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Hace unos días se murió, de un infarto, el jefe de X. Aún no había cumplido los sesenta, pero estaba a un palmo de una jubilación que ansiaba tanto como temía. En conversaciones con X, el jefe, así le llamaremos, confesaba que alcanzar esa jubilación, o prejubilación, era una conquista..., pero también al abismo. Declarado adicto al trabajo, no había sido capaz, en casi sesenta años de vida, de desarrollar las habilidades necesarias para que el ocio fuera un tiempo placentero y no una plataforma hacia el vértigo.

Con cincuenta y pico, le enviaron de su natal Francia a un pueblo de la Ribera navarra, cambio éste de difícil digestión. Su mujer aguantó una temporada en esa África norteña que es el sur de Navarra, y se volvió a la republicana Francia en cuanto pudo. Sin una pasión por los libros, el bricolaje, el cine de Buñuel o el atletismo, el tiempo libre se puede convertir en un infierno, en el que el alcohol amenaza con instalarse a tiempo completo. No sé si el jefe era muy de empinar el codo, pero sí que fumaba, y bastante, y que había acumulado estrés durante décadas, en un arsenal de ansiedad que al final explotó y lo dejó seco, una mañana de finales de agosto, solo, en su domilicio, que nunca casa.

Pensaba el otro día en esta historia, en este drama, o tragedia (no recuerdo cuál es la diferencia), como un drama o tragedia típicamente capitalista. Como las historias, pienso, de Amélie Nothomb en ese Japón alienante, o el 13,99 de Beidbeger. Dejándome llevar por ese pensamiento lógico a menudo tan traicionero, llegué a la conclusión de que la mayoría de historias tenían su germen en algo malo, extremo. Las guerras, los totalitarismos, el terrorismo, los abusos de todos los tipos..., el capitalismo tiburoniano... pueden actuar como sustrato temático del que luego brotan historias. Pensé, entonces que, de alguna manera, somos cómplices de las guerras cuando escribimos sobre guerras, aunque sea en clave de denuncia. Pensé que la mayoría de las historias brotan de situaciones de conflicto, es obvio, y que, quizá, en el futuro, cuando vivamos en un mundo quizá más domeñado, aunque cualquiera sabe, Europa, el mundo anglosajón, entrará en un déficit de historias. Habrá comedias románticas, metaliteraturas, dramas modernos sobre asuntos tirando a nimios, pero no habrá grandes historias. No habrá gran novela americana. Y los libros se escribirán en la Cuba postcastrista, en Israel, en Gaza, en África, pero no en Murcia.

La perspectiva no me pareció deprimente. Cada vez me interesan menos las historias, y sí los distintos estados del alma, las variantes psicológicas, el amplio abanico de sensaciones que oculta una lavandería, un sábado por la tarde, con un padre al cargo de dos hijos, de nombre Raymond Carver. Las grandes historias son cosa del pasado, y cómplices de un vivir grueso, violento, demasiado apasionado. De estas divagaciones, extraigo dos preguntas. 1) ¿Qué tipo de historias contaremos cuando hayamos agotado el filón de las tragedias pasadas y la sociedad de consumo, más o menos adormecida, apenas recuerde los grandes movimientos políticos de los siglos pasados? 2) ¿No será que el lector, el espectador, del futuro será aquel que tenga mayor predisposición hacia las historias menores?

Francia, que ha sido un país vanguardista en muchos aspectos, nos sugirió con su cine, y directores como Eric Rohmer (sería más oportuno, por aquello de la actualidad, citar aquí al recientemente desaparecido Claude Chabrol, pero no recuerdo haber visto ninguna peli suya), que quizá por ahí deban de ir los tiros.

