Sansón domesticado (y con pelo)

He estado unos días medio malo pero sin un diagnóstico concreto. No sé si gripe, anginas o embarazo psicológico. Casi tres días en la cama haciendo nada, en una paz más que agradable, plena. Sin remordimiento de conciencia alguno, músculos en distensión, lecturas al alcance de mi mano, la inmensidad de internet a golpe de tecla, conexión wi-fi desde la cama, miles de blogs que leer y comentar, charlas varias y amenas por las distintas herramientas de comunicación on-line. Estar enfermo en el siglo XXI no es lo mismo que antaño. Me viene a la cabeza una larga enfermedad por la que pasó Ángel González, al que se llevaron a las montañas de Asturias, o León por aquello del aire puro y demás. Para entretenerse, leía poesía, porque la poesía le permitía múltiples lecturas y luego relecturas, nuevas, de lo leído. Decía que leyó mucho la Segunda antolojía de JRJ. Hoy tenemos, ya digo, muchos más recursos que llevarnos a la boca.

Estaba medio malo y lo único que sabía es que no estaba bueno. Veía a Jordi Hurtado, siempre jovial, o Ana Blanco, con ese tuyo monocorde de siempre pero firme, encendido, y admiraba su aplomo, su vitalidad, su energía. Estar malo es que te hayan robado esa cosa, no sabemos cuál es, que nos hace abrazar la vida. Y qué jodido sería que, de pronto, alguien te la arrebatara para siempre. No se está mal, pero falta esa chispa adecuada. La savia, el tuétano, mmmm, el desengrasante, la pastilla Pat de la hoguera doméstica. El pelo de Sansón. Misterioso elemento que nos hace válidos para la existencia y en cuya ausencia de pronto nos vemos desvalidos, extrañamente privados de algo que descubrimos esencial.

Pero qué cierta paz nos invade también cuando nos cortan el pelo como a Sansón. Jordi Hurtado se muestra manso y escuchamos las preguntas de Juanjo Cardenal una a una, sin precipitarnos, meciéndonos en la narración y perdiéndonos en las evocaciones de las preguntas. La inefable Pilar hasta nos parece que por fin es buena y natural presentadora. No habría, digo yo, un término medio entre la placidez del enfermo y la rasmia del tipo sano. Una templanza, una calma, un bienestar permamente. ¿Llegará algún día? ¿Depende de nuestro concurso, se puede conquistar, hasta qué punto influyen nuestras circunstancias personales? Con uno mismo como campo de experimentación, habrá que ir buscando respuestas.

Comentarios

  1. No recuerdo haber sufrido nunca un estado de debilidad transitoria que me durase más de una tarde, lo que me suele ocurrir es que o me muero de golpe o sigo viviendo jajaja. Lo último que recuerdo es un ataque de asma por la puta alergia estacional en casa de mi sobrina, y fueron tres horas angustiosas en las que creo que me sobraba Ana Blanco, Jordi Hurtado y la madre que los parió, ahí sólo caes en que tu piel no se vuelva azul. Y después tampoco me da por filosofar.
    En tal caso, sobre ese brusco paso que es estar vivo, muy vivo, y pasar a rozar la muerte, o a estar muerto del todo, habría mucho que hablar, pero el tema como que me quema en las tripas. Prefiero quedarme con tus apreciaciones de ese leve proceso de enfermedad que nos deja tan indefensos, que nos vuelve tan vulnerables y nos sume en una especie de plácido letargo.
    Me alegro de que te haya crecido ya una larga melena.
    Saludos ;)

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  2. La televisión, el refugio del ciclotímico. ¡Si te contara!
    Abrazo

    PS. Si es embarazo, que sea niña. Siempre hacen más compañía cuando envejeces.

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  3. Gracias Ánge.. Pero más que tele, solo pal ratito de comer, internet, el nuevo refugio del ciclotímico, que no creo que sea yo.

    Embarazo creo que no va a ser, porque se me está quedado un vientre que ni el de Cristino Ronaldo, oiga.

    Abrazos a Tomares

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  4. Veo que has comprado el dominio para El Tinglado de Santa Eufemia. Te felicito. Los blogueros con clase lo hacemos así, otro abrazo.

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  5. Me ha encantado el Post Tío!!! se nota que eres un profesional desto.
    La comparación con el pelo de SANSÓN, simplemente perfecta. Sólo añadir, que en esos ratos "drogados" nacen cosas impensables (ideas, recuerdos,...) en otros momentos de lucidez.

