark Hempel. El dueño de la tienda, un tipo muy accesible y majete, me ha asegurado haberse partido de risa con él. Me ha dicho que se reía también con su mujer, y ese detalle de la risa compartida me ha convencido para llevármelo.

Porque antes me ha recomendado alguna otra cosa, como la historia de la muerte de un padre, del que el hijo no conocía nada, y que se va reconstruyendo por los testimonios de la gente cercana. Todo de una gran carga poética, densa, con belleza, si se quiere, pero que no me ha apetecido. He descubierto que este coqueteo mío con los cómics lo que pretende es buscar algo que no está en los libros, en la literatura que suelo consumir. Un entretenimiento, vaya. Algo lúdico. No quiero aprender, ni empatizar, ni evocar más, cuando lea un cómic. Eso le he dicho, y me ha entendido.

Luego ha habido una leve confusión, supongo que típica en el gremio de los comiqueros, sobre dos autores: Chester Brown y Jeffrey Brown. Le he pedido opinión sobre el segundo, que tenía unos dibujos atractivos, gamberros, con temáticas tales como novias que te dejan, borracheras amargas, aventuras en la barbacoa y cosas así. Me ha dicho el de la tienda que ese autor era siniestro, deprimente, oscuro... nada ligero. A mí me extrañaba viendo esos dibujos estilo Beavis y Butt-Head. Al rato, ha caído en que, coño, se había equivocado. En efecto, he visto los dibujos y tenían un deje lánguido, tristón, de no poca belleza.

Tengo en mente ese proyecto de inmersión cultural en estado puro. Una semana, no sé, quince días, encerrado en un casa rural de Teruel, con quien quiera apuntarse, dejando los espacios de rigor, muy amplios durante el día y más estrechos por la noche, entregado al consumo en vena de distintas expresiones culturales, tanto graves como ligeras. La cosa pasaría por llevarse, no sé, cuarenta, cincuenta películas, entre ellas Shoa, que dura nueve horas, sobre el holocausto, unos cuantos libros, y un buen montón de cómics, como complemento aligerador a otros consumos más excelsos. Suena bien.



Tira de Jeffrey Brown

7 comentarios :

  1. Nunca me gustaron los comic, su formato viñeta nunca me pareció atractivo y su lectura siempre se me hizo tediosa, tremendamente aburrida. Los comic para adultos, (seguro que esta opinio se debe a mi supina ignorancia sobre el tema), tampoco me resultan nada atrayentes, no sé, debe de ser por eso, porque la ignorancia al respecto no le encuentra su "aquel".
    Lo que cada vez me atrae más es esa desaparición del mapa, vamos, ni en una casa rural de Soria... Mi "proyecto de inmersión cultural en estado puro" pasa por deshacerme de todo el mundo. No sabría dónde meterme con tal de no ser encontrada, y acompañarme únicamente de unos cuantos libros, de cientos de folios y un par de bolígrafos, de muchos CDs musicales y de películas. Eso y un buen fogón con una larga encimera materia prima para recrearme también en la cocina, cocinar sólo y exclusivamente para mí jajajaja, el colmo del egoismo. A veces aparece como una necesidad de ejecución tan imperiosa que asusta jaajaja... Ay!!!, no queda más remedio que seguir endulzando con sacarina, cachin diez.

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  2. Claro, Patio, pero lo bueno de la ignorancia, como la misma q tengo yo respecto al cómic, es que lo contrario, un cierto aprendizaje, está ahí esperando, tentador.

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  3. Supongo que así es, ese principio socrático de el sólo sé que no sé nada que parte del reconocimiento de la ignorancia para llegar al saber. Tentador y excitante.

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  4. Una mañana de invierno, paseando por Sos del Rey Católico, completamente inundada de niebla, vacía, silenciosa, varada... sentí la tentadora ocurrencia de comprarme una casa allí, equiparla con la última tecnología y pasar los días escribiendo y leyendo. Obviamente no lo hice, por falta de pasta y por otras cosas, pero el poso quedó ahí, y cíclicamente vuelve, más refinado, con menos virulencia. La última vez que sentí esas mismas ganas fue paseando por Toledo, ciudad perfecta si no fuera por la agobiante plaga de turistas que la tiene medio carcomida.

    De comics no tengo ni idea. Leí Mortadelo y Filemón como un poseso en mi infancia y adolescencia y hace unos años, me regalaron un cofre con todos los tintines, que guardo como si fuera el mayor tesoro que vieron los siglos. Fuera de eso, sólo recuerdo haber disfrutado con el cómic que se llamaba “Azañas bélicas” del que lo desconozco todo.

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  5. 1. La peli "Origen" es bastante prescindible, Nau.
    2. Yo era de Rompetechos. Me partía.
    3. Si hay gintonics y Davidoffs me apunto a ese encuentro rural.

    Besos!

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  6. Desaparecer del mapa es algo con lo que siempre he soñado, y que me he repetido imaginariamente en lugares y circunstancias concretos.

    Leía este verano un libro en el que el protagonista soñaba con estar en la cárcel porque pensaba que allí podría estar tranquilo y dedicarse a leer y escribir sin que nadie la molestara... nunca se me hubiera ocurrido imaginar un retiro así... Otro de los protagonistas quería irse a Innisfree y vivir en una cabaña, cultivar judías y tener una colmena de abejas. Esto último me parece más atractivo; en todo caso, siempre irrealista.

    Sobre los comics, he leído varios en mi infancia y adolescencia. Todos los de Titín y Asterix y Obelix (por lo menos dos veces). Son los que más me gustaban junto con la 13 Rue del Percebe. Además, he leído bastante a Zipi y Zape y Mortadelo y Filemón; estos últimos no me hacían mucha gracia, como tampoco Rompetechos. Además, leía, en contra de la voluntad de mi madre y gracias a las amigas de mi hermana mayor "Esther y su mundo", que hace poco acaban de reeditar (una adolescente que siempre soñaba con conquistar a un tal Juanito).

    Y, hablando de lecturas infantiles, los Hollister, los Cinco, los Siete Secretos, también enteros. Además, algunos de Los tres investigadores, Torres de Malory, Puck (creo que todos), por hablar de colecciones. Alguna otra más de era de clásicos infantiles y, por su puesto, bastantes de Barco de Vapor. Hace poco me reeleí de esta colección "Los hijos del cristalero" (color naranja) que me impactó mucho la primera vez y del que no entendí nada. Esta es la tercera vez y he llegado a la conclusión de que es un libro muy triste para ser un cuento infantil.

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  7. :-)))

    ¡Gracias!

    Es que me había costado un rato escribirlo.

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