Comentarios

  1. ¿ Se refiere a novelas épicas ? Siempre habrá gente siempre habrá historias . A la gente la matará un cañonazo , una scensor averiado o un psicópata que pasaba por ahí. Si hay gente hay historias . Alguien se suicida o un nigeriano hambriento que huye de la policía racial se cuela en la croquetada de presentación de la gran novela arrealista del sr. Laporte. El astronauta medita antes de la ivernación sideral o una cucaracha se vuelve omniscente y cuenta el apocalipsis. Dónde la gente está más preocupada en sobrevivir menos se escribe. La educación sentimental de Flaubert es un libro genial. Cuenta una revolución y la transformación de la Francia del XIX como si fuera un tontorrona anécdota putañera. En mi modesto entender todo es cuestión de enfoque o perspectiva.¿ De qué lector habla?¿ Predisposición a qué ? ¿ A comprar o leer ? Tenemos Petronio y la Eneída a Chejov y a Tolstoi. Siempre hay quien le gusta la fanfarria y los hay que silbar.

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  2. Tienes razón, hay gente, hay historia. Hay gente, y les pasan cosas, a veces les caen macetas en la cabeza, o se quedan sin motor en un embalse oscense a las dos de la mañana, o les atacan los gatos salvajes.

    Pero ¿grandes historias? Pensemos en EEUU, que tiene a grandes escritores, y un poco en su literatura. Carver es quizá el más significativo de esa idea que me ha dao, hoy, por defender, el fin de las grandes historias. 'La educación sentimental', uno de mis libros favoritos, tiene el trasfondo del convulso s. XIX francés detrás. Quizá hoy, 'La educación sentimental', en el París tontorrón de 2010, no tendría sentido.

    Y digo lo de Carver porque EEUU, durante el siglo XX, no ha conocido, que yo sepa, dentro de sus fronteras, grandes conflictos. El no a la guerra de Vietnam se vivía desde los cómodos chalés con tostadoras pop-art.

    Las grandes historias que ha creado EEUU, tanto en literatura como en el cine, cuentan historias q suceden fuera de sus fronteras. Se me ocurren dos: Apocalyse Now y La lista de Schindler.

    Me pregunto de qué irá la consideraba nueva gran novela americana, 'Freedom', de Jonathan Franzen.

    Habrá grandes libros, pero ¿grandes historias? ¿De qué escribiría, hoy, Tolstoi?

    Abogo por la no-historia, por la literatura zen. Dice el propio Franzen que lo moderno, hoy, es volver a Tolstói. Yo, que no soy nadie, digo que no.

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  3. Dietas y dietarios

    Me gusta leer diarios. No me refiero sólo a los periódicos, una dieta que forma parte de mi vida desde hace décadas. Saber qué ocurre, en qué se resume el mundo: nada me nutre más que el curso efímero de las cosas, la noticia alimenticia de lo que ya es ayer. En fin, todavía prefiero los periódicos estancos a la actualización permanente del diario electrónico. Aún pago por leerlos en papel.

    Pero no me refiero a esa clase de diarios. En realidad, cuando hablo de dietas, aludo a otras: a las que me procuran los dietarios, a la crónica personal de unos hechos; aunque también al relato de lo que no pasa, de lo que ha sido pensado y no ejecutado, de lo que ha sido vaticinado sin que llegue a consumarse.

    Acabo de leer en 'Ojos de Papel' la reseña que escribe Eduardo Laporte sobre 'Diario del hombre pálido', de Juan Gracia Armendáriz. Me interesan muchos las reflexiones de Laporte. Una reseña es una invitación: a leer un libro, cierto. Y una incitación: a cavilar. Me encanta ese verbo: antes se decía mucho entre la gente de edad. Uno cavilaba.

    Eduardo Laporte me ha dejado cavilando…

    Justo Serna

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  4. Estimado Justo,

    Tú me dejas muy contento con este comentario.

