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Este jueves fui a la piscina, a una piscina nueva, que no conocía, la de la Universidad Complutense. Madrid tiene estas cosas, cada día conocemos un lugar nuevo, rompemos una rutina, ensanchamos un poco las coordenadas espacio-temporales y nos sentimos un poco más desubicados y felices. Pensé varias cosas en la piscina. Pensé en que no había inmigrantes, y me sentí racista o xenófobo, o las dos cosas. Luego pensé que era una simple observación y que no pasaba nada por hacerla. Pensé en que aquello parecía una piscina del pasado, de los años ochenta. También constaté que no había niños, lo cual sí es una buena noticia. Podéis llamarme misópedo, o como se diga, que lo entenderé.

Pensé en la figura del solitario piscinero. Vi a un tipo que cumplía bien ese patrón, esos hombres que no tienen reparo en llevar un bañador pasado de moda, como de cuadritos, el tipo de bañador que llevaría, de pisar una piscina, Rafael Sánchez Ferlosio. O Antonio Muñoz Molina, que parece quiere imitar, en 2010, el estilo de posguerra, de RSF, sin que nadie entienda muy bien por qué.
El solitario piscinero es un tipo sano. No sabemos si solterón, podría ser, pero suele tener un curriculum más de ciencias que de letras. Pongámosle químico, ingeniero agrónomo, algún puesto de responsabilidad media en una empresa de energías renovables..., algo así. En verano, tiene jornada intensiva y acude a la piscina a falta de mejores ocupaciones, donde suele leer libros de Isaac Asimov, pero a veces también se atrae con los relatos de Edgar Allan Poe —el autor de cabecera de José Manuel Dorado, aquel campeonísimo de Saber y Ganar—, o incluso Cortázar. Pero lo que más le gusta es la novela científica: Michael Crichton y así.

Este piscinero siempre tiene treinta y pico. Y una alopecia incipiente. Está en forma, apenas luce barriga, pues le gusta mucho nadar, actividad que practica en todas las estaciones del año, ora piscina cubierta, ora descubierta. De joven ganó alguna medalla que hoy acumula polvo en la vitrina del salón de casa de sus padres. El piscinero solitario es un buen tipo, nos cae bien, pero nunca sabemos qué siente realmente.

A la hora de comer, he asistido a una de esas conversaciones muy de piscina madrileña, mientras daba de comer a unos gorrioncillos que me hacían compañía; he pensado que la fauna piscinera es todo un género zoológico. Había un tipo, uno de estos tipos tan madrileños con pinta de llamarse Rubén o Juanan, feote, con gafas de montura metálica como de la EGB, que sostenía una conversación sobre coches y educación vial con total entusiasmo. Una chica le seguía el rollo y otro no aportaba palabra. He retenido alguna frase como: "Antes, cuando no había lo que son los radares, llegabas a Murcia en dos o tres horas". Se defendía de una presunta conducción timorata, y echaba la culpa a la DGT, a los puntos, y la retirada del vehículo (que ya no es tal por cierto, según ley, pero no me iba a levantar a discutirle). "Tampoco es plan de ir pisando huevos, pero hay que irse con ojo". Luego han hablado de caballos, de potencias, de válvulas, de parar o no parar en ámbar y he preferido ser un tipo de solitario piscinero antes que participar en tan insulso debate. Muy madrileño todo, insisto.

Después he nadado algo y, como siempre que nado, he comprobado la incapacidad que tengo para el nado largo, el nado sostenido, ese nado plácido y regular de los buenos nadadores. Lo mío es como una bulimia acuática, un querer avanzar como si me persiguiera un escualo, una ansiedad natacionil que me fatiga a las primeras de cambio. Como si necesitara desfogarme para alcanzar la paz de los vecinos nadadores, no sé. He pensado, más tarde, que quizá algo de eso me pase con la escritura. Que necesite escribir un Macropost que alcance la ZZZ, o todas las páginas que llevo a mis espaldas, fundamentalmente inéditas, para escribir sosegado, para dar un día a la imprenta La gran novela americana (escrita por un europeo).

