25.5.10

Carta

Sirva este post para expresar el agradecimiento por el gesto de agradecimiento que la agradecida (ella se da por aludida) me ha hecho llegar, vía postal. Una carta es un acontecimiento, una experiencia, algo tangible, algo real. El resto, pues es esto, una comunicación con fantasmas. Decía Kafka, al escribir su Carta al padre, que la relación epistolar era una comunicación con fantasmas. No sé qué opinaría hoy de todo ese virtual que vamos cimentando sobre castillo un poco made of sand, o castillos en el aire. ¿Comunicación con fantasmas de fantasmas? No sé, no me gusta. Las relaciones pueden tener distintos estadíos, de lo fantasmagórico o lo más tangible posible, pero no desdeñemos nada. Ahí está esa Helene Hanff de 84, Charing Cross Road, con toda esa relación epistolar que, pese a ser fantasmal, era de algún modo real. Real y quizá más intensa que la todos esos guiris con cara de catatónicos con betún que pueblan Madrid en estos días primaverales. Guiris que devoran ensaladas y paellas en horas improbables sin jamás cruzarse una palabra, y que son, para mí, la viva expresión del malestar del bienestar.

No nos desviemos. Sirva este post, decía, para agradecer ese gesto de gratitud, en un darse las gracias que a este paso pasará a formar parte de un bucle, más o menos sentimental, de tendencia infinita. Ah, quiá, pero no todo van a ser parabienes, no se crea usted. Porque las cartas serán maravillosas y todo lo que queráis, pero su recepción resulta, a veces, absurdamente anacrónica cuando, si éstas son certificadas, el señor cartero no las deposita en tu buzón. Pierde uno, las cosas como son, su apreciado tiempo en ir a buscar la cartita a la oficina de Correos. Y lo pierde más si se equivoca de oficina, era en la de Cibeles, finalmente, y más si encima va en el mismo día en que le dejaron la orden de entrega, cuando ya hemos caído en esa trampa de la vida postal moderna de que, repitámoslo todos, hay que ir al dia siguiente.

Sería muy cruenta cosa recibir, por fin, la misiva en cuestión y sentir que se nos cae de las manos, que no es sino un conjunto de palabras predecibles y vagamente impostadas, que bien podría haberse ahorrado parir su bolígrafo creador. El lápiz escribe sombras de palabras, dijo, escribió, Ramón Gómez de la Serna. Pero no. Esa letra femenina azul pálido le reconcialia a uno con el mundo, con la humanidad, con la literatura, un poco con todo. Y el sudorcillo madrileño de media mañana como que se convierte en un elixir de una juventud que no nos importa, nos da igual, ir abandonando cuando toque ir abandonando. Porque uno se da cuenta de que hay en la vida, a lo largo de la vida, cosas, personas, qué coño, que merecen la pena.

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Veo que Justo Serna, cuyo blog merece mucho la pena, aborda hoy el tema del escribirse, vía carta, vía mail. Sirva como completemente más o menos erudito a este textito espontáneo mío. Pinchen aquí.

7 comentarios :

  1. Las cartas manuscritas, depositadas en su sobre en nuestro buzón, tienen un encanto irremediable. Un sabor a pasado, a historias que merecen la pena conocer, a sentimientos vertidos en tinta, a una mirada intensa mientras se han escrito... que no tiene el correo electrónico y mucho menos el SMS. Apenas se reciben cartas hoy. Y no me gusta.

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  2. A veces la ocasión la pintan calva y una no puede resistirse. Comprar el sobre, preguntar si existe todavía la cuartilla y encontrar un frustrante no por respuesta, sentarse en la mesa y encabezar sin titubeos, al grano, pensando en el destinatario, aunque sólo sean cuatro letras... Dónde va a parar, no hay comparación. Desde los quince a los veintiuno vivé una intensa etapa epistolar. Emocionante la espera, las idas y venidas.
    Hay algo muy positivo en los nuevos sobres y sellos: ¡ya no hay que pasarles la lengua, a dios gracias!
    Espero que el paseo bajo el sol del medio día haya sido mínimamente compensado.

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  3. Reconozco que agradezco igualmente una carta postal que un correo electrónico en condiciones, uno de esos correos donde la otra persona comparte algo suyo contigo.

    Aunque la carta manuscrita no garantiza esa sinceridad, recibir una como esa que dices, náuGrafo, es una alegría, una plasmación material del cariño, un dar tus trazos, un detalle y mucho más. Me alegro.

    Cambiando de tema, me hace gracia que hables de esas ¿parejas? de guiris comiendo una gran ensalada en silencio a las 12.30 de la mañana. Yo las he visto, sobre todo, en el extranjero: y me pregunto "¿amor profundo o profundo aburrimiento?".

    PD He leído 84, Charing Cross Road, un libro diferente, aunque, por ser una historia real, interesante.

    Es como la película Julia/Juli, en la que una de las protagonistas se escribe durante años con una baronesa, estableciendo una amistad, aunque no se habían visto nunca.

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  4. Yo sigo siendo de cartas, siempre que puedo! Todavía recuerdo la sensación de abrir ansiosa la puerta del portal para ver si había carta en el buzón... Y adoro ir a correos a por un paquete bien grandote que me mandan de donde sea...
    ¡Vivan las Cartas, viva el escribir a mano!

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  5. La verdad es que no he escrito muchas cartas, y las pocas que he escrito han quedado la mayor parte de las veces sin respuesta. Y las pocas que he recibido, nunca me han contado lo que mi fantasía deseaba. Y por no hablar de la desesperante espera... hasta que te olvidabas de que la habías mandado. Les tengo manía, lo reconozco.


    Coño Ela, vi Julie & Julia estw fin de semana, qué casualidad, y me quedo con la parte de la historia en la que la protagonista redacta el blog. JEJE.

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  6. Hola, Eduardo, también es casualidad. En un mismo día y en un mismo post hablamos de las cartas. Bueno, en mi caso, como es un post in progress, la cosa no ha acabado. Yo también pensaba echar mano de mi relectura reciente de la 'Carta al padre', de Kafka, aunque en un sentido diferente al suyo. De todos modos, es una buena noticia: recibir cartas materiales que son de personas reales y no de nicks. ¿Pero qué hacemos nosotros aquí? Ponemos comentarios a un post, que es como una respuesta epistolar y algo fantasmal al lamento o exaltación de un señor bien real. O eso creo

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  7. Contenedor, lo del blog tiene bastante gracia, je,je.

    Cuando acabé de verla me quedé inicialmente chafada ¿qué había pasado? Prácticamente nada, me dije. Pero, luego, comenzó a gustarme.

    Me gustó la manera sutil, creo yo, de reflejar una relación completa y otra que no lo era, ofreciendo una imagen real de lo que es hoy una relación, aunque con los papeles hombre/mujer cambiados en lo que respecta a ambiciones personales.

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