    Un abrazo

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  5. Naúgrafo perdona que insista...¿ que no ha vivido grandes conflicos dentro de sus fronteras ? Claro que no ¡Son el Imperio! Apocalypsis Now está basada en la novela imperial de Conrad , un valedor del Imperio , lo era. No me vendan la moto de crítica y hostias lo que hace es narrar el Horror y no criticar el Imperio.La lista es la sutil validación del imperio , la cabeza puente para el soldado Ryan. Te olvidas de Faulkner y de las consecuencias de la Guerra Civil.En la década de los cincuenta aún vivían personas nacidas esclavos ¿ Dónde se ideó e hizo la bomba atómica, el marketing , el Apolo 11 y el 9/ 11? Lo que mamamos , vaya. Perdona el rollo, ¿hablas quizá de realidad fragmentada y de como se narra eso ? Nocilla no por favor.

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  6. Son listos los yankees, Vandramé. Centrifugan sus historias hacia fuera, que se jodan los otros, y encima vendemos la moto d la freedom y nos forramos a vender armamento, y luego hacemos creamos Hollywood y ganamos Oscar y exportamos glamour.

    Me voy a cenar un emparedado de crema de cacahuete, bye.

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  7. Que aproveche.No quería soltar un rollo antiamericano.Al contrario. Estoy escribiendo con un teclado de colacao y la función hace el órgano o aal revés. Pero por ejemplo , ¿son las novelas de Pearl S. Buck la narración definitiva de la hecatombe de la 2ª GM en Asia?No creo ¿ Hutus y tutsis ?¿ se conformarán con sumarios de horrores redactados por tribunales internacionales?¿ necesitan algo más? ¿ Qué París del 2010 es tontorrón ? Para muchos será trágico. Me callo que me parece que le tengo hasta el gorro. Usted disculpará.

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  8. Ya safo, en plena era de las grandes gestas helénicas, lo presentía: "Dicen unos que lo más bello sobre la tierra oscura
    es un ecuestre tropel, la infantería otros, y ésos,
    que una flota de naves, pero yo afirmo
    que lo más bello es lo que uno ama."

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  9. Estoy intelectualmente plano pero aún alcanzo a recordar 13.99 como una buena novela.

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  10. Me gusta preguntar mucho a las personas, no por cotilleo, sino porque me apasionan las pequeñas historias que hay detrás de cada uno. Yo también las prefiero a las grandes historias.

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  11. No puedo dejar de poner esto que leí hace poco en el blog de mi hermano:


    Ocurre que estoy sentada bajo un árbol,
    a la orilla del río,
    en una mañana soleada.
    Es un suceso banal
    que no pasará a la historia.
    No son batallas ni pactos
    cuyas causas se investigan,
    ni ningún tiranicidio digno de ser recordado.

    Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
    Y puesto que estoy aquí,
    tengo que haber venido de algún lado
    y antes
    haber estado en muchos otros sitios,
    exactamente igual que los descubridores
    antes de subir a cubierta.

    El instante más fugaz también tiene su pasado,
    su viernes antes del sábado,
    su mayo antes de junio.
    Y son tan reales sus horizontes
    como los de los prismáticos de los estrategas.

    El árbol es un álamo que hace mucho echó raíces.
    El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
    No fue ayer cuando el sendero
    se formó entre los arbustos.
    El viento, para disipar las nubes
    antes tuvo que traerlas.

    Y aunque no sucede nada en los alrededores,
    el mundo no es más pobre en sus detalles,
    ni está peor justificado ni menos definido
    que en la época de las grandes migraciones.

    No sólo a las conjuras acompaña el silencio.
    Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.
    Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
    sino también las piedras solemnes de la orilla.

    Complejo y denso es el bordado de las circunstancias.
    Tejido de hormigas en la hierba.
    Hierba cosida a la tierra.
    Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.

    Por alguna causa yo estoy aquí y miro.
    Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
    con unas alas que son solamente suyas,
    y una sombra sobrevuela mis manos,
    no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

    Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
    de que lo importante
    es más importante que lo insignificante.

    Wislawa Szymborska, Fin y principio, 1993.
    Traducción de Gerardo Posada

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