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He vivido las vacaciones más cortas de mi vida. Las he tomado por un par de horas. Primero me las he concedido y he sentido una gran satisfacción. Me he preparado algo de comer y me he tumbado, como tipo ocioso (tengo a mi vera En defensa de los ociosos, de Robert L. Stevenson, al que voy a hincar el diente con ansia), a ver la tele. He visto un reportaje sobre los excesos de los especuladores norteamericanos y la disposición de Barack Obama de acometer la reforma que les ponga freno. No sé si la ha acometido ya, y eso que por las mañanas trabajo en temas de prensa internacional económica, pero a veces uno no se entera de según qué cosas. Este martes era el día en que la Reserva Federal iba a publicar el diagnóstico sobre la salud económica de EEUU. No he visto un periódico desde por la mañana y no sé qué habrá pasado. Podría comprobarlo y ya, porque reconocer desgaste en la segunda mayor economía del mundo (tras China, creo), se ve que puede tener consecuencias importantes en aquel país. Pero ahora no me apetece.

En el reportaje se decía que el problema de todo nace, a menudo, en la avaricia. Y he pensado, en plan abogado del diablo, que la avaricia es la virtud del vicio. El vicio es ganar dinero jugando a esa tragaperras infernal que es Wall Street, el Nasdaq y demás. La virtud es hacerlo hasta niveles jamás vistos, un espíritu de superación que, oh, problema, se libra con el dinero de las familias y las hipotecas de los norteamericanos. Levantar más y más kilos si uno es harrijasotzaile, coronar más y más ochomiles si uno es alpinista, acumular más grandes eslames si uno es tenista está considerado una virtud. Quizá en el broker, en el trader, en el buscador de petitas de oro moderno, hacer más caja cada mes sea en el fondo una virtud. La llaman avaricia, pero no deja de ser un querer ir más allá en tu profesión, supongo. Particularmente, cada día me esfuerzo en ser menos competitivo. Me he propuesto ser el tío menos competitivo del mundo.

Me gusta Obama, y su mujer más aún.

Ha sido un rato agradable, que luego he completado con el visionado de Tonterías las justas, programa que me ha parecido simpático y fresco, divertidillo, en el que se aprecia claramente que los senos de las presentadoras juegan un elemento fundamental, tanto o más que la comicidad de las coñas, los recursos de producción, los vídeos que se insertan, en el share que se persigue. Especialmente cuando, sin venir mucho a cuento, las susosichas Ana Simón y Romina no sé qué botan y botan sobre el plató. En ese momento, se disparan los picos de audiencia. El tema "tetas y audiencia" debería tener un apartado especial en Historia de la Comunicación. Aún me acuerdo de cuando me pedían que subiera a las tipas más tetudas posibles, en aquel periódico carcoso y derechón, con el objetivo de subir los clicks. Ay, pensaban que todo aquel despropósito digital se podrían remediar con dos tetones debajo de la columna del señor presidente de la publicación.

Ver la tele ha sido como una experiencia, la he visto desde la distancia. No la distancia habitual, metro y medio, sino la distancia de quien no ve a menudo la tele. La pausa de 13 minutos, 13, para la publicidad, me ha hecho cambiar a Sé lo que hicistéis. El pelo de Miki Nadal, como una corona de espinas cubierta de chapapote, me ha puesto nervioso. Desorden ordenado. Si te despeinas el pelo todos los días de tu vida, aquello deja de ser una rebeldía. Me ha caído mal el tipo, de pronto, me ha parecido un subido, con su pelo desordenado tan estudiado. Su compañera de mesa, una tal Berta, me ha parecido fermosa y apetecible, bastante; he advertido como un deje brusco, casi maño, brutote, en sus hablares, que contrastaban con su delicada fisionomía.

El siguiente zápping me ha llevado a una promo creo que de RTVE, en que anunciaban un programa titulado Historias con alma. "Qué poco se usa la palabra alma en los medios", he pensado. Falta alma, escribió Javier García Sánchez. Salía una señora de unos setenta años que era voluntaria en un centro de forrmación tecnológica para abueletes solitabundos. La señora les enseñaba a mandar y recibir mails, a consultar la prensa digital, a imprimir archivos.... "Es grato enseñarles, pero lo que realmente agradecen es que haya por fin alguien que les escuche". La frase de la señora ha calado, ha tocado hueso, se ha colado en algún vericueto de mi alma, porque se trata de historias con alma, y ha conseguido generar unos conatos lacrimales en las cuencas de mis ojos. Me he sentido muy tía en ese momento y he imaginado a esa panda de entrañables vejestorios yendo a recibir una formación que se la trae al pairo, qué es eso del imeil, el tuiter, la güé y el feisbus... escúchame, cabrona, necesito algo de contacto humano, por favor.

Qué fracaso de sociedad del bienestar es la que genera esas bolsas de soledad, he pensado, algo pomposamente.

