El gato de La Venencia

Pasé por la calle Echegaray, que es la calle con más bares por metro cuadrado de Europa, o del mundo, según no sé qué estadística. Muchos bares, pero la calle siempre la vemos vacía si no es en horario festivo. También estaba prácticamente vacío y con su no-música habitual La Venencia, un bar que se ha resistido a las reformas desde fines del XIX (aprox) y que por tanto conserva un poderoso y hechizante sabor de viaje al pasado. Todos esos bares de capital de tercer orden que han invertido sus cuartos por una reforma de moderneo guanabí deberían aprender de La Venencia. Mejor auténtico y viejo que nuevo y cutremente pretencioso. Esos bares de Barbastro, pongamos, que renuevan su cara conforme a los dictados de un cierto minimalismo, para luego colgar el cartelico de HAY CALDO escrito en Comic Sans.

Pero yo quería hablar del gato de La Venencia. El gato de La Venencia es, quizá, el personaje animal más carismático de Madrid. Yo le quitaría el quizá porque, pensándolo, creo que es el único personaje animal de toda la ciudad que se me viene a la mente. Muerto Chun Li, no se me ocurre otro bicho reconocible por todos. En Barcelona tenían a Copito de Nieve, al que me jacto de haber visto un día, solo, aburrido, sacándonse un moco de la nariz (¿de dónde si no?). En Pamplona estaba el mono Charli, del que decían que en los ochenta se ponía tibio a porros que le suministraban los malotes del momento, esos que salían los domingos por la noche, porque recuerdo que entonces se salía bastante los domingos por la noche. Recuerdo una vez, siendo niño, que un tipo me dijo que esa noche se iría de "juerga". Se llamaba Juancar y era la primera que yo oía, y aprendía, la palabra juerga. Antes, pegamos cromos de Mazinger Z, porque el tío trabajaba en una papelería y se los daban gratis. Hicimos la colección en una tarde, con pegamento, porque aún no existían los cromos adhesivos.


Y volvamos al gato en cuestión. Es viejo, desafiante, pasea por las mesas sin reparar en si te mete sus pelámenes negros y deshilachados en la bebida, fino, amontillado, cerveza, no hay más. Mira con cara de verdadero hijoputa, hay algo de cabrón con carrera en su mirada, aunque algo nos dice que es una pose. Un gato verdaderamente cabrón no se pasea, no se pavonea tanto por entre la parroquia local. Necesita, a pesar de estar siempre en las últimas, del reconocimiento de los demás y eso no deja de ser algo humanamente tierno, incluso en un gato viejísimo.

Algún día morirá y nadie se enterará de su desaparición. Las necrológicas del gremio animal madrileño aún no se practican en la prensa local. No estaría de más. Hablamos demasiado de los humanos, pero el reino animal está ahí, lleva su vida silente, paralela, y parece que nos quieran decir algo, aunque nosotros, que somos tontos, no nos enteramos.

Comentarios

  1. Mirada gatuna, sin duda.
    Hay animales que generan leyendas, incluso dichos y apodos. Más sobada que la perra de chacalo, dicen en mi pueblo. El pobre animal, que hacía vida en la calle, merodeando siempre por la fragua de su dueño, el apodado chacalo, siempre estaba preñada. La conocí en sus últimos días, rolliza, con la barriga acolgajada de tanta preñadura, ciega y desdentada, de tan vieja. Aún así, los perros seguían acudiendo a ella, ya se sabe, cría fama.

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  2. No soporto creo que a ningún bicho, y a los gatos menos. Recuerdo el de una compañera de la universidad, que cuando estabas comiendo en su casa, siempre se te subía al regazo y terminaba por meterte un pisoton en los huevos. En fin. Traicioneros, traicioneros.

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  3. Gato negro!!! lagarto lagarto!!!!

    jeje

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  4. Me encantan los gatos! Este en particular ;), no lo conozco, pero me pica la curiosidad... tendré que acercarme por ahí.
    El mono Charti!! algo me he perdido!!
    Clarooo, es que nosotros nunca entendemosss ;) , somos así, seres de segunda aunque no lo queramos reconocer!

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  5. También nosotros somos Reino animal, mamíferos ¿no?, aunque seamos los únicos con autoconciencia, según unos, o alma, según otros, pero con algo.

    A mí me pasa como a Contenedor, no me gusta ningún animal de los que no tiene autoconciencia, o quizá alguno, pero de lejos.

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  6. Me recuerda al gato negro de Cuca, aunque este es más viejo.

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