    Gracias por el post majo

    PD: Tienes abuela??? Porque entre lo del otro día de tu pelito el guapito, y lo de ahora de CR9 (Cristiano eh, no es Ciudad real que sólo tiene 9 cosas que visitar), me parecía un poco de .... (me falat una palabra, pero no tengo tiempo que Patdaughter mespera pa comer)

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  6. Gracias, Pat. Y obviamente, la comparacion con Ciudad Real 9 era hiperbólica. De hecho, no quiero parecerme en nada a ese chaval, toma.

    No tengo abuelas, no, y eso nunca es bueno.

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  7. Calma y bienestar... no son para mí sinónimos porque ¿qué me dices de ese bienestar que aporta el hacer ejercicio físico (mens sana y corpore sano) o una buena conversación intensa y apasionada con un amigo?

    Somos seres vivos en constante interacción con el mundo que nos rodea, tanto física como mental y anímicamente.

    Por eso, más que un estado de placidez permanente y siempre, creo que en la vida hay momentos: momento de reír, momento de llorar, momento de hablar y gritar, momento de callar, momentos que van tejiendo una vida ¿plena?

    Sí hablas de lograr una paz interior personal al margen de estar viviendo situaciones agitadas (incluso interiormente), intuyo que proviene de que nuestra vida tenga un sentido o que alguien le dé un sentido (y aquí caben muchas cosas y muchos niveles).

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  8. A mí me gustaría tener la cabeza de Cristiano Ronaldo, qué feliz sería no teniendo nada dentro. El cráneo de cr9 como tierra prometida del ciclotímico. JAJAJA.

    Lo del pelo tiene su cosa. Yo con 18 pensaba que se me estaba cayendo a puñados, y hoy veo las fotos y me descojono porque casi me salía como a la Pantoja, desde las cejas. JAJAJAJA. Hoy, camino de 33, no tengo la misma densidad, digamos, y por la zona de la frente me clarea un poco, pero nada grave para lo que se ve por ahí. JAJAJA. Ya casi no me importa, pero reconozco que si con 20 lo hubiera perdido todo o casi todo, hubiera caído en una depresión de caballo. Ahora me preocupan las canas, que misteriosamente no tengo ni una, y como en la familia todos son canos, me da que me llegarán de golpe. Los cambios bruscos no molan y tampoco me mola ser el primero en sufrir esos cambios. En el fondo me encanta ser un anodino habitante del país "de los del montón".

    Desde hace tiempo, y observando al personal que me rodea, sostengo la teoría de que todos tenemos un periodo de gloria en cuanto a belleza. Hay algunos que les dura mucho, afortunados ellos; a otros que les llega muy tarde, o muy pronto y que sirve para poco; y a otros que para su desgracia ni pudieron saborearlo porque eran inocentes párvulos; incluso quizás haya a quien le llegue cuando no le sirva para nada, un cadáver exquisito, ya se sabe, esas cosas que se oyen en los tanatorios entre viejas, de qué guapo lo han dejado, hay que ver, míralo... Mi efímera etapa estuvo por los 28-30, de ahí en adelante un retroceso hacia el despojo más absoluto.

    Por cierto, leo en la wiki que Jordi Hurtado tiene 52 años, joder... y ya me parecía viejo cuando presentaba Si lo sé no vengo con 28. Qué cosas. Jajaja.

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  9. "un cadáver exquisito" jajajajajajaj

    Cont tienes razón. Yo pasé esa época que dices a los 18. Luego me convertí en Zidane y actualmente soy Dertycia ;)

    CR9 es muy pero que muy "corto"

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  10. Yo últimamente he sentido la paranoia de la amenaza alopécica. Me despertaba por las noches con algún picor en el cuero cabelludo y lo notaba débil, frágil, volandero, más fuera que dentro de mí. Pensaba, con amargura, que de quedarme calvo no me quedaría otra que tirarme por el viaducto de Segovia, y dejar un cadaver exquisito y rubiamente peludo a la eternidad.

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  11. Hay que vigilar la caspa, nuestro mayor enemigo. Si la tienes a raya, eliminas uno de los únicos factores que están en nuestra para no ser calvorota. JAJAJAJA.

    Pat, no te piques, eh, que te veo venir, que tú ya tienes patwoman. JAJAJA.

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  12. Me alegro de que hayas mejorado. Los momentos de debilidad nos hacen apreciar la importancia de tener salud...
    En cuanto a la placidez del enfermo, supongo que cuando uno ha caído tiene la tranquilidad de que no hay nada más bajo que el suelo.
    Siempre he querido pasar una semana en cama, como/ con John Lennon :-)

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  13. jajajaajaj pues a los calvos nos dan de comer, nos cuidan y todo...

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