He quedado algo saturado de televisión y me he ido al ordenador. He visto un mail con una propuesta para un tema periodístico. No es cultural y de pronto me ha parecido muy interesante bajar un poco de las atalayas de muselina excelsa. He pensado decir NO, y continuar con mis vacaciones, prolongar ese descanso merecido del guerrero, aquello de que vale tanto o más descansar que batallar. Pero como siempre que se me pone en frente algo, de un modo casual, azaroso, cinematográfico, no sé decir que no. Se ha disipado entonces un bolondrio de vacío kirkergariano, jajja, que empezaba a anidar en mí. Qué mal ese ocio por el ocio, ese ocio como impuesto, autoimpuesto, ese ocio como por decretazo, esa necesidad de divertirse ya, ahora, o muere. Paso de vacaciones. Qué bien saben los ratos de escamoteo al trabajo cuando hay, precisamente, algo que hacer. Quizá tengo algo de vicio, esa actitud, dentro de la virtud. Quizá haya que vivir como un corazón, que el órgano que más nos aguanta, palpitación, descanso, palpitación, descanso, palpitación, descanso. O como aquello don Quijote que decía "mi cama las duras peñas, mi dormir siempre velar".

Creo que descansar, en el sentido literal del término, me cansa. Tener algo que hacer para no hacerlo. O hacerlo lento y en varias entregas. Creo que prefiero eso a la ociosidad extrema, de la que siempre he escapado pese a mis largas estancias fuera de la Seguridad Social. Tengo que leer a Stevenson.

Comentarios

  1. El chorricomentario:

    -La Berta en cuestión me parece que es de Extremadura, que salía en el Metro de Madrid en uno de esos anuncios doblados por el techo diciendo algo como que "Extremadura es guay". Seguro que lo es, niña.

    -"Alma indomable", el título de una telenovela que nunca he visto pero que echan en las autonómicas. Ahí tienes 'alma', jaja. Eso es todo lo que me ha quedado de mi horrible paso por el mundo del periodismo, ains.

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  2. En Cuatro venden más tetas, en la Sexta venden más piernas, femeninas, claro, femeninas. Siempre. Yo soy más de piernas, a ser posible cruzadas por el punto exacto, pero no veo nada de nada la tele.

    Obama me cae mal. Me pone nervioso que por sus grandes orejas jamás mire de frente. Yes we can... y tanto que can, con distinto collar.

    La avaricia es un mantra que ha utilizado zapatero últimamnete. Cada vez lo veo más como un cura que como un simple mediocre. La gula tambiñen ha sido atacada por el gobierno socialista. Pecados capitales a estas alturas como base para el socialismo del siglo xxi. Lo que hay que ver.

    Michelle Obama es una hortera con hija hortera que viaja en un pedazo de avión del copón, porque se folla a uno que ha sido elegido por los votantes yankes. ¿A quién se elige exactamente, a uno o a toda su familia?

    ¿Por qué el otro día la Pailin le dijo cojones, así, en español, para decirle a Obama que le faltaban eso, cojones?

    Estoy un poco disperso, lo sé. Es verano, o algo que se le parece.

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  3. Aunque parezca mentira, Chicho Ibañez Serrador fue el precedente de todos estos "pezones de audiencia". Las azafatas de Un, Dos, Tres fueron pioneras, la propia Mayra Gomez Kemp que en principio salía ligerita de ropa y con escotes de vértigo, como después haría La Bombi. Él mismo ideó un programa al que los reponsables de programación (o lo que sea) dijeron no, porque seguro que no interesaría a los telespectadores, que tratase temas "del corazón" (famoseo, etc). Surgió después Bla bla bla, cuyo formato era una réplica exacta de la idea de Ibánez Serrador... En fin, y pasando por las mamachico hasta el día de hoy.
    Desde que existe la televisión digital sólo veo el telediario y porque me pilla haciando la cena, que ni eso. Y me siento bastante liberada, ciertamente. A veces no puedes seguir ciertos temas de conversación, como las tetas de las presentadoras, la Esteban y esas cosas, pero asiento y ya está.
    Y qué bien se aprovecha el tiempo libre cuando tienes mucho que hacer, es de una rentabilidad extraordinaria.
    En fin, una experiencia vacacional interesante.

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  4. Muchas gracias, amigos, por vuestros comentarios. Voy a descansar, que el no descansar acaba cansando. abrazos

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  5. ese comentario envidioso hacia el pelazo de miki nadal sólo indica una cosa, estás calvo o quedándote y si eres más joven que él te estás muriendo de envidia, por eso te cae mal.

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  6. De la similitud de experiencias:

    en el gimnasio de Villafranca hay una chiquilla hermosa. Hermosa de verdad. Con lo tobillos algo gruesos. Aunque sea éste un detalle que uno puede pasar por alto ensimismado en los ojos, la nuca, el talle, el porte,...

    Hasta que va la chiquilla y abre la boca, para hablar, y le sale un deje así como extremeño extremoso... ¡quéééé calorinaaaaa!

    Y entonces va uno y se queda bloqueado, la cuesta en la bicicleta estática se hace insuperable, el sudor inunda el equivalente a la pepitilla y quisieras diluirte del todo.

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