Irazoki

El poeta Irazoki me envía, desde París, dos poemas en prosa que aparecen este sábado en Babelia. Me tomo la libertad de colgar aquí uno de ellos, a riesgo de mosqueo del autor, cosa harto improbable, por otra parte.

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 Conocimiento  


YA LA VI en los primeros días que recuerdo. Al principio la
gota estaba a una altura inalcanzable: en las cimas de los
grandes árboles, pendiente de una hoja invisible.
La distancia no difuminaba la imagen, y percibí en su interior algunas palabras borrosas. Con el sol del verano la gota de agua
aparecía sin sujeción en el horizonte.
Conforme crecí la gota descendió hasta el alero de un
tejado. Mis años fueron el imán que me acercaba a una
esfera de palabras siempre ilegibles. Llegaron los días violentos
de la juventud y ella los acompañó desde una tapia. En la
edad que precede a la vejez la encuentro suspendida de los
arbustos y hierbas. Solitaria, sobresale incluso en medio de
la lluvia.
Los viejos no caminan con lentitud por culpa de la carga
del tiempo; sólo intentan no pisar la gota de agua caída al
suelo de los últimos caminos que recorren. Hasta que los
pies cansados rompen esa pequeña bolsa líquida. De ella
salen libres las palabras indescifrables cuyo significado, por
fin esclarecido, nadie puede transmitir.

Comentarios

  1. En una época todavía rodeada de tanta agua, qué se puede decir ante tanta verdad y tanta belleza. Todavía las palabras no salen adecuadas.

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