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No tengo mucho tiempo para redactar esta entrada. Pero quería dejar constancia de mi asombro, y de mi pequeña preocupación. El domingo tomamos unas cañas en el Mesón de Urbiola, un pueblito cerca de Estella, en el que me recojo de cuando en cuando, bajo un calor familiar que nada tiene que ver con píxeles. Nos atendió una señora, rubia, de unos cincuenta, con notable amabilidad. Sin venir a cuento, nos ofreció una bolsa de patatas, como obsequio y, más tarde, unas galletitas con paté.

El dia anterior, sábado, entramos al mediodía, después de un efímero paso por una huerta, para beber también cerveza de barril. Nos atendió el marido de esa señora, al que interrumpimos mientras ultimaba unas costillas. Lo vi aburrido, cómo no estarlo, a esas horas, con ese silencio, esa canícula, ese hastío que a veces inunda la vida en los pueblos. Nos atendió con sobriedad, su vida no era un escándalo de dicha. Ahora está desesperado. Su mujer lleva varios días desaparecido y hasta la buscan con helicóptero por la zona. No sabe qué le puede haber pasado ni cuáles pueden ser las razones de una presunta fuga. De ser así, sólo quiere que se lo haga saber, para acabar con este sufrimiento, esta angustia, esta imposibilidad de vivir que genera tan siniestra incertidumbre.

Personajes anónimos, unos de tantos, que de pronto cobran un extraño protagonismo. Vidas que parecen planas, que de pronto cobran un extraño comportamiento. Ahora sé sus nombres, conozco sus dramas, y una pequeña inquietud me nace, de pronto. Mi prima Itziar me ha comunicado esta mañana la noticia, que me ha provocado no poca sorpresa.

Comentarios

  1. Las cosas fuera de lo común que protagonizan personas próximas nos afectan mucho más. En un sentido o en otro. Recuerda aquel cuento de Manuel Vicent sobre la pareja que se graba en la cama y un día, por un asunto técnico, sus imágenes entran en el vídeo comunitario. Y toda la comunidad asombrada...

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  2. Sospeché de las noticias cuando vi las escenas finales de la película Tesis. Renegué de las noticias cuando tuve un accidente y aparecieron en la prensa varias entrevistas, con pregunta-respuesta, que yo no había concedido. Recuerdo que me asqueó leerme diciendo expresiones tan cutres que no había utilizado jamás.

    Pobre hombre... qué desesperado tiene que estar para esperar ayuda de un periódico. Lamentablmente, las personas que no ponemos cara a los sujetos de este suceso, sólo sabremos el desenlace de la historia si la mujer aparece muerta.

    No creo ni en los curas, ni en la polícia, ni en los periodistas. Lo siento, y mucho, tanto, como cuando me enteré de pequeño que los reyes magos eran eso... humo.

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