Me envía Álvaro Ron una foto titulada Mi amigo Eddie, y dice que es un souvenir (o un souvolver, añade). La veo y no me reconozco. Me reconozco y no me reconozco, me recuerdo al tipo éste, Emilio Estévez, y me pregunto dónde diablos estoy, cuándo demonios se hizo esa foto y por qué infiernos tengo esa cara de capullo a punto de estornudar. Que el tiempo ha pasado es evidente, como muestra el gesto de jovenzuelo aún algo timorato con la vida. Jovenzuelo aún inmerso en esa nebulosa de la que habla, creo, Ramón Gómez de la Serna. Sí, amigos, quizá la juventud sea eso, una nebulosa del patín.

Me inquieta también ese chubasquero arrealista, a todas luces ajeno a mi propiedad, y atado extrañamente hasta la base de la nuez, cual Jordi Hurtado de las camisas. ¿Y ese marco, ese contexto entre carcelario y como de pesadilla vasca? Últimamente, jugueteo con la idea de escribir una novela a lo Auster, con tramas, personajes y pequeños misterios. Una punto de partida podría ser éste, la de un tipo que recibe una foto en la que no se reconoce. Vale, es él, ve su inconfundible careto, pero hay elementos extraños. El chubasquero, la localización que no nos resulta familiar. Elementos que nos hacen pensar en una vida no vivida, en una vida vivida por otro, dentro de nosotros, o en una vida vivida bajo un siniestro piloto automático. Estuvimos en tales sitios, vivimos tales historias, pero no los recordamos. De alguna manera, no puntuaron en nuestra memoria, y ésta los rechazó.

Son lo que podríamos llamar, siguiendo la novela neoausteriana, accesos al arrealismo. Contactos con esa realidad que niega la realidad, esa tramoya de la existencia, cuya entrada nos está vetada... excepto para unos pocos elegidos.

La foto muestra la entrada, en trance, a esa nueva realidad negada. Y la puerta, la porte, ahí está, esperando.

JAJJAA.

Gracias, Álvaro.

Comentarios

  1. Parece una de esas pinturas tridimensionales sobre el suelo.

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  2. Sí, yo creo que es una buena idea. Kundera escribió algo sobre personas que se reencuentran al cabo de los años pero no tienen los mismos recuerdos de las mismas situaciones. Menuda mentirosa, la memoria. Lo extraño es el apego a los recuerdos, cuando casi siempre son falsos, morosos, o cuando menos zurdos, como ese personaje que vemos afeitándose cada mañana en el espejo.

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  3. Muy bien por la novela, pero seguro que el chubasquero era tuyo y el estilo de atarlo también.

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