3.8.10

Dd

"Qué bien que ya es martes", ha suspirado una compañera del trabajo, al cruzar la puerta de la oficina. Pues vaya, he pensado. Antes, he ido dando vueltas a una idea, mientras Madrid se descardenizaba porque, en efecto, como dice El Patio, las mañanas de agosto se han oscurecido. La idea era lo de Ribeyro y la tendencia a abandonar el ejercicio literario cuando algo que debía resolverse, "un matrimonio logrado, una posición social conseguida, un proyecto que se realiza", se resuelve.

No sé si busco casarme, medrar socialmente o colocar algún proyecto. Lo segundo desde luego que no. Es una suerte librarse de esos escalafones sociales de antaño, querer meter la nariz en tales ambientes, colarse en salones por aquello de decir 'aquí estoy' y esnifar un rapé que ya no existe. Ya no hay ambientes que nos seduzcan, o quizá haya muchos, y ninguno. Las clases pudientes han perdido el estilo que en su día pudiera ser imitado, envidiado. Hoy las pijas son mileuristas, y las que tienen dinero son vulgares. Bostezan sin taparse la boca, no saben colocar los cubiertos en el plato después de comer, son incapaces de interesarse por lo que les estás contando y no leen novelas victorianas. Hace poco presencié, en una sobremesa, una escena peripatética, con tres pijotas calculando, en la calculadora de sus Blackberrys, cuántos centimos arriba/abajo tenían que abonar cada una, en una cena de quince euros por cabeza raspados.

No sé si creo ya en el matrimonio y, bueno, proyectos hay siempre. Por tanto, ¿cómo no escribir? Quiero decir, ¿en algún momento el hombre (y la mujer) siente que ya ha hecho todo y se puede permitir servirse un gintonic de Hendrick's con pepino y esperar, feliz, a que la muerte le sorprenda? Bueno, sí, eso puede pasar cuando uno se convierte en un jubileta, real o no, pero hasta entonces siempre quedará impulso, habrá cosas que recolocar, fichas que mover, acciones que nos quiten el sueño. ¿O no?

Para algunos la respuesta quizá sea no. Vidas hechas, que rechazan cualquier modificación, como la carta de bocadillos de los bares españoles. Vidas hechas, como las VPO de Mendillorri, Buztintxuri o, aquí en Madrid, un Sanchinarro cualquiera. Y qué bajón cuando ya han construido el apartamente, cuando ya nos hemos casado, cuando ya hemos ido de viajes de novios, cuando ya hemos tenido el hijo, y luego la hija. ¿Qué hacer ahora, si la vida ya está hecha?

Veo en muchas de esas parejotas que nos rodean ese mal contemporáneo de sentirse acabado. Y digo acabado sin peyoratismos ninguno: acabado, concluso, finito. Esto es, acabado. Parejas que van a los mismos eventos que tú, pero que los ves aburrirse cuatro veces más. Bostezan, callan, rumian, están incómodos. Son conscientes de su hastío, de lo poco cinematográfico, literario, de sus vidas, pero ya es demasiado tarde para cambiar. No dan ni para un documental de estos de Tavernier, son Madames Bovary's que ni siquieran han leído el libro de Flaubert. Me decía una amiga que debería ser pecado, con castigo y penitencia, tener la certeza de algo y no hacer nada por cambiarlo.

A menudo he pensado que escribir era una actitud patológica, y sobre esto habla Juan Gracia Armendáriz, patográficamente, en su Diario del hombre pálido. Podría extenderme sobre esto, pero prefiero ver la escritura como un ejercicio de celebración, de "afirmación", dice Armendáriz. Es la constatación de que estamos en una permanente mudanza, un si es no es crisis, pero que no tiene por qué ser negativa, dramática, lesiva. Significa que nos estamos construyendo, que nos reformamos, cambiamos, ampliamos, derrumbamos, reedificamos, despejamos, rediseñamos. El resultado de esos movimientos, las virutillas de ese trajín, puede que vayan a parar al carro literario. A un diario, a un poema, a una novela en que recolocamos todo ese material quizá disperso. Pero lo otro, el darnos por hechos y derechos, me recuerda demasiado a estar muerto.

