Sanjurjo

Llamándote José Sanjurjo no se puede ser republicano, ni afrancesado, ni anarquista, ni comunista, ni cupletista, ni taxidermista, ni siquiera escritor. Con ese nombre sólo se puede ser golpista y militar. Llamándose Napoleón Bonaparte tampoco uno puede ser alguacilillo, qué menos que aspirar a emperador. Hay nombres, sí, que determinan toda una biografía, como demuestra con profusión de ejemplos Tobias Chalupa en su olvidada obra Denominación de origen (de la existencia [y otras pijoterías más importantes de lo que se podría pensar]).

Sanjurjo nació en Pamplona, que es un buen lugar para nacer si se va a ser golpista y militar, aunque también guitarrista, como el gran Sabicas, nato en la calle Mañueta, aunque creo que de un modo meramente circunstancial. Nació Sanjurjo en Pamplona, sí, el mismo año que Baroja, 1872 y murió en un accidente de aviación el 20 de julio de 1936. Dicen que el exceso de equipaje, con una maleta repleta de trajes para los solemnes desfiles que tendrían lugar en Burgos en cuanto los sublevados se hicieron con el control del país, fue la causa del accidente. Una pijotería importante pues, al menos para él.

Recuerdo una mañana de invierno en el coche, destino el colegio. Unos operarios vestidos de mono azul manipulaban el busto de un tipo que se diría importante. Lo ataban con cuerdas y parecía que se lo querían llevar. ¿Qué coño hacían, a esas horas de la mañana, deconstruyendo aquella estática estatua? Creo que alguien me dijo que era un tal Sanjurjo, pero nunca más supe nada más.

Hace poco me enteré de que cuando los celebérrimos Encuentros de Pamplona de 1972, la policía detuvo al psiquiatra Carlos Castilla del Pino, de madrugada, haciendo no sé sabía qué. Horas antes, la banda terrorista ETA, que entonces despertaba no pocas y hasta comprensibles simpatías, había puesto un pepinazo a los pies del pétreo Sanjurjo. A Castilla del Pino debíó de parecerle estética toda aquella composición de cascotes que rodeaban al militroncho bombardeado y, con unas copas dicen y puede que las notas de John Cage silbando en el cerebro, le dio por hacer unas fotos.

Como tantas otras cosas, sabía y no sabía que Sanjurjo era de Pamplona, sabía y no sabía que había intentado un golpe de Estado en 1932, y que tuvo unos instantes de éxito en Sevilla, pero que llegó a mayores. Uno de las razones, el descontento con la disminución de tropas y de privilegios, ascensos, que Azaña estaba diseñando para el Ejército.

Hoy queda la base de aquel busto, en Pamplona. Queda un vacío oteiziano, un vacío visual sonoro, como el 4'33" de John Cage, un monumento a la nada, a una nada quizá, quién sabe, movida y promovida por el general Franco. Emilio Mola, 'El Director', también murió en accidente de aviación. En Cuba, el popular y carismático Camilo Cienfuegos también desapareció a bordo de un avión, poco después del triunfo de la Revolución.

Supongo que los golpes de Estado producen a su vez microgolpes de Estado internos, centrípetas y fulminantes.


Con esta cara, ¿qué otra cosa se puede ser sino un faccioso?

Comentarios

  1. Yo no le veo tan mala cara... y nombre de afrancesado o cupletista no, pero de escritor, sí, con títulos del tipo "Como organizar un Ejército" o "El papel de la guarnición de Zaragoza el 13 de septiembre de 1923", por José Sanjurjo... No queda tan mal.

    ResponderEliminar
  2. Habrían sido importantes best-sellers de la época, sin duda, jajaja

    ResponderEliminar
  3. Hay apellidos que marcan... a quienes los llevan muchos años más tarde. ¿Cuántas bromas habrán tenido que soportar quienes se apellidan así ahora, muchos de ellos sin ninguna relación familiar con el militar?

    ResponderEliminar
  4. Cierto César. POr otra parte, hoy he pensado que Picasso y Miguel de Cervantes Saavedra, con esos nombrse, no podrían haber sido otra cosa que Picasso y Miguel de Cervantes Saavedra.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares