10.9.10

Dp

Esta mañana, mientras preparaba la enésima mezcla de tomate, pepino, ajo, pimiento, pan, sal, vinagre, aceite y agua (menos mal que tenemos las palabras contenedoras, las palabras son como bolsas [gazpacho] en que vamos guardando otras muchas [tomate, ajo...]), esta mañana, decía, mientras preparaba un gazpacho, he pensado en el tomate. Todo tomate viene de una semilla, y toda semilla viene de la simiente, creo. En una sola semilla, apenas unos milímetros, está concentrado el futuro fruto, rojo, estupendo, fresco, tierno, carnoso. Pero un tomate es un elemento simple, con apenas cuatro partes, es reconocible, predecible, plano. No pasa lo mismo con un ser humano, no pasa lo mismo con mi recién nacida sobrina.

Diré a partir de ahora topiqueces, pero son las que me han asaltado estos días, tras el contacto inicial con ese nuevo ser humano que ya figura en el registro que, como nos dijo la funcionaria, ya tiene vida administrativa. Antes, aún sin bautizar, ¿qué era? Lo más cercano a un animal, a un ser no civil, a-civil, quizá incluso arrealista, no lo tengo claro. Esos tres diítas que median entre salir del cuerpo de su madre a ser inscrita en el Registro civil son quizá los más maravillosos que pueda disfrutar un ser humano, lo más puros. Luego llegan ya los pendientes, las etiquetas, los bautismos de todos los colores y credos.

Pero sí, no deja de ser fascinante que, en el corto espacio que ocupa un espermatozoide, esté concentrada la esencia de un ser humano, la esencia de María. Creo que un verdadero antiabortista debería estar en contra de la masturbación, de las poluciones nocturnas, de cualquier derroche espérmico. En cada una de esas minúsculas criaturas cabezonas, valga el oxímoron, está la esencia, en concentrado, de nosotros. Como un Big Bang en potencia, que un día va y explota.

No es tanto que en esa microparticula se esconda la receta, el diseño, el proyecto, los planos de lo que luego va a desarrollarse en homo erectus. No es tanto ver cómo esos dedillos de casa de muñecas se parecen ya a los tuyos, o que esa nariz apunta maneras, o que las orejas tienen D.O similar a las tuyas. Lo fascinante viene después, cuando uno descubre que en esa misma particulita que se alió con el óvulo, se ha retenido una información que va más allá de lo meramente físico. Cuando se desarrolla el embrión, contiene ya la futura caligrafía del niño, de la niña en este caso, que se parecerá a la del padre o la madre, o a la de los dos; contiene el modo de contar un chiste; contiene las ganas de viajar; contiene el carácter más o menos emprendedor; contiene una predisposición a las letras; contiene unos valores, sí, que se mecen entre esos humores viscosos, entre esa masa pringosa en la que se están gestando las extremidades, pero también todo lo demás.

Alguno verá en todo esto un argumento válido contra el aborto. Yo aún iría más lejos: ¡No al derroche injustificado de espermatozoides! Lo cierto, es que ahí, y en cada óvulo, se concentra todo lo que somos, los cimientos de lo que luego seremos, y eso no deja de ser asombroso, por muy a tópico que suene.

5 comentarios :

  1. ¡Enhorabuena! Una historia que no acaba más que empezar; hay mucho de arrealismo detrás de cada vida humana (si es que entiendo bien el concepto).

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  2. Engendrar, desarrollarse,crearse, parir, nacer ;sigue siendo algo que todavía se me escapa de las palabras y de la sintaxis. A ver si algún día... Felicidades a ti, a los papis, a María.

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  3. Curioso homenaje, arrealista quizás.

    ;)

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