Somos movimiento.

11 comentarios :

  1. Mudar, transitar, reinventarse, atreverse, pararse de vez en cuando sólo para saborear y coger aire. Vivir tiene que ser (sí, es una certeza) necesariamente como beber de una fuente que nunca, nunca quita la sed, pero satisface.
    Pienso que hay algo peor que estar muerto y ese algo es malvivir, gastar tu vida como si sólo fueras una figura de un pull up.

    ResponderEliminar
  2. Hay vida más allá del matrimonio, más allá de una oposición aprobada, más allá de un título en la pared, más allá de un hueco en un sofá, más allá del club de pádel, más allá de un trabajo de ocho a tres, más allá del conformismo, más allá de la seguridad de una hipoteca pagada, más allá de los hijos, más allá de una ciudad de setenta mil habitantes o de dos millones y más allá de tu escalera de vecinos. Muchos sabemos que existe, que está, sólo algunos privilegiados saben vivirla. Otros, la sentimos y la añoramos en nuestro eterno afán de búsqueda e inconformismo.

    ResponderEliminar
  3. Hoy por hoy, el matrimonio son los padres, y suegros claro. Cómo aflojan la lagrimilla, supongo que porque antes aflojaron la tela. Menudo negocio a 150 euracos por cabeza la entrada. Un robo y un timo.

    El matrimonio molaba hace un porrón de años cuando todo cristo fingía llegar a él virgen, y no como ahora, que si no te has llevado por delante a una treintena es porque no has podido.

    ResponderEliminar
  4. Sólo el que salte de la cabeza del león probara su valia. Ah, y recordad también que sólo el penitente pasará.

    ResponderEliminar
  5. Currada la entrada. Me ha gustado mucho.
    Yo sí sé poner los cubiertos después de comer: nunca paralelos a ti. Abiertos que quieres repetir y que se lleven el plato, ambos cubiertos juntos encima del plato y perpendiculares al comensal.
    Yo sí, yo sí sé poner los cubiertos... (menos mal)

    ResponderEliminar
  6. Qué grandes dos posts, querido Rodia. Algo parecido venía yo rumiando nebulosamente. Gracias por poner en claro con tanto tino estos pensamientos dispersos.
    Abrazusciones

    ResponderEliminar
  7. Me encanta eso de las pijas mileuristas "y las que tienen dinero son vulgares". Dios, muy grande por ser muy cierto. Una penica...

    ResponderEliminar
  8. Pobres parejotas! No por no llevar una vida "diferente" se es conformista. Lo importante es no perder el afán de superación y buscar nuevos retos y seguir aprendiendo.

    Lo de las pijotas y el móvil genial. No pierdes el ojo clínico-social.

    ResponderEliminar
  9. Gracias Rosa!!

    Pero vamos, quede claro q no se trata de llevar uan vida convencional o no convencional, sino disfrutar con lo q se hace, q sea auténtico, fruto de una decisión, no de un seguidismo borreguisocial cuyos resultados desoladores se ven en muchos bostezos y no-sonrisas....

    ResponderEliminar
  10. Como siempre, clavas la descripción de las pijas y las vulgares. ¡Total!

    Te he dicho muchas veces que soy parejota (o formo parte de una parejota, ya hasta integrada en el club de pádel y todo). Eso no quiere decir que no queden proyectos, que cada cosa que consigas suponga un reto más y así, así y así se pasa la vida, de reto en reto.

    ResponderEliminar
  11. Algo de razón tienes. Releyendo, veo que no queda muy claro el comentario, pero vamos, que lo quería expresar es que llevando una vida convencional también hay alternativas para seguir creciendo.

    La vida de reto en reto. Me gusta.

    Se masca en ambiente debate...y eso que estamos en Agosto!

    ResponderEliminar

Instagram

Archivo del blog

Google+

Sígueme en FB

Sigue mis entradas por email

Naugrafianos

Colabora con este blog

HABANA 2009

HABANA 2009
YA A LA VENTA

Secciones

el origen de todo esto, disponible aquí.

HAZTE ESCRITOR

Lista de blogs