Cu

Más por ejercitar las lenguas, que por el contenido en sí, me he ido esta tarde/noche a la Filmoteca, a ver una francesada en estado puro. Culturetismo en vena. ¿Qué he visto? Esto:

20.00 Atom Egoyan
Sala 2 Lettres Vidéo (Paul Virilio y Atom Egoyan, 1993). 44’. La Revue: Atom Egoyan (Alain
Fleischer, Francia, 2003). 68`. Documental. Francia / Canadá. Vídeo. VOSE*. Total programa: 112’Lettres Vidéo: Entre junio y julio de 1993 Atom Egoyan y Paul Virilio intercambiaron estas vídeo-cartas que son en realidad una entrevista: el cineasta responde a cinco preguntas de Virilio, quien se interesa esencialmente –como casi todo el mundo entonces– por su utilización del vídeo.

Quizá decir ver sea mucho decir. Tras una introducción de un tío formulando en un francés perfecto una serie de cinco preguntas a cada cual más inteligible al señor Egoyam, le llegó el turno al citado Egoyam, que pasó al inglés. Fue ver su aspecto, entre Lennon y Bolaño años noventa, para caer en un súbito y poderoso sueño del que me desperté con una gran sensación de desubicación. No obstante, qué gusto dormir en el cine. Hay cosas cuyo placer se amplifica, y no entiendo por qué, al hacerlas en sociedad: tomar un café, echar una cabezadita en el cine y no se me ocurren más.

Todo era muy documental y todo muy teórico del cine, porque los franceses (aunque Egoyan es de origen armenio) quizá sean los tipos con más capacidad para teorizar sobre el cine, que es como una doble teoría, un concepto del concepto, una sombra de la sombra. Y yo empiezo a huir de los conceptos como de la peste. De hecho escapé de esa sala 2 del cine Doré, una vez tonificado por el sueñecillo reparador, tan sólo hora y poco de haber entrado, y pensaba que llevaba toda una vida allí dentro. No obstante, me ha dado tiempo para ver algo del filme (sí, filme) y a saborear una idea. La he visto, la he cogido y me he dado por servido.

La idea es la de filmar a gente contando cosas, pero no cualquier cosa, sino un tipo de historia con un carácter levemente extraordinario. Dicho así suena quizá poco original, incluso a programa de testimonios de canal amarillista, o a programa de Chicho Ibañez Serrador, pero no. Salía una chica de unos treinta y muchos diciendo que por Nochebuena dejaban un sobre con una paga en el plato, antes de cenar, y que a sus hermanos y primos, chicos, les daban 200 francos. Y a ella 100. Pensó que era por ser menor, y que al año siguiente le darían también 200, pero nunca fue así. Luego se hizo adulta y nunca supo el porqué de esa marginación. Cosas así. Había una también que es más larga de contar, de tono más poético, no tan cruel.

Luego he pensado en sí yo mismo sería capaz de narrar algo medianamente extraordinario a una cámara. Durante unos segundos me ha apenado ver que la respuesta era no, pero al rato me ha venido una historia propia a la mente. Sí, mi historia, mi pequeño guiño con lo extraordinario, ese tipo de historias que nos alejan del materialismo más rampante, y nos hacen seguir creyendo en cosas más allá del "todo es átomos y opinión, el resto vacío", que dice mi tío Ivlivs que dice Pascal. Me ha alegrado tener esa historia en mi poder.

Comentarios

  1. Estas cosas te pasan por ser catalán. Sólo a ellos se les ocurre ir a ver a Egoyam.

    En el pecado llevarás la penitencia.

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  2. Jjajajjaaj, me fustigaré estos días en tu honor. abraçada

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