Para que alguien la lea en la piscina, algún día. En este jueves, he terminado el encomiable ensayito de Robert Louis Stevenson En defensa de los ociosos y comparto con vosotros esta frase, que puede aplicarse a esa futura novela mía como a la de otros tantos escritores futuribles:

"Supongamos que Shakespeare hubiese sido golpeado en la cabeza una oscura noche en las propiedades de Sir Thomas Lucy; el mundo hubiera continuado, mejor o peor, su curso, el cántaro hubiera seguido yendo a la fuente, la hoz al grano y el estudiante a sus libros; y nadie hubiera notado la pérdida".

Stevenson no iba a las piscinas, porque no existían en su época, pero sí pasó sus últimos años en Samoa, en pleno Pacífico, donde murió y decidió ser enterrado. Los aborígenes le llamaban Tusitala,"el que cuenta historias".

Stevenson y su mujer, Fanny, en Islas Marquesas, con dos nativos (1889-1890)

Comentarios

  1. que divertidas las piscinas de Madrid, a las que yo voy hay niños, muchos niños con sus madres y sus meriendas.

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  2. Qué paquete le has pillado a Muñoz Molina... jooooder. JAJAJA.

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  3. Curiosa la fauna piscinera, sí señor. Y yo también noto una cierta inquina hacia AMM. ¿Hay alguna razón especial?

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  4. A AMM le cogí cierta inquina en 2005, en unos cursos de verano, cuando mandó una carta al director (de El País) poniendo a caer de un burro a una becaria de ese mismo medio, por discrepancias con un artículo firmado por ella, en torno al premio Planeta.

    El soponcio y el mal trago que sufrió la muchacha, puesta en evidencia delante de todos los medios allí presentes, no se la recomiendo a nadie. Me pareció algo cruel.

    Luego hay otras razones más subjetivas, ya personales e irrelevantes, que quizá no me atrevo a comentar por aquí. Su mal gusto con las chaquetas, por ej. Su carácter, o la imagen que desprende, cada vez más avinagrado. Y cito a Stevenson: "Siendo felices, vamos sembrando por el mundo anónimos beneficios". Y ahora voy a soltar una cursilada: "A veces, una sonrisa vale más que mil noveles (sobre todo si son plúmbeas)".

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  5. ¿Noveles?, será nobeles.
    ¿Te has sentado al lado de los mismos del año pasado? Puede que el colega te persiga de piscina en piscina.
    http://www.elnaugrafodigital.com/2009/08/conversaciones-de-carreteras.html

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  6. Me salió mi lado catalanófilo. Quería decir 'novelAs'.

    Patio, estás en todo. El caso es que eran tipos cortados por el mismo patrón, ese cliente piscinero amante de las conversacinoes de carreteras, multas, controles, coches y ya, de remate, Formula 1 y motos, que si Pedrosa, Lorenzo, etc.

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  7. La mayoría de la gente que va a esa piscina es ya célebre, todo el que acude con frecuencia se conoce, y siempre acudimos los mismos. Luego llega algún listillo, en plan experimento, y saca esas conclusiones tan "científicas", tan humanas de la observación de otro igual. Y no le cuento cuando lo escribe en un post. Si yo fuera usted me preocuparía más por la crueldad gratuita que hay en su descripción del solitario piscinero que de la observación inmigrante. Parece usted una peluquera hablando así.

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  8. Anónimo, no sé qué problema tiene usted con las peluqueras. Sobre el solitaria piscinero, yo no voy crueldad ninguna. Es más, es una figura q me resulta simpática. Por otra parte, no sé si se habra dado cuenta de que yo tb formo parte de ese grupo social.

    Son apreciaciones subjetivas, señor mía, no sé a qué viene esa susceptibilidad.

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  9. Piscinas! yo fui hace poco a la de Canal! qué poco me gustan las piscinas sin cesped!!! todo cemento! ¿no debería estar eso prohibido?
    Vengo de la playitaa, eso si que es vida.
    Y Robert Louis Stevenson!! Vengo de Escocia y de ver su museo! Esa foto o otra parecida la he visto en vivo y en directo!

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