Mañanas de abril y mayo

Recuerdo haber visto Mañanas de abril y mayo, de Calderón de la Barca, y recuerdo haber olvidado todo salvo el título, hermoso título, que algo es algo. Porque, ¿de cuántos libros, películas, funciones no recordamos ni el título? No es poca cosa. Y es que las comedias de enredo del Siglo de Oro me enredan, me pierdo en sus vericuetos argumentales, en sus idas y venidas, traiciones y veleidades, alcahuetadas y metomentonadas de alcoba, capa y espada. Quizá no tengo alma pícara y por eso me pierdo, quizá se escribieron para inteligencias del XVI-XVII, quién sabe. Hay ciertas obras que yo disfrutaría muchísimo más si dispusieran de algún tipo de subtítulo para discapacitados argumentales, o simplemente despistados, o atentos a otros detalles más bien, como yo. "Este es el amante", y una flecha luminosa bien clarita. O "Lo que quiere en realidad es quedarse con su herencia", y cosas así. En el teatro, también en el cine, pasan muchas cosas, hay demasiados estímulos, y no entiendo cómo el público, que no es nada tonto, sólo puede prestar atención al principal, al de la trama, la historia, con la de cosas que están sucediendo al mismo tiempo. Es admirable, ecco, esa focalización, más si se ha pagado entrada.

Lo cierto es que las mañanas gozan de poco prestigio en la bibliografía universal, en la poética mundial. Quedan eclipsadas por los amaneceres y los anocheceres, también por la noche. La mañana suele pasar discreta por las arpas de los rapsodas, y queda relagada a dar títulos a programas radiofónicos de tipo magazín y cosas peores.

Pero tienen algo estas mañanas de abril y mayo en una ciudad luminosa y alegre como Madrid. Ayer pasé por la calle Cervantes y descubrí la casa museo de Lope de Vega, perperdicular a la calle Quevedo, barrio de las Letras dónde si no. Sería un buen plan concertar una visita a ese lugar, por ejemplo, en una de estas mañanas de abril y mayo que pasan volando. Por desgracia, a diferencia de en largo Siglo de Oro, hoy nos hemos empeñado en matar, aniquilar, secuestrar, gasear, exterminar, fumigar, descuartizar esas mañanas de abril y mayo, y el personal las contempla desde sus alienadas oficinas con vistas a una vida tirando a regulera que se nos escapa de las manos.

Hay que pagar las hipotecas y eso.

Comentarios

  1. Será por que hace ya mucho que vivo sin hipoteca, pero soy una espectadora de las mañanas, de todas, no sólo de abril y mayo. Será también porque siempre amanezco en el camino, porque el sol me sale al encuentro y flirtea por la derecha o de frente, como un niño jugando al escondite. Será porque aún me sorprenden los mantos de escarcha y las nevadas de enero. Será que me gusta comprobar cómo va alternando el barbecho año tras año, y cómo despunta el maiz hasta verlo espesar y crecer dos metros de alto, y cambiar su verde por el amarillo seco bajo el sol de julio. Será porque en tantos años nunca he visto un amanecer igual. Será porque ya que la vida se escapa de las manos irremediablemente, y que el atracar de la tarde nos pone tan nostálgicos, que el olor a mañana recién estrenada es como una inyección de adrenalina directamente en vena.

    ResponderEliminar
  2. Quien las tenga, las hipotecas. ¿Me hipoteca esta hipoteca? Hasta los tuétanos, que si sacas la cuenta de lo que al final de la vida del crédito has pagado al banco, te sale el doble, literal, de lo solicitado. 30 años son 360 meses, contados como cuotas por los hipotecados, que jamás disfrutarán de una mañana de mayo, salvo la de la comunión de la niña, ni de un hogar al que poder llamar en propiedad así. En fin, que yo me he ido a leer a Salinger y a tomarme un café. Por llevar la contraria.

    Leyéndote me he acordado de la única vez que me salí/nos salimos de un cine, y de la única vez que no entendí nada de una peli. La primera es "Durmiendo con su enemigo" y la segunda "El informe pelícano". De ninguna de las dos, afortunadamente, he vuelto a tener noticias.

    ResponderEliminar
  3. Son deliciosas las mañanas en esta época, con lo poco que apetece trabajar, unido a la abstemia primaveral, dan ganas de coger vacaciones y salir a pasear cerca del río o por el centro...Edu, siempre consigues hacernos soñar!

    ResponderEliminar
  4. Reconozco que las mañanas son mi momento menos preferido del día, con excepción de las mañanas en la alta montaña, cuando la tierra todavía conserva el frescor de la noche, en pelea con el sol, que quiere absorber toda la frescura que a él le falta...

    La luz de la mañana en la montaña también es bonita, aunque le ganan, para mi gusto, el amanecer y el atardecer... Uf... un comentario muy poeta... será por eso que dice Rosa que hace NáuGrafo.

    ResponderEliminar
  5. Un recuerdo imborrable de una mañana de primavera en una capital castellana: era domingo, serían como las ocho o las nueve, y oía el sonido de mis pasos sobre el empedrado. El sol se colaba por las callejuelas y sonaban las campanas de las iglesias. Lo más parecido a la felicidad.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares