4.4.10

Cx

En la madrugada del Viernes Santo al Sábado Santo, cuando a Cristo del Buen Jesús del Cuerpo Bendito de la Pía Sangre lo introducían en su Santo Sepulcro, metafóricamente hablando, se produjo mi segundo fracaso literario, fracaso como lector, de estas vacaciones. Y mira que había cacareado yo el libro, y mira que intuía que había ahí un buen novelón (que puede seguir siéndolo, ojo, al margen de mis quisquilleces), pero yo os digo he claudicado. Estoy hablando de La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956), página 104.

Esta mañana, a la del sábado me refiero, con un pantagruélico desayuno que luego vi que era brunch, con huevos revueltos, tortitas y patatas fritas, en el VIPS, con un El País de ayer pero que sí traía Babelia, hoy no había periódicos, hoy no había quioscos, hoy había esa luz líquida extraña y arrealista del Madrid pascual, esta mañana, digo, leí un artículo de Manuel Rodríguez Rivero que fue lo único que me interesó de todo ese suplemento densísimo. Decía que se había leído dos novelas esta semana (una era Dublinesca y no la ponía ni bien ni mal) y la otra no la recuerdo, pero sí que confesaba que cada vez le costaba más terminar los libros que empezaba. He empatizado con él inmediatamente (no así con el título y la tesis principal del artículo, que espero rebatir en posteriores entradas).

Siento que cuando leer supone un esfuerzo, un esfuerzo de tipo dañino quiero decir, lo mejor es retirarse. Cerrar las solapas y pedir un Sprite, y aquí no ha pasado nada. Porque leer, leer de verdad, implica meterse unos contenidos, digerirlos, y esa literaturifagia yo creo que es todo menos inocua. Así que cuidado. Hoy mismo, leyendo a Martin Amis en un frío parque del Retiro (El libro de Rachel, sí, lo sé, bastante más ligerito) me he propuesto abandonar esas lecturas supliciescas, siempre que no sea por trabajo. Porque, ya digo, en esa introducción de contenidos que nuestro organismo perceptivo, cultural, no está dispuesto a tragar, estamos haciendo quizá un serio daño a nuestro raciocionio, quizá hasta nuestro juicio. No sé si Eduard Punset tendrá algo que decir al respecto, por ejemplo.

Con el libro de Amis en las manos, más o menos absorto e interesado, he pensado que quizá haya dos clases de libros: los sanos y los tóxicos. Claro que esto depende del lector, e incluso de las circunstancias vitales de ese lector. Un libro sano puede ser tóxico para alguien (ahi está el Quijote al que se le secó el cerebro con las novelas de caballerías), y uno tóxico puede ser sano para otra persona, y al revés y viceversa y todo eso. Obligar a un niño de 9 años a leer 2666 de Roberto Bolaño puede ser muy tóxico en general. Los detectives salvajes me empezó a parecer tóxico, a mis 30, este verano, y lo dejé en torno a la página 150. Creo que la idea se ha entendido.

Como una serosidad, no sé si existe la palabra, una serosidad intelectual que discurriera por las sienes, como un serrín de ideas incómodas y sin acomodo que incordian y que no saben dónde meterse, y para las que se necesitan profundas curas de sueño para domeñarlas un poquito.

Por todo eso, supongo, cerré ayer el voluminoso tomo de La noche de los tiempos, y tras esta larguísima y completamente tóxica (jejé) introducción, voy a explicar lo más sucintamente posible, con ejemplos si fuera preciso, el porqué de mi abandono de esta obra capital en la bibliografía de Muñoz Molina. Por el siguiente párrafo, que condensa un poco todo lo anterior dicho, y que es el paradigma, a mí entender, del exceso de información, del exceso de detalles nimios, vacuos, difusos, vaporosos, esquivos, prescindibles, que obligan al lector a un ingrato y mal recompensando esfuerzo neuronal. Descripciones vagamente certeras, más cercanas a la novela del XIX que a los cerebros actuales, sometidos a la información a través de todos los formatos posibles y que han debido asumir el cubismo, el surrealismo, el ultraísmo, el expresionismo abstracto, el beatpunk, el jazz, el hardcore, el porno, el ready made, youtube, google, los blogs y, algún día, el arrealismo:

Una silueta negra atravesó el rectángulo iluminado de la pantalla en la que habían empezado a proyectarse las transparencias fotográficas, junto al atril desde donde Ignacio Abel pronunciaba su charla.
(pag. 103)

- -

Una página después, por cierto, descubro un error gramatical:

La halaga que le hayan permitido asistir...
(pag. 104)

Será le halaga, digo yo...

- -

Y añado más párrafos porque no sé si con uno se entiende el mensaje:

Veo la silueta, al mismo tiempo móvil y precisa, el perfil contra la pantalla como una sombra china, la falda de un tejido ligero como una corola invertida.
(pag. 105)

Etc.

- -

He sentido una leve aflicción al abandonar esta lectura que se preveía gozosa, pero también he entonado un íntimo alellujah ante la nueva era lectora que vislumbro en el porvenir.

Cambiando de tema, les invito a visitar mi nuevo blog culinario.

19 comentarios :

  1. Vaya coñazo!!!! (de libro...)

    Ahora que eres Chef, entenderás mejor que para acercarse al plato perfecto hay que probar mucha mierda. Pero tu problema lector sea quizás, que intentas que te guste la "nouvelle cuisine" ("perejilillo adobado de ventresca con sutiles tonos de trufa glaseada en su aroma campestre sobre base de frutos del mar"), y lo que quieres "realmente" es un "chuletón" ("chuletón con patatas, pimientos y punto)

    Saludos Nau!

    PD: El chuletón de navarra eh

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  2. Bueno Pat, en este caso ni es mierda ni mucho menos. Creo que es una buena novela, por loo que he leído a gente como JUSTO SERNA, pero a mí no me apetece, o no me entra, leer según qué cosas, por cierta saturación personal y cierta búsqueda de la felicidad zen y huida personal del ruido intelectual. Aprox.

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  3. No quería criticar tanto la novela (lo de mierda es un poco fuerte y tu un poco picón jeje)

    Vaya, que quieres disfrutar de algún que otro chuletón, no?? jeje

    ¿¿¿ Meto la pata si te digo: Q pasa TÍO!!! ???


    sALu2

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  4. El chuletón de vaca navarro quizá sea el manjar más exquisito de sobre la faz de la Tierra. Gratos recuerdos me llegan del OLAVERRI, de LA SIDRERIA (quizá los mejores), del Kaleangora.... mmm

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  5. Pat, no lo ha pillado o no lo ha querido pillar jejeje

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  6. Creo que no he pillado algo.... (¿¿Va sobre mi próxima condición de señor con sobrino??)

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  7. gracias!!! (Dije lo de sobrino en un sentido neutro del término. Celebraremos!)

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  8. Enhorabuena Nau!!!! Supongo que le dedicarás un post jeje

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  9. Mi experiencia es que hay libros que me tocan el corazón en su acepción más profunda y libros que no; libros que pueden tocarlo de forma negativa y esos serían tóxicos, otros que lo enriquecen, aunque sea un poco. Finalmente, hay otros que lo dejan indiferente.

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  10. Me pasó idéntico con El arpista ciego, de Moix.
    Tú has llegado muy lejos en La noche de los tiempos. Yo fui incapaz de salir de la estación, porque las sigueintes hojas se convertían, una tras otra, en lectura vacía, y así no hay manera (y mira que me jode).
    Pero no importa, tal vez en el 2037, en el atracar de la tarde y en el retiro de mi jubilación, encuentre el momento oportuno y me lo trague de dos sentadas. Eso es lo bueno de los libros, que permanecen inalterables esperando su momento.
    Por cierto, ya que el detallito no llegaba, nop me ha quedado otra que encargar tu libro. Qué menos que una dedicatoria a cobro revertido.

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  11. Glups... había quedado en enviártelo?? Sorry... El caso es que me quedan cuatro y, oiga, el autor novel y precario agradece este tipo de adquisiciones que no son vistas sino como un generoso mecenazgo... merci!!

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  12. jajajjaja, que no, hombre, que fue un dejarlo caer, en algún comentario de algún post de diciembre, creo, a ver si te dabas por aludido jajajajaja... Y ya que los autores nóveles os pasáis la vida cagando lástimas (que si precarios, que si tal) qué menos. Además, ¡creo en el arrealismo!, y quién sabe si en 2037, además del tocho de Muñoz Molina, tengo otro pestiñazo laportiano esperando en la estantería.

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  13. Hace mucho tiempo que tomé una decisión: dar a un libro la oportunidad de convencerme de que debo leerlo antes de la página 50. Si llegado a esa página, la historia no me interesa o no me gusta cómo está escrita, lo dejo. Y me da igual quién sea el autor. Con la de libros interesantes que hay, como para perder el tiempo con los que no nos satisfacen.

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  14. Cuando un libro nos derrota, eso puede querer decir que quizá hemos equivocado el momento de lectura.

    Leí 'Fuegos con limón', de Fernando Aramburu, en el momento preciso: no cuando salió, sino años después, cuando yo ya estaba templado y maduro para acometer un volumen de búsqueda adolescente.

    Lo mismo me sucedió con 'Juegos de la edad tardía', de Luis Landero. O, mejor dicho, lo contrario: la primera vez que lo leí, yo tenía treinta años y me sentía viejo y fradulento. Tras su lectura me acepté joven. Sólo era aceptablemente embustero.

    'La noche de los tiempos' es una novela demorada, morosa: justamente en el sentido que Ortega y Gasset dio a esta expresiones. Algún día leerás completa esta obra. Estoy seguro. Ahora quizá tengas razón: no es el momento de leerla. Cuando la completes verás cómo valoras la instancia narrativa desde la que está contada. Al yo que relata le perdonarás los cientos de páginas...

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  15. César, es cierto. Quizá mi tono acidulado del post tenga algo que ver con eso: la progresiva rabia que va surgiendo en el lector al sentir que está disfrutanto lo que podría, y que los días señalados para leer (no hay tantos) están siendo tirados por la borda.

    Justo, cuando he visto tu mensaje me he temido lo peor, jaja. Pero sí, no descarto retomarla algún día, quizá cuando tengo menos urgencia, menos avidez por las cosas, como quizá tenga ahora. Todo es cuestión de momentos. Pero no sé si esa urgencia, esa avidez, son ya actitudes del siglo XXI del que nos costará mucho desprendernos.

    Dentro de treinta años te lo comento.

    saludos

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  16. ¿Dentro de treinta años? Tengo cincuenta. Luego...

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  17. Con ochenta estarás en plenitud y armonía totales. Será tu edad dorada (bueno, eso es lo que dicen de ese periodo de jubilación y tal...). Será una edad dorada literal. Ya verás.

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  18. Ah, pues gracias por esos buenos augurios.

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