Niños muertos

Esta mañana he leído en un diario mexicano sobre el auge de los asesinatos de niños. Hecho más trágico, si cabe, que lo de los asesinatos de mujeres de Ciudad Juárez, "la ciudad más violenta del mundo", que parece cobrar forma de tendencia. En cinco años han muerto 900 chavales menores de 17 años por causas relacionadas con el narcotráfico, que no alcanzo a entender bien.

En el artículo que he leído no se hablaba de ese enjambre siniestro del narcotráfico, sino de algo que nos resulta más cercano, la crisis, que, llevada al extremo, mantiene en situación de precaridad radical a miles de familias mexicanas. Una crisis histórica, eterna, diría yo. Dice el artículo que un tipo de 20 años, padre de dos hijos, agobiado por no poder hacer frente a "escuela, trabajo, mantener a mi familia, pagar renta, comida, pasajes, leche, todo" decidió tomar la vía más radical, y cortar el problema de raíz, digamos. El tal Covarrubias, que así se llama, abrazó a la pequeña Isis, de 18 meses, hasta ahogarla, mientras Darien, de tres años, jugaba "como si esperara turno". Después de quitarles la vida los metió en bolsas, los tiró en el bosque y dijo que los habían secuestrado. Fue descubierto y su mujer, de 26 años, alegó que nunca habia mostrado signos de violencia ni de trastornos mentales.

"La pobreza no justifica el doble crimen", afirma el articulista, y no podemos sino darle la razón. Haciendo un ejercicio de humor negro podríamos recomendar al ejecutivo socialista que se piense dos veces lo de retirar el cheque bebé. Poniéndonos serios, podemos sentir el escalofrío de asumir la capacidad que tiene una sociedad de alienar tanto a un ser humano, para acabar de un modo tan vil y frío con su propia descendencia.

Comentarios

  1. Maldad, locura, muchas veces no hay otra explicación para lo que sucede.

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  2. Me temo que, a menudo, al gasto por los polvos de talco, se une el gasto por otros polvos, también blancos, pero no tan benignos ni balsámicos...

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  3. Responsabilidad social y responsabilidad personal. En el último caso al que te refieres veo más de la segunda.

    ¿Cómo somos capaces de llegar individualmente a la ofuscación total? Cada vez me doy más cuenta de la importancia que tienen los valores que aprendemos (o no) en la infancia, del daño de por vida que se puede hacer al no educar, o cosas peores, a un niño.

    Responsabilidad social, más que del Estado, del conjunto de personas que hacemos una comunidad humana donde estos padres no encuentran otra salida (incluyendo, aquí, el perverso mundo de las drogas y quien se enriquece a su costa).

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